Home / All / Todo de ti / 24. ¿Alguna vez me amaste?

Share

24. ¿Alguna vez me amaste?

Author: max morgan
last update publish date: 2020-11-13 12:19:06

Layla

Abro los ojos.

Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.

La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…

Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.

Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:

Hoy es martes… creo.

Han pasado dos semanas desde que Thiago me enseñó las notas.

Las notas… llegaron dos más, una cada semana.

La primera decía… no puedo recordarlo.

Thiago. Pienso en Thiago.

Anoche fuimos a un restaurante italiano.

Comimos…no lo sé. Después me hizo en amor en la cocina.

Siento un escalofrío reptando a lo largo de mi espina dorsal. Me duele ahí también.

Intento moverme pero el cuerpo no me responde.

¿Qué pasó después?

Las cuatrillizas… el proyecto va viento en popa.

No, eso fue antes…

Grillo. Luciana y su hijo desaparecieron, se fue tras ellos anoche… Sí, fue anoche.

Siento un quejido lejano y lo conozco. Perro cochino, se babeó en mi taza de té esta mañana…

Sí, fue esta mañana. Íbamos a desayunar en familia.

La taza de té… el olor todavía me llega.

Intento fijar la vista como si enfocara una cámara y de repente reconozco el cielo… ¿Por qué estoy mirando al cielo?

Siento el sabor ácido subiendo hasta mi garganta y un espasmo involuntario me hace girarme de lado y vomitar medio estómago sobre la hierba… El césped… ¿por qué estoy sobre el césped?

Me quedo así, como una muñeca desmadejada porque ni siquiera me puedo limpiar…

Otro quejido y mis ojos van a Rufus, tirado de costado… como yo…Intenta pararse, pero él tampoco puede… debe estar llamando a Theo…

¡Theo! La realidad me golpea con una sacudida. ¿Dónde está Theo?

Theo… estábamos jugando… Thiago fue por más dulces… Theo estaba con Rufus…

Theo…

El espasmo regresa y devuelvo todo lo que faltaba nadando en bilis amarillenta.

¿Dónde está Theo…?

El miedo no me deja respirar. Intento moverme pero sólo consigo una visión peor…

Thiago… intento llamarlo pero mi boca no se mueve a voluntad.

Está en la hierba, boca abajo… las lágrimas se me agolpan… no sé si está muerto… no logro verlo bien…

¡Dios mío ayúdame!

Mi corazón eleva una plegaria mientras mi cuerpo se sacude y vuelvo a vomitar… no soy dueña de mí.

Oigo mi nombre… suena lejos, muy lejos…

¡Por favor alguien que me ayude! ¡Alguien que busque a mi hijo…!

Siento mis lágrimas, el corazón me late fuerte, arrítmico… Theo… se lo llevaron.

Se llevaron a mi hijo…

Alguien que me ayude… por favor… mi hijo…

¡Dios no me hagas esto! ¡Devuélveme a mi hijo! No permitas que algo malo le pase…

Theo…

_ ¡Licenciada! _ mi cuerpo gira entre los brazos de Grillo que me levanta.

Veo a Rufus… hay un charco de sangre a su alrededor…

Apenas alcanzo a ver de reojo que levantan a Thiago… le sangra la cabeza.

Sollozo.

¿Estará muerto?

Ni siquiera puedo hablar. No puedo… no pue…

El cielo se convierte en noche cerrada porque la realidad me supera y en contados segundos soy sólo una madeja cuyo cerebro se desconecta.

Abro los ojos de nuevo y alguien me acaricia el rostro.

Thiago…

Está vivo… ¡dios! Mi pecho estalla en sollozos que no puedo contener y él me levanta, sentándome para abrazarme contra su pecho. Tiene el rostro demacrado y pareciera que no ha dormido en días… ¿Qué día es? ¿Dónde estamos?

Veo que me acercan un vaso de agua y es Grillo, con su cara de pocos amigos. Quiero gritarle por no haber estado con nosotros pero sé que no es su culpa, yo misma le dije que se fuera a buscar a su familia.

Se sienta frente a nosotros y me toma de la mano.

— ¿Qué recuerdas? — es lo primero que me pregunta, y por una vez no me molesta que alguien no me pregunte si yo estoy bien. Todo lo que me preocupa es Theo y mientras se interesen por él todos los formalismos están de más.

Bebo un poco de agua y miro a Thiago.

— Muy poco. — me limpio las lágrimas aunque en realidad tengo ganas de gritar hasta que me quede sin voz — Estábamos preparando el desayuno… Theo estaba jugando con Rufus junto a la alberca… Thiago… Thiago entró a la casa a buscar… algo que Theo le pidió… después ya nada. Tengo un vacío después de eso.

— Te golpearon duro en la cabeza. — me dice Thiago, tocando pasando los dedos por el lado izquierdo de mi cráneo, lo cual me saca un gesto de dolor.

— Parece que a ti también. — le contesto con tristeza. Tiene una venda en forma de parche al lado derecho de la frente y un ojo completamente morado.

— Le pegaron con uno de sus palos de golf. — me dice Grillo y giro para verlo.

— Después del primer golpe básicamente sentí muy poco, — asegura mi portugués — pero sí hay un par de cosas que recuerdo. Mientras me arrastraban a la terraza pude ver a cuatro. Llevaban pasamontañas, no podríamos reconocerlos ni queriendo. ¿Las cámaras?

Grillo niega con la cabeza.

— Las desconectaron desde la caseta de control. ¿Qué más recuerdas?

— Me tiraron en el jardín al lado de Layla… ella ya estaba inconsciente. Uno trató de llevarse Theo… — de mi pecho se escapa otro sollozo. ¿¡Dios mío porque tiene que pasar esto?! — Rufus atacó a uno de ellos… lo derribó… creo que lo estaba mordiendo por el hombro o algo así…pero luego…

Recuerdo los quejidos de Rufus y ver sangre a su alrededor. Grillo se rasca la cabeza y nos mira  como si no supiera cómo decirnos lo que debe decirse.

— ¿Lo mataron, verdad? — y la rabia me inunda. No pensé que pudiera tener sentimientos tan extremos a la misma vez pero siento que la ira me ciega, porque no es sólo un perro, es el perro de mi hijo y cuando lo encuentre, porque dios es testigo de que voy a encontrarlo, tendré que decirle, encima de todo el trauma que tendrá, que alguien mató a su perro — A Rufus. ¿Lo mataron?

— Todavía está vivo. — me dice Grillo con suavidad — Lo acuchillaron dos veces pero aún así no soltó presa. Está en una clínica y el veterinario está haciendo todo lo que puede. Al menos en este momento todavía respira.

Thiago arruga el entrecejo y hace un gesto imperceptible de dolor antes de arrancarse la venda que al parecer le incomoda. Tiene debajo una línea larga y transversal con seis suturas quirúrgicas.

— ¿Qué quieres decir con eso de que no soltó presa? — increpa a Grillo — ¿Tenemos a uno de ellos?

—No, ya no… se desangró antes de que yo llegara. — nos explica y su mirada se nubla — Rufus sabe dónde morder, pasó varios años entrenándose para eso, así que ni las cuchilladas le impidieron atacar donde más daño podía hacer.

— ¿Qué quieres decir con que Rufus estaba entrenado? — no sé cómo viene eso al caso pero necesito saberlo.

— Rufus es mío, o mejor dicho, Corso es mío. Se lo traje a Thiago cuando me dijo que quería un perro para Theo… No sé por qué sentí que lo iban a necesitar.

De mis ojos vuelven a caer lágrimas pero esta vez me las limpio con decisión.

— Pues si Rufus mató a ese hombre bien merecido se lo tiene. — me muevo, necesito sentir mis extremidades, necesito fuerza — ¿Y qué diablos pasó con el resto del equipo de seguridad?

— Los dos están en el hospital. — me dice Thiago y aprieto los dientes — Andro está muy grave y Romo… es probable que no sobreviva.

Cierro los ojos y les dedico un minuto de agradecimiento, porque estoy segura de que habrán hecho hasta lo imposible por defendernos, y elevo una plegaria para que sus familias no los pierdan.

— ¿Y tú, Grillo? ¿No estabas buscando a Luciana y tu hijo?

— Recibí la alerta cuando desconectaron las cámaras de seguridad de la casa. — sus ojos adquieren un matiz que jamás había visto, quizás es ese del que Thiago habla tanto cuando me cuenta sobre las peleas del Grillo Fisterra — Regresé lo más rápido que pude pero ya habían pasado al menos cuarenta minutos del ataque. Y los encontré a ti y a Thiago golpeados pero vivos, al menos.

— Entonces fuimos quienes mejor salimos de todo esto. — comprendo, si nos mataban a quién mierda le iban a pedir rescate. ¿Porque eso es lo que quieren, verdad? — Grillo, a Theo lo secuestraron por rescate, ¿verdad?

No sé por qué esa idea me tranquiliza más que el hecho de que alguien pudiera llevárselo sólo porque sí, sólo por el placer de hacernos daño, alguien como Russo, por ejemplo.

— Eso parece, licenciada. — Grillo me extiende una nota y mientras la leo mi corazón se endurece — “Blaker Street Número 554. Londres. 11:00 pm para más instrucciones”

Por primera vez miro alrededor y me doy cuenta de que estamos en el avión, me imagino camino a Londres.

— ¿Qué hora es? — pregunto porque es obvio que es de día pero no sé de cuánto tiempo dispongo.

— Las tres de la tarde. Debemos estar aterrizando en quince minutos. — dice Thiago.

— Bien, entonces tenemos tiempo. — aseguro levantándome para dirigirme al pequeño baño de la habitación del jet.

— ¿Tiempo para qué? — Thiago me mira con suspicacia.

— Para hacer una visita sin cortesía.

¡Oh, sí! Esta no tendrá nada de protocolar, nada de cortés, y mucho menos de cordial.

Me quedo en el baño los quince minutos que faltan para aterrizar. Lloro con todo lo que tengo, no puedo ver a los ojos rabiosos de Thiago ni a los ojos culpables de Grillo. No es culpa de ninguno de ellos, pero es mi hijo al que se llevaron y no me puedo derrumbar, no ahora.

Grillo se encarga personalmente de conducir y se traga los kilómetros que nos separan de nuestra casa en Londres como si fuera un bólido. Pensé que no sabía conducir por la izquierda, pero parece que se ha dedicado a aprender.

Me meto a bañar apenas llegamos, me quito la sangre seca de la cabeza y dejo que el agua me escurra por el cuerpo. No puedo enfrentar esto sintiendo los restos del ataque que me quitó a mi hijo. Siento una mano que se posa en mi espalda pero no me sobresalto, sé que es Thiago. Me doy la vuelta y lo veo ahí parado, con toda la maldita ropa puesta y cara de que quiere destruir el mundo.

Creo que así nacen los supervillanos, con un hombre común al que le arrebatan lo que más le importa.

— Layla… — los ojos se le llenan de lágrimas y antes de que caiga de rodillas frente a mí lo abrazo contra la pared — Yo te prometí que los iba a proteger…— dice ahogando un sollozo y sé que esto es tan difícil para él como para mí. Yo soy la madre de Theo porque lo parí, pero Thiago es el padre de Theo porque lo eligió. No es posible comparar el amor, pero sea como sea que un hijo nos llegue, no hay mayor amor que el que podemos profesarle — Yo te prometí…

— Cállate. — le abro los botones de la camisa mientras lo veo llevarse una mano a la boca para no lanzar todos los gritos que tiene en el pecho. Se llevaron a nuestro hijo. Se lo llevaron y no podemos hacer nada para recuperarlo si nos doblegamos al dolor ahora — Esto no es tu culpa, ni tuya ni de Grillo ni mía. — le saco el pantalón y los zapatos y lo meto debajo de la ducha — ¡Pero vamos a recuperar a nuestro hijo! ¿Me entendiste? ¡Lo vamos a recuperar!

Atrapa mi cara entre las manos y pega su frente a la mía. Sé que a los dos nos duele, pero es un dolor que ahora mismo necesitamos sentir. Busca mi boca y me da un beso profundo, uno solo, ese que dice que está conmigo pase lo que pase y así lo siento. Lo abrazo y siento el agua correr por su espalda, cierro los ojos un instante y justo en ese lo decido.

Ese mañana del que alguna vez hablé… es hoy. Ser la madre que Theo se merece… es hoy. Ser la mujer que puede enfrentar la vida con coraje… es hoy.

Arrastro a Thiago fuera de la ducha y los dos nos vestimos. Me pongo un jean oscuro, una camiseta sin mangas con una chaqueta encima y unas botas sin tacón. Me recojo el cabello húmedo en una maraña en lo alto de la cabeza y ni siquiera me molesto en agarrar un bolso. Le paso mis identificaciones de Reino Unido a Thiago que las mete en su bolsillo y veo que se ha vestido muy similar a mí. Después de todo, los dos vamos a la guerra.

Grillo nos está esperando junto al auto y veo que habla por el celular como si estuviera gritándole al primer ministro. Gruñe como si fuera un animal cuando termina la llamada, parece que no le han dado la información o la respuesta que esperaba.

Nos subimos al sedán y avanzamos en silencio, todos sabemos cuál es nuestro primer destino y llegamos rayando las seis de la tarde.

Me doy cuenta de que dos camionetas negras de cristales entintados estacionan justo detrás de nosotros y mis ojos vuelan a los de Thiago.

— ¿Llamaste a la policía? — no sé por qué ese no es mi primer instinto.

Thiago niega y se acerca a Grillo que está ya hablando con los hombres. Llevan uniformes de asalto y armas de todo tipo.

— Grillo, esto lo mandó… — al parecer reconoce el emblema en los uniformes, y yo puedo leerlos aunque están en español pero no reconozco el logo — ¿Aceptaste esto del hombre que te alejó de tu hijo?

Grillo respira muy hondo y su mandíbula se tensa antes de contestar:

— Me pondría de rodillas por el tuyo si tuviera que hacerlo. Mis cuentas con Aldama puedo arreglarlas después, pero ahora el que importa es Theo, no yo.

No sé bien qué está pasando, pero agradezco a Dios que estos dos hombres estén en mi vida.

El equipo de asalto entra a la casa antes que yo. Veo a Grillo meterse una pistola en una cartuchera que se cruza en el torso y mientras lo hace reviso la cajuela del sedán, que de repente aparece llena de armas… No sé usar un arma, nunca aprendí, pero aquí veo algo que manejo a la perfección, después de todo, durante dos años fui la mujer de un pescador. La meto en el bolsillo trasero de mi pantalón y avanzo cuando el líder del equipo me dice que puedo entrar.

Jamás en mi vida adulta sentí satisfacción de entrar por la puerta de esta casa. Ahora, por primera vez, en medio de todo mi dolor y mi angustia, sé que un día la compraré para derribarla hasta los cimientos.

Cuando entro a la biblioteca, Russo Stafford está con el trasero pegado a una silla, en medio de la habitación, con un hombre uniformado a cada lado sosteniéndolo por los hombros. Se van cuando entramos nosotros. Solo Thiago, Grillo y yo. Y Russo no se levanta porque la sola presencia de Grillo es suficiente para mantenerlo en su sitio.

— ¿Qué se supone que es esto, Layla? — grita con rabia cuando me ve llegar.

No le respondo, sólo arrastro una silla, rayando su precioso piso de madera cara y me siento delante de él. Entre sus rodillas y las mías solo hay centímetros. Thiago está de pie detrás de mí, y Grillo está detrás de Russo.

Ni siquiera lo miro. Sé que debo tener los ojos nublado por todos los sentimientos que me oprimen el pecho así que veo al broche dorado que sostiene su perfecta corbata.

— ¿Dónde está mi hijo? — no grito, no lanzo improperios porque no estoy alterada. Sólo decidida.

— ¿De qué hablas…? — sus ojos se abren mucho y no sé si de verdad está sorprendido o si lo está fingiendo.

— ¿Dónde está mi hijo? — repito.

— ¡Y yo qué demonios sé! ¡Eso deberías saberlo tú que eres su madre! — me grita.

— ¿Dónde está mi hijo? — parezco una máquina, impersonal y fría.

— ¿Lo perdiste? — se ríe y lo tolero un instante, uno solo — ¡Siempre te dije que ibas a ser la peor ma…!

No acaba. El “clic” del mecanismo de acción no ha terminado de sonar cuando la navaja se entierra completamente en la carne de su muslo.

Sus gritos se esparcen por la casa y yo cierro los ojos para disfrutarlo mejor. Thiago se revuelve con impaciencia detrás de mí, puedo sentir su agitación, pero ahora la desesperación de Russo, que no puede moverse sin lastimarse, es todo en lo que puedo concentrarme.

— ¿Dónde está mi hijo?

— Yo no… Layla… yo…

No, no es lo que quiero oír. Mi puño, cerrado sobre el mango de la navaja, gira contra las manecillas del reloj y Russo grita como si le estuviera arrancando el alma, mientras las manos de Grillo lo sostienen contra el asiento.

— ¿Dónde está mi hijo? — no tengo otra pregunta…

— Espera… yo no sé… Theo… — a Russo le corren las lágrimas y yo miro la sangre que está empezando a manchar el suelo.

La puerta se abre y el líder del equipe de asalto entra de golpe.

— Señor, ha llegado una nota. — se dirige a Grillo pero soy yo quien se levanta, sacando la navaja de la pierna de mi padre; y parándome frente a él extiendo una mano medio manchada de sangre.

Me mira en silencio por algunos segundos y luego pone la nota sobre mi mano lentamente. No sé qué clase de cara de desequilibrada tengo pero es suficiente para que se vaya caminando hacia atrás, sin darme la espalda.

Abro la nota y es otra vez la letra de James. La leo, no significa nada para mí, así que la paso a Thiago a ver si hay más suerte.

“El hombre con el tatuaje de la medialuna se llevó a Theo”

Es todo lo que dice y Thiago también tiene cara de no comprenderlo. Se acerca a Grillo para mostrársela y veo cómo Alonso cambia de color en un segundo. Esa nota tiene perfecto sentido para él. Le susurra a Thiago y veo que mi portugués estruja el maldito papel entre los dedos y lo lanza a un lado de la habitación.

Grillo deja a mi padre y se acerca a mí. Se levanta un poco la playera y ahí lo veo, sobre sus costillas izquierdas, muy bien disimulado entre el mar de tatuajes que lo cubre, está el pequeño dibujo de una media luna, en la que, desde el pico superior hasta el inferir, se extiende una cruz. Pincho el tatuaje con la punta de la navaja, sin cortarlo, y lo miro a los ojos.

— ¿Sabes quién se llevó a Theo? — pregunto con frialdad.

Asiente.

Me doy la vuelta y llego junto a Russo. Se sostiene de los brazos del asiento como si eso pudiera salvarlo.

— Dime una cosa, padre. ¿Alguna vez me amaste?

Veo sus ojos oscurecerse y lágrimas asomar, pero debe ser el dolor de la herida. Porque Russo Stafford no tiene alma.

No me contesta.

Meto la navaja otra vez en el hueco de la herida mientras lo escucho gritar de nuevo, y cuando por fin se calla le digo:

— Me importa un carajo qué hayas hecho o qué no. Si a mi hijo le pasa algo, voy a regresar a meter esta navaja en otro sitio… Eso sí, te garantizo que entonces te dolerá mucho menos… a los muertos no les duele nada.

Me limpio la sangre de las manos en su perfecta camina blanca. Le doy un beso en la frente y me giro hacia Grillo.

— Ahora dime quién coño tiene a mi hijo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Todo de ti   29. ¿Y ahora qué?

    ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha

  • Todo de ti   28. Todo de ti

    LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si

  • Todo de ti   27. E* infierno

    ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro

  • Todo de ti   26. Una pesadilla

    LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E

  • Todo de ti   25. E* Clan

    Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.

  • Todo de ti   24. ¿Alguna vez me amaste?

    LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status