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CAPÍTULO 26. EPÍLOGO

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2020-11-11 08:32:17

Valentino llegó a su apartamento hizo sus maletas, no incluyó muchas cosas, no tenía sentido, solo usaría lo estrictamente necesario. Revisó los objetos que había dejado Macarena antes de que se la llevaran detenida.

De inmediato a su mente acudieron los recuerdos de ese día, sintió su corazón encogerse, se recostó en la cama que ocupaba en la habitación de huésped, debajo de la almohada encontró una bata de ella, la abrazó y empezó a llorar, dejo que las lágrimas corrieran libre por su rostro, sus heridas eran profundas, decían que llorar equilibraba el estado de ánimo, aliviaba la tensión y era un aliciente para el alma, pero él no sentía nada de eso, estaba seguro que su vida nunca sería igual. Ya comprendía a su padre, por eso se abandonó al dolor por la mujer que amaba y recordó sus palabras "Los Pagliuca solo se enamoran una vez en la vida".

Sabía desde que conoció a Macarena que ella sería importante en su vida y que nunca amaría a ninguna mujer como a ella, cuando pensó que era una arpía, una asesina, sus acciones la alimentaban el odio. Ahora, el remordimiento lo hundía en un estado de completa angustia, ni siquiera tenía ganas de vivir, nada tenía sentido, la había perdido a ella y a su beba, lo peor eran las palabras que había pronunciado, que prefería no tener un hijo a tenerlo con ella, siempre supo que debía controlar lo que salía de su boca, pero ahora lo entendía perfectamente, la vida se encargó de tomar al pie de la letra las necedades que pronunciaba su lengua, las palabras hieren y mucho, hacen daño a quien las propina y a quien van dirigidas. Por eso era necesario controlar a ese pequeño miembro, la lengua, si no querías arrepentirte después de lo que dices, porque lamentablemente las palabras luego de pronunciadas no pueden recogerse.

Valentino, daría todo lo que era y lo que poseía, por una nueva oportunidad con su Rena, tener a su beba entre sus brazos, ver su rostro ¿A quién se hubiese parecido? Seguro hubiese sido tan linda como su madre, sus ojos, sus labios ¿Y su carácter, de quien lo hubiese heredado?

Se levantó, se dirigió al closet y fue sacando su ropa, la doblaba y colocaba en una maleta con mucho cuidado, mientras evocaba en su mente imágenes de ella usándola, recordó que al principio, al creerla culpable quiso quemar todas sus pertenencias, pero su conciencia se opuso, y daba gracias porque se hubiese impuesto, porque si no, ni siquiera los recuerdos en físico de ella tuviera.

Revisó los cajones y encontró álbumes de fotografías de ella y su familia, al seguir revisando observó uno que tenía impresas las fotografías que se habían tomado durante el viaje a Cartagena, Guayaquil, Quito, Montevideo. Salían juntos sonriendo, en unas besándose, en otras abrazados, pero en todas se veían felices, ¿quien hubiese pensado que en menos de nueve meses tendrían su futuro acabado?.

Así fue revisando cada detalle, cada objeto cada recuerdo, mirando retrospectivamente, había sido un imbécil, como no pudo verlo con anterioridad, era evidente o ahora le resultaba muy claro, la falacia que había dicho de que estaba con él porque le importaba el dinero, cuando nunca le quitó nada de valor, muchas veces iba hacerle regalos y ella los rechazaba, solo aceptaba flores, chocolates, pequeños detalles, nunca objetos de valor.

—¡Mi Rena! Cómo me hubiese gustado, verte con tu prominente vientre, tocarte y sentir como mi niña se movía dentro de ti—pronunció en voz alta.

¿Cómo se sentiría? Debió haber sido horrible como la martirizaron, golpearon su cabeza en la pared destrozándola, seguro sintió miedo, como pudieron ser tan cruel de acuchillarla estando embarazada, eso era un crimen horrendo, no se explicaba como una persona podía actuar con tanta saña para hacerle daño a otra. Él no se perdonaría haber propiciado su traslado, para que la llevaran a esa cárcel junto con esas asesinas.

Pasaron un par de semanas, se mudó a una zona montañosa superior a dos mil metros, cercana a una localidad situada en el estado Portuguesa llamado Biscucuy, pueblo my pintoresco, con sus hermosas casas de colores y limpias calles, dedicado al turismo y a la agricultura, que se desarrolla en los alrededores montañosos de la ciudad, ubicado en un valle formado por tres ríos Chabasquén, Saguáz y Biscucuisito, con un clima fresco comprendido entre los diez y veintiocho grado, anclado al piedemonte andino, específicamente en la Sierra de Portuguesa de la Cordillera de Mérida, en la zona alta del noroeste del Estado Portuguesa.

Compró una casa en la ladera de la montaña, que colindaba con una cabaña que estaba deshabitada. Allí se internó, solo bajaba al pueblo cada quince o veinte días para comprar insumos, en una de las habitaciones, colocó la ropa de Macarena, una cartelera de corcho con sus fotografías, mandó a pintar varios cuadros de ella y hasta un mural donde aparecía sonriente camino al Cotopaxi. Tenía fotos de ella por toda la casa, diariamente salía y recorría la montaña en busca de flores, las colocaba en frente de sus fotografías.

Hablaba con ella como si viviera, era tal su obsesión y sufrimiento por ella, que rayaba en la locura. Había perdido peso, su barba había crecido y no había día en que no lloraba por su ausencia. Se mantenía alejado del mundo exterior, habían pasado cuatro meses desde el trágico momento y tres desde que lo había dejado todo.

Se encontraba almorzando cuando sintió que tocaron la puerta, se paró furioso de la mesa, ¿Quién se atrevía a perturbarle su dolor? Al abrir la puerta se sorprendió sobremanera, allí frente a él estaba Matías, el hermano de Macarena y no estaba solo cargaba un pequeño bultito en sus brazos.

Ambos se miraron sorprendidos, él primero en hablar fue Matías —¿Me puedes invitar a pasar?

—Claro, pasa—le dijo permitiéndole el acceso.

Cuando Matías entró, abrió su boca en gesto de asombro. Las paredes tenían cuadros de su hermana por doquier, había fotografías de ella en las repisa, vio a Valentino y le dio lástima debió haber sido duro para él perder la mujer que amaba, si él sufría por Perla, que su padre se la había llevado al mes y medio de haberla sacado de la casa y aún cuando sabía que vivía era grande su desespero, ¿Cómo se sentiría él que nunca más la volvería a ver? Aunque ahora había una copiecita de Rena, eso lo animaría, el hombre estaba muy desmejorado, delgado, balbudo, con ojeras y una mirada vacía.

—Hay algo de lo cual debemos hablar—pronunció Matías—te traigo a la bebé de Rena y tuya—soltó de golpe.

Sus ojos se iluminaron por un momento pero luego se pagaron volviendo la tristeza—Eso no puede ser verdad, el inspector Oropeza dijo que la beba había muerto con su madre—manifestó en tono quedo.

—En ese momento no dijo la verdad, los hechos sucedieron de otra manera, cuando a Macarena la golpearon y apuñalaron, al momento de trasladarla al centro médico, seguía con vida, le hicieron una cesárea de emergencia y pudieron sacar a la niña, apenas le extrajeron a la beba, ella murió, la niña estuvo seis semanas en encubadora. Eso lo supimos cinco semanas después del entierro, tú te habías venido, al principio no quería entregártela, pensaba que esta bebé era como si Macarena tuviera una nueva vida. 

Después reflexioné, me di cuenta que tú eras el padre, y que tenías derecho de estar con ella, la beba se merece estar por lo menos con uno de sus progenitores. Te busqué pero no pude encontrarte, hasta que fui a casa de tu padre con la niña, le conté que era tu hija y las razones por las cuales te buscaba. Èl se emocionó al verla, dijo que nunca había sido tan feliz de ver a su nieta, la primera damita que nacía en los Pagliuca.

Fue él quien me dio tu dirección hace como tres semanas, pero la niña se enfermó y no fue posible venir en ese momento—estiró los brazos dándole la niña a Valentino, quien se quedó pasmado, no sabía que pensar, ni hacer, sin embargo, la tomó con sumo cuidado, al cargarla, la beba abrió sus grandes ojos marrones, él emitió una exclamación, al observar que eran exactos a los de Rena, no pudo evitar las lágrimas que acudieron a sus ojos, y comenzó a abrazarla, mientras sonoros sollozos salían de su garganta.

Matías lo observó y se conmovió, al principio había tenido sus dudas, pero luego de pensarlo, se dio cuenta que no tenía derecho a separarlo de su hija, él no era un mal hombre, había tratado mal a Macarena, pensando que ella era responsable de la muerte de su hermano, eso se justificaba. Además no podía criar a su sobrina con odio hacia su padre, ya el rencor y la venganza habían causado muchos sufrimientos en ambas familias, no podía sentenciar a su sobrina a sufrir como lo hizo su hermana . Además Valentino cuidaría bien de Meliena, así se llamaba la chiquilla, Macarena quiso que ese fuera el nombre de su hija, lo había escrito en la libreta, donde plasmaba lo que sentía y lo que vivió.

—Gracias Matías por traerla. Es lo más hermoso que he visto en mi vida—expresó con admiración Valentino.

—Se parece a las Mendoza, es igual a su madre, se llama Meliena. Aunque no la hemos registrado. Te la traje para que seas tú quien lo haga.

—Gracias, no sabes lo que significa para mí tener a esta hermosa beba, a un pedacito de la mujer que amo. La protegeré, le daré todo mi amor, viviré para cuidarla, mi niña será feliz, le hablaré de su madre, crecerá amando, sin rencor, le enseñaré a perdonar y a no juzgar a priori, no quiero que cometa los errores de sus padres. Ella será la luz que alumbre mi camino, el faro que me guié a puerto seguro, me mostrará una nueva esperanza, otra oportunidad, y se llamara Meliena Melissa Pagliuca Mendoza, como ella, como mi Rena, la mujer de mi vida, la que siempre vivirá y reinará en mi corazón, porque a mi amada nadie jamás la reemplazará, nunca la olvidaré—concluyó Valentino con congoja.

—Espero la cuides todos los días de tu vida. Háblale de sus tíos, enséñale a amarnos. También espero la dejes que nos visite, es el único vínculo con mi hermana, su último acto de amor, luchó hasta el último momento para que su niña naciera. Valentino mi hermana siempre te amo, aunque no supo manejar toda la situación que se presentó, y yo también influí para que tomáramos decisiones equivocadas—lágrimas brotaron de sus ojos, la voz se le quebró pero siguió hablando— Acá te dejo su libreta, la leí y lloré, es una especie de diario, estaba arrepentida de haber participado en el engaño en tú contra. Sabes que también tenía miedo que supieras la verdad sobre su inocencia, porque pensaba que eras muy inclemente con los errores y con quien más te ensañabas era contigo mismo.

Ahora si me voy Valentino, debo buscar a la mujer de mi vida. Hasta pronto, te deseo amor y paz, que logres ser feliz.

Después de que el hermano de Rena partió los recuerdos se agolparon en su mente y no pudo evitar llorar con gemidos intensos, mientras cargaba a su niña repitiendo como mantra—Perdóname hija, ¡Ay Dios! que dolor tan grande siento, quisiera que todo se tratara de un mal sueño y despertar con Macarena y contigo a mi lado hija, ¿Por qué salió todo mal si nos amábamos? 

«Debí protegerla, ella le temía a Gian Piero, ¿Quién sabe cuántas veces la acosó? ¿Por qué no confiaste en mi amor? Debiste decirme, te hubiese creído, debí pensar al verte semidesnuda en la sala, en las veces que él nos interrumpía cuando hacíamos el amor, la vez que llegué al apartamento, lo encontré allí y tú desmayada. He sido el más majadero de todos los hombres. Pero ahora debo hacer todo distinto, cuidarte mi pequeña, protegerte, enseñarte tantas cosas. Juró por la memoria de tú madre que solo viviré por ti y para ti, te daré cariño por los dos, tú serás la prueba viviente de nuestro amor, pero que lamentablemente como toda gran historia de amor terminó en tragedia.

Macarena vivirá en mis recuerdos, en mi corazón y en el tuyo pequeña, mientras este allí nunca morirá.

—Por mi parte mi vida, Me declaro Culpable de amarte, de haberte tenido y de haberte perdido, pero te prometo que esto solo es por ahora porque algún día cuando pase el tiempo, que me toque partir, vendrás a mi encuentro, para volvernos a amar por la eternidad—extendió su vista al suelo, se había caído la libreta de Rena, sostuvo a la niña y al inclinarse para recogerla la libreta estaba abierta en un poema que decía:

“Si algún día visitas mi tumba, no llores,

solo imagina que estoy durmiendo

Te visitaré con el alba,

Te abrazaré con el viento,

Te besaré con la lluvia

Y cantaré para ti en silencio.

Nunca pienses que me he ido,

porque entonces…

entonces si habré muerto.”

No es un adiós, sino un hasta luego.

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