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CAPÍTULO 4

Autor: Nath Palm
last update Fecha de publicación: 2020-10-19 00:32:30

Vamos caminando por las calles de París, según Nadia estamos a unos veinticinco minutos de la torre Eiffel, el cielo está despejado, no hay lluvia, pero hace frio.

— Miren chicas, es hermosa — dice Nadia, nosotras levantamos la mirada y nos sorprendemos.

— Es muy grande — dicen mis amigas y yo asiento.

— Se imaginan una propuesta de matrimonio, en la ciudad del amor —susurro y me miran como si me hubiera salido otra cabeza.

— ¿Quién eres y que has hecho con Sofia? — 
pregunta Amelia, toma mi rostro y comienza a moverlo.

— Solo que sería bonito, no lo digo por mi —  explico y me encojo de hombros.

— Voy hacer como que te creo — responde Amelia con el ceño fruncido.

— Pero si sería bonito, Nadia a ti te gustaría 
— pregunto y la señalo.

— A mí no me metas — dice arqueando una de sus cejas.

— Saben que olvídenlo, si — exclamo y me doy la vuelta dejándolas atrás.

— Quien te entiende, mujer cada día más rara — dice Nadia, hago como que no escuche y sigo caminando.

— Espéranos — me viro, me cruzo de brazos y comienzo a dar toquecitos en el piso con mi pie derecho.

— Vamos el tiempo vuela rápido, andando — gruño.

— No es mi culpa que seas un correcaminos — responde.

A medida que nos vamos acercando, me hace sentirme enana e insignificante, alrededor tiene árboles y vamos caminando encima del césped.

— Vaya, Sofia ahora te entiendo — habla Amelia.

— De que hablas — digo.

— Que te has de sentir rara porque eres pequeñita — dice Nadia, rompe a carcajadas.

— Claro, búrlense de mí, estúpida — espeto ocultado mi sonrisa.

— Solo digo la verdad — rueda los ojos, seguimos nuestro camino para poder comprar nuestras entradas.

— Sabían chicas, que antes se llamaba tour de 300 mètres y que.... — la interrumpo de su pequeña explicación y buen francés la verdad pronuncia muy bien volviendo al tema, la miro y tomo de los hombros.

— Basta, wikipedia — hablo.

Comenzamos a subir al primer nivel tiene colocados varios mapas de orientación y catalejos que nos permiten observar los otros monumentos, también tiene un restaurante se llama 58 Tour Eiffel dicen que en este local de un lado una vista panorámica de Paris y así continuamos.

— Me da miedo, y si hay un temblor — Nadia murmura con pánico.

— Nos morimos y punto — le digo.

— Vamos a tomarnos fotos — Amelia nos llama, nos tomamos muchas fotos y grabamos uno que otro vídeo para tener de recuerdo, Amlia nos hace recordar que en unos dias nos vamos a conocer Monaco.

(...)

Mi cabello se mueve al son del viento, voy con la ventana abajo, en estos momento nos encontramos en Montecarlo, esta vez sí nos vamos a hospedar en un hotel costoso vamos alquilar una suite, como dice Amelia nos vamos a dar nuestro pequeño lujo, estas semanas que pasamos en Francia fueron inolvidables, visitamos Monte Saint – Michel que es una comuna francesa este lugar es muy pequeño es una pequeña isla en medio del agua, después fue Toulouse, volviendo al presente este ciudad es de mucho lujo, el auto se estaciona y por la ventana observamos el hotel mi boca se dé lo sorprendida que estoy.

— Chicas, sorprendidas — nos dice Amelia con una sonrisa, estamos impresionadas.

— Bueno andando — el portero nos abre la puerta y vemos que están sacando nuestras maletas, vuelvo a mirar la fachada del hotel y parece un palacio, todo grita elegancia y dinero creo que me estoy sintiendo mal con mi vestimenta, llevo unos pantalones negros, un camiseta básica blanca y los botines negros taco fino de accesorios llevo unos pendientes, anillos y bolso, con mi cabello suelto.

— Me siento fuera de lugar — murmuro mirando los lados.

— Ya basta te ves bien — dice Amelia y camina hacia la recepción, mientras nosotros seguimos viendo el hotel.

— Ya está, muevan sus hermosos traseros —dice Amelia, estamos sentadas en una salita de lo más linda, nos levantamos y la seguimos, vamos en absoluto silencio y se me ocurre contar un chiste.

— ¿Qué le dice un techo a otro? — me observan con interés.

— Techo de menos — comienzo a reírme.

— Por favor es gracioso — digo.

— Como digas — dice Amelia y se recuesta en la pared.

— Ustedes se lo pierden — están serias, pero se quieren reír, las puertas se abren, vamos hacia nuestra suite.

— Para que sorprenderme si sé que también tiene lujos — Nadia me adivino el pensamiento.

— Bruja, me adivinaste el pensamiento, quémenla — grito y la señalo, me lanza un cojin y lo esquivo.

Observo el lugar esta la sala con un ventanal las paredes son blancas y tiene moldura, los sofá de color café, a mi izquierda están unas puertas supongo que es la habitación, las abro y está una gran cama, los colores son blancos y beige, tiene un televisor, un escritorio, también está un armario y por último el baño tiene mármol blanco con dos lavamanos, un espejo que cubre casi toda la pared, una bañera y aparte la ducha.

— Alguien sabe qué hora es — menciono, estoy perdida en el tiempo.

— Es mediodía, deberíamos bajar a comer algo —.

— Pero debemos bañarnos y arreglarnos estas fachas — sugiero.

— Esta bien, pero quien ingresa primero al baño — habla Nadia.

— Yo — gritamos con Nadia y corremos hacia el baño, me termina empujando y cierra la puerta.

— Perra — grito y escucho una carcajada, resignada busco mi maleta, para buscar que ponerme, decido por un vestido largo rojo de estampados de flores y unas sandalias de tacón o son plataformas, hasta que Nadia salga camino hacia el balcón del cuarto y me siento en una de las sillas para ver el panorama, estamos en el cuarto piso y espero, espero, hasta que salga y media hora después sale la señorita.

— Recién te dignas en salir — se cruza de brazos.

— Fuera, me siento como un cerdo, necesito un baño — ahora a darme un buen baño. 

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