LOGINObservo como la lluvia cae sobre el vidrio del auto al fin nos encontramos en Londres, estamos cansadas por el viaje pero vamos a ir al hospital para ver como siguen Sr. Collins y Sra. Brown.
Llegamos y buscamos a las dos hijas de Abigail y Robert, las encontramos y Amelia corre a abrazarlas.
— Chicas, les presento a Evelyn y Diane Collins — nos presentan y las dos hermanas son muy hermosas.
— Ellas son mis mejores amigas Nadia Rodríguez y Sofia Samaniego — creo que Diane nos hace un seña para que la sigamos. Ingresamos a una habitación donde se encuentran una pareja.
— Hola, tíos - grita mi amiga llorando. Abraza a la mujer que tiene heridas suturadas en el rostro y brazos al igual que su esposo.
— Querida, estas hermosa — habla la mujer sobando su cabello.
— Dejame abrazar a mi pequeña — esta vez habla el hombre.
— Me alegro de que esten bien — dice abrazando el torso del hombre.
— Tíos les quiero presentar a Sofía Samaniego y Nadia Rodríguez — nos observan con una sonrisa.
— Soy Abigail Brown y el es mi esposo Robert Collins— señala al hombre.
Saludamos e ingresa el doctor, nos sonrie.
— Como se encuentran — dice y los examina.
— Un poco mejor — habla Robert y da una recomendaciones y se retira.
— Mucho gusto, gracias por dejarnos hospedar en su casa — musite apenada.
— Tranquilas, son las amiga de nuestra Amelia — nos dice Robert.
— ¿Como les fue en los lugares que visitaron, cuenten ? — la tia de Amelia insiste con una cálida sonrisa con las chicas comenzamos a relatar nuestras aventuras.
Despúes de varios dias
Termino de conversar con mis padres y bajo hacia el comedor para la hora de la cena. Esta casa es muy grande, siento que en cualquier momento me voy a perder.
— ¡Que bueno que te encuentro, ya me estaba perdiendo! — dice Naida bajando a la par las escaleras.
— Me robaste el pensamiento — me carcajeo, cuando llegamos al comedor se encuentran todos.
— ¿Pudieron descansar?— nos pregunta Robert. Ayer fuimos a un bar y regresamos muy tarde y en la mañana salimos visitar otros lugares.
— Si señor Robert, necesitábamls ese descanso — responde Nadia con una sonrisa tímida.
— Eso es bueno, pero llámanos por los nombres, me hacen sentir vieja y arrugada - dramatiza Abigail.
— Pero si ya lo eres — corrige Evelyn todos soltamos carcajadas, Abigail arruga la frente.
— No, me causa gracia — chilla indignada; a las tres se nos borra la sonrisa de nuestro rostro menos a Roberto y su hijas.
— Cambien esas caras, chicas — Abigail termina riendo.
— Bueno sigan conversando voy a ver si esta lista la cena — se levanta y se pierde por el pasillo.
— Esa mujer es dramática — suspira Roberto.
— Aun así la adoras, tío — dice Amelia.
— Tienes toda la razón.
Su esposa regresa y después nos sirven la cena, hablamos de todo un poco entre risas nos dirigimos a la parte del patio sentándonos en los sofás que están frente a la chimenea. Roberto nos sirve vino a cada una y se termina retirando porque mañana tiene que trabajar, solo quedamos las mujeres conversando.
— Mañana tengo que ir al hospital — dice Abigail mirando su reloj.
— Corrijo en unas horas añade — añade y son la una de la mañana.
No había notado que era tan tarde.
— No trabajes, mamá — exclama Diane.
Nuestras voces están distorsionadas.
— Cariño los mortales tenemos que trabajar - suspira recostándose en el sofá.
Nadia tiene con la mirada perdida, parece muerta.
— Bueno yo voy a dormir — Amelia se levanta.
— Yo también, cuantas botellas bebimos — la secunda Abigail. La cabeza me da vueltas.
— Dos botellas, señoritas — señalo las botella que están en la mesa.
— Sumale el cansancio — responde, comenzamos a recoger las copas.
— Dejen eso mañana lo limpian, vamos a dormir — dice la dueña de la casa.
Caminamos por el pasillo, las dos hermanas comienzan a cantar
— No hagan bulla, mocosas — susurra Abigail.
Nadia se tropieza con el escalón.
— Despacio o nos romperemos el cuello — digo bostezando.
El sueño me vence, subimos a paso de tortuga; nos despedimos y cada una va a su habitación. Apenas llego a la cama, me saco toda la ropa y me pongo mi pijama lo bueno que hay es calefacción, estoy calientita.
Apenas toco la almohada caigo como piedra.
—Se te quito el hambre— dice, nos encontramos en un mcdonalds, asiento y sigo comiendo.Después de la cena que fue en un lujoso restaurante, todo muy bonito pero la comida no me lleno, soy una hambrienta.
Sus labios tenían el sabor delcapuccino,no tardo en seguirle el beso.En el momento que pego sus labios contra los míos, mi cuerpo se encendió de pasión sonaraclichepero eso es lo que sentí, sigo disfrutando del beso no quería dejar de hacerlo. Pero tengo que parar no quiero ilusionarme con este hombre.
Bajé de inmediato a la entrada del edificio donde vivimos, Austin está recargado en su auto, sonríe.—Estas preciosa.—Gracias.
1Semanas DespuésDespués de media hora me subo al auto, Amelia y Nadia me miran con curiosidad.
— Muy cansado este día — digo cerrando la puerta del auto, toda la mañana y tarde nos hemos pasado buscando departamento. Los padres de Amelia decidieron en comprar un departamento para que las tres podamos vivir tranquilas sin pensar en que al final del mes se tiene que pagar el alquiler. En fin quiero ducharme y comer.— ¿Como les fueron?— nos pregunta Roberto.
Observo como la lluvia cae sobre el vidrio del auto al fin nos encontramos en Londres, estamos cansadas por el viaje pero vamos a ir al hospital para ver como siguen Sr. Collins y Sra. Brown.Llegamos y buscamos a las dos hijas de Abigail y Robert, las encontramos y Amelia corre a abrazarlas.&m