Home / All / No soy Cenicienta / Capítulo 4: Reencuentro

Share

Capítulo 4: Reencuentro

Author: Hana Roberts
last update publish date: 2020-10-30 14:06:12

Un mes después...

Este mes que llevaba trabajando en la Mansión Constan había sido una tortura, me había sentido como una verdadera Cenicienta. Como era la empleada nueva, cada vez que alguien se ausentaba tenía que cubrirlo yo, ahí aprovechaban mis carceleras para mandarme a hacer los trabajos más difíciles. Janet y la Condesa: Lady Susan, habían hecho de mí su diversión personal. Está última era la prometida del príncipe y por eso era así de malvada, era una chica muy bella de ojos claros y pelo negro, pero la belleza era solo externa porque por dentro era una víbora que lo único que tenía de lady era el título.

Por suerte no solo tenía enemigos, sino que también había ganado amigos como la señora Sofía, la señora Esther, Judith, Elsa y Antonia; ellas eran como un descanso para mí. Judith y Antonia, eran unas locas de la vida y me hacían reír con sus innumerables anécdotas, Elsa era algo más callada, pero aún así nos llevábamos muy bien.

—Deborah, el camión que nos trae la comida está en la bodega descargando, ¿podrías ir con Judith a supervisar que no nos falte nada?—dijo la señora Sofía.

—Sí, claro señora Sofía—dije.

Judith y yo nos dirigimos hacia donde estaba la bodega, y al llegar Judith exclamó:—¡Dios mándame lo mío para no mirar lo ajeno!

Al oír esa frase me quedé analizándola y sonreí al comprender que el motivo por el que lo decía era porque los hombres que estaban cargando las cajas eran muy fuertes y atractivos. De pronto me fijé en uno de los hombres y me quedé sin palabras al ver que se trataba de Dylan, al cual no había visto desde que había empezado a trabajar en la mansión. Él también se percató de mi presencia y sus ojos se fijaron en mí como un león mirando a su presa, muy típico, diría yo. Pero para mi sorpresa no se acercó a mí ni me saludó, sino que siguió su camino hasta entrar a la bodega.

¿Pero que pasaba a ese hombre? ¿Es qué ya no me conocía?¿Me había equivocado con respecto a sus ojos? Bueno eso ahora no importaba, yo no deseaba verle por alguna razón me sentía alegre y nerviosa al verlo, así que si no quería tentar a la suerte era mejor que me fuera.

—Judith ¿puedes supervisar a los hombres tú sola?, es que había olvidado que tenía que ayudar a Elsa con la limpieza de los cubiertos—dije aprovechando que Judith no se había percatado de nada pues estaba ocupada mirando a los trabajadores.

—Claro amiga, ve, que yo me encargo de esto.

—Gracias Judith—dije y me fui casi corriendo en dirección contraria a la bodega.

Cuando estaba llegando a la cocina una mano me tomó del brazo y al girarme me encontré con la cara de Dylan a pocos centímetros de la mía.

—Es de mala educación no saludar—indicó Dylan sin despegarse ni un centrimetro de mí y con una media sonrisa en el rostro.

—Dylan—susurré mirando sus ojos fijamente. Ahora que lo tenía tan cerca observé cada detalle de su bello rostro, y al mirar sus labios sentí unos inmensos deseos de que me besara y se que él también lo deseaba. Pero saqué esa idea de mi mente para volver mi vista a sus ojos.

—¿Por qué te fuiste sin saludarme?¿Es que no deseabas hablar conmigo?—preguntó.

—Claro que no, es que tenía mucho trabajo.—me excusé, él había dado en el clavo al pensar que no quería hablar con él, pero no se lo diría, no iba a admitirlo —Además, tú tampoco te acercaste a saludarme así que pensé que no me habías reconocido—añadí separándome de él ya que si seguía así de cerca creo que cometería una terrible locura.

—Discúlpame si no me acerqué a saludarte, pensé en dejar primero las cajas y después ir a hacerlo. Pero cuando salí de la bodega ya no estabas—explicó mirándome con gran intensidad. 

Oh, señor que mirada.

—Ah, con qué era eso—respondí comprendiendo la situación.

—Claro, ¿cómo pudiste pensar que no reconocería tu hermoso rostro?—dijo acariciando mi mejilla y en ese momento sentí un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

—Pero, ¿cómo supiste a donde había ido si tú estabas en la bodega?—inquirí sacando otro tema de conversación, sentía la necesidad de desviarlo sino esto se saldría de control.

—Pues, cuando salí de la bodega te busqué por todos lados y al no verte le dije a la mujer que andaba contigo que éramos amigos y que quería saludarte, pero no te veía; entonces ella me explicó que tenías trabajo en la cocina y me indicó el camino para llegar a ella.—contó—Aunque esa chica no tiene pelos en lengua al hablar.

—¿Por qué lo dices?—pregunté abriendo mucho los ojos. ¿Qué habría dicho Judith?

—Es que cuando le dije que era tú amigo me dijo que si éramos solo amigos o éramos un poco más. Aunque ahora me preguntó si tú habrás dado razones para que ella pensara eso.—dijo con una sonrisita.

—No, claro que no. Mis compañeros de trabajo ni siquiera han escuchado hablar de ti.—le dije muy normal.

—¿En serio?—preguntó algo extrañado y al verme asentir añadió—Entonces hay que arreglar ese pequeño problema.

Sin decir más comenzó a caminar y yo a seguirle casi corriendo.

—Espera—dije y cuando se detuvo me paré frente a él hablé nuevamente —Dylan, hoy no es el día, tenemos mucho trabajo que hacer.—creo que esa fue más bien una excusa.

—Vamos—dijo y tomó mi mano—,solo será un minuto—agregó, pero esta vez arrastrándome.

—¡Dylan!—grité pero no sirvió de nada, no se detuvo hasta que estuvimos frente a la cocina.

—Vamos entremos—dijo señalando la puerta de la cocina con la cabeza.

—Dylan, por favor, ya te dije que hoy no es el mejor día.

—Pero que dices, hoy es un día muy lindo.

—Pero es mejor que yo las prepare primero y después te presento—respondí y lo vi meditarlo.

—Está bien, no me presentarás hoy—cuando dijo eso respiré profundo—.Pero a cambio tendrás una cita conmigo.

—Pero que dices, trabajo todos los días y no tengo ni un minuto libre y los domingos visito a mi madre.—de verdad me estaba invitando a salir.

—Pero no tienes que dejar de visitar a tú madre.

—Pero...

—Shh—dijo y me puso un dedo sobre los labios—.Te vendré a recoger temprano y nos iremos a casa de tú madre, y a partir del mediodía eres mía.

Me quitó el dedo de los labios y dijo:

—Te espero el domingo en la parada de autobuses de aquí—habló y me dio un beso en la mejilla—Adiós, Deborah—se despidió y pasó por mi lado.

Me quedé unos minutos quieta y luego la única reacción que tuve fue girar la cabeza en su dirección y ver como se iba alejando. Cuando lo perdí de vista decidí entrar a la cocina.

Al entrar, Elsa, la señora Esther y la señora Sofía me miraron con cara de curiosidad.

—¿Quién era?—preguntó Elsa cruzándose de brazos.

—¿De quien me hablas?—dije haciendo como que no sabía a lo que se refería.

—Oye, no te hagas la boba muchacha, hablamos del hombre que estaba hablando contigo allá fuera—dijo la señora Esther.

—¿Nos estaban espiando?—pregunté aún cuando ya conocía la respuesta.

—Espiar no es la palabra correcta. Observar, esa es la palabra correcta—intervino la señora Sofía.

—Ustedes tres son unas chismosas—dije fingiendo enfado e indignación.

—Deborah, no intentes cambiar de tema y responde a nuestra pregunta—respondió Elsa desenmascarando mis verdaderas intenciones.

—¿Por qué he de contestar a su pregunta?—comuniqué.

—¿Tienes algo que ocultar?-preguntó la señora Esther.

—No—contesté encogiéndome de hombros porque era la verdad.

—Entonces acaba de contarnos quién era—dijo la señora Esther.

—Está bien, ya que veo que no me dejarán hasta que se los diga—dije rindiéndome ante las caras de felicidad de aquellas tres—.Él es Dylan, un amigo.

—¿Si son amigos por qué parecían más íntimos?—interrogó la señora Sofía y en su rostro se reflejaba una mirada acusadora.

—Espera un momento—intervino Elsa—,¿son amigos a secas, amigos con derechos o es un medio novio?

—Pero ¡qué dices!—exclamé, no podía creer que esas palabras hayan salido de ella—somos solo amigos.

—Pues no te creo—respondió Elsa y la señora Sofía y Esther asintieron dándole así la razón a lo que ella decía.

—¡Piensen lo que quieran!—expresé—Y ahora vamos a trabajar que después las arpías me echarán la culpa.

Todas volvieron a trabajar pero se pasaron el día cuchicheando, hasta se lo contaron a Antonia que también intentó sacarme algo de información, pero no lo logró, y cada vez que alguna de ellas pasaba por mi lado me miraban como si así pudieran sacarme algo; pero yo no diría más nada, y menos hablaría sobre mi cita el domingo. Porque si solo diciendo que éramos amigos habían formado esto, no quería ver qué pasaría si se enteraban de esa cita.

♡♡♡♡♡♡♡♡♡♡

El domingo me levanté mucho antes que todos los demás, me puse unos vaqueros, una blusa azul, unos tenis blancos a juego y me hice una cola. Al terminar miré por la ventana y vi que todavía estaba oscuro, así que decidí esperar a que amaneciera un poco porque la parada de autobús quedaba un poco lejos de la mansión y me daba algo de miedo caminar con esa oscuridad hasta allí.

Al ver que ya había amanecido lo suficiente salí de la casa y saludé al señor Jack.

—Hola señor Jack.—saludé agitando la mano.

—Hola Deborah, ¿ya te vas a casa?—dijo con una sonrisa.

—Sí, tengo mucho que hacer.—le contesté amablemente.

—Nos vemos mañana.

—Hasta mañana.

Después de despedirme del señor Jack me dirigí hacia la parada a esperar por Dylan o por el autobús, a quien llegara primero. Aunque una parte de mí también esperaba que a Dylan se le hubiera olvidado esa idea de tener una cita conmigo.

Mis deseos se cumplieron cuando vi que se acercaba el autobús y no había ni rastro de Dylan, pero de pronto, por al lado del autobús pasó un auto que frenó frente a mí.

—¿Llego demasiado tarde?—preguntó Dylan bajando la ventana ante mi atónita mirada. Estaba muy guapo, llevaba unos pantalones negros, una camiseta blanca con una chaqueta negra por encima y unos lentes oscuros que tapaban sus hermosos ojos.

—No, llegas bien; pero creo que deberíamos dejar esta cita para otro día—planteé.

—Te subes al auto o me bajo y te subo—respondió mirándome por encima de sus lentes—,y no lo haré de la mejor manera—agregó con un tono de arrogancia en su voz.

Me monté en el auto, era lo mejor porque, aunque no lo conocía mucho, estaba segura que sí cumpliría lo que dijo, y era mejor prevenir eso.

—¿Nos vamos ya?—preguntó él mientras yo me ponía el cinturón.

—Sí—respondí.

Nos fuimos y los primeros minutos del viaje nos quedamos en silencio.

—Ayer se me olvidó preguntarte algo—dije rompiendo el hielo.

—Tú dirás.

—Si tus padres son embajadore, ¿qué hacías cargando cajas de comida en la mansión?

—Andy, el dueño del camión, es un amigo mío. Unos de sus trabajadores no podía estar ese día, así que yo decidí ayudarlo—explicó—¿Por qué? no te gustan los hombres que son pobres—agregó un poco a la defensiva.

—Pero que dices, me parece que mi familia es pobre.—respondí enojada—. Además si vamos preguntar a quien no le gustan los pobres podemos empezar por ti, príncipe azul—al decir eso vi como sus músculo se tensaban.

—¿Por qué dices eso?—inquirió Dylan.

—¿Aún preguntas por qué?, el Señor Dylan Kosyan, hijo de embajadores, con un Lamborghini de muerte y que seguro que tiene muchas nobles en la perdición—dije enojada—¿Quieres que continúe?—le pregunté.

—No, mejor que no lo hagas porque lo único que estás diciendo son ridiculeces—respondió Dylan con furia.

—¿Estás diciendo que soy una ridícula?—pregunté tan furiosa que sentía que el humo ya había empezado a salir de mis orejas.

—No fue lo que quise decir.

—Mira, dejémoslo aquí o podríamos empeorar todo—advertí.

Dylan quiso protestar, pero al final se lo pensó mejor y se calló. Nos pasamos el resto del camino callados y cada en su lado, pero eso sí, ambos estábamos enojados, pero ninguno quería ceder. Al llegar a la reja de mi edificio dije sin mirarlo:

—Gracias por traerme—me bajé aún sin dirigirle ni una mirada.

Él también se bajó y rodeó el auto, cuando estuvo frente a mí se quitó los lentes mientras decía:

—Deborah, siento mucho como me comporté de camino acá, cuando analicé bien la situación me di cuenta de que yo no tenía razón para enojarme. ¿Me disculpas?—parecía muy arrepentido 

—Claro que sí bobo, también se me pasó la mano con algunas cosas —respondí. En realidad, yo me había dado cuenta que nuestra discusión había sido una tontería, pero mi orgullo me impidió dar el primer paso—Ahora me voy, estoy loca por ver a mamá. Nos vemos ahorita.

—En realidad, pensaba ir a tu apartamento después de que guarde el carro, pero si tú no quieres me voy—dijo.

—Puedes quedarte si quieres, pero te advierto que tendrás que ayudarme a limpiar y cocinar—advertí con una sonrisa al imaginar a Dylan limpiando y cocinando.

—Correré el riesgo-afirmó.

—Pues entonces ve a guardar el auto y te espero en mi casa, ¿sabes cual es?

—Sí, no te preocupes—dijo dirigiéndose al auto.

Cuando lo vi arrancar subí hasta mi casa y al abrir la puerta estaba la señora Concha (nuestra vecina) hablando con mi madre, sentadas muy cómodas en sofá.

—Buenos días—saludé cerrando la puerta.

—Hola hija, llegaste más temprano que de costumbre, ¿acaso pasó el autobús más temprano?—dijo mamá y vi como Concha estaba muy atenta a mi respuesta a pesar de que intentara disimularlo.

¿Por qué todas las señoras tienen ese espíritu que las guían a ser chismosas?

—Algo así—contesté renuente a hablar frente a la vecina más chismosa de todo el vecindario.

—Bueno, imagino que tendrá mucho de qué hablar—indicó Concha dándose cuenta de la situación—,nos vemos luego—se despidió de mi mamá.

—Ahora que ya se ha ido—señaló mamá cuando sintió la puerta cerrarse—, ven y cuéntame todo—agregó señalando el sofá para que yo me sentara.

Me senté y justo en el momento en que iba a hablar tocaron a la puerta.

—¡Maldita sea, es como si el destino conspirar en mi contra!

—No grites mamá—dije imaginándome quién había tocado en la puerta—,ahora continuamos con la conversación—agregué abriendo la puerta. 

Frenté a mí como ya había de suponer, estaba Dylan.

—Entra—dije tomándolo del brazo y jalándolo hacia dentro de la casa—.Mamá te presentó a Dylan, Dylan, ella es mi madre Ada—le presenté ante la sorprendida cara de mi madre.

—Un placer señora Beltrán—dijo tomando la mano de mi madre y besándola como todo un caballero. Mi madre me miraba sin dar créditos lo que estaba pasando, por la cara que tenía me parece que no podía creer que después de tanto tiempo hubiera traído un chico a casa.

—El placer es mío—respondió mamá aún sin salir de su asombro.

—Dylan me trajo en su auto porque tenemos una cita después de que termine de ayudarte—expliqué y vi que al mencinar la palabra cita la cara de mi madre pasaba de total incredulidad a una felicidad absoluta, así que para ver cómo reaccionaba le pregunté—¿No te molesta que no me quede todo el día?

—No, claro que no.—dijo—.Pero no se queden ahí parados, pasen; he preparado el desayuno.

Nos dirigimos hacia la cocina donde estaba la sencilla mesa de cuatro sillas con un mantel de cuadros. Mi madre había preparado crepes y tostadas de mantequilla.

Nos sentamos todos a la mesa y comencé a comer con mucho gusto pero me di cuenta que Dylan no había probado ni un crepé.

—Oye, ¿no piensas probar nada?—pregunté señalando los diferentes plantillos sobre la mesa.

—No, muchas gracias, ya desayuné—se excusó intentando esconder que la comida no era de su agrado. Pero yo no me rendiría, no sé iría sin probar al menos un crepé.

—Prueba, aunque sea uno—dije poniendo un crepé en su plato.

—Oye de verdad que no quiero.—respondió alejando el plato de él.

—Hija, si Dylan no quiere es mejor que no lo obligues—dijo mamá.

—No mamá, Dylan es así, es de los que no les gustan las cosas sin haberlas probado—respondí mirándolo con ojos acusadores.

—Está bien, Deborah si insistes lo probaré—respondió picando un pequeño pedazo de crepé. 

Se comió el pedazo y como sucedió con las papas, tomó otro pedazo, pero esta vez más grande.

—Señora Beltrán, estos crepes están deliciosas.

—¿De verdad?—dije mi madre llevándose la mano al pecho con gran alegría.

—Sí, son adictivas—dijo terminándose el primer crepé y tomando otro.

—Come, pero déjanos a nosotras también—dije tomando una tostada con mantequilla.

Terminamos de desayunar y yo le dije a mamá que se fuera a descansar un rato, que yo me encargaba de limpiar y hacer el almuerzo.

Después de que mi madre se fuera al cuarto nos fuimos a la sala:

—Voy a mi cuarto a cambiarme, ahora regreso—le dije a Dylan mientras esté se sentaba en el sofá.

—¿No necesitarás ayuda?—preguntó con una sonrisita traviesa.

—No, muchas gracias—respondí y me fui a mi habitación donde me puse una ropa más cómoda para trabajar y después regresé hacia donde había dejado solo a Dylan.

—Comencemos a trabajar que hay varias cosas que hacer—dije haciendo un gesto para que se pusiera de pie—. Supongo que al menos sabes cómo usar una aspiradora—agregué entregándole la aspiradora.

—No, en realidad no; las he visto, pero jamás la he usado—dijo revisando la aspiradora por todos lados.

—¿En serio no sabes ni usar una aspiradora?—bufé alzando los brazos y dejándolos caer de nuevo a ambos costados—. ¿Pero en qué mundo vives?

—En el mundo en el que hacen todo por ti: cocina, limpia, te ayudan a vestirte—respondió dejando la aspiradora en el suelo.

—Pobre bebé—dije apoyando la cabeza en una de mis mano—. ¿Sabes hacer algo por ti solo?

—Sí, estudié un curso de fotografía y soy muy bueno como fotógrafo—dijo aparentemente muy orgulloso de eso.

—Bueno eso no me sirve mucho ahora, así que te enseñaré cómo se usa una aspiradora—dije tomando las aspiradora para enseñarle cómo se utilizaba, aunque me llevó más tiempo de lo que pensé y al final terminé limpiando yo sin su ayuda. Luego me fui a la cocina y decidí preparar una sopa y dejé a Dylan en la sala ya que no podría ayudarme sino únicamente retrasarme. Inicié una danza por la cocina cortando y calentando y en un momento determinado me giré hacia la puerta y ahí estaba Dylan, recostado al marco de la puerta, con una sonrisa que hacía que no pudieras dejar de verlo, en fin, estaba guapísimo.

—Por favor continúa, yo solo te estaré mirando desde aquí—dijo acomodándose.

—¿No será mejor que me esperes en la sala?—pregunté arqueando una ceja.

—No, prefiero estar aquí—dijo.

—Es que no me gusta tener a nadie en la cocina sino está haciendo nada—dije siguiendo con mi trabajo.

—Entonces será mejor que te ayude porque no quiero estar solo en ese sofá hasta que termines—dijo despegándose de la puerta.

—No, muchas gracias, puedo terminar esto sola—le contesté concentrada en contar cebollas. 

De pronto me giré para buscar el ajo, pero al hacerlo me encontré con Dylan casi pegado a mí. Sus ojos miraban mis labios y aunque mi cerebro me decía que no lo hiciera, yo también miré los suyos de la misma manera, pero luego desvié mi mirada a sus ojos de nuevo. Él me acarició la mejilla y se inclinó hasta que nuestras narices se rosaron y... 

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • No soy Cenicienta    Capítulo 7: La decisión

    Después de ese día empezaron a llegar flores de Dylan que decía "Di que sí. Por favor". Hasta que llegó uno que decía:Nos vemos este domingo. Un chófer pasará por ti a las 8:00 p.m. BesosPD:Di que sí Dylan.Al leer esa nota sonreí como toda una idiota, pero de pronto la realidad se me vino encima <<Rayos, ¿qué me iba a poner?>>. Pensé en la única solución posible y fui corriendo a donde estaba Elsa.—Elsa, necesito ayuda urgente—dije jalándola del brazo.—¿De qué se trata?—preguntó.—Dylan me ha invitado a salir el domingo, pero no tengo que ponerme—expliqué y junté mis manos en forma de súplica.—Lo siento, pero yo no tengo ningún vestido aquí—dijo Elsa—, la única que tenía era Judith pero esta es su semana de descanso

  • No soy Cenicienta    Capítulo 6: E* beso

    El beso de Dylan fue diferente a cualquier otro; sus labios rozaron los míos en una invitación a abrirlos y cuando lo hice me invadió con su lengua profundizando el beso. Me abracé a él y le correspondí como si una fuerza me llevara él, no podía detenerlo, tampoco pensar, sólo besarlo. Él me apretó con sus fuertes brazos para acercarme más a él, como si eso fuera posible. El beso se volvió más intenso y me sentí desfallecer, por Dios, que bien besaba este hombre; sentía como si hubiera fuegos artificiales y miles de mariposas aparecieron en mi estómago, era increíble todo lo que un beso como ese ocasionaba. Deseaba estar en sus brazos y besarlo para siempre, pero de pronto algo de cordura vino a mi mente y con toda la fuerza que obtuve lo empuje terminando así con el beso.—¿Por...por qué me besaste?—pregunté agitada por el apasionado momento.—Esto es lo que debería haber pasado en la cocina antes de que tu madre nos interrumpiera—respondió también algo agitad

  • No soy Cenicienta    Capítulo 5: La cita

    —Deborah, ¿dónde estás?—escuché que preguntó mi madre a la distancia; eso nos sacó de nuestra burbuja. Dylan cerró los ojos por un instante para después separarse de mí y sentarse en una silla con los brazos cruzados, parecía algo enojado.—Aquí estás—dijo mamá parada en la puerta de la cocina—.Dylan, ¿no estás ayudando a Deborah?—preguntó al percatarse de su presencia.—Su hija dice que no sé hacer nada—respondió Dylan señalándome como si estuviera acusándome de algo.—Hija ¿por qué no dejas que Dylan te ayude?—preguntó mamá como si fuera su abogada defensora.—Pero si no sabe ni usar una aspiradora—me defendí.—¡Venga ya! Si no sabe, enséñale; tú tampoco naciste sabiendo como hacerlo —indicó a modo de regaño.—Está bien, que me ayude—bufé cruzándome de brazos.—Muy bien, entonces los dejaré solos para que terminen—dijo mamá retirándose de la cocina.Después de que mi madre se fuera de la cocina, Dylan se levantó de la silla y se paró

  • No soy Cenicienta    Capítulo 4: Reencuentro

    Un mes después...Este mes que llevaba trabajando en la Mansión Constan había sido una tortura, me había sentido como una verdadera Cenicienta. Como era la empleada nueva, cada vez que alguien se ausentaba tenía que cubrirlo yo, ahí aprovechaban mis carceleras para mandarme a hacer los trabajos más difíciles. Janet y la Condesa: Lady Susan, habían hecho de mí su diversión personal. Está última era la prometida del príncipe y por eso era así de malvada, era una chica muy bella de ojos claros y pelo negro, pero la belleza era solo externa porque por dentro era una víbora que lo único que tenía de lady era el título.Por suerte no solo tenía enemigos, sino que también había ganado amigos como la señora Sofía, la señora Esther, Judith, Elsa y Antonia; ellas eran como un descanso para mí. Judith y Antonia, eran unas locas de la vida y me hacían reír con sus innumerables anécdotas, Elsa era algo más callada, pero aún así nos llevábamos muy bien.—Deborah, el camión que n

  • No soy Cenicienta    Capítulo 3: Mansión Constan

    Escuché la alarma de mi despertador, pero no recordaba para que tenía que levantarme. Busqué el despertador a ciegas para luego apagarlo. Abrí los ojos y me quedé mirando al techo y de pronto recordé que hoy era mi primer día en la Mansión Constan. Me levanté lo más rápido de la cama, porque tenía que preparar mi desayuno. Pero al llegar a la cocina me quedé helada, mi madre estaba haciendo el desayuno.—¿Qué estrella cayó del cielo para que te levantarás tan temprano para hacerme el desayuno?—bromeé.—Ninguna, solo quería despedirme de ti—respondió pendiente a los fogones.—Vamos, ni que me fuera al polo norte—dije sentándome.—Las madres siempre nos sentimos tristes, aunque nuestros hijos se muden a la otra esquina—respondió mamá poniendo el desayuno en la mesa.—Supongo que no entiendo ese sentimiento de madre, pero puedo decir que yo también te extrañaré—respondí y probé un crepé que mi mamá había preparado—Como siempre está delicioso.—Bien,

  • No soy Cenicienta    Capítulo 2: La Cena

    Como le dije a mi madre me presenté en casa de la Duquesa de Constan y me quedé asombrada porque si eso era una casa¿dónde había estado viviendo yo?. Esa mansión era tan enorme que parecía un palacio, era blanca con el techo azul, los ventanales eran grandes, el césped bien cortado alrededor de un camino que terminaba en una gran fuente y todo estaba rodeado por una verja dorada de dos metros aproximadamente.Al llegar a la entrada vi que había una pequeña caseta, en ella estaba un hombre, al verme se acercó.—Buenos días señorita, ¿puedo ayudarla en algo?—Buenos días, estoy aquí para el trabajo de sirvienta, me dijeron que debía hablar con Madame Müller—dije sonriendo.—Deme un segundo—tomó un teléfono que había sobre una mesa y lo vi hablando por unos minutos, luego colgó y se giró hacia mí sonriendo—Puede pasar, Madame Müller la está esperando. Entre y siga el camino a mano derecha, siga hasta el final del pasillo y allí encontrará una puerta donde la est

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status