INICIAR SESIÓNComo le dije a mi madre me presenté en casa de la Duquesa de Constan y me quedé asombrada porque si eso era una casa¿dónde había estado viviendo yo?. Esa mansión era tan enorme que parecía un palacio, era blanca con el techo azul, los ventanales eran grandes, el césped bien cortado alrededor de un camino que terminaba en una gran fuente y todo estaba rodeado por una verja dorada de dos metros aproximadamente.
Al llegar a la entrada vi que había una pequeña caseta, en ella estaba un hombre, al verme se acercó.
—Buenos días señorita, ¿puedo ayudarla en algo?
—Buenos días, estoy aquí para el trabajo de sirvienta, me dijeron que debía hablar con Madame Müller—dije sonriendo.
—Deme un segundo—tomó un teléfono que había sobre una mesa y lo vi hablando por unos minutos, luego colgó y se giró hacia mí sonriendo—Puede pasar, Madame Müller la está esperando. Entre y siga el camino a mano derecha, siga hasta el final del pasillo y allí encontrará una puerta donde la estará esperando Madame Müller—explicó.
—Muchas gracias.
—Espero que consigas el empleo—dijo abriendo las rejas.
—Yo también lo espero—dije entrando. Mientras más me acercaba a la casa más grande me parecía, tenía que ir aprendiendo cada recoveco de esa casa si quería hacer bien mi trabajo. Seguí las indicaciones que me había dado el guardia y divisé la puerta que me había dicho, me acerqué y al llegar a la puerta salió una mujer de mediana edad.
—¿Deborah Beltrán?—se acercó a mí.
—Así es, y usted debe ser Madame Müller, mucho gusto—respondí.
—Soy el ama de llaves, entra, por favor, te explicaré todo—dijo.
Entré y me encontré con una amplia cocina blanca, se veía tan limpia y ordenada.
—Como te habrás dado cuenta esta es la cocina y la mayoría de las funciones que realizarás serán aquí—explicó.
—¿Cuáles serán mis labores?—pregunté echandole un vistazo a la cocina que era del tamaño de mi habitación. Estaba pintada de blanco y tenía muchas hornilla, dos refrigeradores del tamaño de un elefante y una mesa de seis sillas en medio. Es que, por favor, ¿esa era una cocina de una casa o de un restaurante?
—Bueno, la mayor parte del tiempo estarás ayudando en la cocina, aunque cuando se te necesite limpiarás las ventanas o ayudarás en las habitaciones,—explicó—hoy te enseñaré la mansión y cual será el cuarto que utilizarás. Mañana conocerás al personal.
—¿Dormiré aquí?—pregunté muy sorprendida, en mis trabajos anteriores jamás me había tenido que quedar a dormir.
—Así es, si viviera cerca no sería obligatorio, pero usted vive muy lejos y el trabajo en esta casa empieza temprano; mañana se mudará aquí y comenzará sus labores—explicó.
—Solo quiero avisarle que a veces tendré que salir porque mi madre está enferma—respondí un poco apenada.
—De eso ya estoy enterada, la señora Sylvia me lo dijo cuando me dio su recomendación, ahora sígame.—dijo señalando una puerta que había en la cocina.
Salimos de la cocina y me encontré con un corredor muy lujoso que daba a una escalera, al subir nos encontramos con el comedor y en el centro de este había una larga mesa, seguimos caminando y entramos a un gran salón.
—Este es el salón de baile, es utilizado en las fiestas de la casa—dijo y continuamos el recorrido, llegamos a un corredor con muchas puertas-aquí se encuentran las habitaciones de las señoritas y las habitaciones de los invitados, al final del pasillo se encuentra la habitación de los duques.
Seguimos y nos encontramos con un balcón que daba a una gran piscina ¿acaso en esa casa no había algo pequeño y acogedor?.
—Aquí como puede ver está la piscina y allí—señaló a lo que parecía una casa—es el gimnasio.
De allí llegamos a una escalera que bajaba hasta el recibidor.
—Este es el recibidor, casi nunca vendrá aquí a menos que haya una fiesta—comentó colocando las manos cruzadas en su regazo—ahora vamos a enseñarle su habitación.
Volvimos hasta las escaleras que conducían a la cocina, pero está vez, llegamos a un corredor menos lujoso que los anteriores, llegamos al final de este y Madame Müller abrió una habitación muy acogedora, estaba pintada de un rosado tan pálido que parecía blanco, había una mesa de noche, un espejo, un pequeño armario con puertas de madera y la cama perfectamente hecha.
—Está será su habitación.—mencionó Madame Müller—Mañana debe estar aquí a las seis de la mañana para que se instale y luego presentarle a sus compañeros.
—Muy bien, ¿ya me puedo ir?—respondí con un tono emocionado.
—Sí, la acompaño a la puerta.—respondió Madame Müller indicando el camino con la mano. Volvimos a salir por la cocina y al llegar a la caseta el mismo guardia que me recibió me preguntó:
—¿Consiguió el empleo?
—Sí.—respodí con una sonrisa—Por cierto, no le pregunté cuál era su nombre.
—Me llamo Jack, mucho gusto—dijo sonriendo. Era un hombre de unos treinta años, algo gordito, de tez morena y con un tipo de bigote a los que yo había apodado mostachon.
—Yo soy Deborah, un placer.—me presenté—Bueno, supongo que nos vemos mañana.
—Hasta mañana, Deborah—se despidió Jack.
Llegué a la casa a las tres de la tarde ya que el autobús se demoró mucho en pasar, al llegar nada más abrir la puerta mi madre me preguntó.
—¿Conseguiste el empleo?—preguntó con un tono emocionado y una sonrisa.
—Buenas tardes para ti también—respondí entrando en la casa, estaba un poco cansada por la mañana ajetreada que había tenido.
—¡Habla ya!—dijo cerrando la puerta.
—Está bien, está bien, no te enojes, y sí, ya tengo trabajo, comienzo mañana.
—¡¡¡Ayyy!!!¡Qué buena noticia!—gritó con la sonrisa más grande que la de un payaso.
—Sí, grita de felicidad mientras yo recojo mis cosas, no puedo seguir perdiendo el tiempo que tengo una cita y no me puedo retrasar.—murmuré.
—¿Cita?¿Con quién?—dijo aparentemente emocionada ya que jamás había salido con un chico que no fuera mi amigo.
—Bueno es una larga historia, pero para resumir, conocí un chico en el parque, su nombre es Dylan, él y yo hicimos una apuesta, yo perdí y ahora le debo una cena—resumí gesticulando con la mano de un lado para otro nerviosa.
—Que increíble—respondió mamá sin perderse ni un detalle.
—Sí, muy increíble, pero tengo que ir a organizar mi ropa para ver si me da tiempo a descansar un rato—mencioné yendo a mi cuarto.
—¡Oye espera!¡Cuéntame más!—gritó, pero cerré la puerta para que no pudiera seguir con el interrogatorio.
Saqué mi vieja maleta del clóset y empaqué alguna que otra cosa, ya que trabajando siempre utilizaría el uniforme. Eran las cuatro cuando vi el reloj, así que decidí dormir un rato.p
Al despertar miré el reloj, eran las seis de la tarde, me sobresalté y me levanté de golpe.
—¡Maldición, ya es tarde!
Me fui directo a la ducha, no me paré a pensar que me pondría, simplemente tomé un pantalón a juego con un pulober negro y para combinar me puse unas botas de término medio. No me maquillé mucho solo me puse un poco de base y labial. Salí de mi habitación, mi madre me miró de pies a cabeza.
—¿No te parece que vas un poco oscura para una cena romántica?—preguntó mirándome un poco raro.
—No es una cena romántica, más bien un castigo—dije con voz de fastidio.
—Oye, pero al final no me contaste como era ese tal Dylan.
—Bueno era...—en ese momento sonó el teléfono salvándome de dar explicaciones. Tomé el teléfono.
—Diga.
—Ya estoy aquí señorita Beltrán.
—¿Señor Kosyan?—pregunté confundida.
—Le dije que conseguiría su número y dirección a como diera lugar—respondió confirmando mi sospecha.
—Bajo en un minuto—colgué cortando la llamada.
—Me voy—le dije a mi mamá abriendo la puerta.
Vivía en un cuarto piso así que tenía que bajar varias escaleras, en realidad no quería seguir bajando, al llegar al último escalón y mirar para la calle me encontré con Dylan apoyado en un Lamborghini, me extrañó tanto verlo con ese auto, ya que ese auto solo lo había visto de vez en cuando en la calle porque esos autos solo lo utilizaban los nobles.
—Buenas tarde señorita Beltrán—saludó Dylan haciendo una reverencia o que es equivalente a estarse burlando de mí.
—Ok, tú ganas, llámame Deborah—respondí harta de eso de "señorita Beltrán".
—Solo te llamaré Deborah si tú me llamas Dylan.
—Está bien, Dylan—respondí levantándo las manos en son de paz
—¿Nos vamos?—preguntó Dylan abriendo la puerta del auto para que yo subiera.
—¿Cómo es que tienes un auto tan caro?—pregunté mirando con curiosidad.
—Te cuento cuando estemos en un lugar más cómodo—finalizó Dylan indicando con la mano que entrará al auto.
Me subí al auto ya que quería saber más de él, tenía curiosidad de saber cómo había conseguido un auto así. Cerró la puerta del copiloto y lo vi rodear el auto para sentarse junto a mí en el asiento del conductor. Arrancó el auto y nos fuimos. En los primeros minutos ninguno de los dos mencionó nada, yo por mi parte esperaba una respuesta, pero en lugar de eso, lo que mencionó me dejó muy confundida.
—Estas muy hermosa.
—¿En serio?—pregunté confundida, él asintió—pues...gracias—fue lo único que pude decir, jamás nadie a excepción de mis padres me había dicho que era hermosa.
—Estas algo callada, y para mí eso es extraño porque en el poco tiempo que te conozco nunca te he visto callada—habló Dylan sin quitar los ojos de la carretera.
—Es que esperaba que contestaras la pregunta que te había hecho—respondí encogiéndome de hombros.
—Sí que eres curiosa—apartó los ojos de camino—te responderé cuando estemos en el restaurante—respondió mirándome por un segundo.
—Pero...—quise protestar, pero me cortó.
—Cuando estemos en el restaurante—respondió mirándome con sus penetrantes ojos oscuros y sentí una presión que me es difícil describir.
—¿A qué restaurante vamos?—decidí cambiar la conversación mirando por la ventanilla.
—¿Eres periodista?—preguntó con una media sonrisa que me dejó sin palabras, pero ¿qué me sucedía?¿por qué me sentía así?
—No, pero mi mejor amiga quiere estudiar periodismo—contesté sin saber a qué se debía su pregunta.
—Entonces, si no eres periodista deja de hacer preguntas y disfruta del viaje—respondió Dylan terminando con la conversación.
No volví a hablar hasta que paramos, al llegar solo me pude fijar en el nombre del restaurante, quedé boquiabierta.
—¿Atlanta?—pregunté atónita, al ver que asentía continué—pero es la mejor cadena de restaurantes de Veldania, ¿cómo es que puedes venir aquí?
No respondió a mi pregunta y se bajó del auto, lo rodeó y me abrió la puerta, me tendió la mano para ayudarme a bajar.
—Dentro del restaurante podrás seguir con el interrogatorio—dijo sonriendo cuando estuve a su lado, yo me sentía como una boba mirando su sonrisa.
Entramos al restaurante y Dylan se dirigió a una muchacha que estaba en el recibidor:
—Buenas noches tengo una reservación para dos.
—Su nombre, por favor—comentó la chica observando su computador
—Dylan Kosyan.
La muchacha comprobó la reservación y se dirigió a nosotros.
—Siganme por favor.
La chica nos llevo a una mesa al final del restaurante alejada de casi todas las demás.
—Por favor póngase cómodos, en un momento vendrán a atenderlos—dijo entregándonos a cada uno un menú, no entendía nada de los platos que me ofrecían. De pronto apareció el camarero para tomar nuestra orden, Dylan pidió calamar y cigala con salsa americana de café y curry o algo así lo escuché pedir, entonces Dylan se giró hacia mí.
—¿Qué quieres pedir, Deborah?
—Lo mismo que has pedido tú—respondí dejando el menú a un lado.
—Bueno, dos calamares y cigalas con salsa americana de café y curry y el mejor vino de la casa—le dijo Dylan al camarero.
Cuando el camarero se retiró, yo ya no aguantaba más la curiosidad así que con tono insistente volví a mencionar.
—¿Ya puedes contestar a mis preguntas?
—Sí , señora, ya podemos iniciar con el interrogatorio—bromeó—¿Cuál es tu primera pregunta?
—¿Cómo es que tienes un auto tan caro?—pregunté gesticulando con las manos.
—Si tu pregunta es si soy noble la respuesta es no—respondió cruzando las manos encima de la mesa.
—Entonces, ¿cómo explicas que tengas un auto tan lujoso y que me hayas traído al restaurante más caro de la ciudad?—respondí porque necesitaba saber la verdad.
—Todo tiene una explicación, mis padres son embajadores de Francia en este país, por eso tengo ese auto y te he traído aquí—respondió—Viajo mucho y no logro hacer verdaderos amigos es por eso que quise cenar contigo, para conocerte mejor.
Cuando iba a hablar llegó el camarero con nuestra orden y otro con una botella de vino.
—Disfruten de su comida—nos dijo el camarero y colocó los platos, el otro abrió la botella y nos sirvió.
Después de que se retiraran los camareros vi como Dylan empezaba a comer, miré los cubiertos bien colocados al lado del plato, pero ¿cuál debía escoger? Había tantos.
—¿Qué sucede?¿No te gusta la comida?—preguntó Dylan dejando de comer.
—No, no es eso—respondí sonriendo—es que no sé que cubierto debo usar.
—Así que era eso—dijo riéndo.
—¡Oye! No te rías de mi infelicidad—respondí haciendo pucheros.
—Tranquila, no te alteres, toma estos cubiertos—dijo señalando a los que tenía en la mano.
—¿Estos?—respondí tomando los cubiertos de la mesa.
—Sí, son esos—respondió metiéndose otro pedazo de cigala a la boca.
Comencé a comer y estaba delicioso, aunque la ración de comida era minúscula.
—¿Cómo está la comida?—preguntó Dylan señalando mi plato que estaba medio vacío.
—Está muy buena, pero es una ración muy pequeña, para llenarme necesitaré tres platos—murmeré acercándome a él para que nadie me escuchará.
—Y ¿qué propones que hagamos?—murmuró sonriendo.
—Bueno tú me trajiste a tu área gastronómica, ahora déjame llevarte a la mía—dije recostandome en el asiento.
—Me parece bien—dijo y le hizo una seña al camarero, cuando se acercó pidió la cuenta y nos fuimos hasta el estacionamiento.
Cuando nos montamos en el auto Dylan preguntó:
—¿A dónde vamos?
—Tú solo sigue mis instrucciones y disfruta del viaje—respondí dándole de su propia medicina.
—Está bien—dijo arrancando el auto.
Salimos del aparcamiento y le di las instrucciones hasta que llegamos a la calle donde estaba mi puesto de papas fritas favorito.
—Llegamos.—anuncié quitándome el cinturón.
—¿Un puesto de papas fritas?—preguntó arqueando una ceja.
—No te equivoques, este no es un puesto de papas fritas normal, sino que es el mejor puesto de papas fritas de la ciudad.—aclaré abriendo la puerta del auto.
Nos bajamos del auto y me acerqué al puesto.
—Buenas noches, nos da dos paquetes de papas fritas—le dije a la mujer que atendía el carrito, la mujer me pasó el pedido.
—Tome, espero que lo disfrute.—respondió la mujer dándome los paquetes de papas fritas—Vuelva pronto.
—Claro que lo haré—dije girándome hacia Dylan.
Le tendí uno de los paquetes y Dylan me miró como si le ofreciera una lagartija de comida.
—¡Oh vamos!, ni que te estuviera ofreciendo algo raro de comida, además las papas de este lugar son muy buenas—dije señalando el puesto con la cabeza.
—No, muchas gracias—respondió girando la cabeza como si no pudiera ni mirar las papas.
—Prueba, aunque sea una—dije acercándole una a los labios. Movió la cabeza de forma negativa y apretó los labios.
—Por favor, solo una.—dije intentando que se comiera la papa—¿Es qué le tienes miedo a una pobre papa frita?—agregué burlandome.
—Está bien pero solo una,—dijo metiéndose una en la boca, de pronto sus ojos se iluminaron y tomó otra papa—o quizás dos, o tres.
—Te dije que eran deliciosas—respondí dándole uno de los paquetes.
—Sí, son muy deliciosas—dijo sonriendo.
—¿Puedo confesarte algo?—dije.
—Claro,me encantan los secretos—dijo acercándose más a mí.
—Esto no es ningún secreto, es que quería decirte que te juzgué mal, pensé que eras un chico rico que no veía más allá de sus narices, pero ahora que te conozco mejor, te debo una disculpa—dije bajando la cabeza.
—Mirame Deborah, por favor—dijo Dylan alzando mi rostro—No debes pedirme disculpa, yo actué mal ayer cuando nos conocimos y es por eso que quien debe pedir disculpas soy yo—nos quedamos mirándonos a los ojos, el momento parecía tan mágico.
De pronto reaccioné, mañana tenía que levantarme muy temprano.
—¿Qué hora es?—pregunté.
—Son las nueve—dijo mirando su reloj.
—Es muy tarde, ya tengo que irme.—dije caminando hacia el auto.
—Pero si aún es temprano—contestó caminando detrás de mí.
—Otro día sería temprano pero hoy ya es muy tarde—respondí cuando llegamos al auto—por favor llévame a casa.
—Está bien.—dijo abriendo la puerta del auto.
Me llevó hasta la casa y el paseo me pareció muy corto. Ahora que conocía un poco mejor a Dylan quería ser su amiga a pesar de lo que me hacía sentir en algunos momentos.
Llegamos hasta el edificio donde vivía y me bajé del auto, Dylan también se bajó del auto, lo rodeó y se acercó a mí.
—Bien, ya estás sana y salva en tu casa—susurró Dylan muy cerca de mí.
—Gracias por esta maravillosa cena—dije y me giré para entrar al edificio, pero Dylan me tomó la mano.
—Me gustaría volver a verte—dijo cuando me giré hacia él.
—Tienes mi número y sabes dónde vivo, cuando quieras salir llámame. Nos vemos otro día—respondí.
—Nos vemos.—se despidió soltando mi mano.
Subí hasta mi casa y al entrar mi madre estaba viendo su novela preferida.
—¿Cómo estuvo tú cita?—preguntó mamá al verme.
—Estuvo muy bien—respondí encogiendome de hombros, estaba cansada y no quería hablar del tema.
—¿No me vas a contar nada?—preguntó con curiosidad.
—Quizás otro día, ahora estoy muy cansada—dije dirigiendome a mi cuarto.
—¡¿Por qué siempre me haces esto?!—gritó con fastidio.
—Buenas noches mamá.—dije con una sonrisita traviesa.
Entré a mi habitación y me di un baño, estando ahí dentro solo podía pensar en Dylan y en nuestro paseo, fue maravilloso. Salí del baño y me acosté en la cama, mañana tenía que levantarme temprano.
Después de ese día empezaron a llegar flores de Dylan que decía "Di que sí. Por favor". Hasta que llegó uno que decía:Nos vemos este domingo. Un chófer pasará por ti a las 8:00 p.m. BesosPD:Di que sí Dylan.Al leer esa nota sonreí como toda una idiota, pero de pronto la realidad se me vino encima <<Rayos, ¿qué me iba a poner?>>. Pensé en la única solución posible y fui corriendo a donde estaba Elsa.—Elsa, necesito ayuda urgente—dije jalándola del brazo.—¿De qué se trata?—preguntó.—Dylan me ha invitado a salir el domingo, pero no tengo que ponerme—expliqué y junté mis manos en forma de súplica.—Lo siento, pero yo no tengo ningún vestido aquí—dijo Elsa—, la única que tenía era Judith pero esta es su semana de descanso
El beso de Dylan fue diferente a cualquier otro; sus labios rozaron los míos en una invitación a abrirlos y cuando lo hice me invadió con su lengua profundizando el beso. Me abracé a él y le correspondí como si una fuerza me llevara él, no podía detenerlo, tampoco pensar, sólo besarlo. Él me apretó con sus fuertes brazos para acercarme más a él, como si eso fuera posible. El beso se volvió más intenso y me sentí desfallecer, por Dios, que bien besaba este hombre; sentía como si hubiera fuegos artificiales y miles de mariposas aparecieron en mi estómago, era increíble todo lo que un beso como ese ocasionaba. Deseaba estar en sus brazos y besarlo para siempre, pero de pronto algo de cordura vino a mi mente y con toda la fuerza que obtuve lo empuje terminando así con el beso.—¿Por...por qué me besaste?—pregunté agitada por el apasionado momento.—Esto es lo que debería haber pasado en la cocina antes de que tu madre nos interrumpiera—respondió también algo agitad
—Deborah, ¿dónde estás?—escuché que preguntó mi madre a la distancia; eso nos sacó de nuestra burbuja. Dylan cerró los ojos por un instante para después separarse de mí y sentarse en una silla con los brazos cruzados, parecía algo enojado.—Aquí estás—dijo mamá parada en la puerta de la cocina—.Dylan, ¿no estás ayudando a Deborah?—preguntó al percatarse de su presencia.—Su hija dice que no sé hacer nada—respondió Dylan señalándome como si estuviera acusándome de algo.—Hija ¿por qué no dejas que Dylan te ayude?—preguntó mamá como si fuera su abogada defensora.—Pero si no sabe ni usar una aspiradora—me defendí.—¡Venga ya! Si no sabe, enséñale; tú tampoco naciste sabiendo como hacerlo —indicó a modo de regaño.—Está bien, que me ayude—bufé cruzándome de brazos.—Muy bien, entonces los dejaré solos para que terminen—dijo mamá retirándose de la cocina.Después de que mi madre se fuera de la cocina, Dylan se levantó de la silla y se paró
Un mes después...Este mes que llevaba trabajando en la Mansión Constan había sido una tortura, me había sentido como una verdadera Cenicienta. Como era la empleada nueva, cada vez que alguien se ausentaba tenía que cubrirlo yo, ahí aprovechaban mis carceleras para mandarme a hacer los trabajos más difíciles. Janet y la Condesa: Lady Susan, habían hecho de mí su diversión personal. Está última era la prometida del príncipe y por eso era así de malvada, era una chica muy bella de ojos claros y pelo negro, pero la belleza era solo externa porque por dentro era una víbora que lo único que tenía de lady era el título.Por suerte no solo tenía enemigos, sino que también había ganado amigos como la señora Sofía, la señora Esther, Judith, Elsa y Antonia; ellas eran como un descanso para mí. Judith y Antonia, eran unas locas de la vida y me hacían reír con sus innumerables anécdotas, Elsa era algo más callada, pero aún así nos llevábamos muy bien.—Deborah, el camión que n
Escuché la alarma de mi despertador, pero no recordaba para que tenía que levantarme. Busqué el despertador a ciegas para luego apagarlo. Abrí los ojos y me quedé mirando al techo y de pronto recordé que hoy era mi primer día en la Mansión Constan. Me levanté lo más rápido de la cama, porque tenía que preparar mi desayuno. Pero al llegar a la cocina me quedé helada, mi madre estaba haciendo el desayuno.—¿Qué estrella cayó del cielo para que te levantarás tan temprano para hacerme el desayuno?—bromeé.—Ninguna, solo quería despedirme de ti—respondió pendiente a los fogones.—Vamos, ni que me fuera al polo norte—dije sentándome.—Las madres siempre nos sentimos tristes, aunque nuestros hijos se muden a la otra esquina—respondió mamá poniendo el desayuno en la mesa.—Supongo que no entiendo ese sentimiento de madre, pero puedo decir que yo también te extrañaré—respondí y probé un crepé que mi mamá había preparado—Como siempre está delicioso.—Bien,
Como le dije a mi madre me presenté en casa de la Duquesa de Constan y me quedé asombrada porque si eso era una casa¿dónde había estado viviendo yo?. Esa mansión era tan enorme que parecía un palacio, era blanca con el techo azul, los ventanales eran grandes, el césped bien cortado alrededor de un camino que terminaba en una gran fuente y todo estaba rodeado por una verja dorada de dos metros aproximadamente.Al llegar a la entrada vi que había una pequeña caseta, en ella estaba un hombre, al verme se acercó.—Buenos días señorita, ¿puedo ayudarla en algo?—Buenos días, estoy aquí para el trabajo de sirvienta, me dijeron que debía hablar con Madame Müller—dije sonriendo.—Deme un segundo—tomó un teléfono que había sobre una mesa y lo vi hablando por unos minutos, luego colgó y se giró hacia mí sonriendo—Puede pasar, Madame Müller la está esperando. Entre y siga el camino a mano derecha, siga hasta el final del pasillo y allí encontrará una puerta donde la est