INICIAR SESIÓNEstos cuatro días en Mónaco han sido de ensueño conociendo lugares muy hermosos, todo gracias a Amelia y sus padres sin ellos jamas hubiese estado en estos sitios porque un poco de mis ahorros se me fueron pagando al banco por mi préstamo estudiantil y lo otro que tengo es para hacer unos cursos, cambiando del tema en la noche vamos a ir a bailar a una disco, tengo unas horas para descansar y arreglarme, lo bueno es que ya tenia un vestido para ponerme porque en este lugar los precios son muy elevados. Reviso mis fotos que tome con mi cámara pero un mensaje me saca de mis pensamientos y es de Santiago preguntándome como me encuentro, estos días hemos estado conversando mucho, el ya esta trabajando con sus padres y ha insistido para que viajo a Alemania aunque si estaría cerca de Londres donde nuestro ultimo destino.
Me coloco los audífonos y pongo música a todo volumen, el ascensor va un poco lleno y me concentro en mi móvil con forme vamos subiendo las personas se van quedando en algunos veo de reojo que estoy con un hombre pero no presto tanta atención las puertas se abren y salgo. Tarareo una de las canción de Oasis hasta que llego a mi puerta la abro y escucho los gritos.
— ¿Qué pasa? — pregunto.
— Pasa que Nadia ensucio mi blusa — por lo que veo es chocolate.
— Pero te puedes comprar otra o ponerte..... — contesta Nadia y la otra interrumpe.
— La quería utilizar hoy me hace ver sexy — ruedo los ojos.
— Tu ego es más grande que el hotel — comento con la boca llena de uvas negras mis favoritas voy hacia la cama para acostarme y ver el drama.
— Hermosa y linda Sofia podrías callarte — me fulmina con la mirada.
— Solo digo la verdad — contesto.
— Ya supéralo — Nadia corre hacia el baño y se encierra.
— ¡Ush! Yo la mato, abre la puerta, Nadia — comienza a golpear la puerta y sigo mirando el drama.
— No te va abrir, no te desquites con la puerta — digo con voz cantarina, la amenace diciendo que cuando salga se las vera. No les presto atencion y me levanto para ir por mi maleta pero escucho que tocan la puerta y me encuentro con un joven que tiene un enorme arreglo floral y otra señora lleva un carrito con postres. Creo que se han equivocado de habitación.
— Buenas tardes señorita le envían esto — dice el muchacho con una sonrisa. Hago un mueca de confusión.
— Buenas pero quien lo envió — pregunto.
— En la tarjeta esta el nombre de la persona — los hago pasar y señalo a donde las tienen que poner, se retiran.
— ¿Y eso? — preguntan las chicas. Busco la tarjeta y la tomo en mis manos para leerla.
"Espero que las rosas y dulces sean de tu agrado, estoy esperando la respuesta para ir a tomar ese café por cierto estabas preciosa"
Att: Vincent Beckett .
Este hombre no se va a cansar pienso.
— Le gustas — dice Amelia.
— ¿Quien le dio el numero de habitación? — me hago esa pregunta.
— Quizás en recepción se lo dieron — dice Amelia mientras come uno de los postres. Niego con mi cabeza.
— No lo creo porque les dije que no le dieran información — digo.
— Osea que ya había preguntado por ti y no dijiste nada — dice ofendida mi amiga la rubia. Ruedo los ojos.
— Fue ayer en la tarde cuando regresamos, recepción me dijo que había preguntando por mi pero no obtuvo información porque no lo autorice — digo exasperada preguntándome como la obtuvo. Tomo el teléfono y llamo a recepción preguntando si dieron información al señor pero ellos negaron.
— Hasta ahora todavía no sabes cómo te llamas – me dice Nadia, están sentadas comiendo.
— Espero que no lo sepa — murmuro mientras huelo una de las rosas.
(...)
Ingresamos a la discoteca miro alrededor y es un buen ambiente.
— ¿Que desean preciosas? — nos pregunta el barman. Le decimos tres martinis y comienza a preparar y lo veo atenta a todo lo que le pone a la bebida, no soy exagerada pero hay que prevenir por si acaso.
— Aquí tienen señoritas, disfruten — dice guiñando. Bebo el contenido y tiene un buen sabor.
— Le gusta chicas - preguntó Amelia.
— Un poco fuerte pero ya me iré acostumbrado — dice Nadia haciendo muecas, nos reímos a carcajadas viendo su rostro.
— Hermosa, me permites este baile — un hombre se nos acerca pero es a Nadia a quien le habla. Es guapo, bronceado, ojos mieles y tiene varios tatuajes.
— Yo, yo — tartamudea.
— Si quiere — me adelanto diciendo y ella me fulmina con la mirada. Vemos como van hacia la pista de baile.
— Ya que no encontramos hombres vamos a bailar — terminamos las bebidas y la sigo. Disfrutamos de la música hasta que un hombre invita a Amelia y me quedo sola.
— ¿Cómo te llamas, morena? – me pregunta un pelirrojo es simpático.
— Sofia y tu — digo. Tiene unos ojos celestes claros y es muy alto.
— Austin, me permites este baile, bella dama — comienza a sonar una salsa.
— Sabes bailar salsa - alzo la voz para que me pueda escuchar, asiento y nos comenzamos a mover. Algunas personas nos dan un poco de espacio cuando terminarnos los aplausos no se hacen esperar.
— Bailas muy bien — digo entusiasmada.
— Tenía una novia latina así que me toco aprender, terminamos pero me quede con lo aprendido — se encoje de hombros.
— Vamos por un trago — dice, nos sentamos en la barra a conversar su nombre es Austin Smith tiene 28 años es arquitecto y lo mejor es inglés.
— ¿Dónde son los baños? – pregunto desde hace rato estoy con ganas pero quería encontrar a mis amigas para ir juntas pero como no las encuentro tendré que ir sola.
— Tranquila chica hay que conocernos primero — dice con una sonrisa pervertida. Golpeo su brazo y me señalan y voy directo hacia ellos esta un poco oscuro pero espero que vacíos.
— Que alivio — murmuro, escucho el sonido de la puerta pero solo eso, me acomodo mi vestido y salgo, me agacho para mojar un poco mi rostro.
— Déjame decirte que tienes un hermoso cuerpo pero también tienes un culo muy exquisito — pego un brinco cuando escucho una voz ronca y sus manos se posan en mi cintura.
— Y te mueves muy bien en la pista de baile espero que también lo hagas en otros lugares — me pega a su cuerpo y siento la parte sur de anatomía . Joder y ahora que hago.
—Se te quito el hambre— dice, nos encontramos en un mcdonalds, asiento y sigo comiendo.Después de la cena que fue en un lujoso restaurante, todo muy bonito pero la comida no me lleno, soy una hambrienta.
Sus labios tenían el sabor delcapuccino,no tardo en seguirle el beso.En el momento que pego sus labios contra los míos, mi cuerpo se encendió de pasión sonaraclichepero eso es lo que sentí, sigo disfrutando del beso no quería dejar de hacerlo. Pero tengo que parar no quiero ilusionarme con este hombre.
Bajé de inmediato a la entrada del edificio donde vivimos, Austin está recargado en su auto, sonríe.—Estas preciosa.—Gracias.
1Semanas DespuésDespués de media hora me subo al auto, Amelia y Nadia me miran con curiosidad.
— Muy cansado este día — digo cerrando la puerta del auto, toda la mañana y tarde nos hemos pasado buscando departamento. Los padres de Amelia decidieron en comprar un departamento para que las tres podamos vivir tranquilas sin pensar en que al final del mes se tiene que pagar el alquiler. En fin quiero ducharme y comer.— ¿Como les fueron?— nos pregunta Roberto.
Observo como la lluvia cae sobre el vidrio del auto al fin nos encontramos en Londres, estamos cansadas por el viaje pero vamos a ir al hospital para ver como siguen Sr. Collins y Sra. Brown.Llegamos y buscamos a las dos hijas de Abigail y Robert, las encontramos y Amelia corre a abrazarlas.&m