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CAPÍTULO 14. INFRAGANTI

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2020-11-11 08:07:41

Subieron en el ascensor hasta la azotea del edificio donde estaba residenciado Valentino, se dirigieron al helipuerto elevado, cuya estructura estaba fabricada de acero y de aluminio, los esperaban dos hombres vestidos de pilotos, los ayudaron a guardar el equipaje, mientras Valentino ayudaba a Macarena a subirse, pero no se sentó junto a ella, sino que se ubicó en el asiento para pilotear el helicóptero, desconocía que tenía esas capacidades. Valentino cada día la sorprendía más.

Lo primero que hizo fue amarrarse los cinturones de seguridad, se colocó los tapa oídos, revisó los instrumentos, los controles y los configuró, revisó la lista de chequeo, la batería y la válvula de combustible, inició con el arranque, cuando cumplió el procedimiento, elevó el helicóptero utilizando el mando colectivo con su mano izquierda, levantó el acelerador y cuando ya estuvo lo suficientemente elevado, empujó el cíclico hacia adelante y empezó a moverse, en menos de seis minutos llegaron a un hangar privado en Maiquetía, al llegar los estaban esperando, realizaron la revisión de equipaje y le fueron sellados los pasaporte por migración. 

Después de aproximadamente veinte minutos de espera, se dirigieron al jet de la empresa, donde estaba todo preparado para despegar. Valentino durante todo ese proceso mantuvo a Rena tomada de la mano, al subir al jet ella pensó que lo pilotearía y le preguntó —¿Pilotearás el jet?

—No, me quedaré contigo, no quiero separarme más de ti, le dijo acercándola y dándole un suave beso en los labios.

Ambos se sentaron y ella le preguntó —¿Dónde iremos primero?

—Vamos a Cartagena, llegaremos a un aeródromo privado, ubicado cerca de las instalaciones del Aeropuerto Internacional Rafael Núñez.

—¿Qué haremos primero?—siguió interrogando Macarena.

—Iremos al hotel. Allí mismo tendremos la reunión con el nuevo distribuidor de Nuestros productos. De todas maneras, ya están revisadas todas las cláusulas. Se les envió por correo electrónico. Veremos si tienen alguna objeción—respondió Valentino.

—No creo que la tengan, porque normalmente ellos envían las objeciones por correo, tengo agregado a mi celular el correo de la empresa y no me ha llegado nada al respecto, aunque te las envían al tuyo, siempre me copian a mi también—manifestó Macarena.

—No te preocupes los términos con los cuales están redactados están perfectos, todo es justo y coherente, ellos están al tanto de eso, y saben que esto representa una gran oportunidad, en seis meses aperturamos mercado en Estados Unidos y cuando eso pase, nosotros enfilaremos nuestros esfuerzos hacia ese mercado y él de México que está iniciado. Eso nos hará competitivos y por ende podremos darnos el lujo de ser más exigentes.

Cartagena —Colombia

Luego de un poco más de una hora llegaron al Aeropuerto, una vez descendieron se sometieron a los respectivos controles migratorios, caminaron hacia la salida y en la entrada los estaba esperando un vehículo con destino al hotel Resort Cartagena Suite, hotel cinco estrellas, de la red de hoteles pertenecientes a la familia Ferrari, ubicado en el Laguito en la hermosa ciudad de Cartagena de India

Apenas llegar fueron ubicados en una suite con dos habitaciones, cada una de ochenta metros cuadrados con su respectivo baño, dotada de una cama King, sala de estar con sofá y sillas en tonalidades de la decoración en blanco, verde y azul petróleo, todo con lujosas alfombras en beige, comedor, gimnasio, una terraza privada con solárium y chaise lounge, con vista al mar, grandes ventanas panorámicas con aislamiento de vidrio y control bioclimático y una sala de reuniones con ocho sillas elegantes, todo decorado en las mismas tonalidades del resto de la suite.

Cuando subieron, Valentino se ubicó en la sala de trabajo, y de inmediato le dio instrucciones a Macarena —Vamos a revisar nuevamente minuciosamente los contratos—expresó sacando las laptops y configurando la impresora del área con sus equipos.

Ella sin pérdida de tiempo sacó las carpetas y empezó a revisar, había pasado una hora, cuando ella dio un bostezo, se cubrió su boca y aunque intentó disimular, Valentino se dio cuenta y le preguntó —¿Tienes hambre? —de inmediato pensó que era un desconsiderado, pero se había distraído, estaba revisando otra documentación que le habían enviado por correo que era urgente y se sumergió tanto en el trabajo que se le olvidó la comida, también sabía que si dirigía su mirada a ella, se desconcentraría y no iba a poder tomar el ritmo del trabajo, por eso había evitado todo contacto con ella, mientras trabajaba.

Al hacerle la pregunta, se levantó, la abrazó por detrás diciéndole —Lo siento Rena, es que me concentré en el trabajo que olvidé nuestras necesidades—Ella se levantó del asiento y se puso frente a él, quien de inmediato le tomó el rostro y la besó, era tan exquisita sintió que un corrientazo subía por su columna con solo ese contacto, ella le respondió de inmediato, ninguno podía resistirse a los besos y caricias del otro, Valentino la acercó a él y chocó su cuerpo musculoso con la delicada figura de ella, su sabor le estimulaba, despertando las más exquisitas sensaciones en él, después de unos segundos se separaron para permitir que el aire llegara a sus pulmones.

—Después te prometo que seguiremos donde lo estamos dejando, voy a pedir desayuno para los dos ¿Qué quieres de comer? —preguntó con ternura.

—Ya va hacer hora de almuerzo, creo que estaría bien con unos sándwichs

Así lo hicieron Valentino pidió el desayuno, se sentaronen el comedor, mientras conversaban. Continuaron trabajando hasta la una de la tarde, a esa hora pidieron que les subieran la comida a la suite, solicitaron les sirvieran Filete de pescado acompañado de un salteado de espinaca bañado en salsa cítri y ceviche de boquilla y de postre arroz de coco titoté, terminaron la comida entre coqueteos, besos, Valentino le daba la comida en la boca y ella se la daba a él.

Al darse cuenta, solo les quedaba cuarenta minutos para la reunión, de inmediato se cambiaron, ella se colocó un vestido tipo taller que resaltaba sus hermosas curvas, Valentino por su parte se puso un traje gris de corte slim, con camisa vinotinto. De esa manera recibieron al presidente y a los ejecutivos de la empresa con quien iban a firmar contratos, aunque ya habían enviado las cláusulas por correros, volvieron a leer y a discutir cada una, se desocuparon a las seis y media de la tarde, una vez firmado todos los contratos de manera satisfactoria.

Macarena al terminar, se encerró en su habitación, hasta que Valentino tocó la puerta de su dormitorio y la invitó a cenar. Ella de inmediato se bañó y se colocó un vestido tartán de cuadro, ceñido fruncido, dobladillo curvado de volante, con mangas de tres cuartos, se dejó el cabello suelto, se aplicó un polvo compacto y se pintó la boca en color nude. Por su parte Valentino, se colocó un pantalón blanco, un saco azul acero, con camisa blanca y un pañuelo azul índigo en la solapa, sin corbata, al verla se le acercó y le dio diversos besos diciéndole—Estás preciosa. No me cansó de admirarte.

Ella se sonrojó y le dijo—Tú también estás de lo más guapo. Seré la envidia de toda Cartagena.

Él la acercó más a su cuerpo para que sintiera su erección—¿Ves cómo me tienes descontrolado? No creo amor que pueda soportar por más tiempo no estar dentro de ti, te necesito mi hermosa. Y si no me separo de ti en éste momento no garantizo que salgamos hoy.—la tomó de la mano y salieron de la habitación.

Después de bajar en el ascensor a recepción, caminaron a la salida del hotel, tomaron un taxi que los llevó al muelle de Los Pegasos, abordaron el barco donde se encontraba el Restaurant El gran Gastrobar del Caribe, en la bahía de Cartagena, cuando llegaron fueron recibidos por una hostess quien, les asignó la mesa y los acompañó hasta ella.

De seguida el maitré se les acercó y les entregó el menú y la carta de vinos. Pidieron una botella de Bolgheri-Sassicaia Sassicaia 2015 de Bodegas Tenuta San Guido. 

Se quedaron conversando mientras se tomaban de las manos,  hablaron de muchos temas, de lo hermoso que era la ciudad de Cartagena, de la ciudad amurallada, de su gastronomía. Valentino le informó que como no tenían que partir sino pasado el día siguiente, la llevaría a conocer unas espectaculares playas. Mientras tanto iniciaron el recorrido por la bahía de Cartagena.  Luego de un momento llegó el mesero con la botella de vino que habían pedido, les sirvió una copa a cada uno.

Al Macarena tomar el primer trago, cerró los ojos y probó el rico sabor de la bebida y le dijo a Valentino —¿Sabías que éste vino es elaborado con las variedades Cabernet Sauvignon en un 85% y Cabernet Franc en un 15%? Es fermentado en cubas de acero inoxidable y posteriormente envejecido en barricas de roble francés por un tiempo de dos años.

Valentino le soltó la mano como si quemara y expresó—Se nota que sabes de vino. Bueno era de esperarse de la hija de un profesor coleccionista de vino, que empezó gracias a los padres de unos alumnos que le realizaron un obsequio ¿Es así?—espetó con un deje de sarcasmo, alzando sus cejas.

Luego de ese comentario la tensión creció entre ellos y Macarena no pudo evitar decirle—¿Qué esperas de mi?

—Sinceridad, odio el engaño, soy intolerante a él, pero contigo pierdo mi severidad, no quiero perderte, pero estoy esperando que te descubras ante mí.

—Tengo miedo de hacerlo, esto lo empecé por motivos que hoy me doy cuenta son equivocados. Valentino por ahora, debo decirte que no me llamo Némesis Vanessa Ontiveros Duarte. Soy Macarena Mendoza, hija de unos migrantes españoles que llegaron a Venezuela, con su esfuerzo y trabajo levantaron sus empresas, no me críe pobre, mis padres eran millonarios hasta que por cosas del destino que no quiero contar en estos momentos, lo perdimos todo. Soy huérfana de ambos padres. Tengo tres hermanos, dos hembras menores y un varón mayor que yo.

—¿Por qué falsificaste documento para ingresar a mi empresa y cómo lo hiciste?—interrogó serio.

Macarena se quedó pensando, pero no pudo contar la verdadera razón, tenía miedo de su odio, por eso se decantó por una mentira—Tenía vergüenza que alguien me identificara, como la hija de los millonarios venidos a menos, cuya hija trabajaba como simple asistente en una empresa cosmética—expresó nerviosa mientras se limpiaba sus manos en el regazo. Lo malo de haberse abierto a las emociones, es que vivía sufriendo sobresaltos y a la expectativa.

—¡No te creo! Se que hay algo más, Rena yo soy observador, normalmente no puedo dejar de analizar lo que me dicen o lo que veo y tú no encajas en ese perfil que estás describiendo. No voy a insistir en el tema, esperaré que estés preparada para contarme, pero procura que no sea tarde, porque si hay algo más y me entero por mi cuenta, me vas a decepcionar un poco más, además que impediría que esta relación, pueda tener futuro. Por ahora trataré de comprenderte— dijo en voz neutra.

—Yo realmente lo lamento mucho—expresó con seriedad mientras daba un suspiro—Me hubiese gustado empezar sin mentiras, aunque es irónico que fueron ellas mismas quienes nos unieron—. Se quedaron callados por un momento cada uno en sus propias cavilaciones, hasta que apareció el mesonero a tomarles el pedido.

Pidieron tres platos sugerencias del chef a bordo, tiradito Chalaco, consistente en pulpo parrillado con chimichurri, sobre láminas de pescado en cremosa de ají amarillo y chalaquita, otro plato pescado a la Riojana, el cual se trata de un filete de pescado a la plancha, bañado en salsa de papá crocante, camarón y chorizo español, finalizado con microvegetales rostizados y por último de postre mausse de chocolate. Pasado unos minutos les fueron sirviendo cada uno de los platos, mientras conversaban de diversos temas, de música, de turismo e incluso de las propiedades de algunas plantas para la cosmética.

Al terminar de comer, él la tomó de la mano y la llevó a la cubierta del barco, donde presenciaron el recorrido por la bahía, observaron los excepcionales paisajes de la ciudad, disfrutaron de la vista de la antigua muralla de la ciudad, el Castillo de San Felipe, y por supuesto la vista del majestuoso mar Caribe, se relajaron escuchando la música y disfrutaron su paseo mientras navegaban frente a los rascacielos e incluso bailaron baladas, vallenatos y aunque ninguno de los dos eran muy diestros en el baile, a medida que transcurrieron los minutos iban adaptándose, se dejaron llevar, fueron moviendo sus cuerpos al ritmo de la música y al son uno del otro.

Valentino paró de bailar, le alzó el rostro, comenzó a besarla con suaves besos y una gran ternura, mientras sus corazones latían desbocadamente. Valentino no podía esperar más estaba deseoso de estar con ella  no sabía si estaba cometiendo un error, si debía esperar, pero su cuerpo, su mente, su corazón no coincidían, él decidió obedecer a su cuerpo y a su corazón no a la razón. Lo bueno es que ya habían retornado al muelle.

La tomó de la mano, pagó la cuenta, dejó la propina, descendieron del barco, tomaron un taxi y partieron al hotel, en el trayecto, no dejaba de acariciarla, ella reposaba su cabeza en el pecho de Valentino, él tocaba su espalda, besaba sus cabellos, mientras ella acariciaba sus pectorales y le daba besos en su cuello, sentía corrientazos que fluían por su cuerpo causándole estremecimiento, sus respiraciones estaban entrecortadas.

Cuando llegaron se bajaron deprisa, subieron a la suite, apenas entraron, Valentino la acercó a él, comenzó a besarla con una necesidad apremiante, primero besó su boca, luego bajó por el cuello, a  la vez que lo iba haciendo, buscaba liberarla del vestido, pero no entendía cómo se sujetaba, hasta que frustrado por no poder quitárselo le dijo—¿Me podrías decir cómo te liberó de ese odioso vestido?

Ella sonrió por su impaciencia, alzó sus brazos y soltó ambas cintas que estaban debajo de sus brazos, al hacerlo, el vestido cedió y cayó al suelo dejándola desnuda frente a él, a Valentino se le nublaron los ojos por el deseo, se le acercó y la observó con ansias, era la fémina más hermosa que había visto en su vida, Macarena realmente era la mujer perfecta para él, no podía dejar de pensarla cuando no la tenía cerca, y cuando estaba junto a él, su corazón no dejaba de latir aceleradamente, ella era la energía que necesitaba cada mañana para continuar, se había convertido en lo más importante para él, habían nacido para estar juntos, para amarse y fusionarse como uno sólo. 

Sin pensar se acercó más a ella, con delicadeza fue bajando cada tiro del brassier, y comenzó a darle pequeños besos, mientras con un dedo tocaba su clavícula, las sensaciones que sentía Macarena la sobrepasaban, nunca había experimentado ese fuego que amenazaba con consumirla, ella trató de tocarlo pero Valentino se lo impidió diciéndole —Es tú noche mi princesa, quiero que disfrutes cada momento, que sientas que mi cuerpo se hizo para darte placer, no quiero dejar ni un solo centímetro de tu piel sin besar y saborearte Rena, me tienes loco y enamorado de ti —le decía con voz ronca producto del deseo.

Macarena sentía que cada palabra que decía, despertaba en ella un pequeño hormigueo en su piel, la tenía hechizada, erizada y embriagada, la seducía con cada roce, con cada palabra, acercaba su boca a la de ella pero sin besarla, enloqueciéndola más, quería que la tomara y la liberara de esas sensaciones que no podía controlar —Si Rena desde el mismo momento que te vi cruzando la calle para acceder a las instalaciones de la empresa, con ese característico tongoneo de caderas al caminar, que emanaba confianza en ti misma y enloquecía a todos. Hoy serás mía, yo tuyo y nunca jamás podremos ser de más nadie, porque nos marcaremos con cada beso, con cada caricia, con cada embiste. Te amo princesa—expresó y la tomó con cuidado, la acostó en la cama, mientras la luz de la luna en plenilunio, atravesaba los cristales de las grandes ventanas panorámicas, reflejándose en la piel de su amada, dándole un suave encanto que le confería un aura de misterio.

************************************************

Caracas—Venezuela

Perla había introducido a Matías Eugenio Mendoza, a su habitación a escondidas de sus padres, en complicidad con una de las chicas que trabaja de limpieza en la mansión familiar, ubicada en el este de Caracas especificamente en Los Naranjos, y de quien se había hecho amiga. 

Por eso en ese momento, ambos se encontraban en la cama de ella conversando, él reposaba su cabeza en el regazo de Perla, ambos estaban enamorados, a tal extremo que poco les importaba arriesgarse, de que los consiguiera el padre de Perla, solo querían estar juntos y demostrarse el amor a cada instante.

Matías se sentó en la cama y sin poder evitarlo, la empezó a besar con pasión, introdujo su lengua en su boca, ambos jugueteaban y se embebían uno con otro, hasta que ella con su deseo incontrolable, le sacó la camisa por fuera del pantalón, le desabrochó los botones de la camisa, lo dejó desnudo de la cintura para arriba, le fue dando pequeños besos a lo largo de su torso, la chica estaba deseosa de que él la tomara, y sin pensar en las consecuencia, se alejó un momento de él y se quitó la ropa quedando totalmente desnuda expuesta frente a él. No pudo evitar la erección que se formó debajo de su pantalón, pidiendo liberación, sus cerebros no funcionaban, solo eran ellos dos y el deseo inmenso que los dominaba querían fundirse uno con otro. 

Matías se quitó el pantalón y quedó también desnudo frente a ella, se besaron y acariciaron con ansias, se mordisqueaban estaban al límite de sus deseos —Te amo Perla, ya no aguanto éstas ganas que tengo de poseerte, de ser uno contigo y llevarte al límite del placer.

—No te detengas Matías, quiero sentirte dentro de mí y que grites mi nombre mientras me poseas, quiero ser tuya, sólo tuya, que me imprimas con tu cuerpo para sellar nuestro amor, jamás me cansaré de tus besos y de todo éste deseo que me consume, por favor, hazme tuya mi amor—Él chico tomó sus senos y jugó con ellos mientras Perla sentía un líquido que salía por su femineidad estaba demasiado excitada y no quería que la hiciera esperar —. Matías te quiero dentro de mi ¡Ya!

Él no se hizo de rogar más, le abrió con ternura sus piernas, le acarició entre los muslos y su centro, pero se entretuvo jugando con sus pliegues, fue introduciendo uno por uno sus dedos dentro de ella para darle placer. Sentía como su mano era bañada por el líquido que salía de Perla haciéndola gemir y enloquecer más producto, de la excitación, ella jadeaba —¡Matías por favor!, por favor, entra en mí, no quiero esperar más mi amor—rogaba la chica. 

Hasta que el chico con delicadeza se introdujo en ella, así se fundieron en uno solo, empezaron a moverse al mismo ritmo, dentro y afuera, la fricción que producían sus cuerpos al chocar se escuchaban en el silencio de la casa, juntos se sumergieron en la sublime sensación que los catapultó a la cima más alta del goce, llevándolos al orgasmo más delicioso que habían experimentado. Ambos estaban embelesados sintiendo, que no se dieron cuenta que justo en ese momento, sonaron unas llaves y abrieron la puerta de la habitación escuchándose la voz de un hombre—Maldito desgraciado ¡date por muerto!—le dijo colocándole una pistola en la cabeza a Matías mientras aún estaba dentro de Perla.

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