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CAPÍTULO 9. DERRITIENDO E* HIE*O

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2020-11-07 03:48:10

Al día siguiente, Valentino llegó a su oficina a las seis y media de la mañana, aún no había llegado nadie, o eso pensaba, hasta que fue al área de la pequeña cocina a prepararse un café, al llegar allí, estaba el objeto de su desvelo de espaldas a la puerta, cargaba un vestido de cuadros negros y blanco que se le ajustaba a su cuerpo como delineando su figura, resaltaban sus voluptuosas caderas y su hermoso trasero, ¡Por Dios! debía controlarse, no pudo evitar que su amiguito reaccionara haciéndole más estrecho el pantalón.

Siguió detallándola, complementaba su conjunto una chaqueta vinotinto, con un cinturón negro, unos tacones vinotinto altos. Luego de un par de minutos observándola, ella se percató de su presencia, se volteó de inmediato con una expresión de culpabilidad y su rostro sonrojado, con su boca entreabierta, iba a dar un paso cuando se tropezó, el corrió a sostenerla y allí su control se fue al garete, se quedaron mirándose a los ojos por un par de segundo, con las respiraciones entrecortadas, hasta que sin más pérdida de tiempo unieron sus labios, era la sensación más deliciosa que había sentido Valentino, su sabor era mejor que en sus sueños, era lo más delicioso que había probado en su vida, una energía como una corriente eléctrica los envolvió, olvidándose de todo lo que los rodeaba, comenzaron a besarse suavemente, pero al pasar los segundos fueron profundizando el beso, sus sentidos enloquecieron por el calor de sus cuerpos y el fragante aroma de sus pieles. Sus lenguas se entrelazaron y jugaron entre ellas. 

Valentino la apretó más a él, por lo que Macarena sintió la dureza de su virilidad, dando un respingo. Se separaron y se quedaron viendo, ella con su boca un tanto hinchada producto del beso apasionado que habían compartido. Él juntó su frente con la de ella y le dijo —Vanessa, te juró que he intentado por todos los medios huirle a esto, nunca me he involucrado con alguien de mi personal, pero esto me sobrepasa, no dejo de tenerte presente, pienso en ti las veinticuatro horas del día, porque hasta en mis sueños apareces, te imagino besando cada parte de tú piel, ya no aguanto mi Bella, por favor acéptame a tú lado como tú amigo, compañero, novio, amante, lo que quieras—le suplicó.

—Valentino, tienes a Indira y Rubí, me quieres a mí para tener una tercera, ¡si serás sinvergüenza!—pronunció con un indicio de enojo, mientras su corazón latía desbocado, haciendo esfuerzos por controlar sus emociones.

—Ellas no son nada mío, son sólo amigas con derecho a roce. Pero si tú y yo decidimos inicial una relación, ellas no serían impedimento, me limitaría sólo a ser su amigo—expresó con sinceridad mientras ella lo miraba con un gesto de sorpresa.

—No sé si eso es buena idea—pronunció dubitativa.

—Piénsalo, conmigo te ganarías la lotería, buen mozo, joven, inteligente, loco por ti y la guinda del pastel tengo dinero—le dijo bromeando— ¿Dónde vas a conseguir un partido tan bueno como yo? —pero lamentablemente para él, Vanessa no se caracterizaba por tener un buen sentido del humor y su comentario en vez de hacerla reír, la enojó y le dijo —Y bien creído también eres, no soporto a la gente con ínfulas de superioridad al parecer eso es un mal de familia—expresó saliendo de la cocina, y él la tomó del brazo diciéndole —Perdóname mi bella, se me olvidaba que eres una chica con poco sentido del humor, y por lo que he observado en ti, te cuesta dar cabida a las emociones, sólo quería hacerte reír—dicho eso la abrazó, ella intentó separarse pero Valentino no la dejó, la siguió abrazando y así se quedaron un rato, disfrutando uno en brazos del otro, ella cerró los ojos pensando que era la segunda vez que un abrazo de él, le hacía recordar cuando su madre la abrazaba, aunque por supuesto que ese abrazo de Valentino era distinto y despertaba en ellas distintas sensaciones.

Él la soltó, y de seguida procedió a servir dos tazas de cafés fuertes y sin azúcar, del que había preparado Vanessa, las colocó en una bandeja y caminó hacia la oficina, seguido de cerca por ella, el delicioso aroma impregnaba el ambiente, dando una agradable sensación de armonía y sosiego, era como estar en el lar.

Al llegar a su oficina, puso el café de ella en el escritorio, colocó la bandeja en una mesa y tomó el suyo, la invitó a sentarse, mientras iniciaban una conversación — Vanessa ¿Por qué estás recia a iniciar una relación conmigo? ¿No te gusto? —Interrogó arqueando una ceja.

—Estaría ciega si no me gustaras, aunque te pongas mas creído, sabes que eras atractivo, eres justo, inteligente, caballeroso, contigo no me aburriría nunca, porque me agrada conversar contigo—suspiró no sabía qué hacer, como iba a aceptar una relación con Valentino cuando ella no era la persona que él pensaba y no pudo evitar decírselo aunque después se arrepintió de hacerlo—. Pero Valentino no soy quien tú crees.

—No entiendo, eres una mujer bonita, inteligente, con poco sentido del humor pero estoy dispuesto a enseñarte a tenerlo, a que expreses tus emociones sin temor porque eso no es sinónimo de debilidad, sino todo lo contrario, es un símbolo de fortaleza e inteligencia emocional. Nunca te cohíbas de expresar tú enojo, tú alegría, tú tristeza, ¿Sabías que las lágrimas purifican el alma? Así que nunca te de miedo que broten de tus ojos. Quiero caminar contigo aprender uno de otro, siento algo muy especial por ti, me encanta mirarte nunca me cansó de hacerlo y de prever cada paso que das, estos poco más de tres meses, me has calado tan profundo que sólo quiero estar contigo—se le acercó, la tomó por los hombros la acercó hacía él y la besó, se fundieron en un beso profundo que despertó en ellos el más exquisito placer, se separaron cuando sintieron que el oxigeno no les llegaba a sus pulmones.

Se mantuvieron cerca uno de otros. Él le acariciaba el rostro con ternura y le decía—Acéptame mi bella, te prometo no defraudarte—expresó mirándola con adoración, una sola mirada de ese hombre la hipnotizaba, y la dejaba a su merced, y eso le daba terror, no quería que nada ni nadie le volviera hacer daño, y si era sincera consigo mismo, sus secretos y mentiras podían tener resultados nefastos, y la culpa sólo sería de ella, debía esconder en lo más profundo de su ser esas sensaciones que él le producía, no podía dejarlas surgir. Una vez más Macarena no demuestres lo que sientes, se dijo, pero esa decisión le produjo tal resquemor así misma, que se dio asco.

—Lo siento Valentino. Por favor, vamos a limitarnos a trabajar. A eso fue lo que vine, no me presiones a tener una relación contigo que no deseo—manifestó con firmeza.

—Está bien señorita Némesis Ontiveros, limitémonos a trabajar—le dijo serio.

—No me llames Némesis, te dije que me llamaras Vanessa—expresó seria.

—¡Es tu nombre! porque negarlo. Por cierto, ¿Por qué ese nombre? Me imagino que no tengo ni que decírtelo, pero igual te lo diré. Némesis en la mitología griega llamada también Ramnusia “la diosa de Ramnunte” es la diosa de justicia retributiva o más concretamente la diosa de la venganza y el castigo. Debes ser muy vengativa ¿Ahora mismo estás pensando en vengarte de alguien? —preguntó Valentino.

Ella se quedó viéndolo intensamente —Soy vengativa, pero no estoy segura de querer vengarme por mis propias manos—dijo con un deje de amargura.

Él la vio sorpresivamente, pero no pronunció palabra alguna respecto al tema, se limitó a sentarse en el escritorio de su PC y a enviarles mensajes a Vanessa y con voz seria le dijo—Señorita Némesis Ontiveros Duarte, le estoy asignando trabajo, se los estoy enviando al correo, quiero todo con la mayor celeridad posible —dijo con una voz carente de emoción—Ahora tenga la bondad de retirarse de mi oficina.

—Con permiso señor Pagliuca—manifestó Vanessa.

Al ella salir, Valentino se pasó ambas manos por el rostro. Estaba molesto por la actitud de Vanessa, pero no iba a suplicarle, estaba cansado de buscarla e ir detrás de ella, pero sólo recibía rechazo. Aunque hoy se había dejado besar y no había sido cualquier beso, sino profundo lleno de emoción, pero había algo que la frenaba y tenía que averiguar que era.

Mientras tanto Macarena, seguía en su computadora respondiendo a las tareas que le habían asignado, haciéndose pasar por Vanessa, estaba harta de todo, definitivamente ésta situación se le escapaba de las manos, sentía algo por ese hombre, cada día que pasaba la cautivaba más con su forma de ser, era un hombre extraordinario como nunca había conocido. Pero tenía miedo de dar rienda suelta a lo que sentía, para empezar Valentino estaba enamorado de Vanessa y ella no era esa mujer, ella es Macarena, y lo estaba engañándo haciéndose pasar por otra persona, para causar daño a su empresa, pero no se decidía hacer eso. 

En ese momento sonó su teléfono celular y al ver el número que le marcaba se dio cuenta que era su hermano, lo atendió luego del tercer repique. —Aló—respondió ella —Hola Rena, manita ¿Cómo estás?—pronunció al otro lado de la línea.

—Hola Matías. Estoy bien pero ¿A qué debo tú llamada? —interrogó ella aunque sospechaba que había detrás de la misma, su hermano se oía desesperado.

—Estoy preocupado Rena, la gente de Perle Fine están pidiendo que se les entregue información de inmediato. Debes darles algo Macarena, porque ellos están amenazando en dejarte en evidencia y denunciarte ellos mismos, para evitar la ira de Valentino Pagliuca, tengo miedo—dijo con tono de lamento.

—No te preocupes Matías, me haré cargo, debes confiar en mí—expresó para tranquilizarlo.

—Yo confío en ti Macarena, siempre lo he hecho, eres la más inteligente de nosotros, eres como mamá y aunque a veces pienses que no es así. Yo te amo, te admiro. Perdóname por haberte metido en esto. Lo siento, yo sólo quería vengar a mamá—expresó soltando un lamento—No quiero que te pase nada, no quiero que te metan a la cárcel, ni que te separen de nosotros.

—Matías, no me pasará nada, siempre estaré con ustedes. Yo también te amo—le dijo con una suave voz, le conmovió oírlo llorar. 

En ese momento salió de su oficina Valentino, y al escuchar a Vanessa, sintió que su sangre le hervía del enojo y sin pensar si quiera las palabras que salían de su boca expresó —Estás en horas laborables, no creo que sea momento para estar hablando por teléfono con tú novio o quien quiera que estés hablando, no me importa quien sea, pero te recuerdo que te pago para que prestes un servicio a la empresa o es que ya terminaste lo que te asigné porque si es así—dijo entrando a su despacho dos veces seguidas y volviendo a salir con una torre de carpetas—Aquí tienes para que transcribas esos nuevos contratos y los quiero para hoy mismo—manifestó entrando a su oficina y volviendo a salir, cerrando la puerta con furia, mientras se iba bastante enojado.

—¿Qué fue eso hermana? ¿Por qué ese hombre te maltrata de esa manera?

—Porque se molestó cuando me vio hablando por celular. Te dejo manito hablamos luego—se despidió y se puso a sacar primero el trabajo que le había enviado por correo, respondió todas las solicitudes de los distribuidores, estampó la firma electrónica de Valentino y las envió. Luego se puso a revisar los contratos, ni siquiera pudo comer por la cantidad de trabajo que tenía pendiente. Se hicieron las tres y media de la tarde, se levantó de su escritorio y se dirigió a la Gerencia de Ingeniería, entró al laboratorio para hablar con el ingeniero Carlos Aponte, luego de saludarlo, con palabras firmes le dijo—Necesito que por favor, me entregue por lo menos tres fórmulas para elaboración de productos, que estén descontinuadas o que hayan sido usado para elaborar ciertos insumos, pero que después hayan sido desechadas y no utilizadas.

—Disculpe señorita, ¿Para que fin usted va a utilizar esas fórmulas?—expresó dubitativo el hombre.

—Aponte, debo recordarle que trabajo en presidencia y hay información que no puedo compartir con usted, porque es confidencial—indicó con voz firme. Por lo que el hombre después de pensarlo por unos instantes, procedió a buscarle lo solicitado.

Diez minutos después, le entregó una carpeta contentiva de las fórmulas. Macarena salió de la Gerencia de Ingeniería con su pulso acelerado, estaba nerviosa de ser descubierta, caminó a su oficina y colocó la carpeta en sus cosas justo en el momento que entró Valentino.

—¿Terminaste el trabajo? Porque justo llegue hace unos diez minutos y no estabas en tú oficina, me pregunto si es que te sientes aún desocupada—.Expreso con enojo.

—¡Ya basta Valentino! Deja tú altanería conmigo porque no lo tolero—. Manifestó irritada.

—Me tiene sin cuidado si lo toleras o no. Yo aquí soy el presidente de la empresa y tú no eres más que mi secretaria. Así que te agradezco que la que debe dejar la altanería eres tú y te diriges a mí con respeto ¿Estamos claro?

—Si señor Pagliuca, está muy claro—se sentó a seguir revisando las carpetas, las seleccionó por tipo de contrato y por idioma y comenzó a transcribirlas para plasmar las correcciones. Así fueron pasando las horas, hasta que se hicieron las nueve de la noche, no pudo ir a clases por el trabajo y aparte se sentía cansada y hambrienta, pero aún le faltaba un grupo.

Mientras en la oficina Valentino seguía revisando condiciones de adquisición de materia prima, pero no había podido concentrarse, no dejaba de pensar en la conversación que tenía Vanessa con el tal Matías, se oía de lo más dulce, mientras que con él todo el tiempo buscaba pelearse. Y no quería aceptarlo, claro porque tenía novio, pero fue tan cobarde que no se atrevió a decírselo y eso le molestaba, no soportaba la deshonestidad.

Luego de una hora terminó y entró con todo el trabajo que había hecho, él se sorprendió porque jamás imaginó que ella terminaría todo lo que le había asignado en la mañana, cuando la rabia lo había controlado. Ella le fue colocando las diferentes carpetas por grupo para que las suscribiera.

Y luego, le dijo—Hasta hoy trabajo contigo, no me voy a seguir calando tus ataques de histeria, soy una mujer demasiado centrada, que nunca pierdo el control de mis emociones para venir a luchar con las tuyas. No me da la gana de que me sigas tratando como lo hiciste hoy—expresó serena.

—Bueno como no quieres lidiar con mi ataque de histeria, tal vez quieras lidiar con esto—espetó mientras la tomaba con ambas manos por el rostro y la besaba apasionadamente, la chica aunque había estado ocupada no había dejado de evocar el beso que le dio en la mañana y ahora recibía ese beso que le volvía a poner las piernas como mantequilla derretida, era tan exquisita esa sensación.

Valentino la devoró con una desesperación tal, que terminó subiéndola en el escritorio, le empezó a besar el cuello mientras le decía—Te deseo Vanessa, no sabes cuánto quiero que estemos juntos, hacerte mía, fundirnos como uno solo. Te necesito, quiero sumergirme dentro de ti pequeña—Desde que la llamó Vanessa, Macarena no podía sentirse del todo bien por el engaño que estaba haciéndole, pero se sentían tan bien sus manos recorriendo su piel, la sentía caliente a punto de encenderse, él le desabotonó la blusa y el brasier y empezó a jugar con sus voluptuosos senos, haciendo que sus aureolas se irguieran orgullosas en la cúspide de sus pechos.

Valentino se quedó viéndola, y no pudo aguantar más la provocación, posó su boca en uno de ellos, lamiéndolo y mordiéndolo al mismo tiempo, sentía que su pantalón iba a romperse producto de su erección, tomó una mano de ella y la colocó en su masculinidad, mientras la guiaba para acariciarla, estaba fuera de control, le tomó el otro pecho y lo acarició lamiéndolo con codicia como si se tratara del más rico manjar. Vanessa jadeaba sin control, y con un sonido gutural le dijo —Por favor, Valentino—él le levantó el vestido y subió sus manos entre sus piernas abriendo sus muslos, descubriéndola, acarició el centro de su femineidad, mientras sentía que emanaba la esencia de Vanessa, estaba húmeda preparada para él, introdujo un dedo dentro de ella mientras la acariciaba y luego le sumo otro más, empezó a acariciarla lentamente, mientras ella movía sus caderas al ritmo de su mano, siguió tocándola hasta que sintió que ella llegaba a su orgasmo.

Macarena nunca había sentido tan deliciosas sensaciones, sintió un hormigueo por todo su cuerpo, se sintió flotando cuando cayó en una vorágine de placer, que la dejó debilitada, posando su cabeza en el pecho de Valentino, se quedaron por unos minutos abrazados, hasta que él la soltó, ella se sintió desprotegida, pero el retorno inmediatamente, trayendo una toalla humedecida para limpiarle el líquido que había brotado de entre sus piernas, la higienizó con un cuidado y una ternura, como si del tesoro más preciado se tratara.

—Matías no es mi novio, ni nada quien no te importe—Manifestó con voz ronca. Valentino se quedó en silencio, pero por dentro sintió una gran emoción.

Siguió concentrado en limpiarla con sumo cuidado, mientras ella se sentía excitada, quería besarlo, hacerlo que enloqueciera por ella. Al terminar la tarea, la besó en la frente y le dijo—Aquí no puedo hacerte mía, sólo quería que disfrutáras un poco de la experiencia, pero te prometo que cuando nos fundamos en uno solo va a ser el momento más hermoso y sublime de tú vida —.La besó apasionadamente, luego le arregló la ropa, mientras la llenaba de pequeños besos. Ella tenía sus mejillas sonrosadas y sus labios hinchados y un aire de inocencia que lo cautivaba y hacía más grande su erección, Vanessa se dio cuenta y le dijo—¿Qué debo hacer para que también tengas placer?

—Mi pequeña verte a ti excitada y luego llegando al orgasmo es un placer para mí—ella lo observó con una mirada de duda.

—Quiero hacerte sentir placer Valentino—.Espetó seria.

Él para complacerla, abrió su pantalón, se lo bajó al igual que su bóxer y quedó desnudo frente a ella de la cintura para abajo, Vanessa abrió los ojos desmesurados, producto de la sorpresa que le produjo ver su miembro largo y grueso, totalmente erecto, se le notó su nerviosismo y le dijo —¡Es inmenso! Eso jamás cabrá dentro de mí—pronunció sorprendida.

Al decir eso Valentino no pudo evitar una sonrisa ladeada y le dijo: —Tranquila que no muerde y cuando llegue el momento verás que nos acoplaremos perfectamente uno al otro, naciste para ser mía mi bella, sólo mía, mi pequeña. —De inmediato él tomó la mano de Vanessa y la puso en su miembro erguido y la guió para que supiera cómo darle placer, enseñándole como debía presionar con firmeza pero cuidadosamente, moviendo su mano de menor a mayor intensidad, fue una buena alumna, y lo llevó a la cúspide del placer, mientras ella sin ningún tipo de cohibimiento dejó que su semilla cayera en su vestido, ella se quedó mirando maravillada, eso le encantó a él, como ella se sorprendía con cualquier detalle que le mostraba del sexo, era de naturaleza curiosa producto de su inocencia y nunca la había visto tan expresiva con sus emociones, se veía tan frágil, incluso parecía de menos edad, si no supiera que ya tenía veintiún años cumplidos, juraría que no pasaba de dieciocho, estaba loco por pensar en eso, Vanessa no tenía nada que ocultarle ó ¿sí?.

"El tiempo es el padre de la verdad." François Rabelais.

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