INICIAR SESIÓNSus labios tenían el sabor del capuccino, no tardo en seguirle el beso.
En el momento que pego sus labios contra los míos, mi cuerpo se encendió de pasión sonara cliche pero eso es lo que sentí, sigo disfrutando del beso no quería dejar de hacerlo. Pero tengo que parar no quiero ilusionarme con este hombre.— Lo siento, no debí hacerlo, fue un error — me separo y abro mis ojos atónita, que carajos acabo de hacer.
— Yo no digo lo mismo cariño — apuesto que mi rostro esta totalmente rojo.
— Hagamos como si esto no ha pasado, si — agrego mirándolo seria, tratando de quitarle la sonrisa coqueta.
— Esta bien — dijo levantando las manos en son de paz.
El ambiente se puso un poco incomodo.
— Ya es hora de que me valla — digo mirando mi reloj.
— Vamos te voy a dejar a tu casa — murmura. Salimos de la cafetería y subimos al auto.
— ¿Me podrías dar tu numero? — pregunta con la vista fija en la carretera, se ve muy apuesto.
— Enserio.
— ¿Que?.
— Has estado en plan de investigar, detective con la dirección de mi hogar.
— ¡Quería darte tu espacio!
— Entonces quieres que te de las gracias, Sherlock.
— Con tu numero me bastaría, mi querido Watson — nos reimos y en silencio disfrutamos de la música que se escucha en la radio.
— Apuesto que ha todas les haces lo mismo — digo
— ¡Eh! no ha todas, solo a las que me gustan — exclama enarcando sus cejas.
Suspiro frustrada, llegamos al edificio donde vivo, me despido y me apuro en bajar, pero tiene seguro.
— No te estas olvidando de algo — consulta sosteniendo mi brazo.
— Que yo sepa, no — murmuro tratando de calmar mis nervios.
— De las flores y chocolates y que me tienes que dar tu numero — le entrego mi móvil, mientras tomo las flores que están en los asientos de atrás.
— Listo.
— Ok, adios — de nuevo intento abrir la puerta para bajar.
— Otra cosa — y de nuevo me jala. Nuestros rostros están muy cerca.
— Cena conmigo esta noche, por favor — toma mi cara entre sus manos.
Se que me voy arrepentir por la respuesta que daré.
— Si.
Sonrió y acerco sus labios a los míos, para recibir un beso cálido.
— Te paso recogiendo a las siete — se baja del auto, me abre la puerta y salgo.
— Adiós, preciosa y ponte mas guapa de lo que eres — no digo nada y camino hacia el interior del edificio, llego hasta el departamento, oigo ruidos provenientes de la sala.
— Fue hacer deportes y regreso con flores y chocolates — dice Amelia que todavía sigue acostada en el sofá.
— Me gustaría que me pasara lo mismo — musita mi otra amiga haciendo un puchero.
— Habla, mujer te comió la lengua el gato — dice Amelia arrebatando el ramo de flores de mis manos.
— ¡Oh! mas bien el que te comió la lengua fue Vincent — la sonrisa de Nadia es siniestra.
Un momento como saben.
— Y te gusto — muevo mi cabeza afirmando.
— P-pues creo que me esta comenzando a gustar — tartamudeo y miro hacia otro lugar.
— ¿Y cual es el problema? — me preguntan.
— ¡Qué deveritas me gusta! — aclaro.
— Deveritas, deveritas.
— Si.
— ¿Qué hago? - pregunto mirando a Amelia.
— Me pides un consejo esto es inedito — suplico para que me diga que es lo que tengo que hacer.
(...)
Escucho unos toques en la puerta.
— Adelante.
— Estas que ardes.
Termino de colocarme el anillo, tomo el bolso guardando lo necesario.
— Tu galán te espera.
Sonrío.
Lo encuentro conversando con Amelia ambos están riendo.
— Me pueden decir cual es el chiste — dice Nadia.
Vincent se voltea dejando a la vista todo su atractivo.
— Cuidado con la baba, amiga — Amelia me dice al oido.
— Preciosa — dice mirándome de pies a cabeza, se acerca a donde estoy a mi y toma mi mano.
—Se te quito el hambre— dice, nos encontramos en un mcdonalds, asiento y sigo comiendo.Después de la cena que fue en un lujoso restaurante, todo muy bonito pero la comida no me lleno, soy una hambrienta.
Sus labios tenían el sabor delcapuccino,no tardo en seguirle el beso.En el momento que pego sus labios contra los míos, mi cuerpo se encendió de pasión sonaraclichepero eso es lo que sentí, sigo disfrutando del beso no quería dejar de hacerlo. Pero tengo que parar no quiero ilusionarme con este hombre.
Bajé de inmediato a la entrada del edificio donde vivimos, Austin está recargado en su auto, sonríe.—Estas preciosa.—Gracias.
1Semanas DespuésDespués de media hora me subo al auto, Amelia y Nadia me miran con curiosidad.
— Muy cansado este día — digo cerrando la puerta del auto, toda la mañana y tarde nos hemos pasado buscando departamento. Los padres de Amelia decidieron en comprar un departamento para que las tres podamos vivir tranquilas sin pensar en que al final del mes se tiene que pagar el alquiler. En fin quiero ducharme y comer.— ¿Como les fueron?— nos pregunta Roberto.
Observo como la lluvia cae sobre el vidrio del auto al fin nos encontramos en Londres, estamos cansadas por el viaje pero vamos a ir al hospital para ver como siguen Sr. Collins y Sra. Brown.Llegamos y buscamos a las dos hijas de Abigail y Robert, las encontramos y Amelia corre a abrazarlas.&m