LOGINValentino observaba por la ventana de la cabaña, la fuerte lluvia caía con fuerza sobre la montaña, siempre era así en esta época del año, durante cuatro años consecutivos había podido presenciar los avatares del clima en la zona, luego de ello, un intenso frío se apoderaba del ambiente, durando hasta la primera quincena de enero. Aunque para él todos los días eran iguales, no sentía diferencia entre uno y otro, desde que Macarena había muerto, el dolor, el desosiego, la tristeza, se había apoderado de su alma atribulada por la culpa, aunque intentaba cambiar de actitud, poder sentir esa felicidad de antaño, no era posible.
La única que daba un poco de alegría a su vida era su pequeña Meliena Melissa, pero hasta ese momento no había exigido ningún tipo de celebración, por ser tan pequeña, no le llamaban la atención las fiestas, hasta ese año, su princesa había cumplido cuatro años, había comenzado a ir al colegio, estudiaba preescolar, allí había aprendido que pronto serían las fiestas navideñas, en conmemoración del Natalicio del Niño Jesús.
En ese momento no pudo evitar recordar la conversación que había sostenido con su niña un poco antes—Papi, ¿Por qué no tenemos decoración de navidad? Quiero celebrarla, deseo un árbol grande que llegue hasta el techo, ponerle luces blancas, también un pesebre iluminado con animales ¿Podemos papi?—dijo la niña con su mirada esperanzada.
—No lo sé mi doble eme, papi no sabe de esas cosas, nunca he realizado una decoración navideña.
—Mis amigas del cole me han dicho, que sus casas están hermosamente decoradas, quiero que mi cabaña también este iluminada por la navidad. Mi maestra me contó que hace muchos años atrás, nació en Belén el niño Jesús, lo hizo en un pesebre porque sus padres eran pobres, aún siendo dueño del mundo. No entendí mucho pero me gustó la historia. Quiero celebrar papi, dime que sí, porfis—decía saltando la pequeña emocionada.
—Lo siento Meliena, no celebro la navidad, tal vez si tú madre estuviese viva, sería distinto, decoraríamos juntos nuestra casa. Pero ahora que ella no está, no tengo motivos para celebrar, tampoco me siento feliz.
La pequeña lo miró con tristeza —¿Y yo? ¿No soy un motivo para celebrar? ¿No te hago feliz? Entonces debí haberme ido con mamá, tal vez allí celebren la navidad. Por favor papá, llévame al colegio—Valentino la tomó de la mano, la subió al Jeep, le puso el cinturón de seguridad, la llevó al colegio mientras hacían el trayecto en completo silencio, se sentía triste por lo que le había dicho su niña, pero se quedó mudo sin poder reaccionar.
La dejó en el colegio y aunque él se despidió con un beso, la niña no se lo devolvió.
Dejó sus recuerdos atrás, pensó en Macarena y a su mente vino la imagen de ella sonriendo, luego la de su pequeña, no era justo que él por su doloroso pasado, condenara a su niña una vida de tristeza y amargura, a ella no le hubiese gustado que su hija sufriera decepciones.
Decidido tomó una motosierra, la subió al Jeep, y recorrió un largo tramo, dejó el carro en la vía y salió a caminar por el paisaje, la lluvia había cesado, el fragante olor a tierra y pasto húmedo inundaba sus sentidos, recorrió el terreno hasta encontrar lo que buscaba, un hermoso y frondoso pino, que le daría felicidad a su pequeña, lo cortó, lo subió en el techo del Jeep, lo ató con una soga y regresó a la casa, lo bajó, lo ubicó en la parte trasera.
Valentino descendió al pueblo, entró a una tienda de venta de adornos navideños, recorrió el pasillo, una dependienta estaba ocupada, la otra se encontraba subida en una escalera, tomando unas cajas de los estantes superiores, justo cuando estaba mirando hacia arriba, la chica resbaló y le cayó encima quedando arriba de su cuerpo, iba a espetar una protesta, cuando observó sus ojos, eran exactos a los… interrumpió esos pensamientos, eso no podía ser, esta mujer tenía el cabello rubio, su nariz era más puntiaguda que… ¡Ya por favor! se dijo, tratando de eludir esos pensamientos, por eso no le gustaba salir de su cómoda cabaña, siempre la imaginaba en todas partes, jamás superaría ese dolor, esa angustia lo corroía por dentro, lo desgarraba sin misericordia, no pudo evitar el gemido de angustia.
—¡Oh por Dios! Discúlpeme señor no fue mi intención caerle encima, me resbalé y eso ocasionó lo sucedido—pronunció la chica apenada, levantándose del suelo.
—No se preocupe, solo fue la impresión—señaló con seriedad, mientras se paraba del suelo—buscaba una dependienta, porque necesito encontrar adornos para decorar un árbol de navidad y un pesebre. Verá, nunca he realizado ese tipo de decoraciones, pero mi niña está ilusionada, quiere celebrar la navidad y aunque mi ánimo no este bien para hacerlo, quiero complacerla.
—No se preocupe señor lo entiendo, vayamos a escoger entonces lo que le colocaremos a ese árbol—así la chica sacó luces blancas, cintas de yute y de colores, flores, estrellas, corazones, bolitas y numerosos adornos, mientras Valentino ponía una cara de angustia.
—¿Y cómo sabré en que parte del árbol, colocaré todo eso?—interrogó frustrado, el podía hacer estado de pérdidas y ganancias, cualquier tipo de informe financiero, pero absolutamente nada lo había preparado para eso. Inmediatamente comenzó a pensar en su Rena, en su sonrisa, su mirada, a imaginarse que estaba con ella mientras emocionada junto a su hija decoraban el árbol de navidad. ¿Por qué en vida no le dijo el profundo amor que le profesaba? su cabeza estaba llena de tantos porqués, pero lamentablemente no podía regresar el tiempo. Un quejido salió de sus labios, la chica volteó, con esa mirada que le recordaba a ella.
—¿Le sucede algo señor?
—No, es solo que me siento impotente con todo esto.
—No se preocupe, lo ayudaré a escoger cada detalle para que su niña se ponga feliz ¿Por qué su esposa no lo acompañó para ayudarlo en esta tarea?—la mujer observó el rostro de Valentino desencajado y se avergonzó—no me responda, discúlpeme no fue mi intención incomodarlo.
De allí escogieron los adornos para el árbol, después fueron a seleccionar lo relatico al pesebre navideño, la chica comenzó a hablar—Tenemos los pesebres de metal, plástico, de madera tallado a mano, la virgen, San José, el bebé Jesús, los pastores, las ovejas, los burritos, los bueyes, gallinas, camellos, elefantes.
—Elefantes no quiero, ovejas, vacas, bueyes, gallinas, cerdos, eso sí.
—También debe adquirir cajas, papel periódico, que luego puede pintar con acuarelas al frío en marrón, musgos, barba de palo, liquen y helecho.
—Es imposible que tenga todo eso listo para cuando llegue mi beba.
—Es imposible, si es usted solo quien lo va a decorar.
—¿Usted puede ayudarme?—Interrogó temeroso Valentino.
—Sí pero debe ser después de mi jornada laboral, salgo a las dos de la tarde.
—Mi bebé llega del colegio a las cinco de la tarde.
—¿Tiene alguna amiga donde la deje y la recoja más tarde? Nosotros armaremos solo el árbo y el pesebre lo colocaremos junto con ella.
—Si tiene una amiguita a la cual le gusta visitar, la he llevado un par de veces, pero máximo una hora, hablaré con su mamá para que la busque—Así lo hizo, llamó a la mamá de la compañera de su hija, estuvo de acuerdo en que se quedara en su casa hasta que Valentino la recogiera más tarde. Lo bueno al día siguiente era sábado, por lo cual tendrían el fin de semana para descansar.
Cuadró todo, compró cantidades de adornos, coronas, estrellas doradas y plateadas, piñas secas, botas rojas, luces, flores, cintas, bastones, esferas, faroles, pie de árbol, manteles e individuales navideños para la mesa, cojines, alfombras de bienvenidas de navidad. Debió hacer varios viajes para llevar todas las cosas que había comprado, comenzó a sentir indicios de una emoción de solo imaginarse el rostro de su hija, tenía una cámara y pensaba captar ese maravilloso momento.
Al llevar todo al carro le preguntó a la chica —¿Dónde puedo comprar bizcochos, torta de chocolate, para celebrar con mi niña la llegada de la navidad?
—A dos cuadras de la plaza, en las casas ubicadas a la izquierda, exactamente la tercera de ellas, está un negocio donde venden unas exquisitas tortas, se llama “Los caprichos de Estelita”—respondió la muchacha que se veía bastante entusiasmada, no se explicaba porque le causaba tanta emoción ayudar a ese señor y a su hija, aunque ella debía adornar su cabaña, decidió postergar un par de días esa tarea, para ayudar al prójimo, total era durante estas fechas donde se podía expresar y anteponer el amor a los demás por encima del propio, había que sembrar esperanzas en la gente, para construir un mundo mejor, aunque ella desde que podía lo hacía en cualquier época del año, pero ese hombre cargaba una tristeza a cuesta, tal vez haciendo feliz a su niña, en el proceso él pudiera sanar ese dolor que lo embargaba ¿Qué le habría sucedido?
—Muchas gracias por la ayuda, soy Valentino. Disculpe no sé su nombre ¿Cómo se llama?
—Me llamo Itzae Macarena…—ella se quedó muda al ver el rostro de él, parecía como si un profundo dolor lo atormentara.
—No, no puedes llamarte así ¡Oh Dios!—exclamó dándose la vuelta, se sostenía de la pared, mientras lágrimas corrían por sus mejillas, salió del negocio hasta llegar a su auto, se montó allí y comenzó a llorar desconsoladamente, mientras golpeaba el volante del auto; Itzae no pudo evitar seguirlo, con semblante preocupado, colocó su mano en el brazo de Valentino, él dio un respingo, ella retiró de inmediato su mano al sentir un corrientazo producto de su contacto —Disculpe ¿Hice algo que le molestó?
Valentino respiró profundo, se secó las lágrimas mientras trataba de serenar sus emociones, hacía cuatro años que no podía ejercer control sobre ellas, desde aquel día que se enteró del fatal desenlace que tuvo la mujer que amaba.
—No, no hiciste nada que me molestára. Es sólo tú n-nombre—dijo en voz baja—me ha recordado a alguien y eso me trae mucho dolor. De hecho tus ojos, tu estatura, hasta como sonríes me recuerda a ella. Pero ya no quiero seguir hablando de eso porque me causa daño, debo llevar un ambiente festivo para que mi niña disfrute. Vivo en la última cabaña de la montaña.
—¡Qué casualidad! Yo vivo en la cabaña que está de camino a la suya.
—Pero esa ¿No está vacía?
—Hace dos años vivo allí con mi papá, tuve un accidente y él quiso que me recuperara aquí
—Si el clima de este pueblo es muy agradable, el aire que se respira es puro. Itzae te espero a las dos en mi cabaña, si no has desistido de ayudarme, viendo mis arranques. Lo siento, tal vez en algún momento tengamos la confianza de contarte. Gracias.—Sacó su cartera y le extendió varios billetes—es como propina por tu ayuda.
—No señor Valentino, lo hice con toda la disposición del mundo. Más bien su gesto me ofende, porque me parece que no quiere aceptar mi ayuda desinteresada.
—Claro que la aceptó, pero quería retribuirte por tú atención—insistió él.
—Ya le dije, mi retribución será ver la linda sonrisa de su hija cuando vea la sorpresa preparada.
—Entonces, así será—manifestó despidiéndose.
Llegó a su cabaña luego de comprar, leche, bizcochos, tortas de chocolate y una bebida achocolatada para prepararla caliente. Fue a la parte trasera, colocó el árbol, en un rincón de la sala, lo sostuvo con unas cajas que había conseguido. Luego arregló la cabaña, llevó al interior toda la compra.
Al terminar, tomó unas de las cintas navideñas y comenzó adornar alrededor del mural que había hecho con puras imágenes de Macarena, mientras le hablaba —Amor, voy a colocar la decoración navideña para nuestra niña, no quería, pero ella es muy persistente como tú, me ha convencido, quiero prepararle una sorpresa, vendrá una chica a ayudarnos. Sabe que me quedé impactado porque se llama como tú, también tiene tus ojos. Creo que estoy enloqueciendo un poco cada día, porque mientras más tiempo pasa de tu partida, me empeño en buscarte y verte en todas partes, es que nada es igual si tú no estás.
«Quiero que nuestra Meliena crezca pronto y que llegue el día de reencontrarme contigo, como te lo prometí, es mi deseo más añorado volverte a ver, abrazarte, besarte y nunca más volver a separarnos. Te amo mi Rena, con toda mi alma, con cada célula de mi cuerpo, ese amor no tiene final porque es eterno.
Diariamente conversaba con ella como si nunca se hubiese ido, solo así había podido soportar esos cuatro años de ausencia. El tiempo transcurrió, en ese momento sintió que tocaron la puerta, se levantó y fue abrir. Allí estaba Itzae, con una esplendorosa sonrisa —Hola ya estoy aquí a su disposición.
Esa muchacha tenía una alegría contagiosa, tan es así que no pudo evitar esbozar una sonrisa, ella se quedó observándolo—Debería sonreír siempre, se ve más accesible, además hacerlo aporta beneficios físicos y psicológicos, porque se oxigena mejor nuestro organismo, nos revitaliza, retrasa el envejecimiento y nos hace felices a nosotros y a quienes nos rodean.
Él no respondió, solo hizo un gesto, invitándola a pasar. A penas entrar, ella se quedó observando a su izquierda el mural con las fotografías de una chica, muy joven, tendría como unos dieciocho años, su felicidad se reflejaba en el rostro, era muy bonita, sacudió su cabeza, se le vino a la mente que tenía muchas similitudes físicas con ella, desechó esas locas ideas y centró toda su atención en el árbol.
Inició colocando las luces con su ayuda, ella le daba las indicaciones y él las seguía al pie de la letra, después comenzaron a colocar las cintas y el yute en forma de zigzag, distribuido en todo el árbol, mientras lo hacía, perdió el equilibrio y él volvió a atraparla.
—Creo que esto se está haciendo una costumbre—pronunció riéndose.
—Lo siento, es que soy muy torpe, pierdo el equilibrio con facilidad—comentó avergonzada.
—No te preocupes, es broma.
Después de ese cruce de palabras, empezaron a colocar las esferas con un clip, las ubicaron en forma equilibrada en el árbol, luego pusieron los muñecos comenzando de los más grandes a los más pequeños, las campanas y demás adornos navideños, ya tenían el árbol hermosamente decorado, se veía imponente y brindando un ambiente alegre al hogar. La estrella para la copa del árbol no se lo colocaron, sino que dejaron para que Meliena la pusiera a su llegada; después ella ubicó el pie del árbol que le dio el toque final a la decoración.
Luego fueron adornando puertas y ventanas, ubicaron coronas verde con rama de pinos, a las cuales le pusieron luces y en la puerta un moño grande en color rojo, entrelazado con ramas de pino, en cada ventana por el lado externo, situaron coronas circulares y le colocaron luces.
Ubicó cestas y un pequeño baúl al pie del árbol, colocó paquetes de pequeños regalos distribuidos en varias parte de la sala, el ambiente había cambiado al extremo, de un lugar sombrío y oscuro, se había convertido en un espacio alegre, lleno de luz y vida.
Pasaron aproximadamente cinco horas decorando, solo habían dejado el espacio donde iría el pesebre, el cual colocarían con ayuda de la pequeña, Itzae era muy curiosa, por lo cual no pudo evitar observar a la pequeña cuyas fotografías reposaban en una mesita, al verla su corazón se encogió, quería conocer que había pasado con la madre una mujer tan bonita, tan llena de vida, cuya imagen era idolatrada en esa casa, no había un solo ambiente donde no estuviera una foto de ella.
Se notaba el profundo amor que Valentino le profesaba, pero también veía que había otro sentimiento, que le hacía daño, tal vez la culpa, pensó.
—¿Me acompañas a buscar a Meliena? Por favor —Había pasado momentos amenos con Itzae, realmente no quería que se fuera, le había dado un aspecto distinto, sus risas, ocurrencias, llenaron la casa de alegría y de vida, debía mantener encendido ese rayito de luz y esperanza que se había colado, era por el bien de su pequeña, su pedacito de cielo, el producto del amor entre su amada y él.
—Si claro te acompaño, no quiero perderme la expresión de tu niña cuando observe todo lo que has preparado.
—Lo que hemos preparado, porque sin ti en verdad jamás lo hubiese logrado.
Buscaron a la pequeña, al subir al auto conoció a Itzae, saludó a su padre con un beso mientras él le dijo —Ella es una amiga que conocí hoy y me está ayudando a prepararte una sorpresa.
La pequeña la miró con curiosidad —Mi mami es la novia de mi papá, ella está en el cielo cuidándonos, yo tengo el color de sus ojos y me parezco mucho a ella, tú también tienes mi color de ojos. Mi papá dice que soy su legado, tengo a mi abuelo Gian Valentino, tres tíos que son hermanos de mi mamá, mi tío Matías, mi tía Meredith que es la novia de mi tío Jean Paul el hermano de mi papá y mi tía Melody, ella es la más linda de todos, siempre los veo, pero quiero que vengan a pasar estas navidades conmigo, también te invito a ti ¿Tu tiene unos tíos y un abuelo? —interrogó la niña, con curiosidad.
—No, solo tengo a mi papá—respondió ella con una sonrisa.
—Puedo prestarte a mi familia, si aceptas ser mi amiga—expresó con dulzura.
Itzae acarició la cabeza de la pequeña—Puedo ser tu amiga, pero no es necesario que me prestes a tu familia.
—Los amigos comparten las cosas buenas que tienen, menos a mi papá porque ya tienes uno, y él es mío y de mi mamita. Yo me llamo Meliena ¿Cómo te llamas tú?
—Yo me llamo Itzae
Antes de llegar a la casa, Valentino le dijo a la niña que le pondría una venda —Mi pequeña, es para que puedas ver la sorpresa que te preparáramos.
—No entiendo, si me colocas la venda en mis ojos no podré ver.
—Pero es un momento al llegar a casa te la quito y podrás ver.
Lo pensó un momento y luego cedió —Está bien papi.
Así lo hicieron, la bajaron del carro, la pararon frente a la casa, le quitaron la venda y la niña abrió sus ojos sorprendida, comenzó a brincar aplaudiendo —Tengo mi propia navidad ¡Oh que hermosa! Es mejor que como la soñé—se volteó hacia su padre, lo abrazó. Él se agachó quedando a su altura—Mi pequeña, tú también eres mi felicidad, eres la única luz que alumbra mi oscura existencia, lo eres todo Meliena, perdóname por se un egoísta, esconderme en mi dolor y no ver lo necesitada que estabas de todo. Te prometo, que cada día que pases en esta casa, mantendré encendida la llama de la felicidad, para demostrarte lo profundo de mi amor, estoy agradecido de tenerte y disfrutarte, de tus gestos y palabras. Desde hoy celebraremos la vida juntos mi Meliena.
—Si papi, te lo recordaré—dijo colocando sus manitas en el cuello de Valentino abrazándolo y dándole un baboso beso en cada mejilla.
Itzae se conmovió tanto por esa escena que vio, no pudo evitar un par de pequeñas lágrimas que intentaron brotar de sus ojos, pero retuvo. En ese mismo instante Valentino tomó a su niña en brazos, observó las pequeñas gotas de cristal que la chica tenía en sus ojos y que estaba evitando derramar, levantó su dedo índice, lo pasó en un gesto tierno por la pestaña inferior de Itzae—No llores, no hay motivos para hacerlo, hoy todos tenemos que sonreír—el tierno gesto produjo sensaciones agradables en ella, pero prefirió no analizarlas.
Al entrar la niña pegó un grito de la emoción —¡Mi árbol de navidad! Es el más grande y hermoso de todos. Haré varias cartas al niño Jesús y a Papá Noel de mis peticiones para esta navidad—expresó con una picardía mientras observaba a Itzae.
Así entre los tres ese primero de diciembre, a decir verdad ya era dos, comenzaron a armar el pesebre navideño, entre lindos sonidos de gaitas que amenizaban el ambiente, los musgos y barba de palos adornaban las montañas y caminos de ese hermoso lugar creado en homenaje al nacimiento del redentor, ubicaron a la virgen María, a San José, los pastores, las ovejas, pequeñas fuentes situadas en varios sectores de ese paisaje creado con amor y con los más dulces sentimientos, como símbolo de nuevos comienzos, nuevas esperanzas, porque así es la navidad época para celebrar que hace miles de años vino al mundo nuestro señor y salvador, para traer vida en abundancia, así al son de los cantos ¡Gloria a Dios en la Altura y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad! Meliena tuvo su añorada navidad.
Valentino observaba por la ventana de la cabaña, la fuerte lluvia caía con fuerza sobre la montaña, siempre era así en esta época del año, durante cuatro años consecutivos había podido presenciar los avatares del clima en la zona, luego de ello, un intenso frío se apoderaba del ambiente, durando hasta la primera quincena de enero. Aunque para él todos los días eran iguales, no sentía diferencia entre uno y otro, desde que Macarena había muerto, el dolor, el desosiego, la tristeza, se había apoderado de su alma atribulada por la culpa, aunque intentaba cambiar de actitud, poder sentir esa felicidad de antaño, no era posible.La única que daba un poco de alegría a su vida era su pequeña Meliena Melissa, pero hasta ese momento no había exigido ning&
Valentino llegó a su apartamento hizo sus maletas, no incluyó muchas cosas, no tenía sentido, solo usaría lo estrictamente necesario. Revisó los objetos que había dejado Macarena antes de que se la llevaran detenida.De inmediato a su mente acudieron los recuerdos de ese día, sintió su corazón encogerse, se recostó en la cama que ocupaba en la habitación de huésped, debajo de la almohada encontró una bata de ella, la abrazó y empezó a llorar, dejo que las lágrimas corrieran libre por su rostro, sus heridas eran profundas, decían que llorar equilibraba el estado de ánimo, aliviaba la tensión y era un aliciente para el alma, pero él no sentía nada de eso, estaba seguro que su vida nunca sería igual. Ya comprendía a su padre, por eso se abandonó
Cuando Valentino escuchó las palabras del inspector su dolor fue en aumento, sintió que perdía el aliento y que le faltaba aire, sentía que se ahogaba, se obligó a respirar haciéndolo profundamente, tratando de captar el mayor aire y con una voz de angustia expresó —Eso no puede ser verdad, Macarena no pudo haber estado embarazada— al momento recordó la vez que habían tenido sexo sin protección, él le había comprado la pastilla del día después para que se la tomara, también le había dicho duras palabras diciendo que preferiría no tener ningún hijo que tenerlo con ella, no veía ningún mérito por los cuales sus genes debían reproducirse, la llamó traidora, desvergonzada. Cada recuerdo era más doloroso, no dejaba de pensar en cómo se sintió ella, lo que no se explica
Luego de su declaración de culpabilidad, Meredith gritó —¡Es mentira! No hagas eso Macarena. Tú eres inocente, di la verdad, por favor—expresaba llorando, los guardias de la sala se acercaron y la sacaron—Él no vale la pena hermana, no dejes que su odio te afecte. Juro que te vas arrepentir Valentino, de todo lo que estás haciéndole a Macarena.A Macarena la sentenciaron a dieciocho años de prisión. La trasladaron nuevamente a las instalaciones del cuerpo de criminalística, el inspector Oropeza utilizó todas las influencias que tenía a su alcance para que no la trasladaran a un centro penitenciario.Así pasaron seis meses y medio, mientras que Valentino seguía con el empeño de qu
Pasaron tres días sin que Valentino se apareciera por el departamento, sin embargo, ese día la chica que estaba quedándose hospedada, la interceptó y le dijo—Necesito conversar contigo Macarena.—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—espetó seria.—Me llamo Martha, no soy la amante de Valentino, soy su prima por parte de madre, solo vine a pasar un par de días. Además soy su amiga y confidente desde que éramos niños, no tienes nada que temer de mi—Así fueron conversando por un largo tiempo, hasta comieron juntas. Martha le preguntó si amaba a Valentino, ella le respondió que sí, Macarena le contó todo lo que había pasado, se desahogó con la chica, &nb
Así pasó un par de días en que Macarena estuvo enferma, mientras Valentino la cuidaba. Incluso dejó de asistir al trabajo durante ese tiempo, llamó al médico de la familia, quien le mandó un tratamiento a Macarena para la gripe que había desencadenado su resfriado.Le hacía sopas y le daba de comer, le daba los medicamentos, le bajaba la fiebre o con pañitos húmedos en su frente o cuando sus temperaturas eran demasiadas altas la metía en la bañera hasta lograr controlar su fiebre. A veces ella deliraba, llamaba a su mamá y decía cosas que no comprendía como “No es lo que piensas, te juró que me obligaron”, mientras sus dientes castañeaban, pero por más que trataba de saber más sobre lo que la preocupaba, no repet&iacut