MasukCon Savannah y Georgia instaladas en su cuarto, buscó una caja y la rellenó de arena para gatos, la puso en su baño con agua y alimento. Alex le había dado suficiente para dos días, así que en cuanto fuese al pueblo conseguiría más.Los días en el rancho le permitían tener paz por primera vez en mucho tiempo. Tom se mantenía cerca de su madre casi todo el tiempo. Aunque tenían muchos trabajadores que realizaban el mantenimiento del rancho Abi amaba ayudar, el trabajo físico le hacía sentir viva por primera vezTras una mañana especialmente agotadora en compañía de Joe uno de los peones del
Una semana después conoció a Alex Richardson. El apuesto médico esperaba en la veterinaria por algo de medicamento para su gata. Había tenido crías y necesitaba vitaminas. El dueño de la tienda quien de paso era un romántico empedernido les vio y decidió presentarles. Aunque a Abi no le interesaba un romance por el momento, le parecía interesante ver a dónde podía llevarle aquello.No era difícil notar el evidente atractivo de Alex, estaba como para quitar la respiración, lamentablemente era muy nueva en el arte del coqueteo. Gracias a la mano firme de su abuela, su contacto con el género masculino era casi nulo.—Abi, no sé s
Después de acabar de empacar lo estrictamente necesario partieron hacia Montana. El viaje fue silencioso, su madre dormía gracias a los medicamentos para el dolor, lo que le dio mucho tiempo para pensar.Cuando recordaba al acusado lanzándole palabras llenas de una promesa de sangre se sentía aterrada. Pero su madre no podía estar al tanto de sus miedos, ya de por sí vivía angustiada por ser una carga para su hija. Decidida a cambiar el hilo de sus pensamientos, se dedicó a recordar una conversación que tuvo con su madre, sobre el lugar que escogió para sus últimos días.—Es lo mejor hija. No solo se trata de tu seguridad, deseo pasar
Mientras se tomaba un café unas lágrimas intentaban caer por sus mejillas, pero al igual que en otras ocasiones, se mantuvo fuerte y logró dominarlas. Abigail Montgomery observó aquella habitación con detenimiento, aún tenía dos días antes de abandonar el que fue su hogar para trasladarse con su madre a un rancho en Montana.Los recuerdos llegaron a su mente por miles. El primero de ellos mientras estaba en la sala. Aunque tenía solo once años en aquella época, aún recordaba la escena con total nitidez. El retrato que sostenía en sus manos era el reflejo del pasatiempo de Nana Addie. Si cerraba sus ojos le parecía estar viéndola, con sus hermosos vestidos largos y sedosos, sus manos pequeñas y de
Abi, tenía cinco años cuando comprendió el verdadero significado de la palabra soledad. Su abuela una mujer de unos sesenta años era estricta y su madre apenas pasando los 30 era ya más adulta que niña por lo que las tardes de juego eran en compañía de sus niñeras.Muchas veces amaba ser la única niña pues le consentían mucho, otras veces cuando anhelaba más compañía de edad similar, resultaba realmente desolador. No es que su abuela no fuese cariñosa, pero le prohibía cosas que a veces ambicionaba. Amigos, una escuela normal, un padre, hermanos.Cada vez que le pedía a su mama un hermano los ojos