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CAPÍTULO 21. UN RESFRIADO

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2020-11-11 08:26:02

Matías se dirigió primero al cajetín de línea telefónica, nervioso de que fuera a ser descubierto, la abrió y desconectó varias líneas, dentro de ellas las correspondientes a la residencia del padre de Perla, después de ello se dirigió a la casa, estaba rodeada de los hombres de seguridad de Jacques. Estacionó el vehículo en la acera del frente y se bajó con un maletín donde tenía los equipos para la supuesta revisión de la línea telefónica, llegó a la entrada de la mansión y lo atendieron un par de guardias de seguridad —Buen día, señores—Saludó Matías.

—Buen día señor, ¿Qué se le ofrece? —respondió el guardia de seguridad.

—Buen día. Soy empleado de la empresa de telefonía, debido a unos reportes de averías que hicieron en la zona, necesitó hacer una revisión de las líneas correspondientes a esta casa.—Le entregó su credencial que lo identificaba como trabajador de dicha empresa. 

El hombre revisó lo que consignó, después de diez minutos y luego de cachearlo superficialmente, lo dejó ingresar acompañado de un guardia. Se sintió aliviado porque en un compartimiento del pantalón tenía algo, que era para utilizar en el escape de perla. De inmediato preguntó donde se ubicaban las líneas, al indicarsele simuló que estaba revisándola, utilizando los equipos que había llevado, luego, lo subieron para que revisara las líneas del primer piso, le dijo al guardia de seguridad —Necesito ir al baño, ¿Me puede señalar dónde está? —preguntó Matías. Allí el hombre le mostró donde debía dirigirse.

Al llegar al baño, abrió la llave del lavamanos, tomó el agua con ambas manos y se lavó el rostro, mientras se veía en el espejo y pensaba como iba hacer para llegar a la habitación de Perla, se asomó por la puerta y allí no estaba el guardia de seguridad, se coló mirando a todos lados para evitar ser descubierto, antes de llegar a la puerta de la habitación lo encontró la chica de servicio amiga de Perla, al verlo se sorprendió y ella le manifestó —¿Qué hace usted aquí señor? La reparación de las líneas es en otro lado no tiene porque estar aquí. Avisaré a seguridad.

La chica estaba dándose la vuelta para avisar a los de seguridad, cuando él la tomó por un brazo y le dijo—No lo hagas por favor, soy yo Matías, quiero ver a Perla, ayúdame—suplicó. La chica se quedó viéndolo y luego de pensarlo unos segundos, observó a todos lados, lo atrajo a un punto ciego de las cámaras y se las mostró.

—Está loco señor Matías, las cámaras están grabando, si lo descubren lo matarán—dijo Nancy.

—No me importa. Necesito saber cómo está ella, quiero verla aunque sea unos minutos, ayúdame a verla por favor—expresó con angustia.

—Me puedo meter en problemas, la primera vez me salvé de milagro, no me pida que me ponga en riesgo.

—Te lo suplicó Nancy ¡Ayúdame! Sólo será por breves momentos—Al oírlo rogar la chica se conmovió, lo tomó del brazo y lo ingresó a una habitación contigua a la de Perla, cuidando de permanecer en el punto muerto de la cámara de seguridad.

Cuando estuvieron dentro le dijo—Esa puerta comunica con la de la niña, pero está cerrada con llaves al igual que la principal, no la dejan salir, solo permiten abrirle para darle comida. Del resto está aislada, su padre prohibió que saliera. Puede intentar abrir esa puerta.

—Gracias Nancy. Eso haré, pero necesito algo con que abrirla—luego de pensar un momento, sacó su cartera, extrajo su tarjeta y comenzó a abrir la puerta, hasta que la abrió, al entrar Perla, estaba acostada, al sentir los pasos, ella se giró, se quedó viéndolo un momento y a los segundos lo reconoció, su rostro pálido se iluminó de la emoción, le brincó encima y lo besó. Se besaron con pasión, con entrega, demostrándose cuanto se habían extrañado.

—¿Cómo hiciste para entrar? ¡Por Dios! si te encuentran mi padre puede matarte. Tienes que irte—manifestó preocupada.

—Tranquila mi amor no me pasará nada—expresó tomándola del rostro y volviéndola a besar—debo sacarte de aquí Perla.

—No puedo irme, ¿Cómo saldré con tanta vigilancia en esta casa? Es demasiado riesgoso no puedo hacer eso—expuso Perla.

—Tengo un plan, solo necesitamos ayuda de Nancy, saldrás por la puerta donde entré, ella que te preste ropa de la que usa el servicio —y abriendo un compartimiento del pantalón sacó una peluca y te colocas esto para simular tu color de cabello, te maquillas diferente y así sales por la puerta—manifestó convencido.

—Estás loco amor, ¿Cómo te atreviste a arriesgarte de ésta manera? Te pudo haber costado la vida—expuso con preocupación, mientras posaba su cabeza en el pecho de Matías.

—Sabes que por ti no me importa arriesgarme y hasta mi vida la doy a cambio de la tuya, nunca lo olvides—expresó besándola con pasión.

Después de un par de minutos Nancy los ayudó a llevar a cabo el plan, disfrazó a Perla de acuerdo a lo acordado. Colocaron en la cama un maniquí que tenía perla, lo vistieron como ella y le pusieron las sábanas encima, mientras Matías se fue al sitio donde estaba realizando la supuesta reparación de las líneas. Estaba nervioso, esperaba con ansias las noticias que había quedado en darle Nancy. Luego de allí fue a la otra oficina y después de unos veinte minutos la chica del servicio le hizo un gesto apenas perceptible, a través del cual le avisaba que todo se había llevado a cabo.

Matías se despidió de la casa alegando que debía revisar la cajetilla, al retirarse, se montó en su carro, rodó como tres cuadras y allí caminando iba Perla con una peluca negra y una ropa de chica del servicio, se montó con prisa y se dirigieron al apartamento de él en La Candelaria. Habían logrado su cometido y ambos felices no imaginaban lo que el destino les depararía.

****************************************************

Macarena estaba preparándose el desayuno aunque no tenía mucho apetito, ya eran las casi las doce del medio día, a pesar que después de bañarse se había recostado nuevamente, sentía los parpados pesados, el dolor de garganta era insoportable, aparte de eso tenía escalofríos y sus dientes tiritaban, tenía la leve sospecha de que estaba afiebrada. Siguió haciendo un espagueti a la bologna porque era lo más práctico, aunque a decir verdad no tenía mucho apetito.

Escuchó que abrían la puerta principal del apartamento, pero no prestó mucha atención y siguió preparando la comida que estaba haciendo, pensó que era raro que Valentino llegara al mediodía a la casa porque él siempre comía en la oficina, o tal vez lo estaba haciendo porque ella se encontraba allí, le dio un poco de alegría pensar que era por ella por quien volvía temprano.

Después de un momento, escuchó que alguien se le acercaba por la espalda, sintió un aliento detrás de ella y se volteó, al hacerlo detrás de ella estaba él, ese hombre cuya mirada reflejaba maldad, quien le inspiraba un poco de miedo, sin embargo, con su recién encontrada confianza, desechó el temor, se irguió todo lo que pudo y colocó una mano en su pecho para alejarlo y de inmediato le dijo—¿Qué haces aquí? Valentino no se encuentra.

—Te respondo en reversa, sé perfectamente que no está aquí ¿Por qué crees que estoy aquí? —levantó su mano y le acarició la mejilla, ella se alejó y al hacerlo se golpeó la espalda con el mesón, se sentía muy mal, veía borroso, sentía mucho frío, su cuerpo se estremeció. Él sin darse cuenta la tomó con violencia por la cintura y la acercó a él con fuerza, mientras con la otra mano le tomaba el rostro y la besaba sin delicadeza, pero Macarena con las pocas fuerzas que sentía quedaban en su cuerpo, cerró su boca para impedir que el ingresara su lengua en ella. Al ver su resistencia él se apartó un poco de ella y con una sonrisa maléfica, muy cerca de sus labios le dijo—Vas hacer mía Macarena, así se la último que haga, voy a tenerte. Desde el día que te vi con Valentino en su habitación tocándolo y tocándote, no he dejado de pensarte y como para él no significas nada, no te quiere como esposa sino como amante, no hay nada que me impide tomarte, y creo que haré realidad mi deseo de poseerte— tomó a Macarena por los glúteos y la acercó a su virilidad, mientras la besaba, subió una de sus manos a su seno para tocarla pero en ese momento ella cayó desmayada.

Al verla inerte, intentó hacerla levantar pero no lo hizo, le tocó el rostro y puso sus manos en el cuello, y se dio cuenta que estaba hirviendo de la fiebre, la tomó en sus brazos, levantándola, QQcaminó con ella a la sala, iba camino al sofá cuando se escuchó que se abría la cerradura del apartamento, en ese mismo momento volteó y allí estaba Valentino, quien lo miro extrañado, dirigió su vista a sus brazos donde aún permanecía Macarena desmayada, de inmediato le dijo acercándosele—¿Qué haces aquí? ¿Qué haces cargando a Macarena? ¿Por qué está desmayada en tus brazos? —le dijo quitándole a Macarena de sus brazos, la cargó y la llevó a su habitación, donde la acostó en la cama, al tocarle la frente, ella estaba hirviendo de la fiebre, de inmediato se levantó se dirigió al vestier sacó un pañuelo de él, lo mojó y se lo colocó en la frente. —Gian Piero, te hice una pregunta ¿Qué haces aquí?

El gemelo no sabía cómo responderle—Vine por ti, acabo de llegar, pensé que ya estabas en casa, Macarena me abrió la puerta, empezamos a conversar pero mientras lo hacíamos ella se desmayó y trataba de reanimarla pero no pude.

—No entiendo cómo pudiste creer que estaba aquí, cuando tú saliste primero de las oficinas—lo cuestionó Valentino con dudas.

—Ciertamente yo salí primero de la oficina, pero luego me recordé que había dejado algo y me regresé, me tardé un poco más de lo que tenía previsto, pasé por tu despacho y ya no estabas, me imaginé que habías venido al apartamento, por eso te vine a buscar acá—mintió Gian Piero—y fue cuando pasó lo que te conté anteriormente.

—Ya puedes irte Gian Piero, yo me encargo de Macarena—expresó con firmeza—Antes de que te vayas quiero que me digas ¿Por qué venías a buscarme?

Gian Piero, se quedó pensativo por un momento y luego dijo—Era para decirte que papá quería que fueses a preparar unos de tus platos a la casa el fin de semana—Se excusó.

—Debió haberme llamado él para decírmelo, y es raro porque hable con él temprano en la mañana y no me dijo nada de eso.

—Seguro se le olvidó y por eso me envió a mí para que te lo dijera—manifestó con cara de inocencia Gian Piero.

—Gian Piero, de ahora en lo adelante antes de venir a mi departamento deberás llamarme, ya no vivo sólo, no quiero que tu presencia le cause molestia a Macarena—cuando su hermano se dio la vuelta para irse, antes de llegar a la puerta le dijo—Por cierto, voy a reactivar las cámaras de seguridad.

Apenas se fue Gian Piero, Valentino buscó un medicamento para la fiebre, y se lo dio a Macarena, debió obligarla que se lo tomara, apenas abría los ojos se volvía a quedar dormida, sin embargo pasado veinte minutos la fiebre se intensificó.

Se levantó preparó la bañera, se quitó la ropa y luego la desnudó a ella, la llevó cargada, se sentó al borde de la bañera y empezó a mojarle la cabeza poco a poco, minutos después se metió con ella, mientras acunaba agua en sus manos y se la echaba a ella en su cuello. Así pasó con ellas varios minutos y de vez en cuando besaba su frente, mientras le decía—No debiste quedarte a dormir afuera, ¡eres tan terca! Por eso ahora estás enferma. Si te llega a pasar algo jamás me lo perdonaría—expresó besándola nuevamente en la frente.

En ese momento ella abre sus ojos y le dice—Te aprovechas de mi condición para desnudarme y besarme, eso no se vale—concluyó con voz muy tenue.

Valentino se sonrió —Eres una malagradecida, sino llego a tiempo la fiebre acaba contigo porque no me imagino a Gian Piero haciendo todo esto por ti.

Al escucharlo decir eso, el cuerpo de Macarena se tensó y de inmediato, le llegaron los recuerdos de lo que había pasado momentos antes, Gian Piero la había tocado y hasta besado, le dio una arcada, se puso la mano en la boca, hasta que pudo controlar las náuseas y luego manifestó —Por favor Valentino, no quiero a Gian Piero cerca de mi—habló con firmeza.

—No te preocupes, no tienes nada que temer, mi hermano no es malo, sólo un poco caprichoso. Pero ya le dije que antes de venir debe llamarme, para comprobar que estoy en casa—con cuidado la sacó de la bañera y la tomó en sus brazos, agarró una toalla y se la puso encima, luego la acostó en la cama y la cubrió con una sabana, mientras se le acostaba a un lado.

—¿Qué estás haciendo? No puedes quedarte así desnudo en mi cama—cuestionó

—Claro que puedo—afirmó él—para tu información eres tú quien está en mi cuarto y en mi cama desnuda—Valentino se sonrió arqueando sus cejas, cuando vio la expresión que ella puso.

—¡Estás loco! Como voy a estar en tu habitación así—expresó, haciendo amago de levantarse y él la detuvo.

—¡Por Dios! me causa risa tu muestra de pudor, cuando no hay parte de tu cuerpo que no haya visto, tocado y besado. Además debes reponer tu salud, así que por eso te traje para mi habitación y mi cama, no te hagas ilusiones que es porque quiero tenerte a mi lado, porque quiero aprovecharme. Bastante mujeres tengo a mis disposición para que me complazcan para estar con una a quien le provoco asco—.Dijo esto último con el fin hacerla molestar y se quedó esperando su réplica por unos minutos después, al voltear a verla, ella estaba girada del lado contrario y cuando se acercó para verla se había quedado dormida. 

Al tocarla se dio cuenta que tenía un poco de fiebre. Se pasó la mano por la cabeza, su preocupación era evidente, se levantó tomó un pañito lo humedeció y se lo colocó en la frente. Así pasó toda la noche casi sin dormir, mientras la atendía, le colocaba paños y la volvía a bañar para bajarle la temperatura, a las cinco de la mañana la fiebre cedió y fue cuando él la giró hacía él, la abrazó y se quedó dormido.

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