Desde aquel momento

Desde aquel momento

last updateHuling Na-update : 2020-11-07
By:  Akai tsukiOngoing
Language: Spanish
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Synopsis

Isabela vive enamorada de su jefe desde hace cuatro años, un día toma el valor de confesar su amor con la intención de soltar ese sentimiento y por primera vez en años sentirse libre, lo que ella no esperaba es confesarse al hombre equivocado... Isabela tendrá que tomar una decisión, dejar ese amor platónico atrás construido de fantasías y sueños propios donde todo es perfecto o aferrarse a un amor real con todo lo que eso implica, las cosas no serán fáciles, este nuevo capítulo en su vida le exigirá amar diferente. Safe Creative # 2010145620689

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Kabanata 1

1- Confesión

Como todas las mañanas Isabela entraba por la puerta a las siete con cincuenta de la mañana caminaba unos cuantos pasos en silencio hasta toparse con don Alberto el encargado de limpieza del primer piso que la saludaba de manera amable todos los días, recogía la correspondencia de manos de él y proseguía su camino, en el siguiente piso saludaba a las secretarias de recepción y así subía piso por piso por las escaleras de emergencia, no usaba el elevador porque le tenía pánico se había quedado atascada en uno de pequeña y desde ahí la idea de estar en un espacio tan reducido y colgada a la nada, la bloqueo, por eso su camino era más largo que los demás y se tomaba el tiempo para llegar al quinto piso donde estaba su lugar justo a una puerta de la oficina de su jefe, preparaba el café y dejaba los papeles listos sobre el escritorio de su jefe se dedicaba unos minutos para ver una de las fotos de él abrazado a su madre, sonrió por inercia contagiada de su amplia sonrisa y dejo la foto en su lugar, tomo asiento y como todos los días a las ocho con quince Braulio Campos cruzaba por el elevador, sonriente, feliz... eso pensó Isabela como todos los días, pero el día era diferente, hoy era la fiesta del décimo aniversario de la empresa y la cara de Braulio no era precisamente de felicidad.

—Isabela el día es de locos, has visto, pedí diez cajas del vino del que me gusto en la degustación del viernes y me han traído otra cosa — dijo entrando hablando a la nada, pero consiente que no estaba solo, se dejó caer en uno de los sillones de su oficina aventando sus cosas por todos lados.

Isabela tomo el portafolio y el saco para colocarlos en su lugar, lo escuchaba renegar hablando sin parar una cualidad que le parecía tierna como si de un niño pequeño se tratara, Braulio nunca mostraba estar molesto por lo menos es lo que ella ha visto todos esos años, sus enojos eran con sutileza y jamás insultaba a nadie.

— Puedo hacerme cargo señor Braulio, debe de ser un error — dijo acercándose a él que mantenían sus manos en el rostro.

— Sé que lo puedes hacer Isabela — dijo mirándola, le sonrió sutilmente y se puso de pie.

Isabela se sonroja siempre que él le sonríe es algo inevitable, se disculpó y salió de la oficina, minutos más tarde había logrado hacer el cambio de las cajas, solo había sido un error en la paquetería de la tienda. Escucho que él la llamaba y entro con el block de notas y una taza de café.

—Aquí tiene su café — dijo dejándolo a su lado, Braulio movió su mano por inercia y golpeo la mano de Isabela que llevaba el café de un movimiento evito que la taza sé callera tomando por completo su mano y la taza.

— Perdona Isabela estaba distraído — dijo sonriendo sin soltarla, dejó la taza en el escritorio, cerro la laptop abandonando el correo que leía desde hace unos minutos.

— Lo he solucionado, el vino ya viene en camino — dijo alejándose de él aun nerviosa por su cercanía. Pero Braulio no sabe de espacio personal, contento por la noticia se puso de pie y la abrazo un mísero instante, pero para Isabela fue los segundos pasan lentos junto a él.

— Te he dicho que no sabría que hacer sin ti, Isabela eres una excelente persona y sobre todo muy eficiente en tu trabajo — dijo soltándola para tomar un poco de su café.

— No es nada señor Braulio...

— Te he dicho que cuanto estamos solos puedes decirme Braulio este formalismo déjalo cuando estamos frente a los demás o en alguna reunión ya tienes tres años aquí y te lo he dicho muchas veces...

— Cuatro... — dijo en voz baja Isabela, pero no fue escuchada.

— Hoy es el aniversario número diez de la empresa y estoy muy ansioso, necesito que todo esté en orden así que confió en ti Isabela — dijo abriendo de nuevo su laptop.

— Claro que sí... Braulio — su nombre lo dijo muy tenue.

Isabela salió de la oficina con la finalidad de atender todos los pendientes, como le había dicho su jefe hoy la empresa cumplía diez años y se organizaría una fiesta con los clientes más importantes y todo el personal, repaso la lista de invitados que todos confirmaron, llamo a los del banquete para corroborar los horarios, a la florería, no dejo ningún cabo suelto, la noche tenía que ser perfecta, abandono la oficina un par de veces para ir al piso de abajo para checar los uniformes de los edecanes y meseros de la noche, regreso a su oficina se sentó en su lugar y tecleo algunos pendientes confirmados. Su celular comenzó a sonar anunciándole que había recibido un mensaje.

Date el tiempo para comer, necesitamos hablar antes de que des tu gran paso...

Leyó el mensaje de Xiomara su mejor y única amiga que trabaja en el tercer piso como diseñadora gráfica. A quien le debía haber llegado a esa empresa. Suspiro, cansada de tener esa conversación de nuevo, le había aceptado hace un año que vivía enamorada de su jefe y desde entonces le insiste en que debe hacer algo y que mejor día que hoy para confesarse, pero Isabela no quiere hacerlo el solo pensarlo la pone nerviosa, tiembla y sobre todo la voz le falla, es una locura, él no le corresponde y sería estúpido de su parte dejarse así de expuesta y terminar sin trabajo.

No me ignores... he... soy tu amiga y la única, vamos Isabela es un buen día, no pierdes nada al contrario ganarías todo.

Pero qué le diría o ¿cómo le diría? «Estoy enamorada de usted... necesito decírselo para poder seguir con mi vida» pensó, claro que no, pero la necesidad de hacerlo si estaba haciendo eco en ella, aunque lo negara.

— Isabela pasa por favor...

Escucho su nombre y su corazón comenzó a palpitar deprisa, se puso de pie torpemente dejando caer su celular, lo levanto dejándolo de nuevo en su bolsa, camino unos cuantos pasos y regreso por el block de notas, abrió la puerta y al entrar se topó con él, con un ramo de rosas en las manos, ella lo quedo viendo sorprendida.

— Si-si dígame señor — dijo estática en la puerta.

— Crees que se me olvidaría que hoy cumples un año más en la empresa, me has solucionado tanto la vida y has sido mi mano derecha que esto no se compara con todo lo que has hecho por mí, por esta empresa — dijo dándole el ramo de rosas.

Isabela parpadeaba sin poder decir algo, estaba conmovida por el gesto, el detalle y la mirada de felicidad que él le compartía.

— Sé-señor yo... no sé, me ha tomado por sorpresa — dijo mirando las rosas en sus manos.

— Solo espero que te gusten y en la noche festejes a parte de los diez años de la empresa, tú aniversario... — dijo con calma.

— Muchas gracias sé... — él alzó una mano frenándola — Braulio — dijo al entenderle.

— Mejor, Isabela me ocuparé antes de la fiesta no podré estar aquí para recibir a los primeros invitados, pero voy a intentar estar a tiempo me ha salido un imprevisto y necesito hacerme cargo de ello personalmente, así que estas a cargo de todo.

Isabela lo observo mientras tomaba su saco y su celular, noto que llevaba la corbata un poco floja del nudo algo que hacia solo cuando estaba estresado y eso no era algo común.

— Si, me haré cargo de todo y gracias de nuevo — dijo, él le sonrió y salió de la oficina.

Isabela se quedó ida viendo por donde él había salido, su corazón palpitaba sin control y había hecho un esfuerzo por no llorar, pero estaba muy emocionaba que comenzó a sonreír tontamente y abrazo el ramo y apago un pequeño grito de emoción.

Un par de horas después había salido a comer junto a Xiomara que no paraba de parlotear sobre el ramo de flores que recibió. Decidieron en comer sushi para no variar, iban a ese restaurante por lo menos tres veces a la semana y era cuando no podían salir a comer, Isabela era amante de esa comida y Xiomara era peor que ella.

— Hoy es el día Isabela que mejor momento que este, él te ha dado rosas es una señal es el día — dijo emocionada por quinta vez.

— Es un regalo por un año más en la empresa — dijo tratando de calmarla.

— No señorita, pero es que jamás he escuchado que él tenga esos detalles con alguien — dijo dejando su té helado en la mesa.

— Porque no ha de andar alardeando de ello...

— ¡Mis polainas!, no le des más vueltas es ahora o nunca, a todo esto ¿Qué te pondrás en la noche?

— Un pantalón de vestir negro y una blusa negra — dijo con calma.

— ¿Cómo? Pero no es hora de oficina es una fiesta, no Isa no dejaré que te pongas eso, es tu oportunidad de lucir diferente a tus sacos y pantalones de vestir, no entiendo por qué ocultas tu cuerpo si yo estuviera así de delgada me aprovecharía, andaría en top y faldas por la calle — bromeo.

— Pues si quieres verte como una tabla con top y falda — dijo Isabela.

A la edad de quince años había aceptado que jamás tendría un cuerpo envidiable era tan delgada que parecía que se rompería o el viento la llevaría en una ráfaga algo que sus compañeros del colegio no le habían hecho fácil de pasar por alto, al paso de los años había ganado un poco de peso, pero continuaba siendo sin chiste por lo menos es lo que ella pensaba, pero esa era la imagen que mantenía en su cabeza y Xiomara no lo aceptaba.

— Como sea, hay una tienda aquí a lado y vi un vestido que vale la pena que te pongas esta noche y no discutas te lo compraré será mi adelanto de cumpleaños, iremos con Paty ya tengo cita para las dos nos arreglara y estaremos listas para la noche — dijo animada.

— Pero es que yo tengo que estar mucho antes en la fiesta, tengo que tener todo listo y sobre todo estar al pendiente, el señor Braulio llegara tarde, fíjate que hoy lo vi estresado y esa salida tan repentina no la tenía planeada...

— Eres una tonta, te preocupas tanto por él que caes gorda, ya Isa acepta tu amor has algo...

— ¿Y qué hago si me rechaza? Que es lo más seguro Chía — dijo llamándola por su apodo de infancia.

— Seguir adelante, además que él se lo perdería porque nadie lo va a amar como tú, pero dejando eso de lado, dudo que él al saber tus sentimientos no te corresponda, es que es muy lindo contigo ya quisiera yo un jefe así, no pierdes nada Isa al contrario ¿Cuántos años más quieres vivir así? — dijo cambiando su postura, una que solo adoptaba cuando hablaba en serio.

— No lo sé Chía, tengo miedo...

La conversación la dejaron ahí, como lo dijo Xiomara fueron por el vestido que quería para ella, pero Isabela no se miraba en un color tan llamativo acostumbrada a usar colores oscuros, opacos y sin vida como los llamaba su amiga, después de diez minutos optaron por un vestido color azul marido con una falda que le daba volumen y la hacía verse diferente. Medio satisfecha Xiomara la llevo a la cita en el salón y fue otro pleito, Isabela no dejaría su zona de confort la media cola era su fiel seguirá así que hicieron una versión mejorada y realzaron su cabello color pelirrojo natural lacio con unas suaves ondas, la maquillaron sutilmente a petición de ella enmarcando su mirada de tono miel que a veces se miraba aceitunada dependiendo la luz.

Como lo temió llegó tarde para su gusto ya había invitados que habían sido recibidos por los edecanes, la fiesta se llevaba a cabo en la azotea de la empresa que estaba adaptada para eso con una terraza al fondo que dejaba ver las luces de la ciudad. Noto a Omar el mejor amigo de Braulio parloteando con algunas de los edecanes, muy divertido, miro al fondo a los de recursos humanos y en la oscuridad como arpías a las recepcionistas. Xiomara llegaría más tarde si la esperaba hubiera llegado al final de todo el evento como es la costumbre de ella. Tomo un poco de aire y avanzo para mezclarse entre la gente y ver que todo estuviera en orden.

Las horas comenzaron a pasar y su jefe no llegaba le marco un par de veces y no recibió ninguna señal de él simplemente la mandaba directamente a buzón. La fiesta se llevaba a cabo así nada más sin él y eso la molestaba, pero Braulio era una persona relajada así que no le molestaría que eso estuviera pasando. Cerca de las diez de la noche la música cambio a una más movida y ruidosa para gusto de Isabela, Xiomara llego haciendo su entrada triunfal llevándose las miradas del club de arpías y de algunos de contaduría como Julio el cual la observaba siempre con disimulo.

— Oye, la fiesta está buenísima — dijo acercándose a ella.

— Si tú lo dices...

— ¿Por qué esa cara Isa? — dijo a su oído.

— Él no ha llegado, simplemente no responde y no se nada de él... estoy preocupada — dijo molesta.

— Llegará, mejor vamos por unas bebidas ahí al fondo, ese barman se ve interesante, muy interesante — dijo con malicia, Isabela no discute y la sigue no sin antes voltear de nuevo a la puerta, pero todo seguía igual.

— No creo poder tomar una copa más — dijo Isabela, habían pasado dos horas estaban llegando a la media noche y la fiesta continuaba, se quedaron donde el barman, Xiomara platicaba animada con él y le coqueteaba libremente desde hace una hora.

— Pero es que el vino está delicioso, anda Isa nunca tomas conmigo...

— Es que ya me siento un poco mareada Chía — dijo alejando la copa que le ofrecía.

— Es una fiesta y no estaría mal que tuvieras tu primera cruda ya tienes casi veintiocho años y te la vives solo pensando en el trabajo y sobre todo en él — dijo moviendo la copa.

— No me lo recuerdes, es que no ha llegado, realmente estoy muy preocupada... — dijo mirándola triste.

— ¡Ay! Isa eres la única que tiene una cara de entierro en una fiesta — dijo sentándose a su lado.

— Es que estoy preocupada, él nunca faltaría a esta fiesta, además no sé estoy triste...

— No puede ser, no vayas a empezar a llorar, eres de las que llora cuando toman, muy mala combinación — dijo sobando su espalda.

— Mejor voy al baño y me refresco un poco... lo mejor es que me vaya a casa — dijo alejándose, Xiomara intento detenerla, pero ella no la dejo.

Isabela caminaba rumbo al baño a tientas por las paredes, se había mareado al levantarse y caminar no estaba siendo tan fácil como realmente lo es, llego al baño y se abalanzó sobre el lavamanos se miró en el espejo aún se miraba decente, espero un momento a que pasara el mareo y se refrescó con un poco de agua. Minutos más tarde salió del baño y tomo una botella de agua, miro que la gente se amontonaba por una leve melodía que empezaba, las parejas bailaban al ritmo del son y la letra. Se sintió fuera de lugar, hasta Xiomara bailaba al fondo con el barman, sonrió por el atrevimiento de su amiga y eso la golpeo en la realidad de que ella era demasiado cobarde.

Se aventuró rumbo a la terraza con tal de que nadie la viera no tenía humor, la iluminación permanecían tenue en esa parte que permitían ver las luces de la ciudad como una imagen de postal, divago la vista por todos lados hasta que lo vio, Braulio estaba ahí, mirando a la nada con las manos en los bolsillos de sus pantalones con el saco puesto y ese porte que la dejaba sin aliento. Su corazón comenzó a palpitar como aquel momento que lo vio por primera vez, la misma emoción... una que no entendía, pero desde aquel momento había quedado flechada por Braulio Campos, un hombre inteligente, amable, caballeroso, que mueve las manos cuando está pensando, que frunce el ceño al leer, que toma el café sin leche y con dos de azúcar, Braulio Campos el hombre perfecto, de rostro varonil que con barba o sin barba se ve atractivo y su color favorito es el azul claro. Que come todos los días un chocolate antes de almorzar y mira de reojo que nadie le vea sonreír por ese gusto.

Fue entonces que Isabela tomo una decisión, era ahora... el lugar perfecto y el momento de aceptar sus sentimientos, tal vez sería el alcohol el culpable, pero no lo pensaría más. Avanzó unos pasos sin dejar de verlo. Él se giró hacia ella al darse cuenta de que no estaba solo, su rostro quedo algo oculto por la distribución de las luces y su mirada era atenta a ella.

—No me mires así, es difícil describir como una mirada tuya basta para que sienta vértigo debajo de mis pies. Tienes un poder que verdaderamente no puedo explicar y tampoco estoy segura de querer encontrarle algún sentido. Tengo también la seguridad de que tú ni siquiera te das cuenta de ello. Está bien, realmente he tenido miedo que descubras mis sentimientos, aunque ahora estoy frente a ti admitiéndolo no se dé donde he sacado el valor, tal vez sea el vino — sonrió débilmente, su corazón palpitada aún más que podía sentirlo en su garganta y como esta se cerraba para que dejara de hablar, pero era demasiado tarde — Ya no me sirve negarlo, es por ti por quien me levanto todas las mañana, que lo primero que hago al verte llegar es fijarme en tú sonrisa, tu sola presencia hace que cada una de mis horas valgan la pena en esta empresa — dijo soportando un par de lágrimas, movía las manos nerviosa y acomodaba su cabello detrás de su oreja derecha, él simplemente la observaba en silencio — Me he confesado porque llegue a la conclusión de que debo hacerlo aunque no me correspondas y no espero que lo hagas solo necesitaba decirlo, porque ya no sé que hacer con este sentimiento, ahora es totalmente tuyo. Porque yo simple y sencillamente te amo Braulio.

Isabela limpio una de sus lágrimas había empezado a llorar con tanta facilidad, esperaba alguna palabra de él, pero solamente recibía silencio, como lo esperaba... pensó en decirle que mañana mismo recibiría su renuncia y que olvidara este momento, bajo la vista a sus pies apenada y sintiendo como los colores iban y venían en ella. Escucho su nombre de la voz de Braulio y alzo su mirada.

— Isabela — volvió a escucha su nombre, pero no vio los labios de él moverse. Se giró al notar que el sonido venía detrás de ella. Sintió que el lugar giraba al ver a Braulio detrás sonriendo, volvió al hombre que estaba ahí junto a ella que no cambiaba su mirada.

— Tú... — dijo tenuemente casi sin aliento.

— Veo que has conocido a mi hermano Bruno, perdóname Isabela he llegado tarde — dijo Braulio acercándose.

— He-hermano...

— Me ha confundido contigo — pronuncio al fin el hombre al que se le había confesado, la voz era distinta más grave.

— Lo siento Isabela no tuve tiempo de decirte que mi hermano que además es mi gemelo vendría, eso es algo que también me tomo de sorpresa... — dijo tratando de ocultar la molestia que le causaba esa situación.

— Gemelos... — pronuncio Isabela incrédula.

— Idénticos — dijo Bruno con cierto aire sarcástico y con molestia, como si se burlara por no haberse dado cuenta.

— Bruno ella no sabía que tengo un hermano gemelo, nadie en la empresa lo sabe más que Omar, es normal que nos confundiera, perdónalo Isabela jamás le ha gustado que nos confundan, pero eso es problema suyo — dijo de manera seria.

Isabela dio unos cuantos pasos y salió de ahí abrumada por el momento, se disculpó diciendo que se sentía mal que había tomado un par de copas de vino y necesitaba irse, Braulio intento detenerla, pero ella salió de ahí sin importarle que él le llamara. Tomo las escaleras de emergencia y comenzó a bajarlas a prisa, en el segundo piso se dejó caer en uno de los escalones y comenzó a llorar, había confesado su amor al hombre equivocado, en que retorcido mundo eso podía ser posible.

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