LOGIN—Deborah, ¿dónde estás?—escuché que preguntó mi madre a la distancia; eso nos sacó de nuestra burbuja. Dylan cerró los ojos por un instante para después separarse de mí y sentarse en una silla con los brazos cruzados, parecía algo enojado.
—Aquí estás—dijo mamá parada en la puerta de la cocina—.Dylan, ¿no estás ayudando a Deborah?—preguntó al percatarse de su presencia.
—Su hija dice que no sé hacer nada—respondió Dylan señalándome como si estuviera acusándome de algo.
—Hija ¿por qué no dejas que Dylan te ayude?—preguntó mamá como si fuera su abogada defensora.
—Pero si no sabe ni usar una aspiradora—me defendí.
—¡Venga ya! Si no sabe, enséñale; tú tampoco naciste sabiendo como hacerlo —indicó a modo de regaño.
—Está bien, que me ayude—bufé cruzándome de brazos.
—Muy bien, entonces los dejaré solos para que terminen—dijo mamá retirándose de la cocina.
Después de que mi madre se fuera de la cocina, Dylan se levantó de la silla y se paró frente a mí.
—Deborah, respecto a lo que sucedió, yo...—empezó a decir pero lo interrumpí.
—¿Lo que sucedió?¿Qué sucedió?—pregunté haciéndome la desentendida.
—Deborah, sabes perfectamente de lo que estoy hablando—me dijo mirándome con ojos enojados.
—Mira, lo único que sé ahora mismo es que tengo que terminar la sopa—dije mirándolo también de malos modos—,y si no vas a ayudarme es mejor que vuelvas a la sala.
—Está bien, no diré nada del tema, por ahora—dijo muy cerca de mí, pero después se alejó—Ahora dime para qué soy útil.
—Tú toma el mortero y machuca los condimentos, ya que no quiero que te cortes un dedo—dije dándole el mortero.
—Que considerada al pensar en mis pobres dedos—dijo sarcásticamente.
—Dejemos las tonterías y pongamos a cocinar —dije dando por terminada la conversación.
Terminamos de cocinar la sopa y por suerte Dylan no resultó tan torpe como con la aspiradora.
—¿Quieres probar un poco de sopa?—le pregunté a Dylan.
—No, no quiero sopa—respondió algo cortante, mientras cocinabamos había estado más relajado, pero ahora volvía a estar enojado— ¿Podemos irnos?
— Está bien,vamos a despedirnos de mi madre y nos vamos—respondí.
Salimos de la cocina y nos dirigimos para la sala y mi madre estaba allí durmiendo.
—No hagamos ruido—susurré a Dylan poniéndome un dedo en los labios en señal de silencio.
Busqué un papel y lápiz en mi cuarto y escribí:
Mamá, no quise despertarte porque sé lo cansada que estás. La sopa está en la olla, solo debes calentarla.
Te dejé algo de dinero en donde siempre, úsalo para lo que necesites. Besos
Deborah.
Puse la nota en la mesita junto al sofá, le di un beso en la frente y me levanté. Le hice una señal a Dylan con la mano para que se acercara a la puerta y la abrí cuidadosamente para que no hiciera ruido, cuando Dylan salió miré por última vez a mamá y también salí.
Esperé a que Dylan sacara el auto de aparcamiento y cuando estuvo delante de mí, Dylan se bajó del auto y preguntó:—¿A dónde vamos ahora?
—No sé, tú eras el que quería tener una cita—respondí encogiendome de hombros.
—Sí, pero no planee nada—dijo apoyándose en el auto.
—Bueno, entonces volveré a casa y dejamos la cita para otro día—respondí con una media sonrisa y me giré para volver al edificio.
—¡Detente ahí donde estás!—exclamó Dylan y me giré. Él se acercó a mí y dijo—:Ya sé a donde vamos a ir.
—¿Y a dónde? si se puede saber—respondí cruzándome de brazos.
—Vamos a ir al parque de diversiones.
—Es juego ¿no?—contesté levantando una ceja.
—Para nada, querías en lugar y ya lo tienes—respondió—.Ahora vamos, sube al auto.
—No hay otra opción—dije caminando hacia el auto y nos fuimos para el parque.
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Era algo ridículo que fuéramos a un parque con nuestra edad, eso era para niños.
—¿No te gustan los parques?—preguntó Dylan, parecía que ya se había relajado por completo.
—No es eso, a mi siempre me gustaron los parques, pero ¿no crees esto es para niños?—pregunté mirándole. Dylan se puso serio y miró al frente. No entendía porqué se ponía de esa forma, ¿había hecho algo incorrecto?
—Cuando era un niño, mis padres no me dejaban venir a estos lugares, es por eso que quería venir y saber qué era divertirse en un parque —respondió aún sin mirarme—.Pero supongo que sí tú no quieres estar aquí, nos vamos—agregó mirándome al fin. Sus ojos reflejaban tristeza, era como si a través de sus ojos pudiera ver a ese niño que alguna vez fue.
—No, nos quedaremos—dije tomando su mano—,si está es la primera vez que estás en un parque de diversiones, vamos a disfrutarlo como si volviéramos a ser niños—dije jalándolo hacia uno de los juegos.
Nos subimos a los carritos chocones, la montaña rusa, las sillas voladora y el barco pirata; lo vi reír como un niño y me contagió con su felicidad. Era difícil imaginar a Dylan de niño, era algo raro.
—¿En dónde quieres subir ahora?—preguntó Dylan tomándo mi mano, era algo raro ya que no teníamos esa confianza, pero no hice nada para soltarme.
—Vamos al mirador—respondí señalando la gran rueda.
—¿El mirador?,¿no se ve demasiado aburrido?—preguntó Dylan mirando el mirador con mala cara.
—Claro que no—dije intentando alarlo, pero no fue una tarea sencilla.
Nos montamos en el mirador que era muy colorido, sus asientos eran globos aerostáticos muy bonitos y estaba lleno de luces. Cuando estábamos en lo más alto del mirador Dylan dijo mirándome la ciudad:
—Las vistas que ofrece el mirador son hermosas.
—Desde aquí solo se ve la falsa Ankar—respondí mirando lo bella que se veía la ciudad, pero esa vista no captaba la realidad.
—¿A que te refieres cuando dices que es falso?—preguntó Dylan mirándome confuso.
—Cualquiera que viera este bello panorama pensaría que Ankar es la ciudad más hermosa del mundo, pero la realidad es muy diferente—expliqué sin mirar a Dylan.
—¿Cuál es la verdad entonces?
—Una ciudad tiene siempre dos caras, esta es la cara buena—respondí señalando la ciudad con una mano—,pero los que conocen esta ciudad solo puede ver su cara mala, solo pueden ver una ciudad donde las personas duermen en los parques, pasan hambre, frío, enfermedades entre otras cosas.
—Esas personas son borrachos y locos—respondió Dylan como si esas personas valieran menos que los demás.
—¿Me estás diciendo que esas personas no merecen vivir?—pregunté incrédula.
—No quise decir eso, solo me refería a que son personas que no estudiaron porque no quisieron y ahora están así—respondió Dylan muy seguro de lo que decía.
—¡De verdad no puedo creer lo que estoy escuchando!—dije casi gritando enojada.
—No entiendo porque te pones así—declaró mirando con confusión.
—¿En serio no sabes?—pregunté cruzandome de brazos.
—No—respondió rotundamente.
—Pues la única cosa que te diré es que conozcas mejor este país porque no sabes nada de él—respondí y en ese momento abrieron la puertecilla de nuestros asientos, sin mirar a nadie salí del globo y comencé a caminar rápidamente, escuchaba que Dylan me llamaba, pero no quise detenerme. No entendía como había podido pensar que Dylan entendería mi mundo cuando él no pertenecía a el.
De pronto alguien me tomó del brazo y me jaló. Todo pasó rápidamente y cuando me di cuenta mi rostro estaba a unos centímetros del suyo (¿porque siempre tenía que pasarme lo mismo con él?), sus ojos me miraban con miles de preguntas por hacerme. Me solté de su agarre y me alejé de él pero volvió a agarrarme, pero esta vez por la muñeca.
—Deborah, por favor—suplicó Dylan mirándome a los ojos.
—Dylan suéltame—ordené intentando soltarme pero en vez de eso el me agarró más fuerte—.Dylan me haces daño.
Al escuchar eso aflojó su agarre pero no me soltó.
—Deborah dime que hice mal—dijo mirándome con ojos de confusión y ¿tristeza?—Tú conoces esta ciudad mejor que yo, soy como un niño pequeño en su primer día de clases y tú eres mi maestra.
—Está bien—respondí y vi como todo su cuerpo que había estado tenso hasta ahora se relajaba y me soltaba la muñeca—Vamos a sentarnos en ese banco para hablar más cómodo—agregué señalando el banco que estaba frente a nosotros.
Nos sentamos en el banco y nos quedamos unos minutos en silencio. Él porque esperaba una explicación y yo porque estaba organizando las ideas.
—Desde que tengo memoria Ankar ha sido así—dije rompiendo el hielo—,la hermosura de algunos lugares puede que tape la verdad para los turistas; pero para los que vivimos aquí, intentar tapar la verdad es como intentar tapar el sol con un dedo—agregué bajando la cabeza.
—¿Cuál es esa verdad de la que hablas?—preguntó tomando mi mano, y eso hizo que volviese a mirarlo a los ojos.
—No todas las personas que viven en la calle son borrachos y locos, también hay ancianos, mujeres embarazadas o con niños recién nacidos,familias enteras. Esas personas no pueden atenderse en hospitales, viven en tiendas de campaña; esas personas se conforman con un pedazo de pan y agradecen a Dios por ello—expliqué y sentí que mis ojos se nublaban, pero por encima de la niebla vi la mirada de tristeza y asombro que se había instalado en el rostro de Dylan.
—¿Me dices que esto es así hace tiempo?—susurró Dylan y yo asentí porque tenía un nudo en la garganta que no me permitía hablar.
—Y no solo es eso.—dije cuando la voz volvió a mí—Tú dijiste que esas personas no estudiaron porque no quisieron, pero ¿como van a estudiar si las colegiaturas son más caras que un apartamento? y en caso de que las pudieran pagar, la Academia Real se roba toda la atención. Los mejores profesores trabajan allí y dejan a las demás escuelas con profesores de media o baja calidad.—seguí explicando. La Academia Real era la escuela más famosa de Veldania, y por supuesto del mundo, al ser la única escuela con las siguientes características:
1-Era una escuela exclusivamente para los nobles de Veldania, aunque algunos príncipes y princesas de otros países venían al país a estudiar en ella.
2-Era una escuela equipada con las últimas tecnologías del mercado.
3-Los mejores profesores impartían clases.
4-Contaba con más de 150 suites.
En conclusión, el sueño de cualquiera, incluso el de los más pobres como yo; aunque para nosotros era eso: un sueño.
—¿A qué te refieres con eso?—preguntó Dylan sacándome de mis pensamientos.
—¿De qué hablábamos?—dije algo confundida y de pronto—Ah! ya recordé, hablábamos sobre la Academia Real.
—¿Te sientes bien?—dijo Dylan mirándome con cara de preocupación.
—Sí, estoy bien—dije pero Dylan seguía mirándome con cara de preocupación y eso me molestó—¿Por qué me mirás como si estuviera loca?
—Es que te estás comportando de manera rara—respondió Dylan.
—¡Estaba sumergida en mis pensamientos y perdí el hilo de la conversación!¿¡ acaso es eso un delito!?—exclamé poniéndome de pie. Algunas personas nos miraron al escuchar los gritos.
—Deja de gritar y siéntate, estás llamando la atención de la gente—dijo Dylan tomándome de la mano y haciéndome sentar.
—Está bien, me siento, pero no me vuelvas a llamar loca—dije sentándome.
—Yo no te he llamado loca—se defendió Dylan.
—No lo has dicho a viva voz, pero lo has pensado y eso es lo mismo—respondí cruzándome de brazos.
—Bueno sí que lo he pensado pero...
—Shh—le hice callar poniendo en dedo índice sobre sus labios—.Mejor no....—iba a continuar hablando, pero las palabras dejaron de surgir cuando vi los ojos oscuros de Dylan que reflejaban auténtico deseo.
Él quitó la mano que aún permanecía en su rostro y y la entrelazó con la suya. De pronto se puso de pie y me jaló hacia él, fue todo tan rápido que cuando me di cuenta sus labios casi rozaban los míos.
—¿Que haces?—pregunté con la intención de separarme pero Dylan me tenía presa entre sus brazos.
—No es obvio—respondió y sin previo aviso me besó.
Después de ese día empezaron a llegar flores de Dylan que decía "Di que sí. Por favor". Hasta que llegó uno que decía:Nos vemos este domingo. Un chófer pasará por ti a las 8:00 p.m. BesosPD:Di que sí Dylan.Al leer esa nota sonreí como toda una idiota, pero de pronto la realidad se me vino encima <<Rayos, ¿qué me iba a poner?>>. Pensé en la única solución posible y fui corriendo a donde estaba Elsa.—Elsa, necesito ayuda urgente—dije jalándola del brazo.—¿De qué se trata?—preguntó.—Dylan me ha invitado a salir el domingo, pero no tengo que ponerme—expliqué y junté mis manos en forma de súplica.—Lo siento, pero yo no tengo ningún vestido aquí—dijo Elsa—, la única que tenía era Judith pero esta es su semana de descanso
El beso de Dylan fue diferente a cualquier otro; sus labios rozaron los míos en una invitación a abrirlos y cuando lo hice me invadió con su lengua profundizando el beso. Me abracé a él y le correspondí como si una fuerza me llevara él, no podía detenerlo, tampoco pensar, sólo besarlo. Él me apretó con sus fuertes brazos para acercarme más a él, como si eso fuera posible. El beso se volvió más intenso y me sentí desfallecer, por Dios, que bien besaba este hombre; sentía como si hubiera fuegos artificiales y miles de mariposas aparecieron en mi estómago, era increíble todo lo que un beso como ese ocasionaba. Deseaba estar en sus brazos y besarlo para siempre, pero de pronto algo de cordura vino a mi mente y con toda la fuerza que obtuve lo empuje terminando así con el beso.—¿Por...por qué me besaste?—pregunté agitada por el apasionado momento.—Esto es lo que debería haber pasado en la cocina antes de que tu madre nos interrumpiera—respondió también algo agitad
—Deborah, ¿dónde estás?—escuché que preguntó mi madre a la distancia; eso nos sacó de nuestra burbuja. Dylan cerró los ojos por un instante para después separarse de mí y sentarse en una silla con los brazos cruzados, parecía algo enojado.—Aquí estás—dijo mamá parada en la puerta de la cocina—.Dylan, ¿no estás ayudando a Deborah?—preguntó al percatarse de su presencia.—Su hija dice que no sé hacer nada—respondió Dylan señalándome como si estuviera acusándome de algo.—Hija ¿por qué no dejas que Dylan te ayude?—preguntó mamá como si fuera su abogada defensora.—Pero si no sabe ni usar una aspiradora—me defendí.—¡Venga ya! Si no sabe, enséñale; tú tampoco naciste sabiendo como hacerlo —indicó a modo de regaño.—Está bien, que me ayude—bufé cruzándome de brazos.—Muy bien, entonces los dejaré solos para que terminen—dijo mamá retirándose de la cocina.Después de que mi madre se fuera de la cocina, Dylan se levantó de la silla y se paró
Un mes después...Este mes que llevaba trabajando en la Mansión Constan había sido una tortura, me había sentido como una verdadera Cenicienta. Como era la empleada nueva, cada vez que alguien se ausentaba tenía que cubrirlo yo, ahí aprovechaban mis carceleras para mandarme a hacer los trabajos más difíciles. Janet y la Condesa: Lady Susan, habían hecho de mí su diversión personal. Está última era la prometida del príncipe y por eso era así de malvada, era una chica muy bella de ojos claros y pelo negro, pero la belleza era solo externa porque por dentro era una víbora que lo único que tenía de lady era el título.Por suerte no solo tenía enemigos, sino que también había ganado amigos como la señora Sofía, la señora Esther, Judith, Elsa y Antonia; ellas eran como un descanso para mí. Judith y Antonia, eran unas locas de la vida y me hacían reír con sus innumerables anécdotas, Elsa era algo más callada, pero aún así nos llevábamos muy bien.—Deborah, el camión que n
Escuché la alarma de mi despertador, pero no recordaba para que tenía que levantarme. Busqué el despertador a ciegas para luego apagarlo. Abrí los ojos y me quedé mirando al techo y de pronto recordé que hoy era mi primer día en la Mansión Constan. Me levanté lo más rápido de la cama, porque tenía que preparar mi desayuno. Pero al llegar a la cocina me quedé helada, mi madre estaba haciendo el desayuno.—¿Qué estrella cayó del cielo para que te levantarás tan temprano para hacerme el desayuno?—bromeé.—Ninguna, solo quería despedirme de ti—respondió pendiente a los fogones.—Vamos, ni que me fuera al polo norte—dije sentándome.—Las madres siempre nos sentimos tristes, aunque nuestros hijos se muden a la otra esquina—respondió mamá poniendo el desayuno en la mesa.—Supongo que no entiendo ese sentimiento de madre, pero puedo decir que yo también te extrañaré—respondí y probé un crepé que mi mamá había preparado—Como siempre está delicioso.—Bien,
Como le dije a mi madre me presenté en casa de la Duquesa de Constan y me quedé asombrada porque si eso era una casa¿dónde había estado viviendo yo?. Esa mansión era tan enorme que parecía un palacio, era blanca con el techo azul, los ventanales eran grandes, el césped bien cortado alrededor de un camino que terminaba en una gran fuente y todo estaba rodeado por una verja dorada de dos metros aproximadamente.Al llegar a la entrada vi que había una pequeña caseta, en ella estaba un hombre, al verme se acercó.—Buenos días señorita, ¿puedo ayudarla en algo?—Buenos días, estoy aquí para el trabajo de sirvienta, me dijeron que debía hablar con Madame Müller—dije sonriendo.—Deme un segundo—tomó un teléfono que había sobre una mesa y lo vi hablando por unos minutos, luego colgó y se giró hacia mí sonriendo—Puede pasar, Madame Müller la está esperando. Entre y siga el camino a mano derecha, siga hasta el final del pasillo y allí encontrará una puerta donde la est