INICIAR SESIÓNCarlo tenía todo lo que un hombre podía desear para ser feliz: dos hijos hermosos, una profesión exitosa, una familia unida y más dinero del que podían gastar sus próximas tres generaciones... y habría sido feliz de no ser porque la madre de sus hijos le había convertido la vida en un infierno. Verla regresar después de meses de ausencia era un martirio. Aitana era la mujer que no lo dejaba ser libre ni feliz, la mujer que lo amenazaba con quitarle a sus hijos, era la mujer que más odiaba... hasta que por un impulso la besó, y entonces se dio cuenta: ¡aquella no era la boca de Aitana! La historia de una mujer que visita Italia buscando reconectarse con su pasado, y encuentra ante sí una poderosa intriga familiar que amenaza su futuro
Ver más— ¡Shshshshshsh!Carlo se llevó un dedo cómplice a los labios para que Aitana dejara de reír mientras entraban por la puerta posterior de la casa y se dirigían a las escaleras que llevaban al segundo piso con el sigilo de dos gatos. Bastantes huellas de
— ¿Cómo lo supiste? — Aitana lo empujó despacio hasta hacerlo caer en el diván que ocupaba el centro de la glorieta del lago, y luego se sentó a horcajadas sobre él, quitándole la venda de los ojos.Carlo parpadeó un momento para adaptarse a la luz y luego miró alrededor, comprendiendo el silencio que antes no lo había hecho sospechar: No había nadie allí, y lo mismo el portal
— ¿Qué esto, un circo? — Carlo enarcó una ceja divertida cuando vio a su familia en aquellas fachas.Le había pedido a Alba que llamara a todos sus hermanos para una reunión oficial, tenía que darle las noticias a su familia: la mujer con la que se había casado hacía siete años no se llamaba Aitana, sino Lianna, y acababa de morir en un accidente; la mujer que habían conocido era su hermana gemela, la verdadera Aitana… y el resto, lo que había llegado a pasar entre ellos, no tenía que ser de dominio público, ya suficiente era con que lo supier
Tenía los ojos muy abiertos y la mirada fija en el suelo, como una niña a la que hubieran atrapado haciendo una travesura. Marco se habría reído de buena gana si la expresión de Aitana hubiera sido menos lamentable, pero parecía que estaba a punto de echarse a llorar de un momento a otro. — ¿Estabas escuchando detrás de la puerta? — la voz de Carlo carecía de acento, de modo que la muchacha no pudo descifrar si estaba enojado, y eso la hacía sentir aun peor.