INICIAR SESIÓNEstaba un poco nerviosa por lo que iba hacer, pero no permitiría que se le reflejara, se había vestido con un pantalón azul marino, una camisa manga larga blanca de grandes bolsillos, abierta un poco más arriba de sus senos, calzados de tacones de color rosa viejo y cartera tipo sobre de color gris, con su cabello suelto cayendo en ondas, se veía espectacular. Rita le preparó el desayuno, ya se había recuperado de la gripe y tenía mejor semblante, no pudo comerse todo el desayuno a causa de los nervios.
Salió Melody y le dijo —Hermana ¡Qué linda estás! ¿Trabajarás en una oficina como lo hacía mamá?
Ella se le acercó a su hermanita y la abrazó —Si, trabajaré en una oficina.
—Te pareces mucho a ella y así vestida aún más. Eres tan bella—le dijo con una triste expresión en su rostro, para luego abrazarla.
Meredith salió de su habitación y se quedó viendo a su hermana para luego decirle—Wow, estás demasiado bella hermana.
Macarena ni se inmutó ante sus palabras, la ignoró totalmente. Luego de un minuto se despidió de Melody y Rita, dándole un beso a cada una. Le dio recomendaciones a esta última, acerca de la casa y lo que estaba pendiente. Posteriormente se marchó sin dirigir ni siquiera una mirada de reojo a Meredith, habían pasado ocho días del altercado que habían tenido y la actitud de Macarena no había cambiado en absoluto.
Macarena caminó hasta la estación del metro Parque Carabobo que era la más cercana a su sitio de residencia, eran las seis y veinte de la mañana y la confluencia de personas era elevada, aunque caminaba con premura no pudo evitar prácticamente ser arrastrada por la gente al llegar a la estación, terminando sin esfuerzo alguno frente al torniquete, sacó rápidamente el ticket de diez viajes que había adquirido, tardándose apenas unos segundos, pero eso no evitó las protestas de algunos detrás de ella, las cuales ignoró, se dirigió a la dirección Palo Verde con todo su garbo, porque su destino estaba en la estación Altamira, donde se ubicaba la empresa donde iniciaría su jornada laboral.
Esperó por un par de minutos el tren, lo tomó y se fue de pie porque estaba atestado de personas. Al llegar a su parada salió, caminó sin premura hasta el edificio de las empresas Plagiuca, estas se encontraban en un mismo edificio, aunque las diferentes actividades que desarrollaban se distribuían por pisos, por ejemplo la cosmética se encontraba entre los pisos veinte al veinticuatro, esa fue la información que le había dado su hermano.
Macarena caminaba con un aire de elegancia y seguridad innata en ella, erguida con paso firme, tongoneaba sus caderas con un estilo atractivo pero sin exagerar, emanaba confianza en sí misma, atrayendo la mirada de los caballeros, las cuales pasaban desapercibida para ella.
Justo en ese momento pasaba una camioneta GMC Sierra 1500 Denali, conducida por Valentino Pagliuca quien no pudo evitar observar a la chica, tanto fue su impresión que estacionó frente del edificio y le dio las llaves a uno de los hombres de seguridad, para que aparcara el vehículo en su puesto ubicado en el sótano, mientras él ingresaba al edificio para seguir a la joven, no obstante, al entrar y dirigirse a los ascensores ella había desaparecido.
Esa mujer le había causado una buena impresión, tenía curiosidad por saber quién era, nunca una fémina le había causado semejante curiosidad, aunque él no era un santo que se mantenía célibe, tampoco era un promiscuo, su vida sexual era normal, le encantaban las mujeres pero era bastante exigente a la hora de escoger, no le gustaba una relación con chicas absorbentes, a esas les huía como a la peste, conservaba un par de amiguitas con las cuales tenía relaciones sin compromisos y salía de vez en cuando, pero ellas estaban claras a qué atenerse con él, sólo una vez había estado como seis meses comprometido, cuando descubrió que la chica iba tras su dinero y allí terminó esa relación.
Tomó el ascensor privado que lo llevó directo a su oficina, eran las siete y media de la mañana a él le gustaba llegar temprano a la oficina, normalmente a las seis de la mañana ya estaba allí pero ese día, se le habían pegado un poco las sabanas, porque había salido de fiesta con sus hermanos, siempre estaba pendiente de ellos, sobre todo de Gian Piero, era muy dado a meterse en problemas, era alocado, impulsivo, cuando quería algo no cesaba hasta obtenerlo, realmente era obsesivo y ese rasgo de la personalidad de su hermano le preocupaba, temía que un día lo metiera en problemas.
Empezó a revisar su correo y a dar instrucciones a los diferentes gerentes, convocó una reunión para las nueve de la mañana porque debía realizar unos ajustes de la nueva campaña de maquillaje, que se lanzaría en cuatro meses y cuyos resultados debía mostrar a la gente de China.
Necesitaba urgente a su secretaria, ojalá la chica que estaba citada para ese día, fuese competente para el puesto, tocaron la puerta de su oficina, invitó a la persona que tocaba para que entrara, al ingresar se trataba de la nueva gerente de personal Teresa Andrade, le saludó —Buen día Señor Pagliuca.
—Buen día señora Andrade, ¿Qué tenemos por allí? —interrogó con curiosidad.
—Ya llegó la señorita Némesis Vanessa Ontiveros Duarte, la chica que suplirá a la señora Gladys, la entrevisté y me parece competente, ¿Le hacemos el contrato de ingreso?
—Aún no señora Andrade, quiero entrevistarla primero, tráigame su síntesis curricular, se viene usted también, pase a la chica y entre los dos la evaluamos, total va a trabajar directamente conmigo ¿Qué le parece?
—Una excelente idea—expreso Teresa con una sonrisa. Ella era una señora de cuarenta años, pelo rubio, ojos claro, muy competente, con una alta capacidad para el trabajo, haría muy buena gestión, estaba seguro que ésta vez no se arrepentiría de su selección.
Pasado diez minutos, entró la señora Andrade, le puso al frente el currículo. Mientras él lo revisaba, pasó Némesis Vanessa Ontiveros Duarte, su sorpresa fue grande al darse cuenta que era la misma chica que había visto cruzando la calle, por quien se estacionó al frente para seguirla y no la encontró, maldijo su mala suerte porque nunca se involucraba con sus empleadas. Se quedó viéndola, sin pronunciar palabra alguna mientras la chica lo miraba directamente desafiante, había algo extraño en su mirada, como si le molestara tenerlo al frente, tal vez sus instintos estaban fallando y estaba suponiéndolo.
—Hola. Soy Valentino Pagliuca vicepresidente de las empresas Pagliuca y presidente de la cosmética. Veo que usted es Némesis Vanessa Ontiveros Duarte. Es usted una mujer muy hermosa, veremos si con tanta belleza tiene conectadas sus neuronas con el cuerpo—expresó beligerante y con una sonrisa de suficiencia. Valentino quería probar la inteligencia y la capacidad de control de la chica. Sus ojos marrones era lo más que resaltaba en su hermoso rostro, tenían una expresión extraña y contradictoria, porque aunque parecía cálida, su mirada era fría. Se sentó en su escritorio.
Macarena se quedó observándolo tratando de controlar la chispa de ira que el famoso Valentino había despertado en su interior, pero también le provocó muchas cosas más, era un hombre realmente apuesto, alto, ojos entre marrones tirando a verdes, mandíbula cuadrada, cabello negro, cuerpo musculoso que se notaba a través de la camisa, porque se había quitado la chaqueta, se imaginaba que hacía muchos ejercicios, ella normalmente era todo hielo, pero en ese momento sentía como una lava ardiente recorría su interior, la sorprendió esa reacción y sin pérdida de tiempo contestó—.Efectivamente soy Vanessa Duarte, y tengo perfectamente mis neuronas conectadas con el cuerpo, lo que si noto—expresó con soberbia—que usted sino tiene las neuronas conectadas con su lengua—concluyó en tono sosegado, fingiendo una sonrisa que por supuesto no llegó a sus ojos. A cuya respuesta la señora Andrade dio un respingo de la sorpresa.
Valentino se sonrió mostrando su perfecta y blanca sonrisa y empezó a hablarle —¡Vaya! Tiene usted una lengua muy mordaz. Y pensé que su nombre era Némesis Vanessa Ontiveros Duarte o me equivoqué.
—Ese es mi nombre, pero prefiero que me llamen Vanessa Duarte—respondió la chica rápidamente ante su pequeño desliz.
—Pensé que el nombre, no es como uno prefiera que lo llamen sino como realmente uno se llama. Considero que es bastante atrevido, decir como prefiere ser llamada, cuando aún ni siquiera ingresa a laborar en esta empresa.
— And I find her style daring to conduct an interview, started by telling me beautiful woman. (Y a mí me parece atrevido su estilo para realizar una entrevista, empezado por decirme mujer hermosa) —respondió ella en inglés.
— I see that my style doesn't intimidate her a bit. (Veo que no la intimida ni un poco mi estilo) —pronunció Valentino en inglés.
— Eu não me sinto intimidado pela arrogância das pessoas, mas sim me encoraja a lutar, porque em sua ignorância eles acham que eu sou fácil de se curvar. (No me intimida la arrogancia de la gente más bien me estimula a dar batalla, porque en su ignorancia piensan que soy fácil de doblegar—expresó en portugués Macarena.
— Você é muito ousado em querer conduzir esta entrevista. (Eres muy audaz al querer dirigir ésta entrevista)—dijo Valentino en portugués.
— Faire attendre si je sais parfaitement que vous voulez vérifier ma capacité à comprendre les langues. (Para que hacerlo esperar si se perfectamente que quiere comprobar mi capacidad de comprensión de los idiomas)—habló en francés la chica.
— Au moins, cela montre que vous les conduisez, vous semblez mieux préparé que vos sept prédécesseurs. (Por lo menos se nota que los manejas, pareces mejor preparada que tus siete antecesoras) —respondió en francés Valentino.
— 他们发现,四岁时,我的父母将我作为一门语言课程 (A la edad de cuatro años mis padres me inscribieron en cuanto curso de idiomas, encontraban)—manifestó en Chino.
Pero Valentino no respondió porque desconocía el idioma, ella se quedó mirándolo y esbozo una sonrisa de suficiencia diciendo en italiano—Mi scusi, non sapevo di non parlare cinese. Quello che ho detto qualche tempo fa è che all'età di quattro anni, i miei genitori mi hanno iscritto a quanto corso di lingua hanno trovato. (Discúlpeme, no sabía que no hablaba Chino. Lo que le dije hace rato es que a la edad de cuatro años mis padres me inscribieron en cuanto curso de idiomas encontraban).
Esa sonrisa le molestó por ese aire de suficiencia con la que la expresó, pero si algo sabía reconocer es cuando alguien le ganaba una, y en ese momento la condenada chica tenía como tres puntos por encima de él —¿A que se dedican sus padres? Claro si puede saberse, porque no me imagino una familia que viva en La Candelaria pagando cursos de todos los idiomas a su hija de cuatro años? —le dijo volviendo al español y mirándola con suspicacia, allí se dio cuenta Macarena que había cometido un error y debía enmendarlo.
—Es usted un snob—le dijo Macarena—¿Por qué unos padres de clase media no pueden inscribir a su hija en cuanto curso de idiomas encuentren?
—Nada más lejos de la realidad, no soy un snob, no es porque crea que no deberían hacerlo, sino porque su capacidad económica los limitaría. Discúlpeme si la he ofendido—Con cada palabra que pronunciaba la chica, le gustaba más, era ágil mental, no se cohibía, tenía una seguridad en sí misma sorprendente, lo trataba de tú a tú sin titubeo, le daba la impresión que no era la chica de origen humilde que le quería hacer creer, algo no le cuadraba y él era un hombre muy perceptivo.
Entre tanto Macarena pensaba, no debía dejarse envolver por la serpiente ponzoñosa que tenía frente a ella, se la daba de muy inteligente, subestimaba a sus interlocutores, era un creído con ínfulas de superioridad, no lo soportaba y no quería seguir conversando con él, al diablo esa venganza, se levantó de su asiento y le dijo—Discúlpeme, ya no quiero trabajar con usted—hizo amago de tomar el currículo del escritorio y él le tomó la mano, en ese momento ambos sintieron un corrientazo que les hizo soltarse de inmediato, ambos se sorprendieron con esa reacción.
—No tan deprisa pequeña, discúlpame si te ofendí por la referencia a tus padres, no fue mi intención, es que en mi naturaleza está lo de ser curioso.
—Debe tener cuidado señor Pagliuca, porque la curiosidad mató al gato—le dijo ella en doble sentido.
—Para su desgracia no soy un felino, más bien me veo como un canino, aunque eso no evita que tenga la astucia de uno—pronunció con una mirada intensa, que puso nerviosa a Macarena.
—Vanessa quiero que des respuesta a todos estas comunicaciones, debes enviar la respuesta por correos y por valija. En un libro verde que está en la primera gaveta del que va hacer tu escritorio, allí encontrarás los correos, búscalos, identifícalos y da respuesta con premura—le expuso con seriedad.
—Entendido jefe—señaló con un matiz de voz como de burla. Valentino frunció el ceño ante ello. Sería que estaba paranoico, o era cierto lo que percibió, se dijo y en ese momento fue que cayó en cuenta que habían ignorado durante su charla a la señora de Andrade, era como si durante todo ese tiempo habían estado ellos solos, fue una sensación bastante extraña que lo dejó confundido.
La señora Andrade se despidió y caminó a su oficina pensando en esa pugna de palabras que se dio entre el jefe y probablemente su nueva secretaria, el ambiente se cargó de chispa, algo bastante raro porque Valentino no era hombre que se involucrara con su personal. Apartó esos pensamientos y se avocó a realizar su trabajo, como por ejemplo programar curso de capacitación para un grupo de chicas que lo necesitaban y que Valentino les había dado una oportunidad de capacitarse por un lapso de tres meses. Sin ese tiempo no mostraban una mejora en sus capacidades, entonces tendrían que despedirlas.
Macarena en su papel de Vanessa, leía cada una de las comunicaciones que le habían enviado a Valentino como presidente de la cosmética, dio respuesta a cada una de ellas con la premura necesaria, incluso algunas estaban en otros idiomas y ella las respondió en sus respectivos idiomas. Luego buscó la agenda que le habían indicado y examinó su contenido, detectando los correos, los cuales agregó en un archivo word, ubicó el correo de Valentino y se los envió al correo.
Seguidamente tocó la puerta, él la invitó a pasar y se quedó observándola con intensidad, su mirada era demasiado impactante —¿Dígame señorita Vanessa se le ofrece algo? —ella titubeó una fracción de segundo, fue tan rápido que pensó que se lo había imaginado.
—Le remití a su correo la trascripción de las quince comunicaciones, no las imprimí para esperar su visto bueno y no hacerlo innecesariamente en caso de que usted haga algunas correcciones—su corazón estaba acelerado, debía controlarse, ese hombre era su enemigo y si estaba allí era porque buscaba la venganza que por más de tres años ansió.
Valentino había visto el correo que le había llegado de Gladys y supuso que lo enviaba Vanessa, al ella entrar lo revisó, lo leyó y vio perfectamente transcritas cada unas de las comunicaciones, seis en español, tres en inglés, dos en italiano, dos en francés, una en portugués y la última en alemán. Todas estaban perfectamente y por más que intentó buscar algún detalle para enviarla a corregir no pudo encontrar objeción alguna. La chica era un perfeccionista y lo peor es que lo miraba con una expresión de suficiencia y hasta con una sonrisa tipo Gioconda. Él también dibujo una sonrisa en el rostro y no pudo evitar decirle—¡Eres muy lista!
—Y a pesar de que busca una eficiente secretaria, está negado a que sea yo, porque ya se creó una concepción de mí y no quiere estar equivocado.
—¿Dijiste que estudias octavo semestre de Psicología?—Interrogó con sarcasmo.
—No señor Pagliuca, por supuesto que usted sabe perfectamente lo que estudio, pero es usted más testarudo que yo y no quiere dar su brazo a torcer.
—¿Estás tratando de psicoanalizarme?—interrogó él alzando su ceja izquierda.
—¡Por favor no! No tengo la preparación para ello, sólo confirmo una situación en base a los hechos.
—Eres perspicaz Vanessa. Vamos a una reunión que tengo con mis gerentes para discutir sobre el lanzamiento de una línea de maquillaje para los próximos meses. ¿Te interesa?
—Si es parte de mi trabajo, creo que no tengo elección ¿O sí?
—Vamos—expresó Valentino. Esa chica era más lista de lo que él pensaba y lo que más le preocupaba era que le movía el piso. Sin embargo, su instinto le decía que no bajara la guardia y eso si le preocupaba y tal vez por eso buscaba la forma de demostrar que no era apta, para así justificar no aceptarla.
"El instinto acierta siempre más que la reflexión y encima no da explicaciones." Francisco Umbral.
Valentino observaba por la ventana de la cabaña, la fuerte lluvia caía con fuerza sobre la montaña, siempre era así en esta época del año, durante cuatro años consecutivos había podido presenciar los avatares del clima en la zona, luego de ello, un intenso frío se apoderaba del ambiente, durando hasta la primera quincena de enero. Aunque para él todos los días eran iguales, no sentía diferencia entre uno y otro, desde que Macarena había muerto, el dolor, el desosiego, la tristeza, se había apoderado de su alma atribulada por la culpa, aunque intentaba cambiar de actitud, poder sentir esa felicidad de antaño, no era posible.La única que daba un poco de alegría a su vida era su pequeña Meliena Melissa, pero hasta ese momento no había exigido ning&
Valentino llegó a su apartamento hizo sus maletas, no incluyó muchas cosas, no tenía sentido, solo usaría lo estrictamente necesario. Revisó los objetos que había dejado Macarena antes de que se la llevaran detenida.De inmediato a su mente acudieron los recuerdos de ese día, sintió su corazón encogerse, se recostó en la cama que ocupaba en la habitación de huésped, debajo de la almohada encontró una bata de ella, la abrazó y empezó a llorar, dejo que las lágrimas corrieran libre por su rostro, sus heridas eran profundas, decían que llorar equilibraba el estado de ánimo, aliviaba la tensión y era un aliciente para el alma, pero él no sentía nada de eso, estaba seguro que su vida nunca sería igual. Ya comprendía a su padre, por eso se abandonó
Cuando Valentino escuchó las palabras del inspector su dolor fue en aumento, sintió que perdía el aliento y que le faltaba aire, sentía que se ahogaba, se obligó a respirar haciéndolo profundamente, tratando de captar el mayor aire y con una voz de angustia expresó —Eso no puede ser verdad, Macarena no pudo haber estado embarazada— al momento recordó la vez que habían tenido sexo sin protección, él le había comprado la pastilla del día después para que se la tomara, también le había dicho duras palabras diciendo que preferiría no tener ningún hijo que tenerlo con ella, no veía ningún mérito por los cuales sus genes debían reproducirse, la llamó traidora, desvergonzada. Cada recuerdo era más doloroso, no dejaba de pensar en cómo se sintió ella, lo que no se explica
Luego de su declaración de culpabilidad, Meredith gritó —¡Es mentira! No hagas eso Macarena. Tú eres inocente, di la verdad, por favor—expresaba llorando, los guardias de la sala se acercaron y la sacaron—Él no vale la pena hermana, no dejes que su odio te afecte. Juro que te vas arrepentir Valentino, de todo lo que estás haciéndole a Macarena.A Macarena la sentenciaron a dieciocho años de prisión. La trasladaron nuevamente a las instalaciones del cuerpo de criminalística, el inspector Oropeza utilizó todas las influencias que tenía a su alcance para que no la trasladaran a un centro penitenciario.Así pasaron seis meses y medio, mientras que Valentino seguía con el empeño de qu
Pasaron tres días sin que Valentino se apareciera por el departamento, sin embargo, ese día la chica que estaba quedándose hospedada, la interceptó y le dijo—Necesito conversar contigo Macarena.—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—espetó seria.—Me llamo Martha, no soy la amante de Valentino, soy su prima por parte de madre, solo vine a pasar un par de días. Además soy su amiga y confidente desde que éramos niños, no tienes nada que temer de mi—Así fueron conversando por un largo tiempo, hasta comieron juntas. Martha le preguntó si amaba a Valentino, ella le respondió que sí, Macarena le contó todo lo que había pasado, se desahogó con la chica, &nb
Así pasó un par de días en que Macarena estuvo enferma, mientras Valentino la cuidaba. Incluso dejó de asistir al trabajo durante ese tiempo, llamó al médico de la familia, quien le mandó un tratamiento a Macarena para la gripe que había desencadenado su resfriado.Le hacía sopas y le daba de comer, le daba los medicamentos, le bajaba la fiebre o con pañitos húmedos en su frente o cuando sus temperaturas eran demasiadas altas la metía en la bañera hasta lograr controlar su fiebre. A veces ella deliraba, llamaba a su mamá y decía cosas que no comprendía como “No es lo que piensas, te juró que me obligaron”, mientras sus dientes castañeaban, pero por más que trataba de saber más sobre lo que la preocupaba, no repet&iacut