LOGINValentino tranquilizó a Vanessa y la dejó en el baño, mientras él despachaba a su hermano, no sin antes reclamarle nuevamente por el incidente. Llamó a una amiga diseñadora, y le pidió que le enviara una selección de vestidos, faldas y blusas, indicándole la talla de los mismos, al llegar a la habitación su bella, se estaba secando los cabellos, él la tomó por detrás y comenzó a besarla mientras le decía al oído—Pronto estaremos juntos, disfrutaremos fundiéndonos en uno sólo y jamás volveremos a alejarnos uno del otro.
Así pasó media hora, él se vistió y rato después llegó la ropa que había encargado, Vanessa escogió un hermoso vestido blanco de pliegues con mariposas marrón, se recogió su cabello en un moño, alto y unas sandalias blancas sin tacones. Se aplicó en sus labios sólo una pintura rojo claro, con lápiz de ojo negro.
Cuando estuvieron listos, se fueron en la camioneta para la casa del padre de Valentino, estaba ubicada en la mejor zona de la Lagunita Country Club, al llegar era una majestuosa mansión estilo Virginiano, con bellos e increíble jardines con flores de diversos colores, dirigió su vista alrededor y era muy amplia; Valentino le informó que el terreno tenía seis mil metros cuadrados, contaba con un helipuerto impresionante, con una amplia vista, la llevó para que viera el hermoso paisaje, la suave brisa soplaba llevando consigo el olor a flores de mastranto que se observaban desde donde se encontraban, respiró el fragante aroma mientras él la abrazaba por detrás y le besaba el cuello.
Después de unos minutos, la tomó de la mano y juntos caminaron a la casa, al entrar los pisos eran de un hermoso mármol blanco, con decoración en blanco, diversas tonalidades de beige y dorado, los espacios eran amplios con espectaculares muebles del mismo estilo que destacaban dándole un aire imponente a la casa. Un señor maduro, con un gran porte, vestido con un pantalón beige y una polo negro, salió a recibirlos —Al fin veo a mi primogénito, dichosos los ojos que te ven—expresó acercándose y abrazando a su hijo, ambos hombres se fundieron en un gran abrazo sonrientes.
—Padre, no exageres—le dijo Valentino soltándolo, para tomar a Vanessa por la mano y decirle a su padre—Ella es la chica que te quería presentar, se llama Vanessa.
—Hola, mucho gusto Vanessa soy Gian Valentino, el padre de éste impresionante chico, y lo digo, no porque sea mi hijo sino porque es la verdad, tiene un carácter único, no manipulable—expresó orgulloso—¿Eres la novia de mi hijo? —Macarena se sonrojó y de inmediato Valentino respondió.
—Padre estoy en las actividades preparatorias, ya introduje el pliego de peticiones, sólo que ella aún no responde—dijo con picardía.
—Ah bueno ya que estamos en ese punto, yo te mostraré la ventaja de contratar con ese ente—manifestó su padre en el mismo tono y con una carcajada.
—¡Está bien! Pero yo tengo la potestad de anular y retirarme de ese proceso—espetó seria.
—No creo que quieras hacerlo—expresó Valentino mirándola profundamente.
—Vayamos a la cocina del ala derecha, allí mi hijo realizará unos exquisitos ñoquis, ¿sabías que es el mejor cocinando?—interrogó el padre de Valentino.
—He probado las arepas y la carne mechada que prepara y tenían muy buena sazón—indicó. Caminaron hasta la cocina, por largos y amplios pasillos.
Al llegar la invitaron a tomar asiento en un comedor aledaño, mientras Valentino caminaba hacia la cocina, cargaba un blue jeans ajustado, que resaltaban sus bien torneadas piernas y su provocativo pompis, ella se sonrojó al tener esos pensamientos.
Él se remangó hasta el codo, la camisa manga larga blanca que cargaba y se colocó un delantal. Ya le tenían todos los ingredientes de lo que prepararía en el mesón. Él tomo una olla y le agregó cinco kilos de papas y las puso a sancochar. Se puso a picar los aliños, mientras Vanessa conversaba con su padre.
Macarena conversaba con el señor Gian Valentino, al principio sólo le contestaba con monosílabos, no quería vincularse mucho con él, pero el señor era realmente encantador, le contó de su esposa que había muerto hacía más de trece años, tenía treinta y nueve años cuando murió dando a luz, que su esposa se había empeñado en tener una niña, aún cuando ponía en riesgo su salud. Siguió contándole —Yo fui inmensamente feliz con Romina, la conocí cuando ella tenía casi diecinueve años y yo veintisiete, yo llegué a éste país de veinte años, y lo único que hice durante ese tiempo fue trabajar sin parar, hasta que la conocí a ella, me enamoré de inmediato, fue amor a primera vista, no me arrepiento de haberla conocido, fuimos felices durante muchos años, hasta que la muerte nos separó, no hay un día de mi vida desde que se fue, que no la recuerde, es que los Pagliuca sólo nos enamoramos una vez en la vida, y cuando lo hacemos amamos con locura—Al decir eso, los ojos se le humedecieron. Macarena sólo lo observaba.
—Estimada niña, he sufrido la ausencia de mi Romina, siempre la lloraré, pero hay algo más, que lamentaré profundamente, y es no haberle brindado amor a mis hijos, ese papel terminó asumiéndolo Valentino, pero que podía esperarse de un niño de catorces años que necesitaba afecto.
《Pero no soporté la partida de mi amada, la tristeza me consumió, hasta me pasó por la mente en suicidarme, pero luego pensé, reaccioné, no podía hacerle esos a mis hijos y por eso terminé volcándome totalmente al trabajo como medio de escape, pero fue la única forma de soportar el dolor.
Las palabras del señor le removieron los recuerdos del pasado y trataba de controlarse para que no la afectara y en un intento de hacerlo interrogó bruscamente—¿Por qué me cuenta esa historia a mí? ¿Qué interés puedo tener en su vida?
—Por una razón muy sencilla, creo que te interesa mi hijo, llevo de conocerte aproximadamente una hora y durante todo éste tiempo no dejas de observarlo. Mi hijo es un chico extraordinario con una alta escala de valores, donde la familia ocupa el primer lugar, maduró a temprana edad por cuidar y proteger a sus hermanos.
《Es un hombre con un gran sentido de la lealtad, proactivo y sincero. Estuvo una vez comprometido muy joven, pero descubrió que la chica iba tras su dinero y eso lo decepcionó, hasta tal punto que no quiso involucrarse seriamente con nadie, y ni siquiera en ese momento lo vi tan contento y desenfadado, como ahora contigo, pero tú no eres una chica cálida, transpiras frialdad, como si todo te diera igual, no quiero que le causes daño a mi hijo—concluyó con seriedad.
Macarena se quedó seria no entendía porque le decía eso, si apenas la acababa de conocer, que sabía él de su frialdad o de su calidez, pensó molesta y con su estilo que le caracterizaba no evitó expresar—Usted no me conoce, no sabe si soy fría o cálida. Lo que sí es cierto, es que Usted es muy precipitado para sacar conclusiones sin conocerme—manifestó mientras sus ojos brillaron del enojo.
—¡Vaya! Si tienes sangre en las venas Vanessa, es bueno saberlo, aunque lo supuse porque para cautivar a mi hijo hace falta que una mujer tengas muchas cualidades, mi hijo no es un hombre superficial.
"Cuando el señor terminó de hablar, se dio cuenta que le había tendido una trampa, todo había sido una provocación, para causar una reacción de ella, se quedó viéndolo fijamente retándolo con la mirada.
Hasta que él la interrumpió—Estoy en todo mi derecho, y yo soy un hombre corrido en cuatro plazas, no me dejó llevar por las apariencias, me gusta comprobar de primera fuente los hechos y me gusta tú actitud de no cohibirte en decir lo que piensas—estiró su mano y le dijo—¿Sin rencores Vanessa?
Ella extendió también su mano—Sin rencores señor Gian Valentino —Así siguieron hablando aproximadamente como por una hora más.
Y en ese momento se percató que Valentino se le parecía mucho, ¿Sería capaz éste hombre de pagar a las autoridades para ocultar el crimen de su hijo? Realmente no encajaba en ese perfil. Y si estaban totalmente equivocados, tal vez lo de su madre fue un accidente y ellos habían estado sumidos en el odio por esa familia de manera equivocada, pero ahora como recoges la leche derramada, si le decía a la gente de Perle Fine que no tenía nada de lo que le pidieron, iban accionar en contra de ella y de su hermano, tal vez si le daba la información que había pedido, pero que no afectaría en nada a la cosmética Pagliuca, ¿Quedarían conforme? ¿En qué lío se había metido?
Luego de esa interesante conversación, se levantaron y se dirigieron a donde Valentino estaba preparando los famosos ñoquis, ya estaba en la parte final pero seguía amasando la papa con la harina de trigo, haciendo tiras con la masa y luego cortándola en pequeños trocitos.
Al verla la recibió con una gran sonrisa, sus ojos se le iluminaron y a ella no le quedó, sino corresponderle con una sonrisa—Ven acompáñame a preparar éste rico plato italiano. Ya hice la salsa, ¿Qué tal si la pruebas para que me des tú visto bueno?
Macarena se acercó donde estaba la salsa, tomó una cucharilla que le ofrecía Valentino y la probó, estaba realmente deliciosa —Está exquisita ¿Me puedes dar la receta?
El padre de Valentino, observó el intercambio entre ellos y prefirió retirarse, y le hizo una seña a las empleadas para que hicieran lo mismo y los dejaran solos, le parecía que ya estaba muy grandecito para hacer de chaperón, pensó mientras se alejaba con una sonrisa.
Valentino le respondió —¡Lo siento! Son secretos del chef, que sólo pasa de generación a generación en los Pagliuca y como tú, ni de novio me quieres—le dijo enarcando sus cejas y con una sonrisa de suficiencia.
Macarena se quedó observándolo y le dijo—Y así menos para convencerme—expresó volteando los ojos e iba a darse la vuelta cuando Valentino la halo por el brazo y la acercó a él, le puso las manos en el rostro y le llenó el rostro de harina, cuando ésta se dio cuenta de lo que había hecho, de vengativa tomó el tarro de harina que estaba a un lado de la que estaba amasando y se la vació a Valentino en la cabeza, mientras él permanecía impasible, y como si le pareciera poco, lo miraba retadora.Él no se esperaba ese ataque de ella, pero al darse cuenta que se alejaba, la volvió a tomar del brazo y la atrapó entre el mesón de la cocina y su cuerpo, mientras se sacudía el cabello y tiraba los restos de harina encima de Vanessa.
Ella enojada le dijo—¿Por qué haces eso? Eres un vengativo.—Vengativa ¡eres tú!, le haces honor a tú nombre Némesis—le dijo con una mirada intensa.
Macarena tragaba grueso, sentía toda su piel como pequeñas hormiguitas que recorrían su cuerpo, tenía esos labios llenos, tan deseables, “No cedas Macarena, no caigas en sus encantos”, se decía. —Tú empezaste llenando mi rostro de harina.
—Y tú te excediste porque me echaste encima todo el tarro, por eso ahora me toca llenarte a ti—la harina que se sacudía se la regaba a Vanessa encima, pero con movimientos sensuales, mientras se miraban ambos deseosos de devorarse pero sin atreverse ninguno a dar el siguiente paso, hasta que la provocación fue tal, que al mismo tiempo unieron sus labios y empezaron a besarse con una pasión desenfrenada, él introducía profundamente su lengua en la boca de Vanessa y ella salía a su encuentro, no les importó que se estaban ensuciando más de harina, el sitio donde estaban, solo eran ellos dos y esa gran pasión que los consumía como el fuego a la hierba en verano. La acercó más a él, uniendo más sus cuerpos, ella posaba las manos en sus pectorales, sentía que su tacto lo derretía, estaban perdidos en esas sensaciones que los enloquecían, cuando fueron interrumpidos.
—¡Vaya! ustedes no pierden tiempo, cada vez que los veo están ocupados en el mismo oficio—expresó con burla Gian Piero.
Ellos se separaron al oír la voz, Valentino lo encaró y le dijo molesto—¿O eres tú que vives apareciéndote donde no te llaman?
—Pues, te lo paso en el apartamento, porque entré a tu habitación sin tocar, pero aquí no es el momento ni el lugar adecuado hermanito—manifestó burlón.
Valentino lo miró con cara de pocos amigos, tomó de la mano a Vanessa, mientras la llevaba para que lo acompañara a colar los ñoquis, para sacarle el agua. Cuando su hermano Gian Piero los vio alejarse, salió de la cocina, pensando “No te va a durar la felicidad hermanito, porque esa chica a mi me interesa y siempre voy tras lo que quiero, sin importar a quien me lleve por delante, total tú siempre terminas complaciéndome”.
Valentino le mostró a Vanessa, todo el proceso de preparación, luego fueron a limpiarse para quitarse la harina de sus cuerpos, almorzaron con los hermanos y su padre, aunque el ambiente se puso un poco tenso ante la presencia de Gian Piero, quien no dejaba de hacer chistes poco graciosos. Macarena no se explicaba como unas personas tan buena gente, tenían como familiar a un tipo tan insoportable y sobretodo que Gian Paul, fuese gemelo de ese engendro.
Al terminar de comer Valentino y Vanessa, se levantaron de la mesa, iban caminando cuando él le dijo —¿Qué te parece si nos bañamos un rato en la piscina?
—No creo que sea buena idea. No traje bañador—respondió ella.
—Eso no es problema. Te presto uno—le dijo Valentino sonriente.
—No creo que tus trajes de baños me sirvan—expresó seca.
—Es que no son míos son de damas— respondió sonriente.
—Si serás descarado. Pretendes que me ponga, un traje de baño que alguna de tus novias dejaron aquí. ¡Realmente te pasas!—le dijo enojada separándose de él, mientras la rabia encendía sus mejillas, se sentía como una olla de presión que intentaran abrir sin sacar el vapor, a punto de explotar.
—Porque prejuzgas, debes estar segura de los hechos antes de cuestionarme, ¡ven!—ella se negaba pero Valentino insistió en que lo acompañara.
Llegaron a un área bien decorada, con unos pisos lustrosos y estantes de madera con maniquí y ropa playera de damas y caballeros totalmente nueva, se acercó a uno de los estantes y sacó varios trajes de baños de todos los colores, modelos y tallas, ella se quedó sorprendida pero antes de que pudiera decir algo le dijo —Antes que vayas a decir que son para las muchas mujeres que traigo, no es así, papá hizo preparar esta habitación para cuando se hacen piscinadas y alguno de los invitados no trajeran bañador, pudieran surtirse aquí. ¿Ves que no debes prejuzgar?
—Lo siento—expresó en tono muy bajo como no queriendo darle razón.
—Solo acepto tus disculpas y olvido todo si me das un beso—le dijo mostrándole su mejilla. Ella lo observó un momento y cuando se le fue a dar el volteó su boca y la besó en sus labios, y allí empezaron a devorarse con pasión por un momento hasta que sintieron que les faltaba aire a sus pulmones y se vieron obligados a separarse.
De seguida Valentino le dijo—No puedo seguir así Vanessa, ¿Qué somos?
—Jefe y secretaria—expresó ella aún con voz suave.
—No. Sabes que no es eso. Y nunca en mi vida me ha gustado involúcrame con mi personal, pero tú eres distinta, eres especial para mí, no sé que sea, porque nunca he amado a una mujer con amor eros, lo que tengo claro es que estas sensaciones no las he sentido por ninguna chica, cuando estás cerca de mi me siento completo, es la sensación más agradable que he podido percibir, y no es por el sexo, es algo más, no me canso de observarte y tratar de explicarme porque eres especial, y es cierto que te admiro pero también he admirado a otras mujeres por su inteligencia, lo que siento junto a ti no tiene lógica ni razón, pero me encantas Rena, quisiera que me aceptaras como tu novio y compañero, no sé dónde nos llevara esto, sólo sé que no quiero dejar de vivirlo, te has metido poco a poco en mi corazón y te empeñas en apoderarte de él y yo no quiero seguir resistiéndome.
—Valentino, yo me siento tan bien estando contigo, me haces sentir múltiples sensaciones y deseos hasta ahora para mí desconocidos. Yo desde los quince años me he cerrado a todo lo que sea sentir afecto, amor, apego, porque perdí alguien importante en mi vida, y para no sufrir su ausencia y poder sobrellevar la situación y ayudar a los otros a soportar el sufrimiento me cree una coraza, cuando se ama y se pierde a quien amas es sumamente doloroso, yo no quiero sentir dolor.
《Me encantas, pero tengo miedo de abrirme Valentino, estoy cansada de perder. Y tal vez no soy quien creas que soy—suspiró seguido, tratando de controlar las lágrimas que amenazaban con brotar de sus ojos, pero no podía permitirlo, si lo hacía sería vulnerable, y más sensible al sufrimiento, ella no podía permitir que eso sucediera, tenía que reforzar esa coraza que se había puesto, porque si permitía que se rompiera también, rompería el dique de lágrimas que había contenido durante tres años y ella jamás lloraba.
—No debes temer, no te cohíbas en dar cabida a lo que sientes, eso es parte de lo que eres, si lo haces te estás negando a una parte de ti. Jamás te haré daño, por lo menos no con intención, y lo digo así porque te mentiría si te dijera que nunca lo haré, porque a lo mejor haya momentos en que sin querer te lastime, tal vez con una palabra o una acción, pero quiero que tengas presente que si lo llegase hacer, lo reconoceré , aunque trataré por todos los medios de no hacerlo, velaré para que siempre seas feliz, porque no quisiera que te fueras de mi lado—ambos acercaron sus bocas nuevamente y se fundieron en un profundo y tierno beso.
Cuando la soltó le insistió—¿Aceptas ser mi novia Rena?
Ella lo pensó un momento más y no pudo seguir negándose a lo que deseaba—Está bien Valentino. Acepto y espero que siempre cumplas tu promesa.
—Lo haré mi Rena, claro que lo haré—Y con un nuevo beso sellaron su pacto de amor.
Valentino observaba por la ventana de la cabaña, la fuerte lluvia caía con fuerza sobre la montaña, siempre era así en esta época del año, durante cuatro años consecutivos había podido presenciar los avatares del clima en la zona, luego de ello, un intenso frío se apoderaba del ambiente, durando hasta la primera quincena de enero. Aunque para él todos los días eran iguales, no sentía diferencia entre uno y otro, desde que Macarena había muerto, el dolor, el desosiego, la tristeza, se había apoderado de su alma atribulada por la culpa, aunque intentaba cambiar de actitud, poder sentir esa felicidad de antaño, no era posible.La única que daba un poco de alegría a su vida era su pequeña Meliena Melissa, pero hasta ese momento no había exigido ning&
Valentino llegó a su apartamento hizo sus maletas, no incluyó muchas cosas, no tenía sentido, solo usaría lo estrictamente necesario. Revisó los objetos que había dejado Macarena antes de que se la llevaran detenida.De inmediato a su mente acudieron los recuerdos de ese día, sintió su corazón encogerse, se recostó en la cama que ocupaba en la habitación de huésped, debajo de la almohada encontró una bata de ella, la abrazó y empezó a llorar, dejo que las lágrimas corrieran libre por su rostro, sus heridas eran profundas, decían que llorar equilibraba el estado de ánimo, aliviaba la tensión y era un aliciente para el alma, pero él no sentía nada de eso, estaba seguro que su vida nunca sería igual. Ya comprendía a su padre, por eso se abandonó
Cuando Valentino escuchó las palabras del inspector su dolor fue en aumento, sintió que perdía el aliento y que le faltaba aire, sentía que se ahogaba, se obligó a respirar haciéndolo profundamente, tratando de captar el mayor aire y con una voz de angustia expresó —Eso no puede ser verdad, Macarena no pudo haber estado embarazada— al momento recordó la vez que habían tenido sexo sin protección, él le había comprado la pastilla del día después para que se la tomara, también le había dicho duras palabras diciendo que preferiría no tener ningún hijo que tenerlo con ella, no veía ningún mérito por los cuales sus genes debían reproducirse, la llamó traidora, desvergonzada. Cada recuerdo era más doloroso, no dejaba de pensar en cómo se sintió ella, lo que no se explica
Luego de su declaración de culpabilidad, Meredith gritó —¡Es mentira! No hagas eso Macarena. Tú eres inocente, di la verdad, por favor—expresaba llorando, los guardias de la sala se acercaron y la sacaron—Él no vale la pena hermana, no dejes que su odio te afecte. Juro que te vas arrepentir Valentino, de todo lo que estás haciéndole a Macarena.A Macarena la sentenciaron a dieciocho años de prisión. La trasladaron nuevamente a las instalaciones del cuerpo de criminalística, el inspector Oropeza utilizó todas las influencias que tenía a su alcance para que no la trasladaran a un centro penitenciario.Así pasaron seis meses y medio, mientras que Valentino seguía con el empeño de qu
Pasaron tres días sin que Valentino se apareciera por el departamento, sin embargo, ese día la chica que estaba quedándose hospedada, la interceptó y le dijo—Necesito conversar contigo Macarena.—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—espetó seria.—Me llamo Martha, no soy la amante de Valentino, soy su prima por parte de madre, solo vine a pasar un par de días. Además soy su amiga y confidente desde que éramos niños, no tienes nada que temer de mi—Así fueron conversando por un largo tiempo, hasta comieron juntas. Martha le preguntó si amaba a Valentino, ella le respondió que sí, Macarena le contó todo lo que había pasado, se desahogó con la chica, &nb
Así pasó un par de días en que Macarena estuvo enferma, mientras Valentino la cuidaba. Incluso dejó de asistir al trabajo durante ese tiempo, llamó al médico de la familia, quien le mandó un tratamiento a Macarena para la gripe que había desencadenado su resfriado.Le hacía sopas y le daba de comer, le daba los medicamentos, le bajaba la fiebre o con pañitos húmedos en su frente o cuando sus temperaturas eran demasiadas altas la metía en la bañera hasta lograr controlar su fiebre. A veces ella deliraba, llamaba a su mamá y decía cosas que no comprendía como “No es lo que piensas, te juró que me obligaron”, mientras sus dientes castañeaban, pero por más que trataba de saber más sobre lo que la preocupaba, no repet&iacut