No soy Cenicienta

No soy Cenicienta

last update最終更新日 : 2020-10-30
作家:  Hana Roberts連載中
言語: Spanish
goodnovel18goodnovel
評価が足りません
1チャプター
13ビュー
読む
本棚に追加

共有:  

報告
あらすじ
カタログ
コードをスキャンしてアプリで読む

概要

Deborah es una chica muy extrovertida, inteligente, graciosa y trabajadora con muchos sueños. Su padre murió cuando tenía diez años y desde entonces su madre y ella han tenido que trabajar limpiando casas, pero ahora su vida se ha complicado más ya que su madre está enferma del corazón, y por ello aceptara cualquier cosa aunque eso signifique trabajar en casa de la Duquesa de Constan. Por hazañas del destino ella entra a la Academia Real la cual es una escuela para nobles, y desde entonces su vida cambiará por completo. ¿Podrá sobrevivir a ese mundo?¿Qué sucederá cuando se enamore del hombre equivocado?¿Podrá con el secreto que le oculta su familia? "No soy Cenicienta", una historia de amor,secretos y realeza.

もっと見る

第1話

Capítulo 1: El trabajo

  Mi madre quería convencerme de que este era el mejor trabajo que podía tener, pero para mí era el peor castigo que podía existir. Yo jamás trabajaría en casa de la Duquesa de Constan,  porque la familia Cayet era la más rica de toda Veldania después de la familia real y como si eso fuera poco su hija menor iba a casarse con el heredero al trono de Veldania. 

Esa Duquesa al igual que todos los nobles despilfarraban el dinero sin pensar que podrían hacer mejores cosas con este que comprar en exceso lujosos vestidos y realizar fiestas sin ningún sentido, y era por eso que no quería relacionarme con la nobleza nunca.

  Una vez me enojé tanto que juré  suicidarme,  si algún día sentía respeto hacia ellos. Mi pobre madre estaba desesperada porque aceptara el trabajo, tanto que incluso dejó de hablarme, simplemente para conseguir que aceptara el trabajar ahí, pero no me convencería de esa forma y mi madre nunca puede quedarse callada así que después de tres horas no pudo aguantar más y explotó:

—¿Por qué no quieres aceptar el trabajo?¿Por qué?—exclamó mamá, llevándose las manos a la cabeza y yo después de eso no pude evitar reírme.

—¿De qué te ríes?.—dijo a modo de regaño. Si las miradas mataran, ya estaría muerta.

—Lo siento mamá, es que no me pude contener.

—Pues controla tu risa porque esto es un asunto serio—respondió cruzándose de brazos.

—Lo intentaré—dije sin tomarle demasiada importancia.

—Aún no contestas a mi pregunta.

—¿Es en serio?, no puedo creer que con lo que me conoces no sepas la razón—respondí un tanto sarcástica.

—Claro que sé cuál es la razón de que no la aceptes.

—¿Entonces para que insistes en ese tema?—contesté algo enojada, pues mi madre me intentaba obligar a aceptar ese trabajo.

—Deborah, sé que odias a los nobles, pero esta es una oportunidad única y tú no la debes desaprovechar—dijo con esos ojos que ponía siempre que intentaba convencerme de algo.

—Que necia eres mamá—respondí resoplando.

—No tanto como tú, que te niegas a traer dinero a esta casa.

—Madre no voy a seguir discutiendo sobre este tema—respondí para terminar la conversación y  me dirigí a mi habitación.

—¡Deborah vuelve aquí, no hemos terminado de hablar!—gritó mamá.

—Buenas noches—dije cerrando la puerta.

  Puse cerrojo para que mi madre no pudiera entrar a discutir y me dirigí hacia la ventana de mi habitación desde donde se veía el castillo. Cuando era niña soñaba con ir allí y poder ser una princesa, pero cuando me enfrenté a la triste realidad lo único que deseaba era que esta monarquía terminara ya. Estaba tan cansada que al poner la cabeza en la almohada me quedé dormida.

—¿Mamá?¿Qué pasa?¿Por qué lloras?—dije al ver que mi madre no paraba de llorar.

—¿Me das un abrazo?

—Claro mami—dije pasando mis manitas alrededor de su cuello.

—Gracias—dijo mi mamá correspondiendo a mi abrazo.

—¿Qué pasa mamá?—pregunté por segunda vez.

—El avión donde iba tu padre...—intentó decir pero las lágrimas que cubrían su rostro no le permitieron continuar.

—¿Qué le pasó a papá?—exclamé separándome de ella para ver su rostro, pero este solo reflejaba una profunda tristeza, mi madre era una mujer muy bella pero ahora toda su belleza había desaparecido por la tristeza.

—El avión...donde iba tu padre...cayó al mar y no...encontraron ni rastro de...su tripulación, ni de sus pasajeros—respondió mamá intentando abrazarme.

—No, no, no, eso no es verdad ¡Él no puede estar muerto!

—Lo siento hija.

—¡¡¡Noo!!!—grité abriendo los ojos de pronto y me di cuenta de que solo era la pesadilla de siempre.

—¿Deborah estás bien?—escuché que preguntaba mi madre  al otro lado de la puerta. Me levanté de la cama y fui a abrirla.

—Estoy bien—dije abriendo la puerta—solo fue la misma pesadilla de siempre.

—¿Estás segura?—preguntó preocupada.

—Sí, estoy bien, esto ya es normal para mí—respondí quitándole importancia al asunto.

—Estas pesadillas me preocupan mucho, la doctora dijo que era algo normal pero ya son nueve años—dijo tomando mis manos como si fuera una súplica para que fuera al doctor.

—Eso no importa.—dije dando por terminado el asunto, ya sabía que mamá insistiría en que fuera al médico—¿Ya está el desayuno?

—Sí—respondió ella, resignandose.

—Entonces voy a darme una ducha e iré a desayunar—dije dándole un beso en la mejilla.

—Te estaré esperando en la mesa—dijo mamá saliendo del cuarto, yo me di una buena ducha y me puse una ropa cómoda. Salí de mi cuarto y me dirigí a la cocina.

—Sientate hija.

—Todo se ve delicioso—dije sentándome. No teníamos mucho dinero, pero mi madre aprovechaba hasta la última miga de pan que había.

—¿Qué tal está el desayuno?

—Todo está genial—dije disfrutando de mi comida, pero casi me ahogo cuando ella preguntó:

—¿Has vuelto a considerar el tema del trabajo?

—No y me harías un gran favor si no me recordaras ese tema mientras desayuno

—Está bien, no hablaré más de eso.

—¡Qué bueno!—dije levantando las manos agradecida con Dios de que mi madre hubiera terminado con ese tema.

—Mañana iré y tomaré el trabajo—dijo mamá de la nada 

—¿Qué?¿Qué sucederá con tu otro trabajo?

—Bueno tendré que acostumbrarme a tener dos trabajos—declaró cruzándose  de brazos.

—¡Ni hablar! No vas a tener dos trabajos.

—Pues que vamos a hacer, porque no voy a desaprovechar esa oportunidad—señaló taladrándome con la mirada.

—Está bien, yo tomaré el trabajo—declaré con fastidio, no quería este trabajo, pero si era por mi madre tendría que hacer ese sacrificio.

—¿En serio?—dijo mamá muy feliz.

—Sí—dije girando los ojos.

—¡Qué felicidad!—declaró mamá llevándose las manos al pecho y mirando hacia arriba como si agradeciera a Dios.

—Uy, sí. Que feliz estoy mira mi sonrisa de felicidad.

—Eres una aguafiestas.

—Sí, como tú digas, ahora explícame que tengo que hacer.

—Bueno mañana tienes que ir a la mansión Constan y preguntarás por Madame Müller—explicó.

—Muy bien, si es todo me voy—declaré levantándome.

—¿No vas a terminar de desayunar?

—No, perdí el apetito.

   Decidí citar a Paty en la cafetería cerca de la Universidad para hablar de esta ridícula situación en la que mi madre me había metido.

                ♡♡♡♡♡♡♡♡♡

  Al llegar al café, Paty ya estaba allí y como siempre comiendo sus tostadas con mayonesa.

—Nunca cambiarás,¿cierto?—dije cuando llegué a la mesa donde ella estaba sentada.

—¿Qué puede hacer?, si amo las tostadas.

—Nada, no puedes hacer nada—contesté sentándome.

—¿Quieres que te pida algo Cenicienta?—preguntó Paty con una sonrisa burlona.

—Sabes que no me gusta que me llamen así—señalé enojada.

—Es que estamos de vacaciones y ya nadie te llama así—declaró con una sonrisita traviesa. Desde que había comenzado a trabajar como sirvienta, todos los niños de la escuela me llamaban Cenicienta, aunque yo lo odiara.

—Pues no me gusta—respondí cruzándome de brazos—cambiando de tema, tengo un nuevo trabajo.

—¿En serio?¿Donde es?¿Cuando empiezas?¿Cuanto pagan?—preguntó Paty en menos de un minuto.

—Si quieres respira, toma agua y relaja los músculos.

—Es que no me puedo controlar.

—Se nota que quieres ser periodista, lo llevas en la sangre—dije, la madre de Paty era periodista y debo añadir que una de las mejores.

—Oye, no cambies de tema y háblame sobre tu nuevo trabajo—dijo Paty como si estuviera haciendo una entrevista en vivo y en directo.

—No cambiaba de tema, de hecho, te cité aquí por eso—me defendí.

—Entonces, dime, ¿dónde es?—exclamó Paty acercándose más a mí.

—Trabajaré en la Mansión Constan.

—¡¡¡En la Mansión Constan!!!—gritó mi amiga poniéndose en pie y todos en la cafetería nos miraron.

—Si quieres grita más alto para que el rey también te escuche—susurré cuando ella volvió a sentarse.

—Lo siento, es que me emocioné.

—Pues controla tus emocioné.

—Bueno volviendo al tema, vas a trabajar para la familia de la novia del príncipe—dijo muy emocionada.

—Sí, así es-respondí con desgano—aunque a mí no me emociona tanto como a ti. En realidad, mamá me obligó.

—¿Cómo consiguió tal hazaña la señora Beltrán?—bromeó Paty, ella sabía la repugnancia que sentía por la nobleza ya que nunca me importó ocultarlo.

—Pues me dió un ultimátum—respondí recostándome en la silla.

—¿Qué ultimátum?—preguntó con gran interés, como si le fuera a contar un enorme secreto.

—Me dijo que si yo no aceptaba el trabajo ella lo tomaría y seguiría con su otro trabajo, sabes que no lo puedo permitir con su estado de salud—le expliqué. Mi madre sufría del corazón y requería de una cirugía, aunque no había sido posible realizarla por el alto costo. A pesar de que llevaba reuniendo hace un buen tiempo, todavía no llegaba ni a la mitad de lo que necesitábamos.

—Piénsalo de está forma, con el dinero que ganes en esa casa podrás ayudar mucho a tú madre—me hizo reflexionar Paty.

—Creo que tienes razón—respondí siendo optimista por primera vez en relación con ese trabajo—además mi madre dijo que en esa casa pagan bien.

—Y tú que no querías aceptar el trabajo—dijo Paty sonriendo.

—Sí, pero ahora tengo una razón para trabajar en esa maldita casa—afirmé, me levanté y fui hasta ella y la abracé—muchas gracias por ayudarme, tú eres la única que me comprende.

—Lo sé y por eso es que me quieres—respondió sonriendo.

  Nos quedamos un rato más hablando sobre las vacaciones y que estaban haciendo nuestros amigos. De pronto sonó el teléfono de Paty.

—Es un mensaje de David.—dijo mirando su teléfono—Me pregunta dónde estoy, ¿se lo digo?

—Claro, dile donde estamos y que venga para acá—dije viendo su cara de tonta enamorada.

—Listo, dice que ya viene para acá.

—Pues bien, yo me voy—dije poniéndome de pie.

—¿Cómo que te vas?—preguntó Paty levantándose también.

—Sí, que me voy, no voy a estar aquí viendo como se dan de besos no es para mí.

—Entonces antes de irte dime si me veo bien—dijo Paty alzándose el pelo. Ella era una chica hermosa, era una morena de un metro setenta y nueve, tenía unos preciosos ojos marrón oscuro y su cabello lacio, negro. Parecía una modelo, pero ella no se lo creía 

—Claro que sí te ves hermosa como siempre.

—¿En serio?—preguntó y al afirmarlo me abrazó—Gracias.

—¿Gracias por qué?—pregunté cuando Paty aún me abrazaba fuerte.

—Por ser mi amiga, por supuesto—dijo con una gran sonrisa.

—Me voy ya.

—Nos vemos luego.

—Adios—dije llevándome una mano a los labios y mandando un beso al aire.

   No quería ir todavía a casa así que fui al parque, ahí solía ir con mi padre, era su lugar favorito y como el cuerpo de mi padre jamás fue encontrado, el lugar era como su tumba. Cuando necesitaba algo de paz iba ahí y me acostaba en la hierba, hoy no sería la excepción. Al llegar al parque me fijé si mi árbol favorito no estaba ocupado y me senté a tirar piedras al lago, que era mi entretenimiento favorito.

—Ojalá estuvieras aquí papá—suspiré tirando una piedra al lago—,así no tendríamos tantos problemas.

  Estuve un rato en silencio solo con mis pensamientos hasta que alguien dijo:

—Disculpe creo que está sentada en mi lugar.

   Me giré para ver de dónde provenía la voz y me encontré con un chico más o menos de mi edad, aunque era más alto que yo. Llevaba unos vaqueros y una camisa negra y tenía los ojos marrones, su cabello castaño y una incipiente barba. Se veía muy apuesto y fuerte. Saliendo de mi escaneo rápido le respondí:

—¿Su lugar?, perdón, pero me parece que el parque es público por tanto este lugar no le pertenece.

—Tienes razón, pero siempre que vengo me siento aquí—dijo cruzándose de brazos dándome a entender que no iba a ceder.

—Mire que bien, yo siempre me he sentado aquí al igual que usted pero eso no lo hace ni suyo, ni mío—alegué poniendo de pie.

—Veo que no está dispuesta a ceder—expresó con una sonrisa que me erizó la piel.

—Así es, ¿que va a hacer al respecto?—dije retandolo. No sé porqué pero este hombre tenía algo que hacía que quisiera retarle y contradecirlo.

—No haré nada. Simplemente me sentaré junto a usted, ya que no estoy dispuesto a buscar otro lugar—dijo sentándose en el césped.

—¡Oiga!, yo no le di permiso para que se sentara a mi lado—dije mirándolo desde mi posición 

—Creí que el parque era público—respondió con un tono de sarcasmo en su voz.

—Es público pero si yo estoy aquí usted no debe invadir mi privacidad—respondí furiosa.

—Si su objetivo es que me vaya, olvidelo.—dijo poniéndose de pie y mirándome con arrogancia.

—¡Es un caso perdido, haga lo que quiera!

—Aunque usted no me lo permitiera yo iba hacer lo que quisiera.

   Tenía ganas de irme de allí, pero no lo iba a dejar ganar así que no contesté y seguí tirando piedras al lago.

—Hagamos una apuesta—comentó el insufrible.

—No hago apuestas con un completo desconocido.—dije muy seria.

—Eso podemos solucionarlo. Mucho gusto mi nombre es Dylan, Dylan Kosyan—dijo extendiendo la mano. Por un momento pensé en irme pero no quería ser maleducada.

—Deborah Beltrán—dije extrechandole la mano.

—Listo, ya lo conocemos—resolvió el señor Kosyan.

—Sigo sin conocerlo—rebatí cruzandome de brazos otra vez.

—Oh vamos,ya sabes mi nombre y que este es mi lugar favorito del parque. Además la apuesta le interesa.

—Diga de que trata la apuesta y yo le diré si participo—señalé cediendo un poco.

—Cada uno tirará una piedra al lago, la que llegué más lejos ganará. Si usted gana dejaré este lugar y no la molestaré más.

—¿Y si usted gana?—pregunté porque sabía que todo no sería color de rosa.

—Si yo gano cenará conmigo mañana a las siete ¿Trato hecho?

—Trato hecho—dije. El señor Kosyan tomó dos piedras del suelo y me dio una.

—Las damas primeros.

—Preparese para perder.—respondí y tiré la piedra. Los dos vimos donde cayó.

—Supera eso—lo reté con una sonrisa. Tiró la piedra y para mi pesar vi como caía más lejos que la mía.

—Me debes una cena, Deborah—anunció con una gran sonrisa.

—Me parece que no le di permiso para que me tratara de tú—dije a la defensiva.

—Por favor, mañana cenaremos juntos y sabes mi nombre—dijo alzándose los brazos como si estuviera exagerando pero al ver mí cara de <<No voy a ceder>> dijo—Está bien, no nos trataremos de tú, y ahora deme su número de teléfono para localizarla.

—No tengo teléfono.

—¿Ni en su casa?—preguntó levantándo una ceja.

—No—mentí.

—No sea mentirosa, todos en Veldania tienen teléfonos en casa—dijo desmintiendome—démelo ahora mismo o quiere que lo consiga por otras vías.

—¿Usted me está amenazando?—pregunté frunciendo el seño.

—No para nada, yo solo le estoy advirtiendo—respondió él intentando ocultar una sonrisa.

—Pues sabe qué, no le daré mi número de teléfono—dije tratando de retarlo una vez más.

—De todas formas, lo conseguiré—aseguró con una media sonrisa.

—Pues bien, nos vemos mañana—respondí y me di la vuelta dispuesta a irme pero de pronto me tomó por la muñeca, me giré y por un momento me sentí magnetizada por sus ojos aunque me recuperé rápido—¿Qué quiere?

—Mañana paso por usted a las seis y media.

—Está bien, ¿algo más?—dije soltandome de su agarre.

—No, nos vemos mañana—respondió con una sonrisa.

—Adios—dije dándome la vuelta. Me fui de allí lo más rápido que pude, no quería volver a cruzarme con ese tal Dylan, ya bastante que tenía que cenar con ese idiota. ¡¡¡Dios!!! ¿Cómo había perdido esa maldita apuesta?

もっと見る
次へ
ダウンロード

最新チャプター

続きを読む
コメントはありません
無料で面白い小説を探して読んでみましょう
GoodNovel アプリで人気小説に無料で!お好きな本をダウンロードして、いつでもどこでも読みましょう!
アプリで無料で本を読む
コードをスキャンしてアプリで読む
DMCA.com Protection Status