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C-3 Encerrada

Author: Akai tsuki
last update publish date: 2020-11-07 07:58:09

Isabela no pudo salir del baño, dejó de escuchar la voz de Braulio llamándola, solo escuchaba murmullos sin poder entender con claridad que decían se quedó en silencio pegada a la puerta del baño con miedo a salir, debía dar las gracias que eran las únicas personas en ese piso, solo existen tres oficinas y solo dos están ocupadas así que el baño de mujeres era exclusivo para ella que no tenía que temer que alguien la encontrara tan sospechosamente escondida.

Los murmullos subieron de tono, escucho un portazo que la asustó, se imaginó a Bruno saliendo de la oficina molesto como llegó, tan diferente a Braulio, después de meditar un minuto entiende que tenía que salir de ahí en algún momento, tomó aire con fuerza, se miró por última vez en el espejo después de lavarse los dientes por tercera vez, al salir notó la puerta un poco abierta, se acercó con cuidado y en silencio. Observó dentro antes de tocar al no ver nada toco ligeramente anunciándose.

— Señor Braulio — dijo tenuemente.

— Se ha ido...

Al no reconocer la voz de Braulio se tensó, antes de poder decir algo Bruno salió de golpe dejándola en shock sin entender que estaba pasando cuando hilo sus pensamientos se dio cuenta de que quien azotó la puerta fue Braulio cosa que jamás había ocurrido en todos esos años, él enojado, era algo impensable, ya que siempre llegaba con una sonrisa cálida en sus labios pese al estrés de los días más difíciles de la empresa.

Isabela vio entrar a Bruno al elevador e irse sin decir nada antes que las puertas se cerraran él la miro por última vez.

Camino de vuelta a su escritorio miró el reloj que anunciaba casi las siete de la tarde, el día había terminado, apagó todo antes de salir bajó las escaleras de cada piso pensativa por lo que acababa de pasar. No podía entender que estaba pasando, como todos los días Xiomara la esperaba en la salida para checar tarjeta.

— Bueno sobreviviste a este día, creo que podemos ir a cenar algo — dijo alegre antes de salir.

Isabela no decía nada, Xiomara era la que platicaba sobre muchos temas las conversaciones nunca paraban con ella por eso su silencio era normal. Su celular comenzó a sonar sacándola de sus pensamientos. Dejó de respirar en nombre de Braulio apareció en la pantalla junto con un mensaje.

Una disculpa por no estar hoy en la oficina, por favor mañana pide que alisten la oficina frente a la mía.

Que tengas bonita noche Isabela.

Leyó el mensaje tres veces antes de llegar hasta el restaurante de comida china que visitaban cuando Xiomara tenía antojo de rollos primavera, el mesero que las atendía ya sabia su orden así que solo tenían que sentarse y saludar amablemente.

— Braulio me ha pedido que alisten la oficina vacía del piso — dijo después de un silencio eterno.

— Eso que tiene de raro, algún día tenía que ocuparse — dijo mientras disfrutaba su té helado, amaba el sabor del jazmín.

— Si, pero no sabemos de alguna contratación nueva, además que es la oficina en el último piso — contestó Isabela.

— ¡No puede ser!, su hermano, él va a ocupar esa oficina —dijo Xiomara asustándola

— No grites Chía — dijo volteando a ver a la gente a su alrededor

— Eso debe de ser Isa o dime ¿A quién más le daría esa oficina?

— No lo sé, aunque hoy creo que discutieron — dijo sin mirarla.

— Ok, solo eso vas a decir o me vas a decir las cosas bien...

— Es que no vi nada, solo escuche murmullos que subieron de tono y de ahí un portazo, pero un señor portazo que cimbro la puerta del baño — dijo tomando un poco de té, guardaron silencio cuando sus órdenes llegaron.

— El hermano...

— No, Braulio y eso es lo más extraño.

— Braulio cara de ángel azoto la puerta, si eso es muy extraño si es un amor ese hombre, nunca lo he visto enojado y mira que ha entrado a la oficina de diseño cuando estamos atrasados y jamás le ha gritado a alguien — dijo mientras comía.

— Algo paso entre ellos y creo que es algo grave — dijo mientras meneaba su comida.

— Lo bueno de esto es que tu declaración quedara en segundo plano — dijo señalándola con un rollo primavera.

Isabela comenzó a toser atragantada por el té, por primera vez había olvidado ese detalle, la confesión seguía presente y además si él se quedara eso se lo recordaría todos días. Dejaron la conversación a petición de ella y siguieron con los típicos temas de Xiomara sobre la nueva tendencia en color de cabello y sus próximas salidas de ese fin de semana.

El día siguiente llegó, aunque Isabela deseaba un extermino humano o una catástrofe para no llegar a la oficina, como todas las mañanas hizo su ritual, aunque en el segundo piso fue asediada por las de recepción.

— ¡El jefe tiene un hermano gemelo! — grito una en cuanto la vio cruzar la puerta. Isabela miró a su alrededor esperando que no fuera a ella a quien le hablaran.

Isabela podía llegar a ser muy antisocial en su trabajo, además que las de recepción no podían superar que pasara de ahí a ser la secretaria del jefe y tampoco puede Isabela olvidar que su estancia no había sido nada fácil con sus juegos rudos contra ella.

— Vamos Isabela, no digas que no sabías si eres su secretaria y su asistente personal — dijo Sara acentuando lo ultimo con veneno, Sara había deseado ser la secretaria del jefe por varios años y no soportaba la idea que ella con solo un año había logrado subir y sobre todo tener tanto tiempo.

— Es la vida privada del señor Braulio — dijo saliendo de ahí, no podía decirles nada más ni cuchichear que ella no sabía nada. Se las había echado de nuevo en contra, pero que más podía hacer.

Temprano habló a mantenimiento para que prepararan la oficina así que cuando llegó la oficina estaba casi lista, entró para checar todo. Jamás había entrado a esa oficina la decoración era muy diferente algo más clásica y menos moderna como la de Braulio, pero el ambiente era distinto una oficina cálida, comenzó a acomodar algunas cosas del escritorio y noto un par de fotografías en el mueble que esta a espaldas de la silla. Le llamó la atención una fotografía de dos niños.

— Somos Bruno y yo — la voz detrás de ella la asusto y por un instante casi suelta la fotografía.

— Perdón señor Braulio no quería...

— Tranquila Isabela, no era mi intención asustarse — tomó la foto de sus manos y la miro con nostalgia.

— Todo está listo, la oficina como lo ordenó — dijo alejándose un poco de él, aún no podía verlo a los ojos.

— Si, se ve todo bien... Bruno vendrá a acomodar sus cosas.

Al escuchar eso una pesadez cayo en su pecho, él se quedará, pero por cuanto tiempo. No pudo preguntar nada se sentía mareada, tendría que verlo todos los días.

— Muy bien señor, necesitará una secretaria para él — dijo buscando verse tranquila.

— No, mi hermano se quedará... aún no sé por cuanto tiempo, pero por lo pronto espero que puedas ayudarle un poco, mientras dejamos claro algunas cosas — dijo regresando la fotografía en su lugar.

— Claro que si — dijo solemnemente

— Gracias, Isabela, sin duda sé que te estoy pidiendo mucho mi hermano puede llegar a ser muy difícil, cualquier situación que te incomode por favor dime inmediatamente — dijo antes de salir de la oficina, Isabela se sintió pequeña en ese lugar.

¿Quién es Bruno Campos?, y ¿Qué hace ahí? Son las dudas que en tu cabeza rondan toda la mañana mientras atiende los pendientes de, Braulio se había mostrado tranquilo, pero muy callado a otros días. Cada vez que el elevador sonaba temía que llegara, pero no fue así.

— Señor Braulio, son ya las siete ¿necesita algo más? — dijo Isabela desde la puerta. Él permanecía metido en unos papeles. El día había sido muy tranquilo y se había negado a todas las llamadas argumentando que estaba en reuniones.

— No Isabela que pases bonita noche — dijo dedicándole una de sus tantas sonrisas cálidas, ella se despidió de igual manera y tomó su bolsa para bajar por las escaleras.

Xiomara no la había podido esperar así que ella regresaría sola a casa con la intención de cenar y ver alguna serie coreana para terminar su día una forma muy típica de ella. A unas cuantas cuadras pensó en ordenar una pizza en la pizzería cercana a su departamento, pero al buscar su celular en la bolsa se dio cuenta de que lo había olvidado. Regresó por su celular ya eran casi cerca de las siete y media y sabia que aún había gente trabajando principalmente los de edición así que no habría problema para entrar, al llegar todo estaba muy quieto en el primer piso. Pero en el segundo piso estaba aún Sara y otra de las muchachas. Se movió con cautela para no llamar su atención al llegar al último piso notó que Braulio ya no estaba en su oficina. Como lo pensó su celular esta debajo de una pila de archivos que dejó para mañana. Sonrió satisfecha el elevador sonó y ella no lo esperaba.

— ¡Isabela ayúdame por favor! — una voz femenina se anunció. Miró a Sara en la puerta del elevador.

— ¿Qué paso? — preguntó

— Estábamos acomodando unas cosas en la bodega y le ha caído una caja en el pie a Lucia — dijo preocupada. Isabela dudó en actuar, pero ahí estaba bajando a recepción. La bodega era el espacio donde guardaban los paquetes recibidos en el día.

— Pero ella está bien — dijo mientras entraban a la bodega.

— Se ha quejado muy feo del dolor, verás entra yo iré a llamar a alguien que nos ayude a cargarla — dijo empujándola un poco.

Isabela no tuvo oportunidad de decir algo, estaba tan oscuro ahí dentro que se tropezó con una de las cajas y después la puerta fue cerrada de golpe.

— Sara... abre la puerta — dijo moviendo la perilla, pero estaba bloqueada — ¡SARA! — grito angustiada, Isabela no toleraba quedarse encerrada en ningún sitio una de sus fobias más grandes. Golpeo la puerta, pero no hubo respuesta. Había caído de nuevo en una de sus bromas, pero esta estaba sobre todas ellas. Tenían años sin molestarla.

— No crees que es demasiada Sara — dijo Lucia mirando como Sara tomaba su bolsa.

— mmm no — dijo sin molestarse en contestar algo más.

— Bueno ya hay que sacarla entonces — dijo de nuevo buscando cordura en su amiga.

— Tú escuchas algo porque yo no, además según nuestra tarjeta ya nos retiramos — dijo caminando a la puerta.

Lucia miró de vuelta a la puerta, escuchaba a Isabela, pero no hizo nada sabía que no podía echarse de enemiga a Sara.

Isabela estaba llegando a su límite, recordó su celular y comenzó a marcarle a Xiomara que oportunamente no contestaba ninguna llamada. Se desesperó y comenzó a golpear la puerta nerviosa, angustiada y sobre todo el miedo la estaba asechando, no quería tener un ataque de pánico estaba rezando por ello. En algún momento comenzó a llorar, busco el apagador para prender la luz, pero el foco no encendió, el cuarto era muy pequeño o por lo menos es lo que está sintiendo a cada que pasa el tiempo. Entonces perdió el control comenzó a gritar desesperada la puerta se abrió de golpe y cayó al suelo de rodillas.

— Pudiste haber llamado a mantenimiento sin necesidad de hacer tanto escándalo — escuchó.

— Me encerraron — dijo como una niña pequeña que acaban de atacar en la escuela sus mismas compañeras.

Isabela estaba intentando controlarse, miro hacia arriba y se topó con Bruno señalando su celular mirándola de la misma manera ruda y sin expresión alguna de empatía. Sus palabras sonaron tan ciertas, había olvidado por completo eso, la misma angustia la obligó a no pensar con claridad. Se puso de pie y acomodó su ropa y limpio sus lágrimas. Pensó en agradecerle, pero no ganaría nada. Tal vez él estaba disfrutando la situación de verla así.

— Ya veo, bueno Isabela tienes un tino, primero te confiesas a la persona equivocada ahora te quedas encerrada o como dices te encierran — dijo caminando hacia el elevador.

De nuevo se estaba burlando de ella o por lo menos es lo que sintió. Apretó sus manos el ataque de pánico y el miedo estaba quedando de lado, ahora estaba enojada muy enojada. Sin decir nada salió de ahí caminando furiosa hacia su casa. Dejo de lado su plan de esa noche. 

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