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last update publish date: 2020-09-27 22:21:08

Los siguientes tres días, Luke estuvo ausente, pero para Anna fue sencillo llevarlo gracias a lo que sentía por él y a la ausencia de Samuel. Su tobillo estaba bien, lo apoyaba sin sentir dolor. El día que su padre regreso, la paz y tranquilidad se fueron a pique. Estaba alimentando a una de las yeguas cuando sintió unos ojos fríos sobre ella.

—Padre... has vuelto.

Su mirada estaba llena de furia.

—No sé quién te ha educado, pero parece que yo no.

Sin darle tiempo de responder, tomó una fusta.

—Pon las manos... ladrona.

— ¿De qué hablas?

—Te robaste ese collar. No tienes dinero para pagar algo así. Y no solo eso, el estúpido de Luke ha estado husmeando en tus archivos del hospital, y ha sido informado de que lo uso como tapadera para mis negocios personales. Si voy a ir a la cárcel al menos te dejaré un pequeño recuerdo.

La golpeó en las palmas de la mano, luego en la espalda, cuando uno de los peones llegó, lo que vió lo descompuso, alrededor de Anna había un charco de sangre.

— ¿Qué ha hecho?

— ¡Esta ladrona robó esta joya...!

—No se robó ese collar, se lo dió Luke.

—Pero si es un simple veterinario.

—Eso nos hizo creer a todos pero es hijo de una de las familias más ricas de Texas.

—No lo sabía.

—Y ahí va usted, dejando a su hija sangrando por todas partes.

—Debo irme... volveré dentro de una semana.

Estar lejos de Anna le parecía un suplicio, cuando pasó el portón, casi fue impactado por el auto de Samuel.

—Imbécil....

Pero entonces el miedo se apoderó de él. Apenas estaba apagando el auto cuando vio a uno de los peones llevar a Anna en brazos, ella parecía inerte y la sangre caía abundantemente. Mary lloraba desconsolada mientras la llevaban al cuarto.

— ¿Qué le sucedió?

—Su padre la golpeó, la acusó de haberse robado el collar. Cuando logré explicarle ya era tarde, la pobre estaba como muerta sobre el charco de sangre.

—Vaya por el médico. El doctor Lutz está en casa, lo sé porque vengo de ahí. Las llaves están en mi camioneta.

—De acuerdo.

Imaginando que estaría bastante mal, tomó unas tijeras y cortó la blusa de Anna, dejándole la espalda descubierta.

—Duele...

—Lo sé cariño, ya estoy aquí.

—Va a volver...

—No lo hará. Ya han ido a buscar al doctor Lutz.

La espalda estaba llena de marcas, Luke apretó los puños para lograr controlar la rabia que sentía. Su propio padre... Cuando Mark Lutz vio a Anna, terminó de confirmar lo que ya sabía gracias a Luke.

—Anna es como una hija, ese bastardo es un desgraciado. Le inyectaré un analgésico y te daré una receta para las medicinas.

— ¿Va a dejar de sangrar tanto?  —preguntó la pobre Mary—

— Con los latigazos Samuel rasgó los vasos capilares de la espalda de Anna. Aunque el cuerpo esté tratando de detener el sangrado enviando a las  plaquetas algunos componentes encargados de la coagulación, los cortes son profundos. No fue un simple castigo, se nota que estaba lleno de furia. Las heridas son largas y profundas, por lo que tendré que darle algunos puntos y los quitaré en una semana si todo marcha bien.

—Mary... quédate con ella.

— ¿Qué vas a hacer Luke?

—matar a ese desgraciado.

—No cometas locuras Luke. Si ella despierta y no estás se va a poner histérica.

—Volveré luego. Confío en que sabrás atenderla, entiende que si no voy a buscarlo, va a escaparse.

Tras darle veintinueve puntadas y dejarla descansando, Mark Lutz se fue en busca de Daniel a Inglaterra, era hora de que su hijo ayudara a Anna.

¿Amor...? ¡Jamás!  Durante años se había convencido de que no la amaba, era muy joven para él, a pesar de que su corazón le decía que sí, su cerebro (es decir, su parte racional) le gritaba que se alejara de ella. Y así lo hizo aquella mañana unos años atrás, al fin lo había logrado, pero entonces... ¿Por qué no se sentía feliz? ¿Por qué se sentía como el imbécil más grande del mundo?

Sabía bien la razón, la había lastimado con sus palabras, arrojándola a los brazos de ese tipo. Aun tanto tiempo después la culpa no le daba tregua. Si Anna lo hubiese abofeteado hubiese sido menos doloroso, ¿si lo hubiese abofeteado? Corrección, si un tren le hubiese pasado por encima sería menos doloroso. Ya tenía a alguien a quien amar, ese estúpido veterinario. En lugar de haberla buscado, de haber insistido se había marchado, sin luchar, sin dejarle claro que él también deseaba su amor.

Estaba sentado revisando unos documentos, cuando le avisaron de la llegada de su padre.

—Debes ayudar a Anna.

—Ahora tiene quién se encargue de eso.

—No lo entiendes, cuando sepas la verdad, te sentirás como me siento yo en este momento. El día que te fuiste, sin escucharme, iba a contarte que me enteré de que Samuel maltrata físicamente a Anna, esa pobre niña llena de moretones... siempre le creí, Samuel me decía que la niña parecía una cabra loca. ¡YO El famoso médico no vi las señales!

— ¿Estás... seguro?

—Luke le dió un hermoso collar con un diamante, aparentemente tiene muchísimo dinero. Pues bien, el caso es que después de aquel día, en que fueron a la catarata, él le dijo que debía ausentarse por tres días. Cuando llegaba de vuelta a ver a Anna la encontró herida, Samuel la acusó de ladrona al ver el collar. La paliza fue tan grande que debí sedarla para coserla. Luke se fue en busca de Samuel y lo golpeó hasta el cansancio. La policía encerró al muchacho y Samuel está libre.

— ¿Encerrado? Pero si estaba haciendo justicia. Aunque no me gusta que sea su novio, debes reconocer que cualquiera hubiese hecho lo mismo. Quizás no me sorprende que tenga comprada a la policía, recuerdo que siempre les enviaba dinero.

—Luke descubrió que ese bastardo usa el hospital como tapadera para sus propios negocios de venta de drogas. Ahora la pobre está a su merced. Te traje unos expedientes que me fueron entregados por el mismo Luke, durante esos tres días estuvo recogiendo pruebas. Ya sabes que aunque no hay fotos, en el hospital llevan un expediente de cada paciente, y como cada vez que la atendían él debía aparentar que eran accidentes, nunca se opuso a eso. Si unes lo viejo con lo que acaba de suceder, Samuel tiene un pie en la cárcel. Cuando Anna despertó a la mañana siguiente le pedí permiso para sacarle unas fotos. Creo que debemos ayudarla, sobre la mesa te dejo todo, mi avión sale en dos horas.

Media hora después, Daniel sentía ganas de matar a Samuel, la frustración y la cólera que sentía en ese momento le nublaban el pensamiento. Cuando empezó a leer la información jamás imaginó que vería algo así, al principio pensó que su padre exageraba, pero las pruebas eran contundentes. Anna lo necesitaba, y él se encontraba a miles de kilómetros, sobre todo a nivel emocional.

Cuando Daniel cumplió diez años, conoció a la hermosa niña y con los años se volvieron amigos, todo marchaba bien hasta que ella cumplió quince años, él con 25 se encontraba estudiando medicina y la evitaba a toda costa. La quería e intentaba disimularlo, pero el enamoramiento que ella sufría hacia él, lo agobiaba porque no podía corresponderle. Ese verano, la llevo a pescar y las cosas se salieron de control.

—Hola Daniel, ¿vas a ir a pescar conmigo?

—Claro pequeña, verás lo que es pescar de verdad.

—No lo creo.

Después de haber pasado la tarde juntos, Anna decidió confesarle su amor.

—Sabes que te amo ¿verdad? Solo que me ves como a una niña, pero ya no lo soy.

— ¿Cómo qué no? Mírate los brazos y las piernas, todos llenos de moretones, pareces un niño Anna. No puedo perder el tiempo contigo tontuela, volvamos a casa, tengo una cita con una mujer de verdad, con senos y todo.

—Bruto idiota, algún día te vas a arrepentir.

Lo había dicho en un tono ligero, ellos siempre vacilaban así, por eso no logró comprender el enojo de su amiga.

—No seas inmadura.

—No pienso volver a casa, no puedo. Pensé que quizás si me amabas las cosas serían más fáciles de llevar, que tendría la esperanza de un futuro juntos.Vete a tu cita.

—Vuelve Anna, vamos que no tengo tiempo para tus juegos.

—quiero que me dejes en paz. Lárgate ya.

Ella corría río abajo, y Daniel no lograba darle alcance, incluso llegó a perderla de vista, cuando logró acercarse lo suficiente la vió caer al agua, la corriente estaba fuerte y el agua helada. Tras leer el informe que acababa de darle su padre, llegó a pensar que quizás aquella vez ella había saltado al agua adrede, que quizás intentaba suicidarse, pero descartó la idea, ella se había sujetado al tronco. En cuestión de segundos se alejaba más y más.

Sacando fuerzas extra, Anna logró sujetarse de una rama, en ese momento Daniel llegó a ella, la sacó del agua. No podía evitar sentirse culpable, al verla inmóvil y completamente pálida, deseo no haber dicho aquellas cosas. Estaban lejos del auto, pero no podía dejarla ahí sola, estaba helada y comenzaba a caer la noche, la tomó en brazos y camino durante una hora.

Al llegar al vehículo, manejó como loco hasta llegar al hospital Se quedó a su lado, ya que su padre estaba fuera de la ciudad.Tres horas después apareció Samuel parecía que estaba preocupado, hasta le dio a Daniel una cálida sonrisa y un fuerte abrazo. Cuando Anna despertó le pidió que se marchara y él lo hizo. Ahora sabía a qué se debían aquellos moretones y entendió cuan difíciles debieron ser sus palabras para ella.

En ese misma fecha se indicaba sobre la caída al agua, él se había marchado antes de que saliera del hospital, por eso no se había enterado de que el incidente le había provocado una neumonía y que quince días después ingresaba de nuevo al hospital con algunas costillas rotas.

Continuó leyendo, las lágrimas salían sin ser capaz de contenerlas, sus manos temblaban, con cada página que leía sentía ganas de matar al tipo, la golpeaba hasta el cansancio y prueba de eso eran las fotos facilitadas por su padre. Anna había visitado el hospital muchas veces, a los dos años ingreso con algunos moretones en la espalda, la madre había indicado que la niña había caído desde la cuna, a los doce años recibió unas suturas en la frente, seis meses después un yeso en el brazo izquierdo y tres meses más tarde uno en el pie derecho.La lista parecía interminable. Daño en la rótula, tobillo, muñeca, hombro, desgarros en la espalda.

En su momento no supo verlo, ahora a pesar de ser un neumólogo, sabia suficiente de medicina como para pensar distinto. Se levantó sintiéndose inquieto, de pronto la habitación le parecía pequeña...oscura. No era claustrofóbico pero sentía como si lo fuera. Lo que realmente quería hacer era ir a matar al maldito bastardo. El padre de Anna les inventaba excusas distintas cada vez, al principio las enfermeras creían en lo que decía, jamás se atrevían a cuestionarlo.

No solo era el director, sino también uno de los médicos más importantes del hospital, además de que se sentían absoluta e irremediablemente atraídas hacía él.Al parecer era un don Juan que se valía de ese poder sobre las mujeres para evitar cuestionamientos. Pero un dato logró despertar aún más su interés, el informe decía algo sobre una enfermera que había denunciado el caso de Anna, poco después comenzó a sufrir acoso sexual, por supuesto había sido despedida del hospital.

Se fue a su cuarto a preparar la maleta para su viaje a Estados Unidos

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