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last update Petsa ng paglalathala: 2020-09-27 22:19:25

La mañana siguiente al incidente, Luke preparó el auto, colocó una canasta con comida, algunas mantas, luego puso a Anna en el asiento con sumo cuidado y se dirigieron a un hermoso claro junto al rio, para almorzar juntos.

—Sé todo lo que has vivido, he pensado en proponerle a tu padre que me deje casarme contigo, incluso tengo preparada una dote increíble, pensando en que no tenga forma de negarse, la verdad es que no quisiera que se oponga porque me obligaría a hacer las cosas de forma violenta. No estoy dispuesto a permitir que te toque de nuevo. Te amo y lamento no haberme dado cuenta antes de lo que sucedía realmente.

— ¿Me amas? Mírame bien Luke, estoy llena de marcas, no solo físicas y no creo que sea quién te conviene.

—Con todo respeto mi querida, soy yo quién decide lo que me conviene.

—Yo también siento algo por ti aunque no estoy muy segura de lo que es realmente.

—Démosle tiempo a lo nuestro, pero al menos acepta mi ayuda, mi único propósito ahora es otorgarte la libertad, si después descubres que no me quieres te dejaré ir, pero al menos sabré que estás a salvo.

—Gracias por no presionarme.

—Este lugar es hermoso Anna pero no tanto como tú.

—Gra...gracias.

—No temas mi pequeña, te dije que te quiero y que voy a cortejarte como se debe.

—De acuerdo, además... me gustas mucho.

—Me encanta escucharte decirlo y espero que aprendas a confiar en mí, dime lo que sientes, nunca podría ponerte un dedo encima para lastimarte.

—Lo sé.

Acercándose a ella, la rodeo con los brazos, Anna se entregó a la sensación de paz, se acostaron sobre la manta y se quedaron así durante algunos minutos, ella apoyaba la cabeza sobre el pecho de Luke y escuchaba su corazón. Anna ladeó la cabeza para verlo y entreabrió los labios.

—No me mires así Anna.

— ¿Así como?

—Con ojos de que quisieras que te bese, porque me cuesta mucho no besarte.

—Ni lo intentes, deseo que me beses desde que tengo 17 años.

Los labios de Anna eran cálidos y estaban deseosos de los suyos, pronto ella se acostó sobre él, los besos se hacían intensos, las caricias iban al ritmo de sus corazones.

—Debemos detenernos Anna, mi autocontrol es bueno pero contigo parece querer acabarse.

—Yo siento lo mismo.

— ¿Trajiste el traje de baño?

—Sí, bajo la ropa pero no estoy muy segura...

— ¿A qué le temes cariño?

—A que me veas la espalda. Nunca nadie me ha visto en traje de baño

—Déjame verte.

Cuando se dio vuelta, Luke sintió que se descomponía, la espalda de Anna parecía un mapa. Tenía tres círculos rojos, seguramente el cigarro.

— ¡Maldición Anna!

—Lo sabía...esto es un error.

—No te cubras, me siento alagado, confiaste en mí, pero mi enojo es con él, conmigo mismo por no haberme dado cuenta antes de lo grave del asunto.

—No hubieses podido hacer nada.

Las lágrimas que intentaba contener, caían por miles sobre sus mejillas. Luke la tomó en sus brazos y la sentó a su lado, le acariciaba el cabello mientras que le hablaba casi susurrando, intentando calmarla.

—Claro que sí, quizás en este lugar él tenga comprados a todos, incluso a la policía, pero mi padre es un hombre importante, él podría habernos ayudado. Mi tío es el gobernador, él sí que tiene influencias de verdad.

—Gracias por... no sentir repulsión.

—vamos a nadar cariño, jamás podría sentir repulsión. Eres importante para mí.

Evitando que su tobillo se apoyase la depositó en el agua.

—Está fría...

Para Luke era obvio que hasta ahí había llegado la conversación, por lo que le siguió el juego, ya tendría él que ocuparse de cuidarla.Antes de darse cuenta, Anna le había arrojado agua, pronto se unió a ella. De jugar animadamente, pasaron a las caricias, pero Luke sabía que debía controlarse, por lo que la abrazo y comenzó a acariciarle la espalda. Al llegar a las quemaduras, ella se estremeció.

— ¡Shhh! Tranquila, no pasa nada.

—Deberíamos regresar.

—Está bien. Por cierto, debo ausentarme por tres días, pero luego quiero que hablemos de nuestro futuro. Ahora te voy a dar tu regalo.

Cuando abrió la caja de terciopelo azul, encontró un hermoso collar con un diamante.

—No puedo aceptarlo, no quiero que gastes dinero así, con tu salario apenas podrás salir adelante. Te quiero por ser quien eres, no necesito que hagas cosas así.

—Mi hermosa Anna, mi familia tiene muchísimo dinero y puedo permitirme cosas así.

—Pero no es tu dinero lo que quiero.

—Lo sé y por eso no te preocupes, me va a encantar consentirte.

Después de dejarla en casa, seguro de que Samuel no estaba ahí, se fue en busca de Mark Lutz.

—Buen día, Mark

—Hola Luke, ¿le ha sucedido algo a Anna?

—Sí. Necesito hablar con usted y que me escuche por favor.

Mientras le contaba con más detalles lo que había sufrido Anna durante su infancia y lo que había escuchado aquella mañana, Mark miraba por la ventana apretando los puños.

—De alguna forma siempre lo sospeché, pero era algo tan macabro que me negaba a aceptarlo. Dime qué es lo que puedo hacer.

—Por ahora llamar al hospital y decirles que me faciliten el expediente de Anna.

—Muy bien, lo haré ahora mismo.

Los siguientes tres días, Luke estuvo ausente, pero para Anna fue sencillo llevarlo gracias a lo que sentía por él y a la ausencia de Samuel. Su tobillo estaba bien, lo apoyaba sin sentir dolor. El día que su padre regreso, la paz y tranquilidad se fueron a pique. Estaba alimentando a una de las yeguas cuando sintió unos ojos fríos sobre ella.

—Padre... has vuelto.

Su mirada estaba llena de furia.

—No sé quién te ha educado, pero parece que yo no.

Sin darle tiempo de responder, tomó una fusta.

—Pon las manos... ladrona.

— ¿De qué hablas?

—Te robaste ese collar. No tienes dinero para pagar algo así. Y no solo eso, el estúpido de Luke ha estado husmeando en tus archivos del hospital, y ha sido informado de que lo uso como tapadera para mis negocios personales. Si voy a ir a la cárcel al menos te dejaré un pequeño recuerdo.

La golpeó en las palmas de la mano, luego en la espalda, cuando uno de los peones llegó, lo que vió lo descompuso, alrededor de Anna había un charco de sangre.

— ¿Qué ha hecho?

— ¡Esta ladrona robó esta joya...!

—No se robó ese collar, se lo dió Luke.

—Pero si es un simple veterinario.

—Eso nos hizo creer a todos pero es hijo de una de las familias más ricas de Texas.

—No lo sabía.

—Y ahí va usted, dejando a su hija sangrando por todas partes.

—Debo irme... volveré dentro de una semana.

Estar lejos de Anna le parecía un suplicio, cuando pasó el portón, casi fue impactado por el auto de Samuel.

—Imbécil....

Pero entonces el miedo se apoderó de él. Apenas estaba apagando el auto cuando vio a uno de los peones llevar a Anna en brazos, ella parecía inerte y la sangre caía abundantemente. Mary lloraba desconsolada mientras la llevaban al cuarto.

— ¿Qué le sucedió?

—Su padre la golpeó, la acusó de haberse robado el collar. Cuando logré explicarle ya era tarde, la pobre estaba como muerta sobre el charco de sangre.

—Vaya por el médico. El doctor Lutz está en casa, lo sé porque vengo de ahí. Las llaves están en mi camioneta.

—De acuerdo.

Imaginando que estaría bastante mal, tomó unas tijeras y cortó la blusa de Anna, dejándole la espalda descubierta.

—Duele...

—Lo sé cariño, ya estoy aquí.

—Va a volver...

—No lo hará. Ya han ido a buscar al doctor Lutz.

La espalda estaba llena de marcas, Luke apretó los puños para lograr controlar la rabia que sentía. Su propio padre... Cuando Mark Lutz vio a Anna, terminó de confirmar lo que ya sabía gracias a Luke.

—Anna es como una hija, ese bastardo es un desgraciado. Le inyectaré un analgésico y te daré una receta para las medicinas.

— ¿Va a dejar de sangrar tanto?  —preguntó la pobre Mary—

— Con los latigazos Samuel rasgó los vasos capilares de la espalda de Anna. Aunque el cuerpo esté tratando de detener el sangrado enviando a las  plaquetas algunos componentes encargados de la coagulación, los cortes son profundos. No fue un simple castigo, se nota que estaba lleno de furia. Las heridas son largas y profundas, por lo que tendré que darle algunos puntos y los quitaré en una semana si todo marcha bien.

—Mary... quédate con ella.

— ¿Qué vas a hacer Luke?

—matar a ese desgraciado.

—No cometas locuras Luke. Si ella despierta y no estás se va a poner histérica.

—Volveré luego. Confío en que sabrás atenderla, entiende que si no voy a buscarlo, va a escaparse.

Tras darle veintinueve puntadas y dejarla descansando, Mark Lutz se fue en busca de Daniel a Inglaterra, era hora de que su hijo ayudara a Anna.

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