LOGINLayla
Mis manos están apoyadas en el espejo de pared, marco el cristal con mi sudor y un poco con mi aliento cuando acerco mi frente a él para tener algún otro punto de apoyo. Me tiemblan las piernas y no logro recuperarme. Rio, lloro, ya no sé lo que hago. Acabo de tener el orgasmo más estremecedor en la historia de mi vida y viene a provocármelo la brutalidad de un hombre.
Tengo que tener la jodida autoestima en el piso para que me haya gustado tanto aunque me maltratara abiertamente, pero es justo como le digo: me odio, siempre lo he hecho. He vivido con el estigma de ser mujer cuando el Duque de Richmond necesitaba un hijo varón, así que “no ser suficiente” ha sido parte de mi día a día desde que recuerdo.
Le dedico a Thiago D´cruz menos de un minuto. Lo veo llevarse las manos a la cabeza, contrariado. No sé qué demonios le pasa y no me interesa. Todo lo que había esperado de él, la impresión que me había dado el día que lo conocí, está claro que fue errada.
Me equivoqué al creer que podía confiar en él. ¡Y pensar que estuve a punto de que mi padre alejara a Theo de mí sólo por intentar que Thiago no se viera involucrado en esa farsa que se traen entre manos!
— Lo siento. No quería lastimarte. Sólo quería…
— Sé lo que querías, — lo interrumpo, porque lo que sea que pueda decir ahora me tiene sin cuidado. Sus disculpas me valen un comino, pero si piensa que tiene el poder para hacerme sufrir está muy equivocado. Mi corazón es de Theo, nadie más puede romperlo — tú no vas a inventar el arte de lastimarme, alguien ya lo hizo antes que tú. Así que no te des tanto crédito, tú sólo eres otro Russo Stafford en mi vida.
Paso por su lado y cierro la puerta del baño sin tirarla, no la cierro con seguro porque sé que es capaz de tirarla si se enoja. Él quiere una aristócrata inglesa, entonces eso es lo que va a tener.
Sólo está buscando el título del Conde de Worcester. ¡Pobre! Si el viejo Clifford realmente lo quisiera, no se preocuparía por el qué dirán, por la aristocracia y menos sometería al único hijo decente que tiene… bueno ¡qué digo decente! al único hijo sobrio que tiene, a casarse con una mujer que puede ofrecerle tan poco.
Abro la llave y el jacuzzi empieza a llenarse a una velocidad impresionante. Ese baño lleno de burbujas es justo lo que necesito para liberar toda la carga que arrastro. Mañana será otro día y yo seré otra mujer.
Me doy una ducha rápida, eliminando todos los restos de esta noche, y me pongo como un recordatorio importante pasar mañana por una farmacia y comprar una “píldora del día después”. Sé que Thiago no llegó a correrse, pero no puedo asumir ningún riesgo.
Me envuelvo en una toalla y salgo del baño. Thiago no está en ningún lado y doy gracias por ello porque no tengo ganas de dar explicaciones. Llego a la cocina y estoy segura de que aquí debe haber lo que busco.
En efecto, en una de las neveras encuentro una botella de champaña más fría que el corazón de mi “prometido”. Agarro una copa del aparador, luego lo pienso mejor y me llevo dos; no me molesta admitir que tengo una tendencia a romperlas cuando me siento mal, y en este momento no soy la persona más feliz del mundo.
De regreso me encuentro con la figura sombría de Thiago apoyado en uno de los costados de la cama. Se ha duchado también aunque no sé en dónde, y por la falta de sonido supongo que habrá cerrado las llaves del jacuzzi antes de que se desbordara.
Me mira con una expresión que varía entre la culpa y la impotencia. Tiene puesto un pantalón suave y una camiseta sin mangas. De su cabello caen algunas gotas de agua y vuelvo a odiarme al pensar en cuán diferente podría ser todo… pero no lo es.
Tenía intención de pasar de largo hacia el baño pero lo pienso mejor y me detengo frente a él. Alargo la mano con las dos copas y él las sostiene mientras yo abro el seguro de la botella de champaña y el corcho salta hasta el otro lado de la habitación. Sirvo un poco en cada copa y la espuma se desborda.
Le quito una de las copas mientras su lengua trastabilla intentando hablar.
— Layla. No tengo las palabras para decirte…
— Tranquilo. — corto su estúpido intento de disculpas. Palabras hay para todo — No te esfuerces. Callado te defiendes más. — sus ojos se abren y frunce el ceño porque he recordado palabra por palabra lo que me ha dicho antes; debo parecerle resentida. Pero si cree que esto es rencor, es porque no sabe que es una cualidad acumulable para la aristocracia — Bienvenido a mi mundo, muñeco.
Me bebo la copa de un tirón y me doy la vuelta para dirigirme al baño, hacia mi jacuzzi que me espera con sus chorros abiertos. Lo lleno de sales aromáticas y dejo que esta fiesta de burbujas me mime mientras bebo otra copa de champaña. Son las cuatro de la madrugada. Tal parece que es mi hora fatal.
Cierro los ojos y revivo el absurdo momento en que todo se fue al demonio, y no fue cuando me acosté con Thiago D´cruz, no. Fue cuando supe que era con él con quien mi padre pretendía casarme.
Russo me había mandado a llamar, como siempre, y me había hecho sentarme en una de las butacas de la biblioteca porque tenía “una buena noticia”.
Una buena noticia para él siempre significa una mala noticia para mí. Así que me quedé de pie, pensando en cómo encajar el próximo golpe.
— Ya encontré al candidato perfecto para ti.
¡Lo sabía! No es una buena noticia para mí.
— No me quiero casar. — siempre he sabido lo que significa un matrimonio aprobado por mi padre: alejarme de Theo definitivamente.
— A ver, déjame pensar en qué parte de lo que he dicho quedaron los signos de interrogación. ¡Ah, sí, en ningún lado! ¡Porque no te estoy preguntando tu opinión! — bramó mi padre levantándose de su asiento y yo di dos pasos atrás porque no soy tan estúpida como para no reconocer que le tengo miedo.
— Si es por dinero…— intenté dar una idea alternativa pero ya la ha rechazado tantas veces que es inútil.
— ¡Por supuesto que es por dinero! — rio con sarcasmo — Y no me vengas de nuevo con la estupidez de que quieres trabajar. Me vale que tengas un título en Arquitectura, título que yo pagué, por cierto. — supe que quería humillarme en el mismo segundo en que me extendió aquel papel lleno de cifras — Pero hagamos algo: si puedes pagar esta cantidad, no tendrás que casarte.
Alargué la mano con incomodidad porque no hacía falta ser muy inteligente para comprender que no podría pagarla con un trabajo regular ni en dos vidas. Recuerdo haber sentido una punzada en el estómago en cuanto vi el nombre que estaba escrito en ese papel: Thiago D´cruz…
Ese era el hombre con el que había estado haciendo el amor hacía unas horas. No tenía idea de que Taddeo Clifford tuviera otro hijo, pero era obvio a dónde iba todo aquello: estaba buscando un matrimonio conveniente para él. Era la única forma de “justificar” ante el mundo el hecho de que le pasaría su Título. Y dijo “justificar” porque las reglas de nuestra sociedad no son más que una excusa para que hombres como él dejen abandonados a los hijos de sus amantes.
No sabía qué mentiras le habían dicho a Thiago sobre las condiciones de acceso al título de su padre, pero por lo que decía ese papel, era más que evidente que lo estaban estafando de la peor manera, y no sólo en lo que se refería al dinero.
Me fijé en el desglose de pagos y no podía creer lo que veía. El problema no eran los sesenta millones, sino quién los iba a cobrar. Y me di cuenta de que, a pesar de su carácter fuerte y hermoso, Thiago D´cruz no tenía ni idea de lo vulnerable que era en ese momento.
No podía permitir que le hicieran eso, no se lo merecía.
— ¿Crees que esto lo resuelve todo? — pregunté con todo el asco que tenía acumulado — ¿Que este hombre puede borrar todo lo que está pasando? ¿Lo estás haciendo para castigarme?
— ¡Hago esto porque él es lo mejor para ti! — exclamó y entonces me descontrolé. ¡Su hipocresía no tenía límites!
— ¡No, lo haces porque él es un bastardo! — le grité.
Los dos sabíamos que ningún otro hombre se casaría conmigo. Ya había pasado más de un año tratando de encontrarme marido sin conseguirlo. Se estaban aprovechando de la condición de hijo ilegítimo de Thiago para manipularlo y eso era algo que no podía permitir. Me tocaba demasiado cerca del corazón ese sentimiento de desarraigo como para tolerar que lastimaran a alguien como él.
Pero mi padre solo alargó una mano hasta una gaveta y lanzó sobre el escritorio una foto que me cortó la valentía en un segundo. Temblé cuando entendí la amenaza velada.
— ¿Qué va a pasar con Theo? — pregunté retorciéndome los dedos.
— Me da lo mismo lo que hagas con él después de la boda. Puedes seguir viéndolo con discreción, siempre y cuando tu marido no se entere.
Ahí empezó mi resignación. No había nada que pudiera hacer para salvarme de un matrimonio arreglado. Pero quizás todavía pudiera hacer algo para salvar a Thiago.
— ¡No lo voy a hacer! — al menos no con él.
— Pues tú eliges, te quedas con Theo y con Thiago D´cruz, ¡o te quedas sin ninguno de los dos! — sentenció mi padre y yo hice acopio de la poca entereza que me quedaba.
— Busca a alguien más. ¡Me caso con cualquiera menos con Thiago D´Cruz! — miré de nuevo el papel en mi mano y se me revolvió el estómago recordando lo que significaba. Lo moví frente a su rostro con gesto de asco — ¡Es… repugnante!
Lancé el documento a la mesa y de repente comprendí que esa era la única prueba de lo que estaban haciendo a espaldas de Thiago. Tenía que tomarle al menos una foto…
Estaba pensando en qué podía hacer para quedarme con una copia del documento cuando August tocó a la puerta, anunciando que el señor Thiago D´cruz no sólo había llegado sino que se había ido a la misma velocidad.
Mi padre salió de la biblioteca despotricando, como si ir a asegurarse de que Thiago ya no estaba fuera a hacer alguna diferencia. Yo corrí hacia la impresora con el papel, lo metí y apreté lo más rápido que pude el botón de fotocopiar. Conté los segundos que tardó en imprimirse la copia, dejé el original sobre la mesa y salí disparada a esconderme en mi cuarto.
Pensaba mostrarle esa copia a Thiago, pero luego todo se había ido al demonio.
Y ahora estamos aquí.
Ahora ya no confío en él.
Es exactamente igual que mi padre.
Mis planes a partir de ahora son mucho más sencillos. Preocuparme sólo por mí. Buscar la manera de reunir algo de dinero, y encontrar el lugar perfecto para escapar. Ya lo hice una vez y no me salió mal, si no llega a ser porque surgió aquella emergencia, Russo jamás me hubiera podido encontrar.
Pero esta vez no habrá emergencia, he aprendido de mis errores a fuerza de lágrimas, incluso ahora no dejo de aprender. Mientras siga viviendo como parte de la alta sociedad inglesa, jamás podré confiar en nadie, jamás podré creer en la bondad de la gente.
Eso no existe aquí, no hay amigos, sólo intereses comunes.
A partir de mañana tengo tres meses para ponerlo todo en marcha. Soy una mujer inteligente, siempre lo he sido, y ya no voy a permitir que me gane el corazón.
Mañana voy a ser la mujer que mi padre espera que sea.
Mañana voy a enseñarle a Thiago D´cruz lo que le espera en mi mundo.
Mañana me voy a convertir de una vez por todas en la familia que Theo merece.
Mañana.
Mi cerebro me grita que me calme, que no puedo hacer nada más al menos por esta noche y le obedezco. Cierro los ojos y dejo que la espuma me envuelva.
Hace más de tres noches que apenas duermo y el cansancio me está pasando factura. Sé que no puedo quedarme dormida aquí, pero además del murmullo del agua todo lo que hay es un silencio exquisito y en cierto punto ni siquiera soy capaz de abrir los ojos. Estoy completamente agotada…
Siento que mi piel se eriza cuando me sacan del agua y entra en contacto con el aire frío. Sé que no estoy desnuda porque alguien acaba de ponerme una bata de baño, me mueve como una muñeca metiendo mis manos en las mangas y quiero reaccionar porque sé que es el idiota de Thiago quien lo está haciendo, pero mi cuerpo se niega a despertar.
Cruza las solapas de la bata sobre mis pechos y hace un nudo para que no se abra. Lo vislumbro un poco entre la niebla durante los escasos instantes en que logro entreabrir los ojos. Siento que me balanceo a los lados, sentada en el borde de la cama, mientras él trata de mantenerme derecha.
Estoy literalmente cayéndome del sueño.
Intenta secarme el cabello pero mi cabeza se va hacia atrás. Los restos de mi conciencia me advierten dos cosas: la primera es que el hijo dep… de Thiago se está ocupando de mí; la segunda es que posiblemente me esté babeando y eso no es propio de una dama inglesa… ¡qué terrible cuarta o quinta impresión!
— Layla. Lo sien… — escucho su voz como si viniera del fondo de una cueva. Me gusta su maldita voz así que no puedo evitar aferrarme a ella aunque la voy perdiendo poco a poco — …stúpido de mierda por… — voz perdida — …edo hacer nada si no quieres estar conmig…— bip bip bip — …jiste que era un repugnante bast… — señal perdida — …fuera bueno nada más para estar en tu cam… — bip bip bip — …uro que no te vuelvo a toc…— silencio absoluto.
Mi cerebro se desconecta por momentos y sólo percibo el frío del aire acondicionado que me estremece. Quiero que se calle de una vez y me deje dormir, pero todavía me queda el enojo suficiente como para no querer que se acueste a mi lado. Que se busque otra maldita habitación o juro que lo voy a patear cuando me despierte.
De hecho, intento apartarlo empujándolo con un pie mientras él intenta acostarme o eso creo; pero sólo logro que la bata se corra un poco y se me descubra una pierna y algo más de lo que debería. Entonces siento sus dedos recorriendo un pequeño espacio en mi cadera derecha.
Me gusta que me toque, quiero matarlo pero el maldito me gusta. Bueno, después de todo ¿qué tiene que ver el sexo con todo lo demás?
— Aprovéchame ahora, D´cruz. — le gruño — ¡porque mañana te voy a enseñar lo que es una puta aristócrata inglesa! — espera… ¿lo dije en el orden correcto? — Espera… espera… no quise decir una aristócrata inglesa pu…
— Sé lo que quisiste decir, Layla. — ¿se ríe?
Se inclina en medio de la bruma y me da un besito.
Sí, besiiiiiiito, no beso. Besito. De piquito. Como estúpido quinceañero.
Le enseño el dedo del medio y me despido de la realidad.
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.