INICIAR SESIÓNMacarena no podía creer la escena que se estaba desarrollando frente a sus ojos, incluso nada la había preparado para esa situación. Allí frente a ella, estaba el chico que supuestamente estaba loco por ella, quien tenía más de ocho meses cortejándola para que aceptara ser su novia, y su hermana Meredith que parecía una perra en celo, teniendo sexo en la cocina, ¡Por Dios!, ni siquiera les importó que Melody, Rita y ella se encontraban en el departamento y que en cualquier momento podían salir a presenciar tan bochornosa situación.
No pudo evitar tantos sentimientos encontrados en su interior, decepción, rabia, tristeza y saber qué hacía sólo unos momentos se habían besado, ella había pensado que era especial para él; sus manos en la cintura le habían provocado un cosquilleo en todo su cuerpo, tan es así, que mientras se estaba bañando tomó la decisión de aceptar ser su novia. ¡Vaya que tenía atino!, pensó, imagínate si hubiese aceptado, se sentiría más traicionada y defraudada de lo que se sentía en ese momento, lo cual era bastante, sus lágrimas hicieron amago de aparecer, pero logró controlarlas diciéndose—Tranquila Macarena, deberías estar acostumbrada a los golpes que la vida siempre te da, pero no importa nada ni nadie te doblegará.
En su mente no podía justificar como un hombre que decía estar enamorado de ella, terminaba haciendo el amor con la zorra de su hermana. Ese chico no valía la pena, un hombre de paladar exquisito sabe rechazar un plato por mucha hambre que tenga, cuando lo que le sirven no es un menú delicioso. Ni siquiera los había dejado solos ni media hora y estaban gustosos retozando. Se mantenían abrazados, bien pegados, Octavio con su pantalón y el bóxer a la altura de sus pantorrillas y ella con la falda subida y la blusa abierta mientras él le succionaba un pezón.
Se armó de valor, apartó a un lado el dolor, respiró profundo y habló sin ninguna fluctuación en su voz—¡Vaya Octavio! Me encanta como demuestras que soy la mujer que amas y a quien más deseas en el mundo, copulando con mi hermana. Me impresiona lo coherente que son tus palabras con los hechos—espetó con sarcasmo, ellos voltearon inmediatamente y la miraron sorprendidos. Octavio soltó de inmediato a Meredith, quien cayó al suelo de nalgas en una posición bastante cómica dado su aspecto, si no fuese por el momento de rabia e incomodidad que estaba viviendo se hubiese echado a reír, lástima que desde hace mucho ella había dejado de reír, la vida le demostraba a cada paso que todo era una mierda, su madre intentó taparle la crueldad del mundo, pensando que ella duraría por siempre, había estado equivocada en hacerlo, es bueno ver la verdad del mundo por muy cruel que sea desde que eres niño, para saber a qué atenerte.
Cuando Octavio soltó a Meredith, se subió los pantalones y fue al encuentro de Macarena —No es lo que tú crees, déjame explicarte—expresaba mientras que Meredith no pronunciaba palabra alguna. Él intentó tocarla y ella le dio un manotazo apartándole la mano de su cuerpo y con una ira controlada le dijo —¡No me toques! Tampoco quiero ninguna explicación, a mi me ha quedado claro lo que he visto. Ahora hazme el favor y sal de mi casa, no quiero verte más, abstente de acercarte, a partir de éste momento estás muerto para mí.
—Por favor Macarena, perdóname ¡te lo suplico!, yo no quería, ella me obligó y me tentó—Expresaba Octavio suplicante al borde de las lágrimas. Macarena soltó una carcajada sarcástica —Si me imagino que te sometió con un cuchillo de mesa, ¡ah no! tal vez con un tenedor. Por favor Octavio, no insultes mi inteligencia. ¡Fuera! ¡Largo! —le dijo con frialdad. Al verla tan decidida, pensó que era mejor irse por el momento y buscarla después, pero lo que más le preocupaba es que su mirada era fría, con él nunca había sido así. Ella siempre había sido cálida y risueña con él, esa cara que tenía ahora era la que le mostraba a todos, y ahora también a él. No quería perderla, se negaba a dejarla ir. Salió del apartamento mientras las lágrimas surcaban su rostro. Al salir Octavio, Macarena se quedó viendo a su hermana y en un impulso de enfado le propinó una fuerte cachetada y le murmuró entre dientes—¡Zorra! —Meredith se sorprendió y se tomó el rostro, su hermana nunca había reaccionado con violencia hacia ella, siempre se mantenía fría a todo lo que hacía, sin siquiera insultarla y ahora reaccionaba así, ¿Será que lo amaba? Se preguntó—¿Cómo fuiste capaz de follar con el hombre que era especial para mí, sabiendo que me interesaba? ¿Qué clase de persona eres? ¿Cómo fuiste capaz de hacer eso sin pensar un momento en mí? ¿A mí qué dejé de ser adolescente y aparte mis sueños para dedicarme al cuidado de ustedes, como si fuese una adulta? —Yo no sabía que te gustaba, porque nunca lo habías aceptado. Y yo no te pedí que renunciaras a todo por mí, fue tú decisión. Además agradece que te libré de ese hombre, si es capaz de dejarse seducir por tu hermana, que no sería capaz de hacer con otra. Octavio no era hombre para ti—le dijo. Iba a retirarse, cuando Macarena le espetó —Desde ahora, me importa un comino lo que te pasé. No me hables. Ni siquiera me veas. Yo haré de cuenta que no existes. A partir de éste momento eres la nada para mí. Busca como te vas a costear tus cosas, porque de mí no obtendrás más que indiferencia, tal vez tu experiencia en el sexo te pueda ayudar—expresó con voz calmada y una mirada ausente. Al verla a Meredith le dio miedo, y se le erizó la piel, preguntándose ¿Qué había hecho?, mientras se dirigía a su habitación. Ella se quedó pensando por un momento entró a su habitación y se arrojó a la cama, tal vez Octavio no era bueno para ella, ese no era el punto, el problema es que la traición de Meredith era realmente dolorosa, su propia hermana fue capaz de hacerle eso sin remordimientos, pero de ahora en adelante había aprendido la lección, no crearía expectativas sobre la gente para no sufrir decepción. “Debes colocarte una piel de cocodrilo Macarena”, se dijo o “échate aceitito para que todo te resbale, no muestres tus sentimientos, ahógalos para que no sufras y nunca nada ni nadie te hará daño. Construye una muralla de hielo alrededor de tú corazón, para que no sufras. Tú puedes hacerlo”. Con esos pensamientos se fue tranquilizando hasta que logró evitar llorar. **********************************Valentino Pagliuca, se encontraba en su computadora contestando los últimos correos que había recibido el día anterior. Llamó a la secretaria provisional que tenía por el intercomunicador, pero al no recibir respuesta, se levantó de su asiento y se dirigió a la oficina de la secretaria que quedaba en la zona contigua al recibidor, la chica charlaba con una compañera, mientras se pintaba con toda la tranquilidad del mundo, las uñas de sus manos.Valentino se quedó observándola, tratando de controlar su enojo, sin embargo, por mucho que lo intentó, fue imposible que las palabras no salieran con fuerza de su boca, lamentablemente para la chica y las seis últimas que habían desfilado durante esos tres días por su oficina, él no perdonaba en su trabajo la haraganería, la incompetencia, el error y detestaba sobremanera que las secretarias quisieran ligar con él, tenía como norma no relacionarse sentimentalmente con las empleadas, pues eso traía como consecuencia la pérdida del control y él era un obseso del control.
—Señorita Campos, haga el favor y salga inmediatamente de aquí—expresó apretando los dientes del enojo. —Pero señor discúlpeme, es que se me había dañado una uña, sólo me la estaba retocando—dijo la chica asustada. —Sepa Usted, que esto no es peluquería ni centro de belleza, lamento sobre manera lo que le voy a decir, pero si sus neuronas no le permiten procesar esa sencilla información, usted no tiene las cualidades ni la preparación para trabajar conmigo, pero ¡por Dios!, usted carece hasta de sentido común.«Ahora, agradezca que no la echo de la empresa en este momento, pero revisaré su expediente para comprender bajo qué criterio el gerente de personal la contrató para trabajar aquí, porque durante las tres horas que tiene trabajando para mí, no ha demostrado ni siquiera la destreza para servir un café, es una persona ociosa, con una capacidad nula de trabajo ¡Ahora salga de aquí! —Exclamó con enojo, la chica recogió sus cosas, y salíó llorando, mientras la otra muchacha se quedaba nerviosa mirando hacia abajo—¿Y usted? ¿Es que no le asignan trabajo suficiente, que aún tiene tiempo para andar paseando de oficina en oficina ó anda buscando chisme para regar por todos los departamentos? ¿En qué área trabaja?
La chica no sabía dónde meterse, era la tercera vez en esta semana que Valentino Pagliuca la encontraba hablando con las secretarias nuevas. Él tenía fama de ser justo, pero implacable cuando sentía que abusaban de él. No toleraba la falta de actividad en la gente y cuanto tomaba decisiones era realmente duro, por ello la empresa Pagliuca específicamente la de cosmético había desplazado a su competencia, la número uno Cosmético Perle fine, a quien en sólo en tres meses el chico logró superar, lo llamaban el “Rey Midas” porque decían que tenía la capacidad de convertir en oro todo lo que tocaba, todos le temían por su determinación, tenía una capacidad para detectar fraude y engaño impresionante, hacía solo dos meses había descubierto un nuevo ingeniero químico que ingresó a trabajar en el laboratorio y había intentado robarse algunas fórmulas de los productos, él logro interceptarlo antes de que eso sucediera, tenía una habitación con cámaras de seguridad donde a veces ingresaba por horas y estudiaba el comportamiento de sus empleados, y al que veía sospechoso, lo investigaba, le hacía seguimiento y lo entrampaba. Hasta ahora no se había equivocado. —Señorita está sorda, tiene algún problema de comprensión. Le acabo de preguntar ¿En qué departamento trabaja? —En Recursos humanos, yo s-soy la secretaria del señor Julio Toledo—Eso lo explica, es usted tan pero tan bonita —mientras decía eso la chica se emocionó pensando “le gusté al papacito de Valentino, se dio cuenta que era bonita” —que debería ir a trabajar de modelo en una empresa de diseño, porque lamentablemente aquí se usa más la facultad mental de entender, razonar, tomar decisiones, en fin nos importa más el proceso que se desarrolla en su cerebro, que el que puede hacer con su cuerpo —ese día no se soportaba ni el mismo. Pero por Dios, había tenido siete secretarias en menos de tres días, apenas era miércoles y ni siquiera había llegado el mediodía, todas eran unas incompetentes, mas pendiente de ligar que de trabajar. ¿Será que no había una mujer inteligente que pudiera darle la talla? Se preguntó. Tenía que hablar inmediatamente con el gerente de personal, no podía seguir tolerando lo que estaba pasando, iba a llamarlo pero decidió llegar a su oficina, al entrar estaban dos asistentes en la sala previa a la oficina de personal. Se sorprendió, que el gerente de recursos humanos tuviera dos asistentes y una secretaria. “¡Vaya! pensó Tiene más personal que yo que soy el presidente de la empresa”. Su secretaria la señora Gladys Fuentes, fue jubilada después de treinta años de servicios en la empresa, era una excelente profesional que adivinaba sus pensamientos, antes de él abrir la boca y como tal actuaba, en los últimos meses ni siquiera instrucción le daba, ella sabía lo que tenía que hacer, sería difícil conseguir alguien así, no debió dejarla ir. Siguió caminando y sin decir palabra alguna, abrió la puerta del gerente de recursos humanos, casi cae para tras como condorito, al ver la escena que se estaba desarrollando frente a sus ojos, el susodicho estaba en su silla con los ojos cerrados mientras tenía ante sí, a una chica joven de rodillas frente a él dándole sexo oral. Valentino cerró la puerta con fuerza y entró a la oficina, el hombre energúmeno pegó un grito —¿Quién carajo se atreve…—y al ver al presidente de la empresa prácticamente se quedó pálido y sin palabras. —¡Yo soy el carajo que me atrevo!—la chica se paró nerviosa, con los ojos llenos de lágrimas—¿Y usted porque llora? Si cuando yo entré, estaba muy embelesada con el señor aquí presente. —Lo siento señor, eso no es así, él me obligó y me dijo que si quería conservar mi empleo, tenía que corresponderle—dijo la chica turbada y con cara de asco. Valentino no podía creer lo que estaba oyendo, abrió la puerta y le dijo a la secretaria y llamó a las dos asistentes que estaban allí, ya había llegado la chica con quien tuvo el altercado en su oficina—Por favor, tengan la bondad de entrar a la oficina—las chicas apresuradamente pasaron—¿Quiero que me digan si han recibido algún acoso, chantaje por parte de algún jefe de ésta empresa?—las mujeres al oírlo bajaron su rostro. Él de inmediato les dijo —No se turben, ¡quiero la verdad!, no les va a pasar nada—las chicas al verlo con esa firmeza al pronunciar sus palabras, confiaron en él. —Si señor Valentino, el señor Julio, nos acosa, nos pide que si no le correspondemos nos va a despedir —Y así fueron contando todo, mientras la cólera encendía el rostro de Valentino y el culpable se mantenía inamovible. El chico no pudo soportar más la rabia y tomó al hombre por el cuello y le propinó un par de golpes entretanto le decía —. ¡Sádico, acosador! ¿Cómo te atreviste a instaurar en mi empresa tu reinado de pavor y atrocidad? poco hombre, miserable—vio que se estaba descontrolando más y lo soltó respiró profundo, tomó el teléfono y llamó al cuerpo de seguridad de la empresa, a quienes dio instrucciones de contactar con los órganos de seguridad del estado para que actuaran contra el canalla, a las chicas les dijo, que no tuvieran temor de denunciarlo. Para ellas, eso significó un gran gesto de comprensión, incluso después de lo ocurrido, andaban medio locas por él, con esa actitud se había ganado completamente la admiración de las féminas. Al día siguiente, descubrieron todo, Julio Toledo, chantajeaba no sólo a las que trabajaban con él, sino cada nuevo ingreso. Eso molestó mucho a Valentino, como pudo haberse equivocado a escoger esa rata como gerente de recursos humanos, tenía apenas dos meses en el cargo, pero el desastre y barajuste que había causado era impresionante. Se vio obligado a designar a una nueva persona a cargo, decidió nombrar a una mujer, ellas cuando eras buenas trabajadora eran más eficientes, meticulosas a la hora de tomar decisiones, eligió varios currículos de empleadas de la empresa, las entrevistó y al final de la tarde había designado a una nueva gerente de RRHH, la señora Teresa Andrade. Un día después, la Señora Andrade le informó que el señor Julio Toledo había contratado los servicios de una chica que era poliglota, hablaba inglés, francés, italiano, portugués, Alemán, mandarín y por supuesto hablaba español. Valentino le pidió el currículo, lo observó por un momento, revisó sus credenciales y si toda la información que estaba allí era cierta, la chica era lo que necesitaba, se llamaba Némesis Vanessa Ontiveros Duarte, con veintiún años de edad, era estudiante del último semestre de Ingeniería Química. Se quedó observando la foto, era realmente bella, sin embargo, algo le decía que estaba cometiendo el peor error de su vida. Por ello, no firmó la contratación, sino que decidió llamarla a una entrevista y del resultado de la misma, decidir si la dejaba o no. Estos tres días se había sentido abrumado por la cantidad de actividades que tenía, no sólo había realizado el trabajo que le correspondía al presidente de la empresa, cargo que desempeñaba desde hacía cuatro meses dentro de la cosmética, pues anteriormente había estado de Presidente en la empresa de perfumes Pagliuca, sino que hasta trabajo secretarial había tenido que realizar, aparte de revisar un sin fin de contratos con unas empresas que comercializarían productos en Europa.Al día siguiente, tenía una reunión con los directivos de la empresa y dentro de un par de días con una empresa China, él no hablaba ni un ápice de ese idioma, quizás debería probar a la tal Némesis Ontiveros, para ver si era tan buena como decía su hoja de vida.
"Llega lo Inesperado, y malogra todo lo pensado". Anónimo.
Valentino observaba por la ventana de la cabaña, la fuerte lluvia caía con fuerza sobre la montaña, siempre era así en esta época del año, durante cuatro años consecutivos había podido presenciar los avatares del clima en la zona, luego de ello, un intenso frío se apoderaba del ambiente, durando hasta la primera quincena de enero. Aunque para él todos los días eran iguales, no sentía diferencia entre uno y otro, desde que Macarena había muerto, el dolor, el desosiego, la tristeza, se había apoderado de su alma atribulada por la culpa, aunque intentaba cambiar de actitud, poder sentir esa felicidad de antaño, no era posible.La única que daba un poco de alegría a su vida era su pequeña Meliena Melissa, pero hasta ese momento no había exigido ning&
Valentino llegó a su apartamento hizo sus maletas, no incluyó muchas cosas, no tenía sentido, solo usaría lo estrictamente necesario. Revisó los objetos que había dejado Macarena antes de que se la llevaran detenida.De inmediato a su mente acudieron los recuerdos de ese día, sintió su corazón encogerse, se recostó en la cama que ocupaba en la habitación de huésped, debajo de la almohada encontró una bata de ella, la abrazó y empezó a llorar, dejo que las lágrimas corrieran libre por su rostro, sus heridas eran profundas, decían que llorar equilibraba el estado de ánimo, aliviaba la tensión y era un aliciente para el alma, pero él no sentía nada de eso, estaba seguro que su vida nunca sería igual. Ya comprendía a su padre, por eso se abandonó
Cuando Valentino escuchó las palabras del inspector su dolor fue en aumento, sintió que perdía el aliento y que le faltaba aire, sentía que se ahogaba, se obligó a respirar haciéndolo profundamente, tratando de captar el mayor aire y con una voz de angustia expresó —Eso no puede ser verdad, Macarena no pudo haber estado embarazada— al momento recordó la vez que habían tenido sexo sin protección, él le había comprado la pastilla del día después para que se la tomara, también le había dicho duras palabras diciendo que preferiría no tener ningún hijo que tenerlo con ella, no veía ningún mérito por los cuales sus genes debían reproducirse, la llamó traidora, desvergonzada. Cada recuerdo era más doloroso, no dejaba de pensar en cómo se sintió ella, lo que no se explica
Luego de su declaración de culpabilidad, Meredith gritó —¡Es mentira! No hagas eso Macarena. Tú eres inocente, di la verdad, por favor—expresaba llorando, los guardias de la sala se acercaron y la sacaron—Él no vale la pena hermana, no dejes que su odio te afecte. Juro que te vas arrepentir Valentino, de todo lo que estás haciéndole a Macarena.A Macarena la sentenciaron a dieciocho años de prisión. La trasladaron nuevamente a las instalaciones del cuerpo de criminalística, el inspector Oropeza utilizó todas las influencias que tenía a su alcance para que no la trasladaran a un centro penitenciario.Así pasaron seis meses y medio, mientras que Valentino seguía con el empeño de qu
Pasaron tres días sin que Valentino se apareciera por el departamento, sin embargo, ese día la chica que estaba quedándose hospedada, la interceptó y le dijo—Necesito conversar contigo Macarena.—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—espetó seria.—Me llamo Martha, no soy la amante de Valentino, soy su prima por parte de madre, solo vine a pasar un par de días. Además soy su amiga y confidente desde que éramos niños, no tienes nada que temer de mi—Así fueron conversando por un largo tiempo, hasta comieron juntas. Martha le preguntó si amaba a Valentino, ella le respondió que sí, Macarena le contó todo lo que había pasado, se desahogó con la chica, &nb
Así pasó un par de días en que Macarena estuvo enferma, mientras Valentino la cuidaba. Incluso dejó de asistir al trabajo durante ese tiempo, llamó al médico de la familia, quien le mandó un tratamiento a Macarena para la gripe que había desencadenado su resfriado.Le hacía sopas y le daba de comer, le daba los medicamentos, le bajaba la fiebre o con pañitos húmedos en su frente o cuando sus temperaturas eran demasiadas altas la metía en la bañera hasta lograr controlar su fiebre. A veces ella deliraba, llamaba a su mamá y decía cosas que no comprendía como “No es lo que piensas, te juró que me obligaron”, mientras sus dientes castañeaban, pero por más que trataba de saber más sobre lo que la preocupaba, no repet&iacut