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CAPÍTULO 23. ME DECLARO CULPABLE

Autor: Jeda Clavo
last update Fecha de publicación: 2020-11-11 08:28:31

Pasaron tres días sin que Valentino se apareciera por el departamento, sin embargo, ese día la chica que estaba quedándose hospedada, la interceptó y le dijo—Necesito conversar contigo Macarena.

—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—espetó seria.

—Me llamo Martha, no soy la amante de Valentino, soy su prima por parte de madre, solo vine a pasar un par de días. Además soy su amiga y confidente desde que éramos niños, no tienes nada que temer de mi—Así fueron conversando por un largo tiempo, hasta comieron juntas. Martha le preguntó si amaba a Valentino, ella le respondió que sí, Macarena le contó todo lo que había pasado, se desahogó con la chica,  ella le aconsejó que le contara la verdad a su primo, que estaba segura que él también la amaba. Ese día Martha se despidió de ella y regresó a Barquisimeto ciudad donde vivía.

Al día siguiente como Valentino seguía sin aparecer, salió de compras, preparó unos albúmes con las fotografías de su viaje, adquirió una baby doll muy sexi, esperó que las horas pasaran y como a las ocho llamó a Valentino, él le atendió en la primera timbrada, estaba con sus hermanos y unas amigas en un bar, tomando, mientras echaban chistes —¿Qué quieres Macarena? — Le preguntó con sequedad, aunque por dentro su corazón latía aceleradamente apenas con escuchar su voz, ella lo habia llamado, tal vez lo extrañaba.

—Quiero que vengas a la casa para conversar, creo que es hora de que hablemos claramente de todo lo que pasó, es hora de exponer nuestras verdades.

—Está bien, dame por favor una hora y estaré contigo—expresó despidiéndose, estaba ansioso tenía varios días sin verla, tal vez pudieran arreglar su situación.

Valentino, les dijo a sus acompañantes que duraría treinta minutos más y luego se iría a su departamento, mientras dijo eso, Gian Piero se quedó viéndolo. Tal vez él se pudiera adelantar y poseer a Macarena. Desde el día del incidente no había podido sacársela de la cabeza, se había convertido en su mayor obsesión y él siempre se complacía. Sin pérdida de tiempo se excusó en la mesa que se recordó de algo que debía hacer urgente, como estaba muy tomado para manejar, paró un taxi, le dio la dirección del departamento de Valentino, haría suya a Macarena, costara lo que le costara.

Mientras tanto Macarena se puso su ropa sexi, debía hablar con Valentino, contarle toda la verdad, no sabía si antes o después de demostrarle haciendo el amor lo importante que era para ella, había preparado un asado negro, puré de papá y una ensalada de vegetales, había sacado una botella de vino tinto que puso a enfriar. Escuchó la puerta principal abrirse, porque había dejado la de la habitación abierta. Estaba nerviosa, se arregló la ropa, en ese mismo instante cerró los ojos—te estaba esperando porque necesitaba hablarte—y abrió los ojos suspirando, pero allí frente de ella no estaba Valentino sino Gian Piero, quien la estaba viendo con una mirada lasciva, ella al verlo se dirigió a la cama, sacó una sabana para cubrirse, pero al hacerlo él la interceptó y la arrojó a la cama, diciéndole —Llegó la hora de que me complazcas Macarena, mi hermano me mandó en sustitución, no le interesas, entiéndelo no te quiere, nunca lo ha hecho—seguía diciéndole con burla—lo único que le importa de ti es el sexo, me dijo que eras muy buena con eso, hasta me contó del lunar que tienes en el nacimiento de tu columna, lo receptiva que eras, quería que yo viniera a disfrutar contigo y supiera de primera mano lo buena que eras.

Macarena lo miraba aturdida no podía creer que Valentino hiciera eso y le dijo—Estás mintiendo, él me ama.

—¡¿En serio?! cómo sabría todo lo que te estoy diciendo sino es él quien me lo dice—con una expresión maquiavélica, se le subió encima, le rompió la bata y empezó a tocarla lujuriosamente sus senos, parecía poseído, ella intentó quitárselo de encima pero la fuerza de él, era mucho más que la de ella, le tocaba sin delicadeza, se metió entre sus piernas, colocó su boca en la aureola mordiéndola, sin contemplaciones haciéndole daño, ella le halaba los cabellos para alejarlo, el bajó su mano y la puso en su parte intima, haciéndole daño, Macarena se estrujaba para liberarse, hasta que como pudo liberó un brazo, le propinó un golpe en la boca, él se sobo la boca—me vas a pagar esto pequeña zorra. Se alejó de ella, le propinó un fuerte golpe por el estómago, ella se encogió del dolor, recogiendo sus piernas.

Gian Piero se levantó, se quitó la chaqueta y abrió su pantalón sin quitárselo, cuando lo vio acercársele le dio una patada, e intento correr pero él le tomó la pierna, ella cayó al suelo, empezó a darle con el otro pie, mientras él la frenaba riéndose como desquiciado—No podrás escapar lindura—le decía. Ella logró asestar una patada que lo sorprendió, ella corrió, él se levantó, se subió el pantalón y empezó a perseguirla, logró atraparla cuando ella casi abría la puerta principal de la casa, la tomó por lo cabellos, la arrastró a la sala, la hizo golpearse con una repisa que se encontraba en la sala, pero allí mismo le rompió el babydoll y dejó expuesto un seno, mientras se concentraba en la vista que le ofrecía, ella tomó un jarrón, lo golpeó en la cabeza, quedó aturdido, ella lo empujó, él perdió el equilibrio y cayó de espalda golpeando su cabeza con el filo de los escalones, se agachó, revisó sus signos vitales, y no los tenía. Había matado a Gian Piero.

No podía creer lo que estaba pasando, parecía un mal sueño, tal vez todo eso no le estaba sucediendo a ella, apretó los puños y se clavó las uñas en las palmas de sus manos, si definitivamente todo era real, allí frente a ella yacía en el frío mármol, aquel hombre de quien tantas veces había jurado vengarse, pero ella no reaccionaba, por más que intentaba que algún tipo de sentimiento surgiera de su ser, no podía, así había sido desde que su madre se fue, una parte de sí se marchó con ella y desde ese día se obligó a bloquear casi todo sentimiento que surgía en su interior, sólo el odio, la rabia, el amor por Melody y ese extraño amor que surgió por Valentino, era lo único que no había podido dominar.

Levantó la vista y allí estaba otro de ellos, se quedó mirándola con dolor sin emitir palabra alguna, pero no se acercó sino que ingresó al apartamento, yéndose a otra área, hasta que llegó Valentino, se tiró al suelo, levantó la cabeza del joven, le tomaba el pulso, trataba de hacerlo reaccionar mientras lloraba desesperado. —Por favor hermano reacciona, ¡háblame! Dime que estás bien, por favor mi niño, háblame y dime que estás bien ¡Oh por Dios! ¡No!—.Pero por más que instaba a su reacción, el chico se mantenía inerte, no respondía. Había muerto y ella lo había provocado. 

Al darse cuenta de que sus intentos eran inútiles, se quedó viéndola, se levantó, se le fue encima enfurecido, nunca lo había visto así, su mirada era de absoluto odio, la tomó por los brazos, empezó a hamaquearla gritándole — ¡Maldita! Mil y un millón de veces ¡Maldita! —mientras las lágrimas corrían por las mejillas del hombre—¡Lo hiciste para vengarte de nosotros, no te importó saber que no fue responsable de lo que le pasó a tu madre. Eres la más vil y miserable de las mujeres. Maldita la hora en que entraste a mi vida, me arrepentiré por siempre de ello— luego la tomó por el cabello, haciendo presión, de los ojos de Macarena no salía ninguna lágrima, de su boca no surgía ninguna queja—pero te juro por mi hermano y por mi madre —continuo diciendo él—que te rehundirás en la cárcel, jamás descansaré hasta hacer de tu vida una completa miseria, ¡te destruiré!, nunca permitiré que seas feliz, llenaré tu vida de caos y por Dios que desearás haber muerto— dicho eso la soltó, al hacerlo ella perdió el equilibrió y cayó encima de una mesa de vidrio, que al sentir su peso cedió quebrándose, cortándose un poco los brazos. Pero él ni se inmutó con lo que le había pasado. Llamó al 911, y en menos de diez minutos había llegado el Cuerpo de Investigaciones Científicas para hacer el levantamiento del cadáver, mientras Macarena permanecía en completo silencio, con su corazón encogido.

Sentada en uno de los muebles de la sala, la sangre le seguía corriendo por los brazos, aún estaba semidesnuda, cargaba sólo la ropa interior inferior, su brassier estaba roto, al igual que la bata transparente que se había puesto para recibirlo a él, pero que el hombre que yacía muerto tirado en el piso le había roto, como pudo logró arreglarla, para no dejar su cuerpo expuesto, luego de haber intentado levantarse para cambiarse de ropa, él enfurecido le dijo—Aquí no tienes nada, así te irás, porque de ésta casa no sacarás nada. Eres una basura y como tal te irás.

Ella se quedó observando el odio que emanaba de él, como pudo haberse equivocado, nunca la había amado, la única vez que ella había intentado abrir su corazón desde la partida de su madre, resultaba nuevamente herida de la peor manera, pero juraba por Dios que nunca más volvería a sentir ni un ápice de amor por nadie, la mitad de ella había muerto cuando se fue su madre y la parte que aun sobrevivía, él acababa de matarla. Ya no tenía nada, era sólo una cáscara vacía, nada le dolería, ni siquiera rabia sentiría, porque los muertos no sentían.

Uno de los inspectores, la vio semidesnuda se quitó la chaqueta y se la puso sobre los hombros diciéndole, con una triste mirada—Toma niña para que te cubras.

Ella lo observó y expresó un simple —Gracias.

Al inspector Julián Oropeza, lo conmovió la chica, no tenía más de dieciocho años como su hija, e inmediatamente los recuerdos de ella vinieron a su mente, llena de vida, alegre, inocente, la luz de sus ojos, hasta que fue vilmente violada y asesinada. Volvió al presente, examinó con la mirada a la chica, su ropa estaba desgarrada, tal vez ese hombre que yacía muerto había abusado de ella, pero permanecía inconmovible, como si no sintiera, se mantenía en silencio. Uno de sus compañeros le tomó el brazo con violencia arrastrándola, él intervino diciendo—¡No la maltrates!, sino déjala que yo la llevo.

Valentino volteó y con su mirada llena de odio sobre ella expresó —Trátenla como la basura que es —ella lo miró a los ojos sin cohibirse, él le dijo—eres tan descarada que aun te atreves a mirarme a los ojos—la tomó del mentón y le apretó las mejillas con maldad—ojalá nunca vuelva a ver tus ojos, ni tú rostro, me arrepiento mil veces de haberte amado, ahora viviré para odiarte, mi día más feliz será cuando tus ojos se cierren para siempre.

Macarena sentía sus palabras como dardos que se clavaban en su corazón, que doloroso fue abrirse al amor, nunca pensó que algo podía dolerle tanto, así no quería seguir viviendo, si Valentino pensaba que era la peor persona, eso sería, no se defendería, dejaría que hicieran lo que quisieran con ella, no valía la pena, tal vez ni siquiera valiera la pena contar la verdad para que tal vez le causara sufrimiento o ni siquiera le creería, porque no confiaba en ella, se había acercado a él con engaño u por consiguiente tenía derecho a pensar que no era sincera, que sería capaz de todo.

El inspector Oropeza, la tomó del brazo para llevársela detenida, pero mientras se dirigía a la puerta Gian Paul, le entregó una ropa para que la vistiera—¡Hága que se la ponga! no la saque así.

Ella se quedó viéndolo, lo miró a la cara, él no pudo mantener la mirada, la bajo y en tono apenas perceptible le dijo—Lo siento Macarena, pero no puedo hacer nada por ti—ella movió la cabeza afirmativamente pero no pronunció palabra, se había dado cuenta que Gian Paul, sabía lo sucedido, vio lo que pasó con su gemelo pero no estaba dispuesto a decir la verdad, pero ella tampoco estaba  dispuesta a defenderse.

Se cambió de ropa, la esposaron, la sacaron del departamento, la llevaron a las instalaciones del organismo, el inspector Oropeza, le preguntó si tenía un abogado, respondió que no lo tenía, él le dijo que le nombrarían un defensor público, seguidamente empezaron a interrogarla, ella respondió a todas las preguntas que no sabía. El inspector exasperado pero a la vez preocupado espetó—Debes contar todo lo que sucedió, no te puedo ayudar si mantienes esa actitud.

—Yo no quiero su ayuda. Haga lo que tengo que hacer.

—Lo que tengo que hacer es demostrar tu inocencia, pero si no dices lo que pasó, no podré hacerlo—manifestó el inspector.

—No quiero que demuestre mi inocencia, porque no lo soy—expresó con firmeza.

Ese día se acercó su hermano Matías, quien al verla le preguntó por lo que había pasado, ella se negó a responderle, manifestando que no valía la pena, pensar en eso, por su parte su hermano le contó que había sacado a Perla de la casa de su padre, que en un principio se la había llevado al apartamento, hasta que se dio cuenta que había sido un error, debió trasladarla a otro sitio para protegerla de que su padre no la encontrase.

Macarena, fue presentada en el lapso previsto ante el tribunal correspondiente, mientras la investigación continuaba, días después fue acusada de varios delitos, espionaje industrial, de hurtos de fórmula, de usurpación de identidad y de homicidio intencional simple, porque al tomarle la declaración, ella confesó que su intención era asesinarlo, porque lo consideraba responsable de la muerte de su madre. Cuando la interrogaron sobre por qué había estado su bata desgarrada, expresó que se debía a que él se defendió y durante la disputa se le había roto. 

Al tribunal la trasladaron esposada, Valentino se le acercó, diciéndole con orofundo odio—Vas a pagar todo lo que nos hiciste maldita arpía, ¡debí refundirte en la cárcel! así mi hermano estaría vivo. No descansaré hasta verte totalmente destruida.

Ese día le tomaron declaración a diversos empleados de empresas Pagliuca, pero la declaración que resultó más impactante y dañina para la causa de Macarena, fue la de Valentino cuando le pidieron que expusiera lo que sabía, no había tenido clemencia con ella, con cada palabra la hundía más y más, su odio era tan profundo, que incluso exigió a su abogado que pidiera su traslado a la cárcel femenina más peligrosa del país.

Al momento que tomaron la declaración de Macarena y preguntarle ¿Cómo se declaraba? Recorrió la sala observó al inspector Oropeza, quien había descubierto su intención, negó con la cabeza, al igual que sus hermanos Meredith y Matías, luego vio la mirada de Valentino, le dio tanto miedo la rabia que desprendía su mirada, que hasta se le erizó la piel, y sin pensarlo por más tiempo respondió —Me declaro culpable.

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