INICIAR SESIÓNDurante todo ese tiempo había surgido entre Valentino y ella una buena camaradería, ambos se adaptaron a un buen ritmo de trabajo, bromeaban, comían juntos, aunque a veces discutían y costaba que alguno diera su brazo a torcer, cuando eso sucedía la señora Andrade servía de referí, para evitar que ambos se descontrolaran, porque así fuese su jefe cuando Valentino no tenía la razón, Macarena se encargaba de hacérselo notar.
También era punto de tensión la atracción que había nacido entre ellos, muchos veces se habían quedado trabajando hasta tarde y habían surgido roces, pequeñas caricias, varias veces estuvieron a punto de besarse, sólo que en el último momento uno de los dos desistía o eran interrumpidos.
Cierto día estaban trabajando en la revisión de un contrato, cuando Valentino llamó a un restaurante y pidió que les llevarán la comida a la oficina, como a Vanessa le provocaba spaguetti vermicelli a la bolognesa porque era su comida preferida, él la complació pidiéndolo, cuando estaban comiendo, varias hebras del vermichelli, quedaron colgando mientras los comía, y él sin poder resistirse a esa provocación, se acercó a ella y tomó los fideos del otro extremo, quedando sus bocas muy cercanas, por lo cual Vanessa nerviosa cortó la pasta y se apartó de Valentino, quien apenado le dijo, —¡Lo siento Vanessa! No fue mi intención importunarte—. Esa situación creó un ambiente incómodo entre ellos, sin embargo, no evitó que siguieran haciendo su trabajo, está vez tratando de mantener la distancia.
Días después, se fueron a reunir en el apartamento de Valentino, estaban preparando una presentación sobre una de sus líneas de productos de belleza para unos clientes asiáticcs, cuando el ambiente se tensó y estuvieron a punto de besarse. Ese día, luego de terminar la presentación Vanessa se recostó en el mueble y se quedó dormida, al día siguiente era domingo, Valentino no quiso molestarla, por eso la cargó y la llevó hasta acostarla en el cuarto de huésped, la arropó con una cobija, se quedó un rato observándola, hasta que decidió dejarla, apagando previamente la luz.
Cada día Vanessa, iba cautivándolo más, siempre descubría algo nuevo en su faceta, que hacía que le gustara, sin embargo, se mantenía hermética en temas relacionados con su familia, él realmente no creía que perteneciera a una familia de clase media o escasos recursos como ella le había hecho creer, tenía muchas habilidades como el manejo de más de seis idiomas, los cuales hablaba, escribía y leía a la perfección.
Por otra parte, tenía conocimientos en deportes que eran propios de gente pudiente como Golf, vela, esquí, su forma de caminar, y de pedir platos exóticos cuando iban a restaurantes, incluso hablaba con conocimiento de causa sobre países de Europa, sus lugares emblemáticos, todo ello evidenciaba una educación cómoda de hija de millonarios.
Tenía la sospecha de que Vanessa no le estaba diciendo la verdad pero ¿Por qué? ¿Qué le estaba ocultando? También había notado su animadversión por su hermano menor, así su hermano fuera un tanto antipático, no se justificaba su actitud hacia él. Le había despertado tanta curiosidad que estaba pensando seriamente en mandar a investigarla, ellos acostumbraban a investigar al personal que ingresaba, desde el día que un ingeniero químico enviado por la competencia intentó hurtar unas fórmulas.
Valentino le había pedido a la gerente de recursos humanos, el expediente de Némesis Vanessa Ontiveros Duarte y allí constaba la investigación que le habían realizado, era hija de padres docentes y tenía una hermana, pero mientras más revisaba menos le cuadraba la información , aunque no le había visto nada sospechoso con el departamento de ingeniería, no obstante debía estar pendiente, tal vez esa investigación que reposaba allí no era confiable, total Julio Toledo, había demostrado ser un hombre con pocos escrúpulos, quien le decía que no había fallado también en esto. Se quedó dormido en su habitación mientras esos pensamientos rondaban su cabeza.
Al día siguiente, muy temprano en la mañana Macarena se despertó, abrió los ojos un poco desorientada, al darse cuenta de que estaba en una habitación que no era la suya, se sentó de inmediato en la cama mientras observaba todo con curiosidad. Allí recordó que se había quedado dormida en el sofá de la sala de Valentino. Realmente era patética, miró a un lado y vio que su bolso estaba en una silla, se levantó y tomó su celular, al revisarlo, tenía llamadas perdidas de su casa. Marcó de inmediato y la atendió Rita —Hola Rita, soy Rena—expresó con voz adormitada.
—Mi niña ¿Dónde estás? ¿Dónde te quedaste durmiendo? ¿Por qué no viniste a casa? ¿No me digas que te quedaste durmiendo con ese hombre? ¡Por Dios! tú no eres así, ¿Cómo me haces esto? dejándome toda la noche con el Jesús en la boca, ¿Te acostaste con ese tal Valentino?
Macarena no pudo evitar que una media sonrisa asomara en sus labios, Rita se había convertido en una de las personas más importante en su vida, vivía dándole consejos, que no podía acostarse con un hombre sin estar casada y aunque alguna de sus ideas le parecían anticuadas, ella agradecía sus consejos, tal vez no pensara llegar virgen al matrimonio, pero tampoco se convertiría en una promiscua como la zorra de Meredith. Hizo una mueca, no la había perdonado, y aunque ella trataba de buscarle conversación y acercársele, ella estaba negada a hacerlo, no imaginaba que la fuese a perdonar por un buen tiempo.
—Rita tranquila, me quedé en el apartamento de Valentino porque se me hizo tarde, pero dormí en la habitación de huésped, no pasó nada entre nosotros, es sólo mi jefe y tal vez éste naciendo una amistad, pero de allí no hay nada más —expresé para calmar la angustia de la mujer que representaba una figura de madre para mí.
—Eso espero mi niña, a tú santa madre no le hubiese gustado que fueras la amante de nadie, ella te amaba como la niña de sus ojos y aunque amaba a todos sus hijos, tú eras especial, ella tenía grandes expectativas sobre ti, nunca la defraudes —expuso la mujer cariñosamente, pero con firmeza.
—Lo sé Rita, te juro que estoy tratando de no decepcionar a mi madre en cualquier lugar donde se encuentre. No te preocupes nos vemos en un rato ¿Cómo está Melody?
—Se quedó dormida tarde, esperando tú llegada. Estaba un poco triste, cada día me preocupa más la actitud de mi niña —pronunció la mujer.
—Dile que estoy bien. Que en un par de horas estaré en el apartamento. Chao Rita—Se despidió y cortó la llamada. Al hacerlo no pudo evitar escuchar un ruido en la puerta. Alguien había estado escuchándola y ese no era otro que Valentino, se pasó las manos por el cabello y suspiró, tomó su cepillo de dientes y entró al baño, consiguió las toallas perfectamente dobladas, tomó una, se desvistió y entró a ducharse.
Entretanto Valentino pensaba en lo que había oído, ¿Por qué por teléfono dijo que se llamaba Rena? Se recostó de la pared de la sala con los ojos cerrados, ella ocultaba algo, pero no entendía con que propósito. Caminó a la cocina, y se puso a preparar el desayuno, unas arepas asadas con carne mechada, queso amarillo rayado y aguacate, jugo de naranja y café. Cuando Vanessa entró a la cocina, ya él tenía la comida preparada y servida en el mesón. La invitó a sentarse en uno de los banquitos de la cocina.
Se sentaron a comer, primero en silencio hasta que Vanessa no pudo evitar preguntarle —¿Por qué me estabas oyendo a escondidas cuando estaba conversando por teléfono? No me gusta que me espien.
— A mí no me gusta que me mientan ¿Por qué dijiste que eras Rena? —. Interrogó Valentino contra atacando.
—Porque así me decía mi mamá y así me dice Rita —prefirió decir una verdad a media.
—No entiendo ¿Por qué hablas como si tú madre no viviera? cuando tú expediente dice que aún vive.
—Valentino, realmente no sé a dónde quieres llegar, si desconfías de mí ya sabes lo que debes hacer, si no te atreves hacerlo, entonces mañana mismo preparo mi renuncia y te la dejo en tu escritorio —expresó molesta, se levantó de la silla y caminó hacia la sala. Pero se sentía fatal por engañarlo, ella no era así, no le gustaba jugar sucio. En qué lío se había metido, pensó.
Cuando estaba tomando su bolso, Valentino la tomó del brazo y le dijo —Por favor, no te enojes. Siento mucho si te ofendí, pero eres tan recia a hablar de tú vida privada, que eso crea en mi curiosidad y suspicacia, he aprendido desde muy joven a desconfiar de todo y de todos y lamentablemente los hechos siempre me demuestran que no me equivoco. Espero que la leve sospecha que tengo sobre ti, no sea cierta.
Ella se quedó viéndolo y no pudo evitar sentirse decepcionada de sí misma, ¿Por qué se había metido en eso? pensó —Es mejor que me vaya —dijo la chica.
—Vanessa ¡No te vayas! —no pudo evitar abrazarla, ambos se fundieron en un cálido abrazo, que hizo sentir peor a Macarena. Luego él la tomó del rostro y la iba a besar pero ella le colocó sus dedos en los labios, diciéndole:
—¡Por favor no!—exclamó.
—Perdóname Vanessa, es que en verdad cuando algo me incomoda no puedo evitar decirlo—ella seguía con sus dedos en su boca. Él le tomó cada uno de los dedos y se los besó, sus corazones comenzaron a latir aceleradamente. Macarena sentía una especie de corrientazo que atravesaba todo su cuerpo, produciéndole unas sensaciones embriagantes.
—No tengo nada que perdonarte Valentino. Es mejor que me vaya. Nos vemos mañana en la oficina—. Diciendo eso tomó su bolso y salió corriendo del apartamento, mientras Valentino se quedaba preocupado, la había espantado con su actitud de desconfianza, pero es que sospechaba que no estaba errado en su percepción, pensó con un suspiro.
Macarena caminaba deprisa, al salir del edificio, recorrió un par de cuadras y tomó un taxi, le dio la dirección de su casa. Pensaba en que cada día se sentía más atraída por él y no quería hacer nada en su contra, por primera vez desde la muerte de su madre se sentía que pertenecía a algún sitio, Valentino era un hombre maravilloso, justo, honesto, meticuloso, trabajador, un hombre con todas esas cualidades no pudo haberse prestado para conspirar con las autoridades para evitar que su hermano pagara por el crimen cometido contra su madre, aunque también era cierto que él adoraba a sus hermanos gemelos, y a veces perdía la objetividad cuando la situación los involucraba a ellos.
Estaba realmente confusa, no sabía que podía hacer para dilucidar sus dudas, ¿Y si fue el viejo Gian Valentino, que se prestó para comprar a las autoridades?, su cabeza le dolía cada vez que pensaba en esa situación y lo que pudo haber sucedido.
Por otra parte, tampoco es que era un hombre perfecto estos no existían; uno de los defectos de Valentino aparte de su aire de suficiencia, de nunca querer equivocarse y siempre querer tener la razón, es que era un mujeriego; bueno siceramente, no tanto se dijo, sin embargo, el muy cretino no tenía solo una novia sino un par, aunque cuando se le preguntaba decía que sólo eran amigas, ¿Quién sabe? Lo que sí era cierto, es que ambas mujeres lo llamaban continuamente, a veces coincidían en hacerlo en el mismo momento, una a la oficina y la otra al celular. También ambas fueron a la oficina un par de veces cada una, para Macarna, Valentino era un completo descarado, pero que se podía esperar de esos Pagliuca, por ello creía con firmeza que no debía dejarse convencer de que ellos eran buenas personas, debía tener presente esa situación para no ceder, sin embargo, debía reconocer que estaba hecha un completo lío por ese hombre.
Ella por supuesto había conocido a sus hermanos, Gian Paul y Gian Piero, y aunque eran gemelos, tendrían como veintiún años, sus caracteres eran totalmente diferentes, mientras el primero era respetuoso, reservado, educado, el segundo era irrespetuoso, no perdía oportunidad de insinuársele, no lo soportaba, tenían ínfulas de superioridad y se creía dueño del mundo y aunque Valentino también era creído, no era de los que humillaba o se burlaba de la gente por puro placer, mientras su hermanito era así, de lo más insufrible.
Además su incomodidad por Gian Piero, era justificable porque estuvo involucrado en el accidente donde murió su madre, y tenía tantas ganas de hacerle pagar, a tal extremo que estaba pensando en dejar que se le acercara para hacer efectiva su venganza, quería ver destrozado a ese desgraciado, destruirle esa sonrisa de suficiencia, nunca había sentido tanto odio por alguien como lo sentía contra él, hasta tal punto que lo quería ver muerto, tal vez no sería mala idea volverlo loco por ella, pensó. ¡Oh por Dios Macarena! Ordena tus ideas por favor, se dijo, a veces no pensaba con coherencia, era tan horrible sentirse así y no tener con quien hablarlo, se sentía que no podía más, en cualquier momento explotaría y por su bien no quería que eso sucediera, odiaría perder el control.
A llegar al apartamento, luego de abrir la puerta, la estaba esperando Matías Eugenio sentado en la sala, con un rostro de molestia le dijo —Hola querida hermana. Veo que me has estado huyendo, por eso decidí esperarte hoy. Por favor, toma asiento —ella se sentó en una potrona al lado de su hermano.
—Hola Matías, no tengo porque huirte, no tengo nada que temer, todos los días vengo a dormir a mi casa y cuando llego estás dormido, me levanto temprano en la mañana y aún estás durmiendo, no tengo la culpa que sea una mujer ocupada con respecto a ti. —le dijo con un dejo de irritación.
—No te creas la importante Macarena, ni la digna, si estás allí es por mí y dime ¿Qué tanto haces los fines de semanas? Anoche no viniste a dormir—Interrogó Matías.
—Valentino es muy absorbente en el trabajo, me exige que trabaje los fines de semana, él…
De inmediato fue interrumpido por un Matías colérico quien le espetó—¿Te estás oyendo Macarena cómo hablas de ese desgraciado? Te expresas con orgullo de él, si hasta tus ojos te brillan y tú semblante se dulcifica cuando hablas de ese hombre, siendo que eres el ser más insensible que conozco.
Macarena molesta se levantó y le dijo —Tú no me conoces, no tienes la mínima idea de cómo soy, porque nunca te has acercado a mí para preguntarme como me siento, que pienso, tu interés en mí se ha limitado a usarme para una maldita venganza en contra de Valentino que no estoy segura de que la merezca.
—Ahora resulta que lo defiendes, te recuerdo que la empresa Perle fine, te contrató para que sacaras fórmulas de las líneas de productos de belleza que ésta desarrollando La Cosmética Pagliuca y hasta ahora no has hecho nada ¿O acaso crees qué estás allí para demostrarle tu capacidad a Valentino y coquetearle como tal vez lo haces? ¿Te gusta verdad? —Macarena se mantenía en completo silencio—. Claro es eso, ¿Estás enamorada de Valentino? ¡Si serás idiota Macarena! ¿Crees que tienes oportunidad con él? ¿Crees que querrá estar contigo cuando sepa que lo has engañado? ¿Qué inventaste hasta un nombre y te infiltraste en su empresa con el fin de extraer información y dárselo a la competencia? ¿Crees que va a estar interesado en ti cuando sepa que lo que te mueve es una venganza? —su hermano empezó a burlarse de ella a carcajadas mientras ella permanecía impasible—. Eres una ilusa Macarena, yo te creí más inteligente, es que definitivamente las mujeres piensan con su sexo.
Cuando escuchó lo dicho por su hermano no pudo controlar más su enojo y explotó levantando su mano propinándole una gran sonora cachetada, mientras le decía: —No seas tan impertinente ¡A mí me respetas! No voy a permitir que nadie me ofenda y menos tú qué poca autoridad moral tienes para expresarte de mí. No me busques Matías, porque no respondo, te conviene que yo permanezca serena, no quieres enfrentarte a lo peor versión de de mí, porque no respondo.
—¡¿Me estás amenazando?! —Interrogó Matías incrédulo.
—No querido hermano. Te estoy previniendo. Y no te preocupes que tendrás tus fórmulas yo soy una mujer de palabra y si acepté meterme en esto, voy a cumplir lo que se me encomendó, pero no me presiones. Y no, no estoy enamorada de Valentino ni de nadie, yo estoy seca a todo lo que sea amor, así que puedes estar tranquilo —Caminó a su habitación, dejando a su hermano en la sala pensando en lo que había pasado, porque la actitud de Macarena de abofetearlo jamás se lo había esperado.
Macarena se quitó la ropa, se bañó y se acostó a dormir, no pudo evitar soñar con Valentino, que ella estaba correteando por un jardín mientras él la perseguía hasta alcanzarla, luego la tomaba entre sus brazos y le daba los besos más excitante que había sentido en su vida, empezó a desnudarla mientras le daba suave besos en su cuello hasta llegar a sus senos, succionándolos con una pasión desbordante, se despertó sobresaltada, sudando y para su vergüenza con sus pezones totalmente erectos y su ropa interior humeda por el sueño, había sido tan real, no era la primera vez que eso le pasaba.
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Mientras en su casa Valentino, tenía los mismos sueños eróticos con Vanessa, soñaba que la tomaba y besaba cada parte de su piel, sorbía sus senos y su femineidad, probando su dulce néctar, la tocaba, besaba, probaba y le daba el mayor placer que no había sentido nunca, cuando iba hacerla suya se despertó sudado, con una gran erección. Por Dios, no podía seguir así, ese sueño era reiterado, no podía aguantar más, detestaba involucrar trabajo con placer, pero es que ya no podía mantener sus manos lejos de Vanessa, ella era todo lo que deseaba y admiraba en una mujer, era realmente sorprendente y no iba a renunciar a tenerla. Tal vez pudieran tener una relación intima, era una mujer hermosa, con una seriedad y sobriedad, que a veces sentía la necesidad de provocarla, quería, tomarla y besarla para ver cómo reaccionaba. Se levantó y entró a darse una ducha fría para apagar su deseo por ella.
“El deseo nos fuerza a amar lo que nos hará sufrir.” Marcel Proust.
Valentino observaba por la ventana de la cabaña, la fuerte lluvia caía con fuerza sobre la montaña, siempre era así en esta época del año, durante cuatro años consecutivos había podido presenciar los avatares del clima en la zona, luego de ello, un intenso frío se apoderaba del ambiente, durando hasta la primera quincena de enero. Aunque para él todos los días eran iguales, no sentía diferencia entre uno y otro, desde que Macarena había muerto, el dolor, el desosiego, la tristeza, se había apoderado de su alma atribulada por la culpa, aunque intentaba cambiar de actitud, poder sentir esa felicidad de antaño, no era posible.La única que daba un poco de alegría a su vida era su pequeña Meliena Melissa, pero hasta ese momento no había exigido ning&
Valentino llegó a su apartamento hizo sus maletas, no incluyó muchas cosas, no tenía sentido, solo usaría lo estrictamente necesario. Revisó los objetos que había dejado Macarena antes de que se la llevaran detenida.De inmediato a su mente acudieron los recuerdos de ese día, sintió su corazón encogerse, se recostó en la cama que ocupaba en la habitación de huésped, debajo de la almohada encontró una bata de ella, la abrazó y empezó a llorar, dejo que las lágrimas corrieran libre por su rostro, sus heridas eran profundas, decían que llorar equilibraba el estado de ánimo, aliviaba la tensión y era un aliciente para el alma, pero él no sentía nada de eso, estaba seguro que su vida nunca sería igual. Ya comprendía a su padre, por eso se abandonó
Cuando Valentino escuchó las palabras del inspector su dolor fue en aumento, sintió que perdía el aliento y que le faltaba aire, sentía que se ahogaba, se obligó a respirar haciéndolo profundamente, tratando de captar el mayor aire y con una voz de angustia expresó —Eso no puede ser verdad, Macarena no pudo haber estado embarazada— al momento recordó la vez que habían tenido sexo sin protección, él le había comprado la pastilla del día después para que se la tomara, también le había dicho duras palabras diciendo que preferiría no tener ningún hijo que tenerlo con ella, no veía ningún mérito por los cuales sus genes debían reproducirse, la llamó traidora, desvergonzada. Cada recuerdo era más doloroso, no dejaba de pensar en cómo se sintió ella, lo que no se explica
Luego de su declaración de culpabilidad, Meredith gritó —¡Es mentira! No hagas eso Macarena. Tú eres inocente, di la verdad, por favor—expresaba llorando, los guardias de la sala se acercaron y la sacaron—Él no vale la pena hermana, no dejes que su odio te afecte. Juro que te vas arrepentir Valentino, de todo lo que estás haciéndole a Macarena.A Macarena la sentenciaron a dieciocho años de prisión. La trasladaron nuevamente a las instalaciones del cuerpo de criminalística, el inspector Oropeza utilizó todas las influencias que tenía a su alcance para que no la trasladaran a un centro penitenciario.Así pasaron seis meses y medio, mientras que Valentino seguía con el empeño de qu
Pasaron tres días sin que Valentino se apareciera por el departamento, sin embargo, ese día la chica que estaba quedándose hospedada, la interceptó y le dijo—Necesito conversar contigo Macarena.—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—espetó seria.—Me llamo Martha, no soy la amante de Valentino, soy su prima por parte de madre, solo vine a pasar un par de días. Además soy su amiga y confidente desde que éramos niños, no tienes nada que temer de mi—Así fueron conversando por un largo tiempo, hasta comieron juntas. Martha le preguntó si amaba a Valentino, ella le respondió que sí, Macarena le contó todo lo que había pasado, se desahogó con la chica, &nb
Así pasó un par de días en que Macarena estuvo enferma, mientras Valentino la cuidaba. Incluso dejó de asistir al trabajo durante ese tiempo, llamó al médico de la familia, quien le mandó un tratamiento a Macarena para la gripe que había desencadenado su resfriado.Le hacía sopas y le daba de comer, le daba los medicamentos, le bajaba la fiebre o con pañitos húmedos en su frente o cuando sus temperaturas eran demasiadas altas la metía en la bañera hasta lograr controlar su fiebre. A veces ella deliraba, llamaba a su mamá y decía cosas que no comprendía como “No es lo que piensas, te juró que me obligaron”, mientras sus dientes castañeaban, pero por más que trataba de saber más sobre lo que la preocupaba, no repet&iacut