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2-Con leche y sin azúcar

Penulis: Akai tsuki
last update Tanggal publikasi: 2020-11-07 07:52:36

— ok, ahora explícamelo como si fuera una niña de 5 años...

— Chía basta, ya te dije me declaré al hombre equivocado, su hermano — dijo Isabela debajo de la enorme colcha que mantenía como barrera para no ver a su mejor amiga.

— No Isa es que eso es imposible, ¿Cómo no te diste cuenta? — dijo jalando la colcha para verla.

Isabela había llegado a su casa aun si saber cómo lo hizo, salió tan en automático después de desahogarse en las escaleras del segundo piso, Xiomara le marco a su celular hasta el cansancio que tuvo que contestarle a la octava vez, aún vestía el vestido y el maquillaje estaba arruinado, eran casi ya las cinco de la mañana.

— No sé, tal vez fue el alcohol, pero es que te juro Chía son idénticos... — dijo con tristeza, había llorado tanto que el rímel lo llevaba por las mejillas y una de las pestañas postizas se despegó de medio parpado. Xiomara la miraba con empatía después de haber esperado tantos años y pasar por algo así.

— Dices que Braulio llegó y si te escuchó...

— ¡NO! No lo hizo había terminado mi super monologo declaratorio cuando él llegó, soy una tonta eso es lo que soy, tendré que renunciar — dijo mirando a la nada.

— ¡¿Qué?! Estás loca, no puedes dejar este trabajo, no puedes perder tu seguridad económica, si él no te escucho entonces puedes seguir como si nada y trabajar como todos estos cuatro años — dijo tratando de animarla.

— Pero y si él le dijo, que tal si se lo dijo... Ey tu secretaria está enamorada de ti para esta hora debe de saberlo, que vergüenza, no puedo poner un pie en la oficina — dijo llevando sus rodillas al pecho.

— No creo que le haya dicho, además tal vez solo vino un día o dos y después él se irá y podrás seguir con tu vida normal, Isa si no vas eso si será raro... ¡ya se puede fingir que no lo recuerdas que estabas tan tomada que no sabes lo que hiciste! — dijo poniéndose de pie como si hubiera ideado el mejor plan, Isabela la observaba incrédula de semejante tontería.

— Gracias, pero prefiero quedarme encerrada en esta habitación el resto de mi vida — dijo tapándose de nuevo completamente con la colcha.

— No señorita no lo permitiré, pero sabes lo que se me hace muy, pero muy raro, es que nadie en la oficina sabíamos que él tiene un hermano y sobre todo un gemelo idéntico — dijo sentándose.

— Braulio dijo que solo Omar lo sabe, pero es lógico es su mejor amigo, pero si se me hace muy raro y además que la actitud de él ahora que lo recuerdo no era muy cómoda — dijo destapándose de golpe mirando al techo.

— Sin duda es el gemelo malo...

— ¿Qué dices? — preguntó Isabela

— No me hagas caso, pero es una creencia que si son gemelos uno es el bueno y el otro es el malo — dijo con mucha seriedad.

— Es una sandez... — la miró de mala gana.

— No, no es una tontería tu misma me dijiste entre llanto que él te miro de una manera seca que pese a ser idéntico a Braulio tiene una mirada pesada.

— Sentí que se burló de mí — dijo suspirando.

— Vez me das la razón es el gemelo malo ¿Cómo dices que se llama?

— Bruno...

— Que imaginación de los padres — dijo acostándose a su lado.

— Chía me siento como si me hubieran rechazado, tengo el corazón hecho un nudo, no sé cómo ir a la oficina y actuar normal — dijo acurrucándose a su lado.

— No pienses tanto, porque no duermes, tenemos hasta medio día para ir a la oficina ya vez que nos dieron permiso por la fiesta, así que duérmete, descansa y ya veremos en unas horas más — dijo mientras bostezaba.

Xiomara no tardo en caer dormida, pero Isabela no podía dejar de repasar en su cabeza lo que había pasado, la mirada de Bruno, un escalofrío la recorrió al recordar el momento y se tapó la cara aguantando un grito de desesperación por lo que había hecho.

Las horas pasaron y a regañadientes tuvo que salir de la cama, alistarse e ir a la oficina, Xiomara durante el camino le platicaba de su encuentro con el barman de la fiesta que resulto ser toda una sorpresa, aunque iban juntas al mimo paso Isabela no le ponía atención y solo caminaba en silencio, cuando reconoció que estaba a metros de la oficina su corazón comenzó a acelerarse y un nudo en el estómago subía y bajaba por los nervios, todo estaba normal dentro al parecer los trabajadores estaban contentos por la fiesta del día anterior y platicaban animados las anécdotas de la noche, en el tercer piso se despidieron y ella continuo sola, abrumada por estar ahí tardo en subir cada escalón como una condena a su alma.

Al llegar al quinto piso el silencio reinaba por lo tanto pensó que estaba sola y suspiro aliviada por ello, no sabía si debía preparar algo de café por la hora del día así que solo tomo una botella de agua, prendió la computadora y reviso los pendientes del día anterior, las horas fueron pasando y cerca de las cuatro de la tarde no había señal de Braulio y mucho menos de su hermano, no le mandó mensaje y llamarle no era una opción, solo deseaba que dieran las siete y así poder salir de ahí.

Escuchó que el elevador sonó anunciando la llegada de alguien, se tensó y aguanto la respiración, no escucho la voz de Braulio como otros días, se puso de pie al creer que era el mensajero, pero se quedó helada,

— ¿Dónde está mi hermano? — dijo, por la forma en que la vio lo pudo reconocer.

— El señor Braulio no ha llegado el día de hoy y tampoco ha avisado si vendrá a la oficina — dijo automáticamente.

— Llámale y dile que estoy aquí estaré en su oficina esperándolo, también llévame una taza de café...

— ¿Co-como toma el café? — dudo unos minutos al verlo avanzar.

— Con leche sin azúcar — dijo secamente sin mirarla, azotó la puerta y ella brincó por el ruido.

Mientras el café se prepara llama a Braulio, pero la llamada entraba directa a buzón algo que no era común en él, opto por mandarle un simple mensaje anunciándole que su hermano estaba ahí, la cafetera pito dos veces anunciando que estaba listo el café, agarro una de las tazas se alistó un poco y entro después de un ligero toque en la puerta. Bruno permanecía de pie mirando por la ventana el paisaje, fue entonces que Isabela pudo notar la diferencias entre ellos, Bruno usaba su traje impecable en color negro junto a la camisa a juego de un tono gris oscuro, el cabello peinado hacia atrás totalmente en control y su pose era mucho más dominante junto a una mirada ruda.

—Señor aquí está su café — dijo dejándolo sobre la mesita que está entre dos sillones junto a la ventana.

— Te ha contestado mi hermano.

— No señor me manda directo a buzón, pero le he dejado un mensaje — dijo acomodando su postura, podía sentir que él la observaba por el reflejo del vidrio de la ventana.

— Además de estar enamorada de mi hermano ¿Cuáles son tus funciones en esta empresa? — dijo alejándose de la ventana, sentándose para tomar su café.

Isabela abrió los ojos sorprendida por su manera tan directa de ser, miro hacia la salida deseando salir corriendo de ahí.

— Lo que paso ayer...

— No me interesa, solo lo mencioné... pero si quiero una respuesta a mi pregunta — dijo tomando un sorbo a su café. La mirada que le dedico fue profunda y avasalladora.

— Soy la secretaria y asistente del señor Braulio, me encargo de todos los pendientes que él me pide, principalmente de los estudios de mercado de los productos a los que se les creara su publicidad, me encargo de asistir a las producciones y tenerlo al tanto de los pasos que se están desarrollando — dijo intentando guardar la calma, pero él la altera. Al sentir que habla con su jefe, pero a la vez darse cuenta de que no es así, comportarse no está siendo fácil.

— Ya veo, he leído que te graduaste con honores de una de las mejores escuelas de la ciudad, también que no estudiaste nada que tenga que ver con el ambiente de esta empresa, pero pese a esto tienes un puesto bastante importante — dijo sin dejarla de mirarla.

— Estudié literatura, vine a la empresa por el puesto de recepcionista, ya que tenía varios años con trabajos intermitentes y gracias a mi desempeño al primer año fui ascendida — dijo sin mirarlo.

— Ya veo, puedes retirarte... lo esperaré — dijo señalando la puerta.

— Claro señor.

Isabela entró a su oficina se sentó en su silla e intento controlarse quería llorar, pero intentaba disimularlo. Por la manera en que le dijo lo de ayer, sin duda se lo contó a Braulio, Isabela comenzaba a hiperventilar al repasar esa posibilidad, se puso de pie y salió al baño, mojo su rostro, pero no pasaba, las ganas de vomitar llegaron de golpe y termino dejando por el caño todo lo que había desayunado, aunque solo era el licuado que Xiomara le obligó a tomar. Regreso por su cosmetiquera donde guardaba un cepillo de dientes y una pasta. Ya con calma y compuesta regresó a su lugar, miro el reloj que marcaba casi las cinco y media, las horas pasaron lentas para su gusto y Braulio no mostró señales por ningún lado. El elevador volvió a sonar y se maldijo por no salir aun de ahí. Pero la voz chillona de Mercedes la secretaria de Omar lleno el silencio.

— Ay bonita ¿Cómo estás? ¿Se encuentra el jefecito? A mi jefe le urge que cheque estos videos que están por ser lanzados — dijo pavoneándose como es su costumbre.

Isabela sabia que disfrutaba subir y coquetearle a Braulio la había cachado varias veces arreglando su escote antes de salir del elevador.

— El señor Braulio al parecer no vendrá el día de hoy, pero me encargo de darle el recado — dijo extendiendo sus manos para tomar el DVD.

— Que lastima, bueno te lo dejo entonces, ¿Te sientes bien? Porque traes una cara de enferma de por sí eres pálida, deberías arreglarte más Isabel — dijo entregándoselos. Isabela no quiso discutirle, le llamaba así nada más para fastidiarla, sabía su nombre sin duda.

Con la visita de Mercedes fue fácil volver a la normalidad y olvidar que Bruno estaba ahí dentro, pero el reloj no avanzaba y el silencio era demasiado incómodo. Volvió a sentir nauseas, tal vez si estaba enfermándose, corrió al baño de nuevo y vacío lo poco que le quedaba. Se sintió algo febril y volvió a mojar su rostro.

— Isabela...

Escuchó su nombre y el pánico llegó a ella, quien la llama es Braulio, volvió asentir un vuelco en el estómago y regreso a la taza del baño, vomito bilis que era lo único que quedaba en ella. El miedo la hizo su presa en ese lugar, no quería salir y afrontar que tal vez sabe de sus sentimientos, no quiere verlo a la cara, necesita salir de ahí y no volver jamás.     

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