LOGINThiago
Tres meses después.
Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…
¡Y es que de verdad me muero por ella!
Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.
Hay rasgos de su carácter que me encienden y me subyugan de una manera inimaginable y sublime. ¡Coño qué cursi! La cuestión es que besaría el suelo por donde camina si me lo pidiera. Amo su risa, su ternura. Amo incluso cuando se pone celosa o al menos lo aparenta por mí.
Recuerdo el día que le pedí que se casara conmigo. Esperen. ¿Sí llegué a pedírselo o sólo le puse el anillo? Entonces también estaba muy nervioso porque temía que me dijera que no. Esa tarde terminamos haciendo el amor en medio de la que será nuestra habitación nupcial, y digo será porque la casa está todavía en obras.
Cuando estábamos intentando recuperarnos, con Layla acostada sobre mi pecho, miró la mano donde estaba el anillo y por primera vez lo observó con curiosidad. Y yo sabía perfectamente por qué.
— Para nuestra boda puedo mandarte a hacer otro, si quieres… — le dije apenado porque no era el mejor anillo del mundo.
— ¿De quién fue este?
Me sorprende la pregunta. Tomé su mano y miré la pequeña joya.
— De mi abuela. — contesté — Mi madre jamás llegó a usarlo porque nunca se casó. Pero en su testamento, junto con lo poco que dejó, me dejó una carta diciéndome que era para mi esposa.
— ¿Y no se lo diste a nadie antes que a mí? — preguntó con curiosidad.
— Estuve tentado a hacerlo una vez. — le confesé — Hubo una mujer muy importante en mi vida algunos años antes de que te conociera… pero las cosas tomaron un rumbo diferente y jamás llegué a pedirle que se casara conmigo. ¡A dios gracias porque definitivamente hubiera puesto ese anillo en el dedo equivocado!
Layla me sonrió y no preguntó más. Creo que supo y que sabe que es lo primero y lo más importante de mi vida, ella y Theo lo son.
— No tienes permiso para arrepentirte, D´cruz. — me giro cuando me llega esa voz y es Ruben, tan trajeado como yo, que deposita una caja de regalo en la primera fila de bancas de la iglesia y se dirige hacia mí con paso decidido.
— ¿Me trajiste un regalo? — lo azuzo para molestarlo.
— No te emociones que es para Layla. — me advierte mientras me mira de arriba abajo y me sacude y arregla el traje — Lamento decirte, querido amigo, que este es el día de la novia, tú eres un mero accesorio para que tenga su boda de ensueño.
— ¿Sí crees que venga, verdad? — ni siquiera sé por qué estoy pensando tantas idioteces. — ¿Por qué se está demorando tanto?
— Thiago, ni siquiera han llegado los invitados. Es muy temprano. ¿Cómo quieres que llegue la novia? — me zarandea — Mira tú relájate… — me pasa una pequeña petaca y ¡Por dios que está fuerte lo que trae! — Eso es, tú bébete unos sorbitos y siéntate tranquilo hasta que…. ¡No, no te puedes sentar en el altar! ¡Bájate de ahí que nos van a excomulgar! ¡Cristo divino…! Eso, en una banca… buen perrito. ¡Digo, buen niño! ¡Buen niño!
Le tuerzo los ojos y se carcajea, de verdad ya no sé ni lo que hago. Ruben es mi padrino de bodas. Parece irreal que no tenga un amigo más cercano que él pero así soy. De cualquier manera organizó una despedida de solteros muy adecuada, con exactamente veinticinco streapers sólo para los dos. De más está decir que desaparecieron todas a los cinco minutos de haber llegado, cuando Layla apareció con su adorado palo de golf, seguida de las cuatrillizas y lideradas por Paola, que fueron quienes organizaron su despedida de soltera.
No vale decir el zafarrancho que se armó. Por alguna razón que desconozco Andro terminó boca abajo en el suelo con Arabella sentada encima, Ruben desapareció perseguido por Paola y yo terminé durmiendo en la casa de Rufus. No pregunten.
El celular de Easton suena y lo veo hacer un gesto de incomodidad mientras valora, supongo, si decirme o no lo que le han dicho en la llamada.
— Tienes una visita indeseable en el portón. — suelta por fin — ¿Quieres que lo mande a sacar directamente o prefieres ir a hablar con él?
Arrugo el entrecejo. ¿Qué podría saber Ruben sobre mis visitas indeseables?
Me levanto y nos dirigimos a la entrada con paso rápido, si de verdad es alguien que puede molestarme a mí, no quiero imaginar lo que sentirá Layla y menos el día de su boda… ¡nuestra boda! Salgo de la iglesia y la primera figura con la que se encuentran mis ojos me arranca un gruñido.
— Russo. — ni siquiera saludo — ¿Qué quieres?
¿Cuándo me volví tan descortés? ¡Ah, sí, cuando me enamoré! Creo que desde que entiendo lo que siento por mi familia soy sobreprotector hasta llegar a la mala educación y no me importa.
— No vine a molestar. — asegura y da dos pasos atrás. Veo que cojea un poco y se me hace difícil creer que después de semejante regalito que le dejó Layla, no quiera hacer algo para arruinarnos el día.
— Te lo advierto…
— Ni siquiera voy a quedarme. — dice y mete la mano en uno de sus bolsillos. Me extiende una bolsa de terciopelo negro y yo la agarro con recelo — Era de su madre. Sé que las novias acostumbran a usa algo azul en la boda, y creí que quizás esto le gustaría… es un recuerdo de Elize.
Abro la bolsita y en mi mano cae una pulsera pequeña y delicada. Está engarzada en zafiros diminutos sobre oro blanco, y un poco desgastada por el uso, se ve que era una “joya preferida”, una de esas que una mujer valora al punto de no quitársela.
— Gracias, se la daré de tu parte. — acepto.
Russo asiente un par de veces y va a retirarse pero lo detengo.
— Espera. — le pido a Ruben que no lo deje ir mientras voy hasta el auto donde están nuestras maletas de la luna de miel. Sé que Russo está tan quebrado como mi padre, y si tuve esta deferencia con el mío, no veo por qué no tenerla con el de Layla. Le dedico a mi padre un segundo de pensamiento. No ha aparecido. Los abogados me llamaron para decirme que la mansión está deshabitada y en peligro de que todo se pierda. No me importa, al final nada de lo que hay ahí es mío y no lo quiero.
Regreso y le extiendo a Russo la libreta que Clifford no quiso aceptar.
Me mira extraño y la abre.
— ¿Qué es esto? — pregunta, ceñudo.
— Es una pensión mensual. — contesto.
La cierra con suavidad y me devuelve la libreta.
— Te agradezco. — no hay una sola gota de antagonismo en su voz, ni siquiera un poco de sarcasmo. Debe estar congelándose el infierno o Russo Stafford se está muriendo — Pero ya veré yo cómo me las arreglo. No es tu obligación componer mi vida y menos mi economía. Con permiso… y gracias por darle eso a Layla.
Se va sin decir otra palabra y yo me quedo con un regusto extraño porque esa no era la respuesta que esperaba. La mano de Ruben me arrebata la libreta y mira la cantidad escrita en los cheques.
— Te diría que estás un poco tacaño con tu suegro. — se ríe — Pero es mucho más de lo que teníamos en mi casa mientras crecía, así que para tenerlo gratis, debería besarte los pies el viejo… En fin D´cruz, hoy es tu boda así que a pensar en cosas más bonitas.
Me empuja dentro de la iglesia y va por la pequeña caja que ha dejado en la banca.
— ¿Por dónde? — pregunta y yo lo guío hasta el pequeño cuarto donde debe esperar Layla a que todo comience. No sé si ya estará aquí, pero sentimos voces y la risa se me sale como si fuera tonto. ¡Sí vino!
Me quedo en la puerta por esa estúpida superstición de que no debo ver a la novia antes de la boda, pero la verdad es que quiero entrar a abrazarla justo ahora.
Ruben entra y la comitiva de damas de honor sale en bandada, con sus vestidos del mismo color azul marino y sus miradas de advertencia. No tenía idea de que al novio lo miraran tan mal el día de su boda, como si de repente fuéramos a salir corriendo.
— Estás herrrrrrrmosa. — escucho decir a Easton y me puedo imaginar la ceja levantada de mi mujer.
— Mmm ¿Qué querrás, Ruben, con tantos halagos? — su voz siempre me saca una sonrisa. parezco idiota. ¡Componte Thiago!
— Absolutamente nada. Sólo te traigo un regalito de día de bodas. — dice Easton — Me dijo un pajarito que son de buena suerte para ti.
Escucho los lazos soltándose y después un gemido, un ruido seco, sonidos raros, un “¡Mierda…!” de Ruben seguido de un grito:
— ¡Thiago!
No hago que me lo repita. Empujo la puerta y me encuentro a Layla desmayada en brazos de mi padrino de bodas.
— ¿Pero qué mierda le hiciste? — lo regaño — ¿Layla? ¡Layla, amor!
— No le hice nada, lo juro. — asevera Ruben y veo en su cara la misma preocupación que en la mía.
Layla empieza a reaccionar, la ayudo a levantarse y veo que respira con fuerza mirando al suelo.
— ¿Nena, estás bien? ¿Qué pasó?
No me responde, sólo mira a Ruben con una cara de asesina que lo hace dar dos pasos atrás.
— ¿Quién fue el pajarito que te dijo que me regalaras eso? — lo increpa levantándose el vestido y caminando hacia él.
— ¿Qué? — Ruben abre mucho los ojos — Nadie, Layla, nadie. Sólo pensé que era algo que te podía gustar…
Miro dentro de la caja de regalo y veo un café y una bolsa de dulces. El nombre de la panadería está escrito por fuera en español.
— ¡No me vengas con cuentos que no estoy para bromas, Easton! — le murmura Layla amenazante.
— No es un cuento, linda. Solo pensé que estaría bien que por ser el día de tu boda tuvieras algo de grrrrr…
Veo que se aguanta el sonido y la delicada novia le clava un tacón en el zapato.
— ¡Hija de puta! — Ruben se sostiene el pie con gesto de dolor y sé lo que está sintiendo porque a mí ya me tocó una vez.
— ¿Lo sabías? ¿Lo sabías y no me lo dijiste? — le grita.
— ¿Saber qué? — me lo imagino pero necesito que me lo confirmen.
— Esa cafetería era algo muy especial, muy personal entre Grillo y yo, era… una burla por el café que hago. Ni siquiera tú lo sabías.
Miro a Ruben y yo también tengo ganas de matarlo.
— Grillo está vivo. — digo y es una completa afirmación.
Layla se vuelve a mí y veo una súplica feroz en sus ojos.
— ¿Por favor dime que sí? ¿Por favor? — dice juntando las manos y sé exactamente a qué se refiere.
— Layla, es el jefe de un clan de la mafia. — le advierto.
— ¿Entonces sí? — hace los ojitos del gato de Shreck.
— Sí, dale con todo. — consiento y espero los cinco minutos que le toman a Layla darle lo que se merece. ¿En qué momento mi mujer se volvió tan violenta? No lo sé, pero me gusta así, me gusta con todo.
Diez minutos después Ruben está sentado en una butaca, con una bolsa de hielo en la entrepierna (cortesía de la señorita Paola Harris, que se ha aparecido con ella) y categóricamente negado a dar explicaciones.
— Lo único que tienen que saber, — nos dice — es que ahora es exactamente lo que necesita ser para recuperar y proteger a su familia.
Recuerdo la última conversación que tuve con Grillo acerca de Luciana y de su hijo. Me dijo que la única forma que tenía de protegerlos era convertirse en un fantasma. No sé por qué ha hecho todo esto, pero si es lo que necesita entonces puedo entenderlo. Yo haría lo que fuera por proteger a la Layla y a mi hijo.
— ¿Tú no sabías que la cafetería era un secreto entre él y yo, verdad? — pregunta Layla moqueando y me río porque Grillo se la jugó buena a Ruben.
— Nop. — acepta Easton y Layla llora todavía más, pero sé que es de alegría.
¡Este es sin dudas el mejor regalo de bodas!
Layla y yo nos abrazamos y durante un largo momento sé que los dos damos gracias a Dios, porque a pesar de que es posible que durante mucho tiempo no veamos a Grillo, al menos sabemos que está vivo.
— Eres un hijo de puta. — le suelto a Ruben cuando estamos ya parados en el altar esperando por Layla — Debiste decírmelo.
— Y te lo dije. — asegura — Te dije que quería la vida de Alonso Fisterra, nunca te dije que quería su muerte. Tú fuiste el que no entendió.
Quiero darle un puñetazo pero creo que Layla ya le pegó demasiado. Le gruño como corresponde y veo que Paola le muestra el puño desde el lugar destinado a las damas de la novia. Esa mujer va a ser su punto sobre la “i” así que dejo a su cargo el futuro tormento de Easton.
El pulso se me acelera cuando veo entrar a Layla de la mano de Theo.
Está condenadamente linda.
Jamás en mi vida pensé que me casaría tan enamorado, pero Layla Stafford… perdón, Layla D´cruz se me metió en los huesos como ninguna otra mujer pudo hacerlo jamás.
Mira alrededor y sé que está feliz con las escasas treinta personas que invitamos. Lo preferimos así. Sólo los amigos más cercanos, la gente que nos importa, merece compartir este momento con nosotros.
Tiemblo mientras le pongo el anillo de mi abuela con la alianza que he mandado a hacer a juego especialmente. Ella no lo hace, no hay otro movimiento que no sea de seguridad y de alegría.
Ni siquiera espero a que el cura nos declare marido y mujer para besarla. Ya lo somos. Lo somos desde el día en que nos conocimos detrás de aquella barra, en una habitación con poca luz.
— ¿Y ahora? — me dice en medio de los aplausos de nuestros amigos.
— Ahora nos vamos a hinchar de pastel… — murmuro en su oído mientras la provoco, mordiéndola — Y en la noche… en la noche, señora De´cruz, será otra vez momento de gritar.
Fin
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.