LOGINThiago
— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!
Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.
— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
— ¿De dónde es ese símbolo? — dice Layla mientras se frota la sangre las manos con una toalla húmeda.
— La medialuna con la cruz es el emblema del Clan Santamarina.
Veo que mi mujer cierra los ojos y su boca se convierte en una línea fina. Se está conteniendo.
— Grillo, ¿me estás diciendo que la familia mafiosa de tu mujer atacó mi casa para llevarse a mi hijo? — dice como si fuera algo ilógico y lo es, pero es que no sabemos la historia completa.
— ¡No! Bueno… sí y no. — Grillo se mesa los insipientes cabellos y se sienta, cruzando las manos frente a él — Cuando Antonio Santamarina se fue a la cárcel el clan perdió la cabeza de la serpiente, sólo que este tipo de serpiente no muere, es como una condenada hidra, en cuanto rueda una cabeza salen otra tres a disputarse su lugar — nos explica — Nicolás estaba muy verde como para asumir el liderazgo del clan, así que digamos que sufrió una “adquisición hostil”.
— ¿En serio, adquisición hostil? — me adelanto — Hablas de ellos como si fueran empresas y no mafia.
— El hecho de que sean mafiosos no los hace ignorantes ni cavernícolas, Thiago. — me reprende — Antonio Santamarina tenía dos Maestrías y un Doctorado en economía. No era un improvisado. Levantó un imperio con dinero sucio, pero igual lo levantó. El noventa por ciento de sus empresas eran legales aunque las hubiera levantado con dinero de la droga… créeme no fue fácil encontrarle evidencia.
— ¡Basta!
Layla se detiene junto a nosotros y se sienta frente a Grillo. Jamás en toda mi vida la había visto tan calmada y eso me asusta. Acaba literalmente de clavarle un cuchillo a su propio padre y no la vi pestañear ni una vez.
Es difícil saber hasta dónde una madre llegaría por su hijo, pero la respuesta es clara para ti: Todo, una madre haría Todo por su hijo.
— Empieza a hablar y no paras hasta que yo sepa todo lo que tengo que saber. — su voz es tan suave que me recorre un escalofrío y Grillo me mira como si estuviera de acusado en una audiencia con el mismo diablo. ¡Se lo merece por traidor! Bueno… no es un traidor pero no encuentro ahora mismo otra palabra.
— Después de lo que pasó con Antonio Santamarina y con Luciana yo me fui de España — comienza a contarnos — Nunca más regresé, no miré atrás. Me dediqué a pelear y a… existir. Hace seis años, en una de las peleas volví a ver el emblema de los Santamarina. La cruz dentro de la medialuna. Pero esta vez estaba muy lejos de España y me sorprendió saber que no era sólo un visitante de paso. El clan Santamarina no sólo había sobrevivido en España, sino que se estaba expandiendo. Entonces decidí cambiarlo todo.
— ¿Cambiarlo? ¿Cómo? — pregunto.
— Volví a ponerme en contacto con Aldama, que para ese entonces era ya Coronel, y volvimos a investigar absolutamente sobre los negocios del Clan. Ahí fue que supimos que había habido un cambio de “dueño”. Las mafias no desaparecen solamente porque metas preso a uno de los líderes, los negocios siguen existiendo, sólo cambia quién los dirige. Quizás Antonio Santamarina no estaba al frente del clan, pero logramos rastrear a la nueva administración hasta Reino Unido, hasta un escoses llamado Ruben Easton. En poco menos de una década había logrado expandirse cuatro veces más, porque la policía se dio por bien servida con la condena de Antonio y no volvieron a ocuparse de ellos.
— ¿Eres policía? — le pregunta Layla con recelo.
— No… bueno, no sé. No tengo una placa, pero he trabajado con ellos desde la muerte de mi padre, y eso fue hace casi veinte años. — contesta Grillo con sinceridad. Toma las manos de Layla y luego me mira. Sé que falta mucho, mucho todavía por contar y que me va a tomar mucho tiempo perdonarlo por esto — Cuando entendimos que el Clan Santamarina seguía operando, esta vez en Europa Central y Europa del Este, e incluso que habían llegado hasta los rusos, Aldama me pidió que intentara llegar lo más cerca posible del jefe, así que cambié mi identidad y traté de usar a una persona para alcanzarlo.
Layla arruga el entrecejo sin comprender.
— ¿A qué persona?
Los ojos de Grillo se dirigen hacia mí y yo aprieto los puños, cuando todo esto se acabe nos vamos a dar la paliza que los dos no merecemos.
— ¿A Thiago? — Layla se levanta como un resorte y me enfrenta — ¡Dime que no tienes nada que ver con la mafia, D´cruz!
— ¡No, no él! — Se apura Grillo a tranquilizarla — Su hermano.
Golpeo la mesa con furia porque de verdad no puedo creer la familia que tengo.
— Percy. — el nombre sale de los labios de mi mujer como si no pudiera creerlo — Pero él es…
— Un drogadicto bueno para nada. — termino por ella.
— Lo es. — dice Grillo levantándose también — Pero ese drogadicto es una de las caras de Easton para la comercialización de la droga en altas esferas. Digamos que es su boleto de entrada a esos lugares donde la droga se vende mucho más cara, o donde pueden conseguir prestanombres confiables para la fachada de sus empresas en Reino Unido. Yo pensé que si me acercaba a Thiago, tendría el acceso libre hacia Percy, así que entré como seguridad en uno de sus Clubes. Me tomó algún tiempo pero finalmente comprendí que Thiago no tenía ninguna relación con su hermano, y que no me serviría como entrada.
— Debiste irte entonces. — digo con rabia.
— Uno no se va de donde es feliz. — contesta Grillo y sé que es sincero. Dentro de todo lo que ha pasado en su vida, dentro de todo lo que ha perdido, sé que se siente bien perteneciendo a esta familia.
Un teléfono suena y nos sobresalta a Layla y a mí, pero tal parece que Grillo ha estado esperando esa llamada. Veo que cierra los puños, camina, asiente de vez en cuando y da algunas órdenes en voz baja. Cuando corta la llamada tiene frente él dos pares de ojos demandantes.
— ¿Entonces quién carajos se llevó a mi hijo? — le reclama Layla con las manos en la cabeza— ¿Easton? ¿Percy? ¿Quién?
— Easton ha demostrado ser todavía más precavido que Antonio. — murmura Grillo guardando el teléfono en un bolsillo — El noventa y ocho porciento de sus empresas están en el marco de la legalidad y el otro dos porciento está muy bien camuflado. Jamás se arriesgaría con algo tan sucio como un secuestro. Sería la primera vez en más de diez años que hacen algo así.
— ¿Entonces es personal? — pregunto yo esta vez — ¿Queres decir que esto fue obra de Percy?
Grillo asiente en silencio y la habitación se me empieza de repente a hacer estrecha. No puede ser. No puede ser cierto. Mi hermano y yo tenemos la peor relación del mundo pero somos familia. Eso tiene que contar para algo, ¿no?
— Pero espera… espera Grillo… — Layla parece debatirse también — ¿Estás seguro?
— El tipo al que Rufus mató no tenía el tatuaje de la medialuna. Yo mismo lo revisé buscando alguna marca. — asegura Alonso — Quiere decir que no todos lo hombres eran del clan, y esa no es la forma en que la mafia trabaja. Si es verdad lo que esa nota dice y hubo al menos un hombre con el tatuaje de la medialuna… entonces es muy probable que sea Percy actuando solo.
— Pero… Grillo si Percy está tan bien posicionado dentro de la mafia… — pregunta Layla — ¿No debería tener suficiente dinero? ¿Por qué secuestrar a Theo?
— Un drogadicto siempre es un drogadicto, Licenciada. — Grillo mira al suelo y en este punto no sé quién está más avergonzado de los dos — Y al final es como dice Thiago, Percy es un bueno para nada. Si vio alguna posibilidad de ganar dinero rápido, le garantizo que no iba a desaprovecharla… o quizás debía dinero y todo se fue al demonio cuando no recibió el dinero de ustedes… No lo sé. Pero estoy casi seguro de que el Clan Santamarina no está involucrado en esto.
Layla camina de un lado a otro de la habitación. Miro mi reloj y son casi las ocho. El cielo se ve ya completamente oscuro por la ventana.
— Entonces es hora de que vayamos a casa de mi padre. — declaro con irritación pero Grillo me detiene.
— No te molestes. Ni Percy ni tu padre están en la mansión de Worcester. Esa llamada que recibí hace algunos minutos era para confirmar que la mansión está vacía. Se escaparon los dos.
Siento que toda la sangre me sube a la cabeza de tan fuerte que me late el corazón. Y sólo hoy, me recrimino por haberle reprochado a mi madre que jamás me hablara de mi padre.
— ¿Crees que Taddeo Clifford tenga algo que ver con esto? — Layla me toma de la mano y yo aprieto la suya, porque sé que si es cierto, clavar una navaja en la pierna de mi padre será lo más chiquito que le haré si estaba al tanto de que mi hermano pensaba secuestrar a mi hijo.
— No lo sé, pero se encargó de desaparecer. — murmura Grillo — Es mejor que nos vayamos ya. Nos tomará algo de tiempo llegar a la dirección que nos dejaron en la nota y quiero revisar el área primero para asegurarme de que no sea ninguna trampa.
Grillo se dirige a la salida con paso rápido y Layla lo sigue. Demoro al menos un segundo en poner mi cabeza en orden y más mis sentimientos. Miro a la noche a través de los cristales abiertos de la ventana, y le pido perdón a mi madre por lo que estoy a punto de hacer.
Todo lo que me enseñó sobre la familia, sobre la unión, sobre el amor y la comprensión y el perdón… Todo lo que me enseñó sobre la honestidad y el honor… Esta noche voy a hacer todo eso a un lado. Esta noche no voy a ser el hijo que crio, pero si eso me sirve para mantener a salvo al mío, entonces que así sea.
El sedán se desplaza con rapidez y en poco más de una hora estamos en el 554 de la calle Blaker, en el mismo corazón de Londres. Es un galpón abandonado que no tiene nada de interesante. Me alcanza solo verlo para saber que nadie en su sano juicio orquestaría un secuestro en este lugar. Nada podría aislar los gritos de una persona y menos de un niño.
Mi hermano puede ser un drogadicto bueno para nada pero no es completamente estúpido. Un sitio como este sería de muy fácil acceso para la policía.
Aún así el equipo se prepara para entrar. Grillo se desenvuelve extrañamente bien entre todos aquellos hombres uniformados, aunque él no lleva nada que lo proteja, como ellos.
— Deberías usar el chaleco antibalas. — lo reconviene Layla. Esta mujer tiene un corazón tan grande que incluso en el momento en que nuestro hijo corre peligro ella se preocupa por todos los demás.
Grillo mete un brazo y la cabeza en uno de los chalecos de Kevlar y le muestra por qué no lleva uno. Sencillamente no le entra. Su torso y el ancho de sus hombros son demasiado grandes, pareciera un niño de tres años al que le intentaran poner ropa de bebé.
Saca la pistola de la cartuchera y la rastrilla, empuñándola con perfecto equilibrio entre las dos manos, su entrenamiento policial es obvio… pero todo este despliegue será inútil. Cualesquiera que sean las instrucciones es probable que las hayan dejado adentro desde hace rato.
— Por favor quédense aquí los dos. — nos pide Grillo y yo sostengo a Layla de la cintura porque sé que su primer instinto será salir corriendo hacia adentro en cuanto se escuche el primer ruido.
Veo humo salir de una de las ventanas y el corazón se me para. El equipo lanzó una bomba de humo y definitivamente comienzan a escucharse toda clase de ruidos violentos. El cuerpo de Layla se tensa y yo la abrazo. Toda la fuerza que la había acompañado hasta ahora parece desaparecer cuando se escuchan los gritos y las imprecaciones, cosas rompiéndose y voces maldiciendo.
Una de las ventanas del segundo piso estalla y un hombre sale volando a través del vidrio para caer estampado sobre una de las camionetas. En lo alto de la ventana queda Grillo con una expresión de ira que ya no se guarda
Layla se cubre la cara con las manos y sé que le falta poco para estallar en sollozos.
— ¡Thiago…!
— Layla él no está adentro. — la tomo por los hombros para que me preste atención — ¡Theo no está ahí dentro!
— Deberías escucharlo. Suele tener razón el infeliz.
Esa voz me eriza la piel y olvido cualquier precaución que pueda tener. Mi puño se estrella contra la primera parte de su cuerpo que encuentra y resulta ser su estómago. No le doy tiempo a doblarse del dolor. Lo levanto del cabello para golpearlo en la cara como un poseso hasta que Layla, no sé ni cómo, logra detenerme.
Empujo a Percy contra una de las camionetas y lo sostengo de las solapas de la camisa.
— ¿Dónde mierda está mi hijo? — pregunto con rabia, tan cerca de su cara que casi lo escupo y ganas no me faltan.
— Pues no allí adentro. — señala el galpón mientras se limpia la sangre de la boca con la manga de la camisa y escupe el resto en el suelo — Allí solo hay gente a la que no tengo ganas de pagarle… Mi querido sobrinito está en un lugar mucho más lindo que este, pero eso sí, con gente un poquito más peligrosa.
Levanto el puño para golpearlo de nuevo pero una voz me detiene.
— ¿Qué es lo que quieres? — escucho a Layla y caigo en cuenta de que debe estar tan desesperada como yo al escucharlo hablar así.
— Sólo quiero mi dinero. — dice como si fuera lo más lógico del mundo.
— ¿Tu dinero? ¿Tu dinero, hijo de puta? ¡Porque lo trabajaste tanto! ¿Verdad?
— Créeme, es un trabajo soportar que tu padre sea un idiota que trae a su bastardo a la familia pensando que puede engañarlo… — se ríe Percy — Yo no voy a ofenderte de esa manera, hermanito. Y para que veas cuánto creo en tu inteligencia, voy a dejarte por aquí… — saca un papel de su bolsillo y lo extiende para que Layla lo tome — mi dirección personal. Por favor tráeme mis sesenta millones en billetes pequeños, no seriados y por favor, marcados tampoco; y yo te devuelvo a tu bastardito con muchísimo gusto.
Lo suelto porque sé que no lograría nada deteniéndolo. Le dice adiós a Layla con una mano y se pierde en medio de la oscuridad al final de la calle.
Layla suspira. Creo que en cierta forma está tranquila porque sesenta millones es algo que podemos pagar y ella lo sabe… Lo que no sabe es que Percy no va a detenerse en ese número. Sólo está tanteándome, tal como lo hizo Taddeo cuando me pasó la “propuesta” de Russo por la mano de Layla. En cuanto se dé cuenta de que no me tiembla la mano para pagar, todo se pondrá mucho peor. No va a descansar hasta quitarme hasta el último centavo que tengo, porque hay demasiado rencor en él, soy todo lo que no es, tengo todo lo que no tiene a pesar de que soy un bastardo, y eso es algo que no me perdonará.
El dinero me tiene sin cuidado, pero la vida de Theo está en juego ahora más que nunca. Al menos ahora sé con certeza quién está detrás de todo esto.
Hago que Layla se suba en la parte trasera del sedán y desbloqueo mi teléfono. Marco un número que tengo en la bóveda de seguridad del celular. Hace años que no lo marcaba, pero supongo que siempre hay una próxima vez.
— Consígueme un contacto con Ruben Easton.
Al otro lado de la línea me contesta un tono de duda.
— Ese es un nombre alto. ¿Estás seguro?
— Sí. — no tengo que dar explicaciones.
— ¿Y qué te hace pensar que Ruben Easton va a aceptar un contacto contigo?
— Dile que si no quiere seguir pasando su mierda por el Estrecho para comercializar con los rusos, le conviene llamarme cuanto antes.
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.