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CAPÍTULO 22. LA OTRA

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2020-11-11 08:27:11

Así pasó un par de días en que Macarena estuvo enferma, mientras Valentino la cuidaba. Incluso dejó de asistir al trabajo durante ese tiempo, llamó al médico de la familia, quien le mandó un tratamiento a Macarena para la gripe que había desencadenado su resfriado.

Le hacía sopas y le daba de comer, le daba los medicamentos, le bajaba la fiebre o con pañitos húmedos en su frente o cuando sus temperaturas eran demasiadas altas la metía en la bañera hasta lograr controlar su fiebre. A veces ella deliraba, llamaba a su mamá y decía cosas que no comprendía como “No es lo que piensas, te juró que me obligaron”, mientras sus dientes castañeaban, pero por más que trataba de saber más sobre lo que la preocupaba, no repetía mas nada, si no esas palabras. La atendía con ternura y dedicación, no le gustaba verla tan frágil y desmejorada.

Al pasar los días, ya Macarena estaba mejor, aunque tenía un poco de ojeras y lo vivido se reflejaba en su cara, ya estaba activa, estaba recogiendo las cosas para irse a su habitación cuando él la interrogó —¿Dónde piensas ir?

—A una de las habitaciones de huésped, ya estoy bien y no necesitaré que me cuides—manifestó con seguridad.

—No te irás. Te quedarás conmigo necesito tenerte a mi lado, parece que te olvidaste de tu verdadero objetivo en esta casa. Permíteme recordártelo eres mi amante Macarena, te traje a esta casa para que me complacieras, y quiero tenerte a la mano para cuando quiera revolcarme contigo, como por ejemplo hoy —le dijo acercándose y tomándole un seno, se lo pellizco por encima de la ropa, de inmediato sus pezones se irguieron orgullosos, reflejándose a través de la camisa, mientras él sonreía satisfecho por la reacción del cuerpo de ella. Macarena podía decir que no lo deseaba pero su cuerpo no opinaba igual que su cerebro.

—¡No me toques! Jamás volverás a tenerme por propia voluntad—le dijo desafiante.

—Me encanta cuando te das de dura y me retas ¡Ya lo veremos! —espetó desafiante.

Pasó el día, Valentino se había ido a la oficina mientras ella permanecía en el departamento, se hizo comida, lo arregló, cambió las sabanas de todas las camas y lavó toda la ropa sucia. Realizó una limpieza profunda. Estaba exhausta, por eso se bañó y se acostó a dormir despertándose a las seis de la tarde, cuando se puso a preparar la cena.

Valentino llegó al departamento apenas entró a la sala el olor a lavanda, inundaba la estancia. De inmediato se dio cuenta que Macarena había limpiado profundamente, se acercó a la cocina y allí estaba ella cocinando, apenas la vio le dijo—No entiendo porque eres tan inconsciente, acabas de salir de una enfermedad, y vienes a estar limpiando y sacudiendo polvo, ¿Es que quieres recaer? Tal vez para ti sea un placer que me dediqué a atenderte cuando enfermas, pero no creas que lo hago porque me importes, simplemente es un acto que haría por cualquiera ser viviente, además no estoy dispuesto a perder mi tiempo y mi trabajo cuidándote a ti.

Al escuchar eso, Macarena se sintió herida, pero a la vez molesta por el desprecio que encerraban cada una de las palabras que pronunció Valentino, la desconcertaba el cambio que había dado, al principio era tan amoroso, delicado, tierno y ahora no perdía oportunidad de hacerla sentir mal y ofenderla parece que encontraba placer en eso, pero no demostraría cuanto le afectaban sus ofensas y con voz muy baja manifestó—No te pedí que me cuidaras, si lo hiciste fue porque a ti te provocó, nadie te obligó a hacerlo.

—Fue cuestión de humanidad—le dijo.

Así pasaron un par de días, apenas si conversaban aunque dormían en la misma cama, al acostarse cada uno lo hacía por su lado evitando tener contacto con el otro, sin embargo al amanecer siempre estaba uno en brazos del otro, y el primero en despertar se alejaba como si de peste se tratara, sin pronunciar palabra y sin avisar al otro.

Una noche ya dormidos, Macarena empezó a soñar con su papá, estaba sentada con él en su despacho hablando, cuando de repente él le dice —No puedo vivir más hija, ¡perdóname! —Exclamaba— es demasiado dolor para soportarlo, debes ser fuerte mi niña, nada será fácil, pero nunca te dejes caer —y dicho eso se colocó una pistola en la sien, volándose los sesos. Ella pegó un grito descomunal, mientras lloraba desesperada, lo que hizo despertar a Valentino, la observó y se dio cuenta que aún cuando estaba dormida seguía gritando, la despertó con cuidado hasta que ella abrió los ojos sorprendida, su corazón dio un vuelco al observar la angustia que reflejaba su rostro, se acercó a consolarla, no le gustaba verla de esa manera, se veía tan frágil, tan vulnerable, y sin esperar más la acercó a él y empezó a abrazarla mientras la consolaba, su cuerpo reaccionó a su cercanía, su olor inundó sus sentidos y no pudo evitar tomar su mentón y besarla, ella se quedó al principio estática, pero tanto fue la insistencia de Valentino que derrumbó sus reservas, la ansiedad que sentían los envolvía, de inmediato se entregaron a la pasión, ella tocaba sus pectorales y lo besaba con una pasión desbordante, mientras él tocaba sus glúteos acercándola a él, tomó sus senos y empezó a masajearlo suavemente con sus manos, los introdujo en su boca alternativamente jugueteando con ellos, después posó su mano en el centro de su femineidad y empezó a estimularla con suaves caricias al principio, hasta que fue intensificándolas, introdujo uno a uno sus dedos dentro de su cavidad, llevándola a límites extremos del placer, cada caricia que le daba la hacía gemir descontroladamente, su piel se erizaba al contacto de las manos de Valentino, tomó su boca y empezó a devorarla, succionando su lengua con pasión, sentía el afable sabor de su boca embriagándolo como un dulce vino, sus sentidos estaban a flor de piel, no quería soltarla pero la falta de aliento lo obligó a separarse para permitir pasar el aire a sus pulmones.

Valentino siguió poseyéndola con ternura, besando y recorriendo cada parte de su cuerpo, hasta enloquecerla de pasión, se introdujo en ella, hundiéndose hasta el fondo y con fuertes acometidas la hizo suya, bombeaba con furor mientras ella de manera instintiva elevaba sus caderas, sus movimientos adentro y afuera eran constantes, ella lo tomaba de la cadera acercándolo más a ella, como queriendo que profundizara más su posesión, mientras que juntos llegaron al más delicioso orgasmo, jadeantes, articulando palabras sin sentidos, él se vació en ella sin detenerse, sintiéndose pleno por primera vez mientras ella sintió su esencia de hombre bañarla en su interior.

Valentino se asustó cuando experimentó el más sublime orgasmo de su vida, sentía que estaba quedando vulnerable frente a ella y lamentablemente esa mujer no era confiable, por eso tenía que hacer algo que a ella le doliera tanto para mantenerla alejada, sus defensas estaban expuestas y eso no podía permitirlo, se salió de ella dándose cuenta que no había usado protección, se levantó sin decir nada, se colocó un jean, una polo, unos zapatos deportivos y fue a la farmacia, pidió una pastilla del día después y regresó al departamento, ella aun permanecía en la cama, le lanzó la bolsa y le dijo —Esa es la pastilla del día después, ¡Te la tomas! No me apetece tener un hijo y mucho menos con una mujer como tú, prefiría no tener un hijo que hacerlo con una desvergonzada, falsa, traidora, mentirosa, no tienes ningún mérito por la cual valga la pena reproducir tus genes—le dijo con un gesto de asco—no te olvides que tú solo sirves para follarte y pasar un rato y que será así hasta que me aburras en la cama, no esperes más de mi.

Salió de la habitación y se fue a dormir a un cuarto de huésped, no quería seguir estando cerca de ella. Debía terminar con esa obsesión que ella le provocaba, porque si no iba a tener la capacidad de destruirlo, y ella era la peor mujer a la cual podría darle ese poder.

Macarena se quedó pensativa, otra vez la había humillado, tenía que extirparlo de su sistema, porque cada día que pasaba él la iba destruyendo un poco más, se quedó dormida muy tarde pensando en los que había pasado, por lo cual al día siguiente se levantó casi a las nueve de la mañana, luego de bañarse se preparó el desayuno, luego de comer comenzó a preparar el almuerzo, pensaba que Valentino no podía humillarlo más, pero al mediodía se apareció con una chica que ni siquiera tuvo la decencia de presentarle, la ubicó en una habitación de huésped y le dijo a ella como si fuese su sirvienta—Sírvele la comida a mi invitada—expresó con firmeza.

Ella se quedó mirándola y luego de unos minutos le manifestó—No soy tú sirvienta, si quieres sírvele tú o que se sirva ella—concluyó caminando hacia la habitación.

Él le sostuvo del brazo y le dijo—Deja de ser grosera con mi invitada, y tampoco te des de ínfula porque no eres nadie, no eres más que mi amante, la que calienta mi cama como pago para no mandarte a ti y a tú inútil hermano a la cárcel. No creas que estas libre, en cualquier momento si no me complaces y haces lo que te diga, capaz que deje el trato sin efecto y Matías termina en la cárcel. Así que si quieres evitar su negro destino debes hacer lo que te digo y ahora te exijo que sirvas los dos platos para nosotros, tú hazlo en la cocina o en cualquier otra parte, porque tu presencia está demás entre esta hermosa dama—expresó tomando la mano de la otra chica y besándola—y yo.

Macarena consumida por la ira y escuchada las amenazas no le quedó otra que servirles la comida, luego de hacerlo se retiró a la habitación mientras sus lágrimas pugnaban por salir, sin embargo, se reprochó por ser tan sensible y logró controlarse, no iba a llorar por ese hombre ni por como la estaba tratando, nunca más se entregaría a él de buena gana y esta vez estaba segura de poder cumplir con su promesa.

*********************************************

Entretanto Valentino y Martha comían en silencio hasta que ella se atrevió a decirle —De haber conocido tus intenciones, no hubiese aceptado esta invitación, ¿Cómo pudiste ser tan cruel?

—Te juro que menos que ella, —y enseguida le contó todo lo que le había hecho Macarena.

—¿Pero hablaste con ella? tal vez haya algo que la llevó actuar así—Expresó ella.

—Sólo la movía una supuesta venganza contra mi familia por el accidente de su madre, en la cual ella misma fue la responsable por saltarse la luz. Macarena es una víbora que no vale la pena y ni siquiera es digna de lástima.

—Pero tú la amas por eso intentas hacerla sentir mal, te enoja lo que sientes por ella. Debiste haberle dicho que tú y yo no tenemos nada.

Valentino se sonrió y le dijo—La idea es que creyera que hay algo entre nosotros, para que no se crea que es importante para mí.

Pasaron dos días y la nueva amante de Valentino según Macarena, aún seguía hospedada en el departamento, había tratado de acercársele pero ella no salía de la habitación, ni siquiera comía casi, solo tomaba agua en el baño para mantenerse hidratada y evitar encontrase con la mujer.

Ese día Valentino llegó como a la una de la mañana, había salido temprano con la mujer que se estaba quedando allí y había llegado un poco tomado. Al entrar a la habitación, se acostó en la cama y empezó a besarla, buscando a Macarena para tener sexo, y a pesar que la besaba y tocaba con pasión ella no respondía, Valentino se dio cuenta y la tomó por los hombros y le dijo—Respóndeme como una mujer, no vengas hacerte la frígida conmigo—expresó molesto.

—Te dije que no participaría voluntariamente en este acto, si quieres tócame e introdúcete dentro de mí si eso te da placer, pero no vas a obtener ninguna respuesta de mi—comentó orgullosa.

—¿Eso es lo que quieres? ¡Eso es lo que tendrás!—Siguió besándola de manera apasionada, la tocaba pero Macarena permanecía estática sin responder a sus caricias, como un tempano de hielo, como una muñeca inanimada. La furia lo consumía y se levantó de la cama y con toda la rabia que le producía la situación le dijo—¡Perfecto! Me iré a buscar en otra parte lo que te niegas a darme, tú no vas a convertirme en un animal, nunca he forzado una mujer y no voy a empezar contigo, bastante mujeres anda detrás de mi deseosas de que las posea, ellas estarían más que dispuestas para mí—y diciendo eso, se arregló la ropa que cargaba, y salió de la habitación dando un fuerte portazo.

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