LOGINLayla
Seis meses después.
Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.
— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”
Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo sirve para diversión. Son dos maravillosos días en que soy absolutamente y sin discusión pata Thiago y para nuestro hijo.
Me despido y paso por el despacho de mi portugués. Se ve tan raro ahora que se ha afeitado completamente la barba… se ve mayor de lo que es. Supongo que es normal que haya cambiado después de todo lo que nos pasó.
Perder a Grillo fue devastador para nuestra familia. Todavía no hemos logrado recuperarnos, pero supongo que el tiempo y sobre todo mucho trabajo, nos ayudan a mantenernos ocupados.
Toco dos veces y levanta la cabeza buscando el origen del sonido. Me mira y sonríe con aire misterioso. Me hace una seña con la cabeza y yo entro cerrando la puerta detrás de mí. Con seguro, por supuesto.
Me acerco a él y me siento a horcajadas sobre su regazo. Mi vestido se sube y Thiago me besa. Puedo sentir la tortura que es su lengua dando un discurso de amor dentro de mi boca. La piel se me eriza cuando baja por mi garganta y muerde el nacimiento de mis senos… es delicioso. Estoy lista para empezar a gemir cuando me aparta bruscamente y me sienta sobre la mesa.
— Nena. Me encantaría hacer esto, pero Easton avisó que venía y no puede vernos en este estado…
Me señala su pantalón y yo lo toco y lo aprieto por encima de la tela, poniéndolo peor en vez de ayudarlo… pero ya saben que no me gusta que me digan que no.
— ¡Eres mala! — me dice y para igualar las cosas se acerca a mí, sus manos recorren el interior de mis muslos hasta llegar a mi sexo y juega sobre él hasta que me muerdo los labios. Adoro la forma en que me hace sentir.
Siento la invasión de sus dedos y me sostengo de sus brazos. Gimo, busco su boca y de repente me saca las bragas, las guarda en un bolsillo, me da un beso coqueto en la punta de la nariz y me dice adiós antes de salir casi corriendo de la oficina.
— ¿Thiago? — miro a todos lados. Tengo las piernas abiertas, estoy sin bragas y más caliente que un horno de alfarero. ¡Maldito idiota!
Me arreglo el vestido como puedo y voy por todo el piso con cara de asesina serial.
— ¿Thiago? — le pregunto a la recepcionista y me señala el elevador.
Lo veo apretando el botón con prisa y el semblante completamente congestionado de la risa y corro pero no logro alcanzarlo. Sigo con la vista las luces que parpadean en el tablero: se ha bajado en el primer piso.
Tomo el siguiente con la mejor disposición de encerrarlo en uno de los closets de limpieza y asfixiarlo mientras le hago el amor salvajemente, pero cuando llego abajo me encuentro con un comité de bienvenida que no esperaba.
Ruben Easton está saludando a Thiago y yo me acerco a darle un abrazo. Es extraña esta conexión que se ha formado entre nosotros. Desde hace seis meses lo vemos casi todas las semanas. Primero era porque estaba trabajando con Thiago en los permisos de operación para la Línea de Varsovia, (ahora por fin ya sé qué es) pero luego sencillamente… se quedó.
Jamás imaginé que Thiago y yo podríamos tener una buena relación con un mafioso, aunque tampoco sé si a Ruben Easton se le podría encasillar sólo en esa categoría. Es un hombre sumamente extraño, pero tiene una habilidad especial para hacerse querer.
Estuvo junto a nosotros durante nuestro duelo por la muerte de Grillo, no entiendo por qué, pero pasó de asegurarse de que estuviéramos bien, a ser alguien a quien veíamos en la casa con normalidad. Theo tiene un vínculo muy especial con él, a tal punto que fue el mismo Ruben quien trajo a su nueva “niñera”.
— ¡Mami! — Theo corre hacia mí y salta para que lo levante en brazos.
Detrás viene una mujer dulce y sonriente, enfundada en un jean y una blusa ancha con un escote que le cae sobre los hombros. Es casi tan alta como yo parece una pequeña muñequita de porcelana, con sus ojos claros y su piel blanquísima… nadie imaginaría que es capaz de noquear a un hombre en menos de cinco segundos.
Así es. Paola Harris es la nueva guardaespaldas de Theo. podría decir que es la persona más eficiente que conozco pero también es la más versátil. Lo mismo dispara un arma que hornea los pastelillos más deliciosos… nos tiene embobados a Theo y a mí. De hecho me ha estado dando clases de defensa personal. Sin importar cuánto personal de seguridad tengamos, no quiero volver a sentirme tan indefensa como el día que se llevaron a Theo.
En resumen, Easton fue quien nos recomendó que la contratáramos para que cuidara de nuestro hijo cuando la psicóloga recomendó una figura femenina, para que Theo no sintiera que tratábamos de sustituir a Grillo. La realidad es que nadie podría sustituirlo nunca. Todavía cierro los ojos y puedo ver su corpachón gigante tratando de dormir, medio caído, en el sofá de nuestra sala.
— ¡Mami, Pao le enseñó a Rufus un truco nuevo! — comenta Theo con entusiasmo y se me deshace el corazón al verlo así, tan contento después de todo lo que hemos pasado.
Gracias a Dios Rufus sobrevivió, y mi hijo pudo aliviar una parte de su dolor cuidando de él hasta que se recuperó por completo. Ahora ese monstruo medio cojo y babeador es otro de los bebés de la casa, y lo consentimos con el mayor cariño del mundo.
— Hola Pao. — la saludo con una sonrisa y me la devuelve hasta que ve a la figura de Ruben conversando con Thiago.
Su sonrisa se hace más pequeña y Ruben le concede un gesto lleno de cortesía pero un tanto seco para su personalidad… Y de pronto empiezo a comprender: entre estos dos pasa algo que no quieren que se sepa.
Con razón desde que Paola está con nosotros Ruben nos visita con mucha más frecuencia… incluso se ha quedado en casa un par de veces…
— Señorita Harris. — saluda Ruben y Thiago y yo nos miramos con complicidad — Espero se haya acostumbrado plenamente a su nuevo trabajo.
— Por supuesto que sí, y con mucho gusto, debo decir. — contesta Pao como si no fuera importante — La verdad los colegas me lo han hecho muy agradable.
— ¿Colegas? — es obvio que se refiere a Andro, que anda dando vueltas alrededor de ella como una mosca atraída por la miel — ¿Qué colegas?
Los celos le destilan en la voz y Pao está a punto de contestarle cuando Rufus tira de su cadena lastimándole el brazo y se pone a ladrar como loco.
Le toma unos minutos controlarlo y mantenerlo en su sitio, pero nada hace que Rufus deje de ladrar.
— ¿Qué le pasa? — se preocupa Thiago.
— Nada, papi. — asegura nuestro hijo — Se pone así cada vez que ve fantasmas.
Thiago me mira porque ya sabemos lo que va a decirnos.
— ¿El tío Grillo otra vez? — le pregunta acercándose a nosotros.
— Ajá. — contesta Theo con soltura — Andaba por allá, — señala una calle frente a las oficinas — pero no fuimos con él porque Pao dice que no debemos cruzar la calle solos.
Recuerdo la primera vez que Theo dijo que había visto a su tío Grillo. Nos asustamos, pero la psicóloga dijo que es normal, que durante mucho tiempo todavía nuestro hijo buscará la forma de lidiar con la pérdida de un ser tan querido, y lo inventará y tratará de mantener su recuerdo de todas las formas posibles. Nos pidió que no lo confrontáramos, así que al parecer vivimos todos con un fantasma, uno que nos quiere y nos cuida.
— Así es, campeón. — advirtió Ruben — no debes cruzar la calle solito, estás todavía muy chiquito. Pero te aseguro que en unos años serás todavía más alto que tu papá.
Theo asiente y se ríe cuando Easton lo toma de mis brazos.
— ¿Qué dices si vamos por algo rico de merendar? — le pregunta y veo que Paola tuerce el gesto, enojada — Vamos a dejar que mami y papi hagan lo suyo y vámonos tú y yo a divertirnos por ahí.
No tengo idea de a qué se refiere pero supongo que él y Thiago se habrán puesto de acuerdo para hacer algo que no deberían.
— ¡Ruben…! — lo llamo para decirle lo mismo de siempre — Cuídalo.
Inclina a un lado la cabeza y sonríe, sé que es una estupidez, anda con una escolta de más de diez hombres, nadie en su sano juicio se atrevería a tocarlo, y además Paola y Rufus van con ellos, pero aún así, después de todo lo que ha pasado, no estoy tranquila. Supongo que es cierto eso de que el corazón de una madre no conoce la paz.
— Ahora es tiempo de que tú y yo vayamos a divertirnos también. — susurra Thiago abrazándome por la cintura y puedo sentir el aire juguetón en su voz.
Me dejo llevar. Diez minutos después estamos en el auto y conduce por una hermosa carretera al borde el mediterráneo que sé perfectamente a dónde nos lleva, aunque no entiendo por qué vamos hasta allá justo ahora.
Entrelaza nuestros dedos y me sonríe de cuando en cuando. Mucho ha pasado en estos seis meses y hemos aprendido a vivir, a convivir, a disfrutar juntos todo el tiempo que podemos y a amarnos, hemos aprendido a amarnos con todos nuestros defectos que no son pocos.
Pero sobre todo hemos aprendido a vivir con lo que nos ocurrió. No somos los mismos, ninguno de nosotros.
Rufus está un poco cojo y es más malhumorado.
Andro se convirtió en un picaflor que no deja falda sin levantar.
Romo sobrevivió, a dios gracias, pero las secuelas físicas fueron muy fuertes y Thiago decidió licenciarlo con una pensión vitalicia exorbitante, que aún así no cubrirá todo lo que le debemos por intentar protegernos.
Theo está más presente, juega más, se queja más, protesta más y ríe más. Creo que ha aprendido a hacerse sentir.
Thiago es más reservado y de cuando en cuando me lo encuentro pensativo, solitario. Supongo que a todos nos duele, y todos pensamos en si hubiéramos podido hacer algo diferente para no perderlo.
Y yo… yo intento ser mejor. Ser la mujer valiente que Grillo me creía. Ser la Licenciada a la que respetaba tanto.
Nunca he vuelto a aquella cafetería española. Prefiero mi café malo, porque si voy y me compro uno de los que solíamos compartir me voy a echar a llorar como una magdalena.
— Llegamos. — la voz de Thiago me saca de mis pensamientos y veo que estamos frente al terreno del lago donde una vez me dijo que construiríamos nuestra casa…. Sólo que ya han comenzado a levantar algo aquí.
— ¿Thiago, qué es esto? — pregunto incrédula.
— Es tu diseño, mi amor. — me contesta — Quería que fuera una sorpresa y que la vieras ya terminada pero la verdad ya no quiero esperar.
— ¿Empezaste a construirla? — no lo puedo creer. Se me quiere salir el corazón del pecho de tanta emoción.
— Bueno tienes que saber que las cuatrillizas están a cargo, dicen que es su regalo especial para nosotros. Tomaron tu diseño como base y modificaron algunas cosas que según Claire estaba ella segura, requetesegura, recontrasegura de que era lo que más te iba a gustar. — se carcajea y yo me imagino exactamente cómo se sintió debatiendo esto con las cuatrillizas — Perdóname amor, pero después de las primeras dos horas, las dejé hacer lo que quisieran.
Damos un paseo alrededor del sitio de construcción y me gustó la forma en que dejaron los árboles en medio, construiremos algunas partes de la casa alrededor de ellos. Thiago me va contando dónde irán cada uno de los nuevos cambios, y yo sólo puedo sonreír, porque mi corazón está, en gran medida, en paz.
— Layla… — mi portugués hermoso se detiene frente a mí y hace lo que no se supone que debería hacer, al menos no en medio de un sitio de construcción, en plena tarde y sin nada de protocolo.
Pone una rodilla en tierra y me mira con esos ojos de “úsame a tu antojo”.
— Cásate conmigo. — no es una pregunta ni una orden ni nada.
— ¿Estás loco? — digo con el corazón estrujado.
— ¿Por qué? — pregunta levantándose — Yo te amo, tú me amas, tenemos un hijo, un perro baboso, una guardaespaldas rara y un amigo mafioso. Ya sé que no somos la familia más funcional del mundo pero somos una familia.
— Pero es que… — no sé cómo decírselo y sin embargo él parece entenderlo.
— Tienes miedo. — asegura y yo asiento.
— ¿Por qué cielo?
Suspiro y la verdad es que ni yo misma puedo entender por qué estas reservas, por qué este sentimiento que me atenaza el pecho a veces, cuando me despierto por las noches.
— No lo sé… quizás por todo lo que pasó… o porque nunca supimos quién envió esas notas…
— Layla no han llegado en seis meses. No desde que Percy murió… no entiendo cómo o por qué lo hizo pero tuvo que ser él. ¿No crees?
Intento encontrarle sentido y supongo que esa es la mejor respuesta que tenemos en este momento.
— Soy muy resabiosa. — advierto y se ríe.
— ¿Crees que no lo sé?
— ¡Y además no voy a dejar de trabajar! — aseguro con mala cara.
— Jamás te he pedido que lo hagas. Te ves extremadamente sexy sentada en tu oficina. Es más… cuando salgas embarazada te voy a hacer un estudio todavía más grande en casa para que puedan trabajar con mucho mucho espacio para esa pancita.
Mis cejas se levantan y suelto un jadeo.
— ¿Emba-embarazada…? ¿Tú quieres tener un… otro hijo conmigo? ¿Ya pensaste en las malas noches y que voy a engordar, y que posiblemente te pegue cuando me enoje y que… y que… — ya no encuentro qué decir porque estoy a punto de llorar — y que voy a tener un servicio de habitación en el codo por la madrugada…?
— ¡Layla! — me interrumpe sosteniendo mi cara entre sus manos — Sí, ya pensé en todo y eso lo quiero. Nena yo de ti lo quiero todo, hasta el corazón roto. ¿Me entiendes?
Ya no pregunta más. Me pone el maldito anillo en el dedo y me besa…
Bueno, nadie ha dicho que sea de mala suerte “bautizar” la alcoba matrimonial antes de construirla.
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.