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CAPÍTULO 10. OBSERVADOS POR LA MALDAD

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2020-11-07 03:49:22

Cuando terminaron él la llevó al baño y la limpió, se observaron un momento, hasta que fueron interrumpidos por una llamada telefónica en el celular de Valentino, él atendió sin mirar en la pantalla a quien pertenecía el número, se alejó un poco para responder —Aló, por aquí Valentino ¿Quién por allá?

—Hasta que por fin te dignas atenderle la llamada a tú padre, ¡puedes creerme!, desde que llegué de Italia hace un mes, después de haber estado dos meses fuera, mi hijo mayor sólo me buscó al aeropuerto y ni siquiera ha tenido que ver conmigo, lo he llamado y no me ha respondido, ni regresado las llamadas.

—Hola padre. Estoy bien. Sé que has estado bien. Y no hables de mí en tercera persona si estás hablando conmigo. Tienes razón soy culpable de lo que me acusas, lo siento he estado complicado, preparando lo relacionado con el lanzamiento de la línea Renacer, más las líneas anteriores.

—Tengo la leve sospecha,  me estás huyendo por lo que le hiciste a Amando Dugarte, es mi mejor amigo, como mi hermano y lo has botado de la empresa, ¿Cómo puedes ser tan desconsiderado? Te recuerdo que yo sigo siendo el presidente de las empresas Pagliuca así tú estés a cargo de la vicepresidencia, te recuerdo que soy accionista mayoritario y no puedes ir en mí contra.

—Padre, con el respeto que te mereces, no me parece correcto que cuestiones mis decisiones y menos utilizando amenazas, es cierto eres el accionista mayoritario, pero yo soy quien dirige la cosmética, no voy a permitir que ninguno de mis empleados sean amigos tuyos o no, pasen por encima de mí y tomen atribuciones que no les corresponde, a mis espaldas. Si no estás de acuerdo con eso y te parece que no lo estoy haciendo correctamente, allí está tú empresa, tómala, pon en ella a quien quieras, yo por mi parte pondré en venta todas mis acciones de Empresas Pagliuca, serás mi padre pero no estoy dispuesto a dejarme chantajear por ti, ni por nadie—manifestó en tono enfático.

—No te estoy chantajeando, solo te expongo un hecho—expresó enojado su padre.

—Y yo te expongo los míos. Se perfectamente leer entre líneas. Si quieres mi renuncia, la redactaré en este instante y te la enviaré a tú correo.

—Por favor Valentino, no te estoy pidiendo que renuncies, sólo que me hubiese gustado que me consultaras tú decisión—expresó en tono conciliador su padre, al darse cuenta que Valentino se estaba enojando.

—¿Y qué quieres padre? a un pusilánime que tenga que pedirte permiso hasta para comprar el desinfectante que se use para limpiar el piso de la empresa—exageró Valentino tratando de contener su enojo, él no autorizaba eso dentro de la empresa, pero quería hacerle ver a su padre lo absurdo de lo que estaba planteando—porque si es eso lo que necesitas, no soy ese hombre. Si estoy aquí, es para tomar las decisiones que crea conveniente para la empresa y debes aprender a confiar en mí.

Gian Valentino suspiró mientras pensaba que Valentino era de decisiones firmes, si quería tenerlo en la empresa no debía presionarlo, las ganancias de la cosmética se habían duplicado en los seis meses que había estado a cargo, lo mismo en la fábrica de perfume, por eso lo llamaban el Rey Midas, sabía que estaba derrotado, su hijo no daría su brazo a torcer—Está bien hijo, se hará como quieras, si tomaste esa medida tus razones tendrías. Pero lo que si te voy a cuestionar es que no me hayas visitado—dijo para aplacar su ánimo.

—En eso te doy razón, mañana te visitaré y llevaré a alguien conmigo—dijo mirando a Vanessa. Ella lo miro esquiva.

—¿A quién me traes? por fin traerás a una novia que presentarme después de tanto tiempo—interrogó su padre.

—Eso quisiera yo, pero ella no quiere aceptarme. Te la llevo para ver si con el encanto de los dos la convencemos.

Su papá se carcajeó—Hijo si necesitas que te ayude a conquistar una chica, es que estás perdiendo condiciones, sobre todo si necesitas la intervención de un viejo de casi sesenta años.

—Un sesentón buenmozo. La llevo para que vea, que cuando llegue a tú edad me voy a seguir viendo apuesto—dijo con una sonrisa mientras le guiñaba el ojo a Vanessa que se encontraba sólo a pasos de él, ya sentada en uno de los sofás.

—Bueno hijo te espero mañana, quiero que me prepares los deliciosos ñoquis que haces, son los más ricos que he probado y con eso la cautivas, dicen que el amor entra por el estómago.

—Mire pues, no es mala idea. Después no digas que no pido consejos en lo que no tengo experiencia. Hasta mañana padre.

—Hasta mañana hijo—.Cortaron la comunicación.

—Yo llamaré un taxi para irme, son casi las doce de la noche, ya está muy tarde—manifestó Vanessa tomando su cartera.

—Noo—dijo Valentino sin dejar de mirarla con intensidad.

—¿Necesitas algo más?—Interrogó ella desconcertada.

—Sí—pronunció observándola—Te necesito a ti. Ven conmigo a mí apartamento, por favor—le rogó tomándola de la mano.

—No cargo ropa, imagínate venir mañana a la oficina con ésta misma muda—expresó señalándose el vestido.

—Mañana temprano llamo a uno de mis amigos diseñadores, para que te lleven algunas ropas. Además mañana no vendremos a la oficina. Le prometí a mi padre que te llevaría con él y que prepararía el almuerzo—concluyó volteando su mano para besarle el dorso.

—Valentino, pienso que éstas equivocado conmigo, no aceptaré que me compres ropa simplemente porque nos dimos una calentada, yo no he cambiado de opinión—Le dijo con un tono de voz glacial.

Vanessa volvía hacer la chica escurridiza y fría que fingía ser, desconocía porque se escondía tras esa máscara, y surgían decenas de preguntas en su mente ¿Por qué actuaba así? ¿Qué le había ocurrido para querer ocultarse tras esa máscara? ¿Qué le preocupaba? ¿Por qué intentaba esquivarle? No entendía. La miró con tristeza y le dijo —¿Y tú por qué sigues actuando como un témpano? Cuando yo se que eres fuego puro. La ropa que escojas te la mandó a descontar de tú sueldo, así no te doy nada, tampoco te estaré pagando la calentada. Y estoy en mi derecho de hacer lo imposible por hacerte cambiar de opinión—manifestó—¿Me tienes miedo? ¿Qué quieres?, ¿huirme?—expresó retándola, porque sabía que ella no se resistía a un reto, había aprendido a conocer esa característica en su carácter.

Vanessa lo observó y le dijo—Está bien pero no dormiré contigo.

—Dormir no es lo que tengo en mente hacer contigo—manifestó con picardía.

—Entonces, sólo dormiremos—dijo seria, mientras sentía su corazón palpitar como los tambores de San Juan de Curiepe. Éste hombre ya había derretido parte del hielo que cubría su corazón y ahora tenía miedo de dejarse llevar y volver a sufrir, sobre todo porque había razones para que él la odiara, una vez descubriera la verdad.

La tomó de la mano y juntos salieron de la oficina, se montaron en el ascensor y marcaron el estacionamiento. Al llegar caminaron a donde tenía parqueada la camioneta, le abrió la puerta, la ayudó a subir, luego la cerró, se subió de su lado, le tomó la mano y la puso sobre su pierna, mientras le acariciaba suavemente lo que producía múltiples sensaciones en Macarena, mientras ella pensaba que esta retando al destino. 

Llegaron al edificio, el trayecto se les hizo más rápido porque no había tráfico y venían conversando. Saludaron al portero, subieron al apartamento al entrar aún tomados de la mano la llevó a su habitación, le sacó una camisa del closet y se la dio para que se la colocara, le indicó el baño, se cambió, la prenda apenas le llegaba a mitad de los muslos, exponiendo el resto de sus piernas. 

Se cohibió un poco al entrar a la habitación, luego de cambiarse, salió y se encontró a Valentino sólo con el pantalón del pijama y su pecho desnudo, resaltaba su musculoso cuerpo, sintió la boca seca y se quedó mirándolo sin poder apartar la vista de él.

Valentino la vio y no pudo evitar ojearla de pies a cabeza, de inmediato sintió que su masculinidad empezaba a erguirse, se movió mientras trataba de controlarse, porque le había prometido que no pasaría nada. Ella tratando de controlar su nerviosismo le dijo—Me iré a la habitación de huésped.

—No. Quédate conmigo, te prometo que no va a pasar nada que tú no quieras—expresó con seriedad.

—Ese es el problema, frente a ti me siento expuesta, y mi control se va al garete, no confió en mí cuando estás de por medio.

—Te doy mi palabra que sólo quiero dormir contigo, te lo digo literalmente, tenerte en mis brazos nada más mientras nos entregamos a los brazos de Morfeo. No va a pasar nada, te lo prometo. Hace unas horas pude haberte hecho mía, pero no lo hice, pude controlarme.

—Está bien—pronunció ella. Apagaron las luces. Él la colocó delante de su pecho mientras la abrazaba y percibía la fragancia floral de su cabello, estaba extasiado con tan agradable situación. Y así abrazados, se quedaron dormidos, la primera en hacerlo fue Macarena, que debió controlar sus impulsos y las ganas de voltearse para que Valentino la poseyera. Después Valentino a quien le tocó un poco más luchar, para controlar y someter sus deseos.

En la madrugada al despertarse Macarena, sintió que la tenían fuertemente abrazada y sintió un cuerpo musculoso a su espalda, sabía de quien se trataba, se volteó con cuidado para no despertarlo, y se quedó observándole el rostro, sus facciones relajadas, tenían un aire de inocencia, no pudo evitar, tocar cada una de las líneas de su perfil con suavidad, mientras lo hacía fue despertándose en ella un fuerte deseo, sentía que su centro palpitaba y su respiración se agitaba, le causó temor su reacción, empezó a decirse “Macarena contrólate, hasta ahora siempre has logrado bloquear tus sensaciones, por favor hazlo ahora, no cedas, tienes mucho que perder, no puedes enamorarte de éste hombre, los Pagliuca son enemigos de tú familia, y así no lo sean, él nunca te perdonara el engaño que estás haciéndole, no estás actuando correctamente”. Por más que intentaba controlarse no podía hacerlo, le provocaba posar su boca en la de Valentino, succionarla, esos hermosos labios llenos que irremediablemente la provocaban de tal manera que perdía hasta su sentido común, respiró fuertemente, pero no pudo evitar acercar su boca a la de él.

Valentino sintió como Vanessa tocaba su rostro perfilando sus facciones, pero se quedó tranquilo haciéndose el dormido para no espantarla, era tan placentero sentirla tan cerca de él, sentir sus manos en su faz, luego de un momento disfrutando de sus caricias, sintió que sus labios se posaban en los de él y allí si no pudo seguir fingiendo, le sostuvo el rostro y empezó a besarla, le dio la vuelta y la dejó debajo de él, mientras bajaba sus labios a su cuello, al llegar a sus pechos, comenzó a desabotonar uno a uno los botones de la camisa, mientras le sostenía la mirada, Vanessa tenía los ojos nublados por el deseo y sus labios entreabiertos invitaban a besarlos, mientras se movía seductoramente de manera invitadora.

Macarena, sentía una necesidad de mover sus caderas, quería que él apagará el fuego que estaba empezándola a consumir de adentro hacia afuera, poso sus manos en los pectorales de Valentino y empezó a acariciarlo, mientras sentía que él bajaba por su torso, posaba sus labios en su seno, primero tomó uno, empezó a succionarlo mientras ella sentía corrientazos recorrer su cuerpo y luego le dio la misma atención al otro, no podía soportar más esa sensaciones que la enloquecían, quería que él la tomara y la hiciera suya, estaba deseosa de que Valentino acabara con ese tormento que amenazaba con devorarla.

Él siguió bajando por su pecho, llegó a su ombligo jugueteó un rato con el, continuó descendiendo a su centro, donde Macarena sentía que ardía, Valentino separó los muslos de Macarena, le abrió sus labios inferiores con sumo cuidado, y empezó a tocar su clítoris con la punta de la lengua, jugueteaba con maestría, haciéndola derretir de placer. Balbuceos sin sentido salían de su boca, sentía que un incendio la consumía. La tomó de las caderas y la alzó un poco más para acercar ese dulce manjar a su boca, soplaba su centro, y le daba pequeños besos mientras ella sentía pequeñas descargas en todas sus terminaciones nerviosas, él introdujo su lengua en su cavidad, y después la sustituyó con sus dedos, y luego nuevamente su lengua, ella lo tomó por la cabeza, para que su boca se fundiera más con su femineidad, empezó a mover su lengua a un ritmo más rápido mientras ella enloquecía y jadeaba descontrolada—Valentino, por favor, ¡Oh por Dios! —decía él elevaba sus ojos para ver a una Vanessa enloquecida, nunca la había visto perder el control, sus labios hinchados y sus ojos cerrados. 

Mantuvo el ritmo mientras sentía el sabor de sus fluidos en su boca y su cuerpo contraerse con pequeñas sacudidas que le hicieron experimentar a Macarena una explosión de sensaciones, dándole el segundo orgasmo en su vida y haciéndola sentir esa sublime satisfacción que la dejó sin energía, se sentía flotar y todo le parecía tan irreal, nunca se imaginó que se pudiera sentir tan completa y eso sólo lo había logrado con su boca, qué más podía hacerla sentir si podía introducir su masculinidad en ella, al tener esos pensamientos Macarena se sonrojó y Valentino, se quedó observándola hasta que le preguntó—Un euro por tus pensamientos—y su color se hizo más rojo.

Valentino soltó una carcajada y le dijo—¿Sabías que eres maravillosa? Eres tan receptiva, provocativa e inocente a la vez, eres una combinación letal para mí Rena—Al decirle el diminutivo que usaba su madre con ella, se tensó un poco, él se dio cuenta y le dijo—Me dijiste que te decían así en tú casa ¿Puedo decírtelo yo?

—Si Claro—, él se encontraba recostado entre sus piernas, se movió y ella pudo ver la gran erección que sobresalía de sus pantalones, por ello le preguntó—¿Puedo hacer algo por ti?—le dijo acercándose a él en forma provocativa, tenía un aire de ingenuidad pero a la vez de peligro, era contradictorio pero así lo sentía, estaba loco por introducirse en ella y tomarla, pero sabía por los gestos sorpresivos de su rostro, sus reacciones y la curiosidad que demostraba en cada momento cuando él le procuraba placer, que su chica aún era virgen, esos pensamientos lo sorprendieron “su chica”, desde cuando era su chica y cuando comenzó a ser posesivo, se preguntó.

Valentino respondió a su pregunta—Ya has hecho por mí, quiero tenerte Vanessa, introducirme en ti y embestirte con todo el deseo y la pasión que siento por ti, pero no quiero hacerlo apresurado, sin romance, quiero que ese día sea el más maravillo de tú vida, que sientas que vale la pena cada momento de disfrute, que se termine de derretir en ti, el hielo que rodea tú corazón—concluyó besándola con una infinita devoción.

Macarena sin titubeos le dijo—Quiero darte placer como lo hiciste conmigo, no quiero dejarte insatisfecho, por favor.

—¿Estás segura? Rena no quiero que lo hagas sólo porque yo lo hice contigo o por complacerme. Tú eres tan valiosa para mí, que quiero darte todo el tiempo necesario para que estés preparada—le dijo con ternura. Macarena se quedó viéndolo con tanta dulzura mientras su subconsciente le decía “No cedas Macarena, él está destruyendo la coraza que hemos levantado para no sufrir, si la traspasa quedaremos vulnerables, vamos a volver a sentir lo que es el dolor“ pero ella se negaba a oír a su subconsciente, quería dejarse llevar por una vez por sus sentimientos para ver a donde llegaba.

—Enséñame, déjame tomarte—Valentino se quitó el pantalón pijama y quedó desnudo frente a ella, con su cuerpo imponente y su gran falo destacando imponente entre sus piernas, ya lo había visto una vez, pero era más grande y grueso de lo que recordaba, era hermoso, se acercó a él, y empezó a recorrer su pecho con pequeños besos, sacó la lengua y empezó a lamerlo, dejándose guiar por los instintos, acarició su cuerpo con sus manos mientras lo besaba, fue bajando hasta llegar a su miembro viril, se arrodilló frente a él y lo tomó con cuidado, pero su mano no cubría lo ancho por lo cual tuvo que tomarlo entre las dos manos, empezó a lamerlo con delicadeza, mientras él le indicaba como hacerlo, lo hizo desde la base hasta la punta, sintió que un poco de líquido salado salía de su orificio, se lo introdujo todo en su boca, pero no llegaba hasta el fondo por lo cual colocó ambas manos en su base mientras lo introducía y lo sacaba de su boca rítmicamente, el empezó a moverse para introducirse más en su boca, mientras la tomaba por los cabellos, señalándole el compás, mientras jadeos y gruñidos salían de su boca. Valentino siguió moviéndose y ella dándole placer, hasta que él se retiró porque estaba a punto de correrse, tomó con sus manos su miembro, retirándose de ella mientras su líquido seminal salía, pero Macarena lo retuvo y dejó que sus pechos fueron cubiertos por su esencia.

Él la levantó del suelo, y la besó en los labios, ella quería más y le dijo—Por favor, no quiero esperar, quiero tenerte dentro de mí. —Ante sus palabras y sus provocativas caricias, empezó a besarla y recorrerla, su corazón latía desbocado ansioso por lo que esperaba, sin embargó, en ese momento sintieron un resoplido, y se separaron al mirar al frente en la puerta de la habitación estaba parado Gian Piero, con los ojos rojos y una mirada lasciva, Macarena se asustó. Valentino al verlo, su primera reacción fue cubrir a Rena con su cuerpo para protegerla de la mirada de su hermano, luego tomó una sabana y se la colocó alrededor de su cuerpo para cubrirla, besándola en la frente y allí se volteó hacia su hermano y le dijo con censura —¿No sabes que debes tocar antes de entrar a una habitación?

—Lo siento, no sabía que tenías compañía—expresó Gian Piero con su mirada fija en Vanessa.

—Sí pero al entrar y vernos, debiste retirarte de inmediato—espetó Valentino molesto. Mientras se colocaba el pantalón pijama. Le dio un beso a Vanessa en la frente y le murmuró al oído que se fuera al baño, que ya la alcanzaba, ella enseguida caminó al baño.

—Pensé que me podías invitar a la diversión—dijo sonriente.

—Si crees que es gracioso lo que dices, tienes una mala concepción de lo que es la comicidad, me parece de mal gusto lo que dices—habló con enfado.

—¿Desde cuándo follas con tú secretaria? —interrogó su hermano con curiosidad.

—Deja la vulgaridad. Y mi intimidad no es tú problema. Por favor salte de mi habitación. Espérame en la sala—dijo con firmeza, Gian Piero iba a protestar, pero al ver la molestia de Valentino. Salió sin decir más nada.

Al entrar al baño, Vanessa permanecía con su sabana cubriéndola sentada encima de los lavamanos, era una sala de baño amplia. Él no pudo dejar de excitarse con solo verla, se veía tan deseable.

—Mi bella, te ves hermosa. Siento que el bruto de mi hermano, entrara así, le quitaré las llaves de mi apartamento. Quédate tranquila no creo que nos haya visto por mucho tiempo.

—Tú hermano tiene algo que no me agrada y me causa escalofríos—le dijo ella sin cohibirse.

—Mi hermano no es un mal chico, sólo fue un tanto consentido y tiende a querer salirse siempre con la suya. Pero no te preocupes, yo lo controlo—expresó con una sonrisa.

—Valentino, ¿Serías capaz de cubrirle una falta grave a tu hermano? —interrogó con curiosidad.

—¿Qué entiendes por falta grave? —preguntó Valentino.

—Cubrirle la comisión de un delito—respondió ella levantando las cejas.

—Por supuesto que no, mi hermano llega a cometer un delito y yo soy su primer acusador, no me gustan las injusticias, la ineptitud, el ocio y la falsedad, imagínate sino me agrada en los desconocidos menos en las personas a las cuales amo y en quienes confío—pronunció con seguridad

.

Al decir así Macarena se inquieto y se dijo, estás equivocada mujer, ¿Cómo vas a salir de todo esto? Valentino se acercó a ella y de inmediato empezó a darle pequeños besos.

***********************

Mientras afuera Gian Piero no podía dejar de pensar en el hermoso cuerpo de Vannesa, sus senos, sus caderas, sus trasero, era perfecta, su boca. Había estado por mucho tiempo observándolos, Desde que su hermano la hizo correrse con la boca, y cuando ella le dio placer a Valentino usando su lengua, y hubiese podido permanecer allí callado, hasta que acabaran fundiéndose y haber disfrutado de verla, pero no pudo contenerse, su excitación y deseo por la chica lo hicieron reaccionar, deseaba a Vanessa para él, no le importaba que fuera amante de su hermano, se le antojaba para él, sería suya, cerró sus ojos e imaginó corriéndose dentro de ella y Gian Piero, siempre lograba lo que quería. Esa chica sería de él o por las buenas o por las malas, costara lo que le costara.


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