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CAPÍTULO 13. INTERRUMPIDOS OTRA VEZ

Autor: Jeda Clavo
last update Fecha de publicación: 2020-11-11 08:04:44

Al día siguiente Macarena no fue a la oficina pero habló con Valentino por teléfono, él le informó que pasaría recogiéndola al final de la tarde, debido a que viajarían al día siguiente en horas de la mañana y durante los próximos diez días a varios países de Suramérica, para la firma de varios contratos que le permitiría a la cosmética Pagliuca abrirse paso en esos mercados, sobre todo en Uruguay, Ecuador y Colombia, por cuanto ya habían firmado acuerdos similares en Argentina, Chile y Brasil y sus líneas de productos estaban ya siendo distribuidas allí, además debían preparar el lanzamiento de renacer en escasos veinte días.

Estaba terminando de preparar su maleta para el viaje, cuando su hermano tocó la puerta de su habitación y le dijo —Vine con alguien que quiero que conozcas.

Ella dejó de hacer su maleta y salió a la sala, allí sentada estaba una hermosa chica rubia de ojos verdes, un poco más baja de estatura que ella, con una espléndida sonrisa y mirada expresiva, al verla se levantó y le dio la mano —Hola, debes ser Macarena, tu hermano me ha hablado mucho de ti, se siente muy orgulloso. Soy Perla, un gusto conocerte—su hermano de inmediato se puso al lado de su novia.

—Hola. Si me imaginé. Mi hermano me habló ayer de ti. Eres una chica muy bonita—la chica era sencilla, dulce y emanaba un aura de simpatía. Ya sabía porque había enamorado a su hermano.

—Gracias. Tú también eres una chica muy linda y te ves muy joven. No pareces mayor de veinte años.

—Así es. Solo tengo dieciocho. Perla discúlpame por lo que voy a decir, pero ¿saben en que se están metiendo? —interrogó Macarena.

—Sí. Sabemos que es jugar con fuego, pero estamos dispuesto a correr con las consecuencias, yo amo a tu hermano y sé que de la empresa de mi padre alguien lo contrató para que tú te filtraras en la empresa Pagliuca, aprovechándose del deseo que tenían ustedes de vengar a su madre. Yo no apruebo esos métodos, no creo que papá sea capaz de tolerar eso, me parece que eso es jugar sucio, no creo que ese sea su estilo. He intentado emplazarlo, pero Mateo me lo ha prohibido. Pero tarde o temprano habrá que encarar la situación—manifestó la chica con seguridad.

—Perla no es solo eso,  no creo que tú padre te permita sostener una relación con mi hermano por muy buena educación que haya tenido, carecemos de dinero y propiedades. Sólo vivimos de nuestro trabajo y como verás, le dijo señalando el apartamento, carecemos de lujos y comodidades.

—¿Crees que soy una chica materialista? Pues déjame informarte que no me importa el dinero, tampoco vivir del trabajo, la mayoría de la gente a nivel mundial lo hace y yo no soy diferente de ellos—.Expresó en tono firme.

—No era mi intención ofenderte, es solo que es bueno tenerlo claro, es recomendable dar los pasos en nuestras vidas consciente de las consecuencias. Eso lo he entendido, aunque muy tarde—pronunció con un dejo de tristeza. Pasaron la mañana hablando y luego Perla los invitó a almorzar en un restaurante, junto con sus hermanas y Rita. Desde que estaba trabajando en la empresa Pagliuca, habían mejorado sus ingresos. Su hermano y ella aceptaron con la condición que ellos pagaban la cuenta, la chica aceptó a regañadientas.

Cuando se estaba cambiando en su habitación para salir entró su hermana Meredith, ella se sorprendió con su llegada y le dijo—¿Qué haces en mi habitación?

—Necesito conversar contigo, no podemos seguir así—. Manifestó su hermana.

—No tengo nada que conversar contigo—pronunció con voz seca.

—¿Tanto te importaba ese desgraciado de Octavio? ¿Con todo y lo que te hizo ayer? ¿Qué no eres capaz de perdonar a tú propia hermana? todos cometemos errores, yo me deje llevar, reconozco, que me encanta el sexo, si me gusta un hombre, no pienso en las consecuencias, solo voy a disfrutarlo y ya, sin compromiso, eso no tiene nada de malo, yo soy soltera.

—Pues déjame decirte que si tiene algo de malo, cuando se supone que ese tipo que te estás tirando,—espetó enojada— es probablemente, el hombre que le gusta o con el cual está saliendo tú hermana y aunque poco me importa que haya sido Octavio o no, me duele es tú traición que no hayas pensado como me sentiría al verlos, tener sexos en mi propia cocina, eso es el colmo del descaro y el caradurismo, es lo mas ruín.

—Agradece que te abrí los ojos, allí estuvieras engañada con un hombre tan bajo como él.

—Si, seguro que lo hiciste para desenmascararlo. ¡Qué buena eres! Gracias hermanita—expresó con sarcasmo Macarena.

—¡¿Piensas seguirme ignorándo?! —cuestionó su hermana.

—Si quieres que te hable lo haré, pero no pidas que seamos las mejores hermanas y amigas porque no confió en ti. Ahora por favor sal de mi habitación que necesito terminar de cambiarme.

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Mientras tanto en su oficina, Valentino terminaba de suscribir unos documentos para ir a preparar su maleta y luego recoger a Vanessa, había decidido ir con ella, darle la oportunidad de que se abriera y confiara en él, además quería estar con ella sin interrupciones. Pudo haber mentido para conseguir un trabajo en su empresa, si fue así no la cuestionaría, la contrataría independientemente como se llamara, era una excelente secretaria y sobre todo era la mujer que amaba, la más importante de su vida y nunca sería capaz de renunciar a ella, no creía que nada malo la haya movido.

Tocaron la puerta de su oficina, él invitó a entrar, Laura una secretaria de otro departamento, que estaba cubriendo a Vanessa, entró y le dijo —El Señor Miguel de seguridad quiere hablar con usted—pronunció la chica.

—Hazlo pasar Laura, por favor—Estaba nervioso de la visita de Miguel, tenía miedo de la noticia que le traía, sintió cierto frío que se instaló en su corazón, pero no había nada que hacer, la verdad debía ser revelada, por muy dolorosa que fuera.

Entró Miguel —Buenas tardes señor Pagliuca, le traigo un adelanto de lo que investigué sobre la asignación que me mandó. Preferiría que lo leyera, creo que no le va a gustar lo que va a encontrar allí. Igual no he cerrado la investigación.

—Gracias Miguel, no me digas nada yo leo el informe—le dijo extendiendo su mano para tomar la carpeta. El hombre se fue. Y Valentino se quedó con la carpeta en la mano, sentía que era una bomba de tiempo, y por primera vez tenía miedo, la amaba, ella era su alegría, le había dado sentido a su vida, y no se había sentido así desde que vivía su madre, había tenido una relación, pero jamás se comparaba lo que sintió en ese momento por lo que sentía ahora por Vanessa, ella era su nueva oportunidad de confiar, de que la gente no era tan farsante y ahora resultaba, que tal vez era otro engaño. 

Le parecía todo tan irreal, no podía creer que otra vez se había equivocado. Tal vez sería un cobarde pero no quería leer ese informe, tomó la carpeta y la metió en un cajón del escritorio, se pasó la mano por la cabeza, tomó el teléfono y la llamó, respondió a la segunda timbrada — Hola. ¿Ya estás lista? —interrogó con voz apagada.

—Hola. Estoy almorzando con mi hermano y su novia y mis hermanas—respondió sin pensar.

—Pensé que solo tenías una sola hermana—expresó él, sintiendo que ya se iban develando los secretos.

Macarena cerró los ojos, tarde o temprano la verdad alcanzaba a la mentira, porque ésta corría con patas cortas, sin embargo, no quiso exponerse—Ando con mi hermanita, y los hijos de Rita que son como mis hermanos.

Él cerró los ojos, tenía un gran dolor de cabeza y una profunda tristeza, no sabía que había en ese informe, pero era seguro que Vanessa o tal vez Macarena no se lo contaría por cuenta propia. Pero esperaría, aún en el fondo de su corazón, tenía la esperanza que ella le contara la verdad, y por eso no leería, esperaría, iba a darle los diez días que estarían de viaje para que ella se decidiera a exponerle toda la verdad. Si no lo hacía, conocería al inclemente Valentino Pagliuca, a quienes todos temían.

—Vanessa te buscó en un par de horas—le dijo secamente.

Ella cerró los ojos y se dio cuenta que su tono de voz no era el mismo —Te esperaré—le dijo en un suave tono de voz. Y se entristeció, tenía miedo después de mucho tiempo, temor de perderlo, de que Valentino la odiara.

Valentino se fue a su apartamento, terminó de hacer su maleta, aunque partiría al día siguiente, le gustaba adelantarse y tener todo preparado. Empezó a limpiar el mismo su departamento, la gente jamás se imaginaría que el exitoso empresario, aseaba por sí mismo su casa, le gustaba su privacidad, sólo cuando hacía limpieza profunda pedía a un par de señoras de limpieza, que trabajaban de la casa de su padre para que acudieran.

En su recorrido, encontró el vestido que Macarena se había puesto para la visita a casa de su padre, lo tomó y se lo llevó a la nariz y lo olfateó, cerrando los ojos, ¿Cómo era posible que aún sabiendo que lo estaba engañando, no podía dejar de pensar en ella? Tomó el vestido y lo arrojó en la cesta. Lo colocó con la ropa que iba a enviar a la lavandería. Después de terminar de organizar, se metió a duchar mientras no dejaba de pensar en Rena, sus labios, sus ojos, su cuerpo ¿Por qué amor? ¿Por qué no quieres sincerarte conmigo? Por favor no me decepciones más. ¡Dime la verdad! Aunque duela, se tú la que te descubras, se dijo.

Salió de la ducha, tomó su celular, ella le había enviado un mensaje donde le decía que estaba lista, se vistió rápido y fue a buscarla, en menos de treinta minutos estaba frente al edificio, la llamó y luego de diez minutos apareció con su maleta, vestida con un short de jean corto que dejaba expuesta sus preciosas piernas, y una blusa corta, que dejaba expuesto su precio ombligo, su cabello suelto y sin maquillaje, de una vez se excitó, seguía teniendo el mismo efecto en él. 

Se bajó y al verlo, ella lo abrazó y aunque estaba enojado, no pudo dejar de ser receptivo con ella, definitivamente esa mujer lo tenía loco, era un aliciente para su alma, era la luz que daba brillo a su vida, ¿Cómo hacías cuando sentías que la persona que te mentía era como el aire para respirar, como la luz del sol, como el agua que te daba vida?, la abrazó con fuerza sin querer soltarla, si pudieran quedarse así para siempre. Suspiró, dejó de abrazarla, tomó la maleta y la montó en la camioneta, luego la ayudó a subir.

Después de un rato en completo silencio, ella le preguntó—¿Qué tienes Valentino? te siento un poco nostálgico. Hasta triste.

—¿Qué tengo? Qué nunca las cosas son como parecen, que las personas no son todo lo sincera que creemos, que la vida no es nunca como la imaginamos—dijo serio.

—Y nunca los porqués, son los que uno espera. La vida no es el color de rosa que te pintan de pequeño—expresó con tristeza Macarena.

Valentino lanzó una carcajada—Si lo sabré yo, mi madre salió a la clínica a tener a mi hermanita y esperaba con ilusión verlas llegar, ¡por supuesto que las vi! pero en un par de ataúd a las dos, sólo tenía catorce años cuando eso pasó y sufrí juntos con mis hermanos el abandono de mi padre, y ¿sabes que es difícil Vanessa? tener que consolar a un par de niños de ocho años por la ausencia de tus padres, cuando estás muriendo por dentro y ni tú mismo puedes explicarte qué pasó. Luego que los consolaba, me iba a mi cuarto a llorar, no había consuelo para mí, ni quien lo hiciera—terminó con la voz quebrada, mientras sus ojos enrojecían.

—Yo sé que es esperar a una madre que nunca llega, quien era todo para ti, tener que ocultar lo que sientes para dar consuelo a los demás, y ni siquiera llorar en la soledad de tu habitación porque no puedes hacerlo, porque no quieres quebrarte para poder soportar el dolor. Ver a tu padre suicidarse frente a ti y no poder hacer nada y ocultar nuevamente tus sentimientos y fingir que no te dolió para no romperte, y no poder llorar porque te secaste y perder todo lo que un día tuviste de la noche en la mañana porque la crueldad de la gente en quién confiaste te defraudó. 

《Yo sé lo que se siente no tener a nadie, no tener un hombro donde llorar, una voz que te calme el tormento del alma, ¡lo sé Valentino!—pero a diferencia de él, ni una lágrima salió de sus ojos.

No dijeron más nada, hicieron el recorrido en silencio, las palabras estaban demás, cada uno estaba sumergido en sus pensamientos. Llegaron al apartamento ninguno quiso comer, Valentino la llevó al cuarto de huésped y él se encerró en su habitación no sin antes decirle—El jet de la empresa estará esperando por nosotros a las siete de la mañana. A las cinco de la mañana viene un helicóptero para llevarnos a La Guaira, porque a las cinco y media nos chequearemos en migración. Buenas tardes Vanessa, espero descanses—le dijo serio.

—Buenas tardes Valentino. Igualmente—.Respondió neutra. Preparó la ropa que se colocaría al día siguiente, se metió a bañar, se puso una bata de dormir. Luego se acostó, se quedó sumergida en sus pensamientos. Lo había perdido, la única luz que había visto reflejada en su vida, ¡Lo había perdido!, y eso que no conocía toda la verdad, La odiaría. La embargó una profunda tristeza, sentía su corazón desgarrado, pobrecito, como lograba sobreponer con cada herida que la vida le propinaba. No tienes derecho a la felicidad Macarena, ¿Cuándo entenderás que jamás lo lograrás? Tú relación con él estaba destinada al fracaso desde el mismo momento en que aceptaste mentir para acercarte a sus empresas. La vida no podía ser de otra manera, y los únicos colores que conocía en su vida eran el negro y el gris, no había matices, no había amaneceres ni crepúsculos.

Con esos pensamientos se quedó dormida, hasta que fue despertada como a un cuarto para las cuatro de la mañana por un gran grito. Se levantó, caminó a la sala y escuchó que los gritos provenían de la habitación de Valentino, no quería abusar entrando, pero se escuchaba su voz angustiada, no podía dejarlo así. Entró a su habitación, estaba acostado con sus ojos cerrados, mientras movía su cuerpo negativamente de un lado a otro, atormentado por las pesadillas, se le acercó, intentaba despertarlo pero no lo lograba, incluso en su intento de despertarlo él le golpeó la boca, ella se asustó —Valentino, por favor ¡despierta!, ¡me estás haciendo daño!—gritó con voz desesperada.

Su grito lo despertó, se sorprendió al verla allí, pero más se sorprendió que su labio estaba sangrando y su mirada era de miedo, Valentino sintió que un sudor frío lo recorría y se asustó —¿Qué te pasó? ¿Yo te hice eso? —dijo angustiado.

Ella no le respondió solo se fue alejando poco a poco temerosa, él al verla se desesperó —No Rena, por favor, estaba dormido, no fui consciente—se sintió desfallecer le había hecho daño y ella le estaba huyendo con miedo. 

Se levantó sin recordarse que sólo estaba en bóxer, ella abrió expresivamente sus ojos, pero él no se dio aludido, la tomó por el brazo y la haló hacía él, abrazándola mientras le decía—Lo siento pequeña, no supe lo que hacía, sabes que sería incapaz de hacerte daño—Le besaba los cabellos y olía su fragancia, eso lo excitó, le levantó el rostro y le lamió el poco de sangre que habían salido de sus labios y empezaron a besarse con desespero. No podía resistirse, ella era su debilidad, su mundo, era lo que más deseaba y amaba en la vida. 

Fue bajando por su cuello, le daba pequeñas mordidas, mientras la olía, esa fragancia lo embriagaba, no quería soltarla, su pequeña, su Vanessa, su Rena, su Macarena, que importaba que nombre tenía, era la mujer que llenaba sus sentidos, era quien calmaba sus angustias, no podía negarse a esa verdad, quien quiera que sea ella, carecía de importancia, lo que era seguro, es que ella era su amor, sus besos le ayudaban a olvidar los problemas, los malos recuerdos, sólo eran ellos dos, poco a poco la fue acostando en la cama, le quitó la bata, mientras ella le acariciaba sus pectorales, la dejó desnuda sólo con una tanga, se observaron enfebrecidos por la pasión, tomó uno de sus senos mientras lo succionaba con necesidad, ella sentía un fuego entre sus piernas, él bajo su mano y la posó allí donde su deseo palpitaba y empezó a darle pequeños masajes con mucha delicadeza.

Ella jadeaba y decía palabras sin sentido, él soltó un seno y tomó el otro deleitándose con su sabor, hasta que su celular que estaba a un lado de la mesita de noche sonó en señal que había entrado una llamada y aunque no quería responder sumergido como estaba en su cuerpo. La insistencia de quien llamó ganó, la soltó y se acostó a un lado tratando de calmarse, cuando se sintió más tranquilo respondió—Aló.

—Señor Pagliuca ya estamos en el helipuerto de su edificio. Sólo le llamaba para avisarle que esperamos por ustedes.

—Ok. Luis Genaro. Está bien. En treinta minutos estaremos allí—cortó la llamada y la observó. Ella se cubría con su sábana mientras trataba de enderezar su bata para colocársela, la vio y sonrió —. Bata déjala en paz—le dijo con una sonrisa, se la quitó y colocándola al derecho se la puso. Luego acarició sus labios y la besó con dulzura, luego expresó—. Te juro que llegará el momento en que no seremos interrumpidos. Ambos se levantaron y cada uno se fue a prepararse para la partida.

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