Home / All / ME DECLARO CULPABLE / CAPÍTULO 15. EN TRES Y DOS

Share

CAPÍTULO 15. EN TRES Y DOS

Author: Jeda Clavo
last update publish date: 2020-11-11 08:11:24

Cartagena-Colombia

Valentino iba recorriendo con su boca cada rincón del cuerpo de Rena, le quitó el brasier, liberando sus perfectos senos, la dejó solo en tanga mientras él permanecía vestido, tomó su seno derecho con su mano izquierda y lo introdujo en su boca, primero pasó la lengua por la aureola, de una vez su pezón se irguió respondiendo al estímulo, él sonrió extasiado por la reacción de su cuerpo y lo succionó con suavidad, mientras el otro lo acariciaba con su mano derecha. 

Elevó su mirada a ella, quien se mantenía con los ojos cerrados y tomaba su cabeza para evitar que se alejara de ella, sus labios entreabiertos eran enternecedores, mientras orgulloso pensaba, que Rena era de él y que nunca se separaría de ella, cambió su boca a su seno izquierdo y jugueteó con ese también, lo mordisqueó, lo succionó, ella estaba enloquecida y arqueaba su espalda acercando sus senos más a su boca. Valentino estaba maravillado de lo receptiva que era su chica, porque si ella era la mujer de su vida, la única que había logrado rebasar sus defensas y lo enloquecía con solo verlo y cuando la tocaba lo hacía sentir las más excelsas emociones. 

Fue bajando su boca por su torso, llegó a su ombligo y jugueteó con él, ella empezó a hablar con voz jadeante—¡Valentino!, ¡Oh por Dios! ¡Valentino!—repetía su nombre sin decir más nada. 

Él por un momento dejó de besarla y se quedó viéndola como se retorcía del deseo, le encantaba su reacción no dejaba de disfrutar cada instante con ella, sus gestos, sus miradas, Rena abrió los ojos sorprendida, su mirada velada del deseo y sus labios entreabiertos invitándolo a besarlos, se acercó a su boca y la besó con pasión, ella empezó a quitarle el saco con desesperó, luchó un momento hasta que lo logró, arrojándolo al suelo, y luego empezó a abrirle la camisa con movimientos torpes, él comenzó a reírse a carcajadas y ella se puso sería, enojada colocó sus dos manos en el pecho y abrió con fuerza la camisa volando los botones en el proceso—Te dañé tu camisa para que no sigas burlándote de mi —espetó seria. 

—No me importa valdrá la pena—le dijo sonriendo y alejándose de ella, terminó de quitarse la camisa, se despojó del pantalón quedando completamente desnudo delante de ella, un atisbo de miedo cruzó su rostro y al darse cuenta la calmó—Tranquila princesa, no tengas miedo, no te haré daño, ya vas a ver que nuestros cuerpos se ajustaran perfectamente uno a otro, porque nacieron para pertenecerse—. Se inclinó hacia la cama quedando ella debajo, retomó las caricias a donde las había dejado y bajo hasta su centro, donde introdujo su lengua y empezó a juguetear con sus pliegues, la besaba, la chupaba con suavidad, tomó su clítoris y jugó con el usando su lengua, probó la esencia que emanaba de la femineidad de su chica, su sabor era embriagante, mejor que el más dulce manjar, siguió tomando de su extracto y llevándola al extremo del goce, chupó de ella primero suavemente y después a un ritmo más acelerado. Rena no dejaba de jadear.

Valentino seguía lamiendo sus pliegues sin parar, ella estaba enfebrecida, sentía que su cuerpo iba a combustionar, no estaba preparada para sentir tanto placer, su sentido del tacto la sobrepasaba, él estaba en todos lados de su cuerpo, dándole el más exquisito goce, entre sus piernas no paraba de deleitarse con ella, mientras con una mano masajeaba sus caderas y trasero, y la subía hasta tomar sus senos y darle pequeños pellizcos, era como un pulpo, su sangre la sintió paralizarse y un cosquilleo recorría toda su piel, ya ni palabras salían de sus labios, solo sonidos inentendibles, instintivamente Macarena abrió más sus piernas, lo tomó por los cabellos acercándolo más a su centro para que él siguiera proporcionándole placer con la boca, con los dedos. Ella empezó a moverse al son que le iba marcando con su boca, mientras sentía las primeros sacudidas de un intenso orgasmo, estaba totalmente húmeda, chorros de líquido seguían saliendo de su femineidad. 

Aún no se había recuperado del todo, cuando Valentino acercó su miembro a su centro pero sin penetrarla, empezó a frotarla, creando de esta manera una fricción y un estímulo en su clítoris, lo que le produjo sensaciones incomparables, no podía disimular lo que estaba sintiendo, esas no eras emociones que pudiera controlar, por primera vez se sintió fuera de sí, perdida en ese cúmulo de éxtasis que jamás imaginó existiera y empezó a jadear sin control, mientras sentía que su pene iba poniéndose más duro contra su vulva con cada roce que daba, y así la llevó nuevamente a la cúspide del placer por segunda vez. 

Macarena, se sentía flotar, estaba en un estado de delirio aún sin recuperarse, cuando sintió que su masculinidad se abrió espacio entre sus piernas, se fue introduciendo lenta y cuidadosamente dentro de ella, sintió un pequeño dolor que la sorprendió, pero enseguida él con sus susurros la calmó diciéndole —Tranquila mi Reina, eso pasara en un momento—se quedó quieto por unos segundos y de inmediato siguió penetrándola hasta envainarse completamente en su interior, cuando se aseguró que Rena estaba bien, empezó a moverse, primero lentamente, mientras sentía que las paredes vaginales de su amada apretaban fuertemente su miembro, produciéndole el más exquisito placer, eso lo volvió loco, y en un principio su idea había sido ir lentamente, hacer el amor suavemente, pero todo lo que estaba sintiendo lo sobrepasaba, por lo cual empezó a penetrarla con fuertes estocadas, adentro y afuera, sus respiraciones se aceleraban y sus cuerpos transpiraban por el esfuerzo, ambos gritaban de placer, sentía que estaban en el paraíso, salía completamente de ella y volvía a entrar con estocadas más certeras, bombeaba como un poseso, hasta que sintió en ella las explosiones del orgasmo, aceleró el ritmo para satisfacerla mejor y cuando él mismo empezó a percibir las primeras convulsiones de su éxtasis y sintió que iba a derramar su esencia dentro de ella, sacó su miembro y se vertió en su vientre, cubriéndolo todo con su esperma, con ese gesto sintió que la marcaba como suya, mientras ella lo miraba con adoración. 

Valentino sin embargo, se recriminaba  el no haber usado protección, había perdido la cabeza y se había olvidado de colocarse un preservativo, aun cuando tenía varios paquetes en el cajón de la mesita de noche al lado de la cama. 

Ambos jadeantes, se quedaron un momento uno al lado del otro recostados en la cama. Pensando en el maravilloso momento que habían vivido minutos antes, en esas sensaciones tan desbordantes que habían percibido al hacer el amor. 

Para Macarena fue una experiencia que nunca se había imaginado pudiera vivir. Y para Valentino había sido incomparable, inigualable, insuperable, inmejorable y con cuanto apelativo que significara lo mismo, pudiera describirse. Ya entendía la diferencia entre tener sexo y hacer el amor, esbozó con una sonrisa en su rostro. 

Aunque enseguida pensó nuevamente en la irresponsabilidad que había cometido, al no usar preservativo, porque aunque amaba a Macarena, y sabía que ambos estaban limpios porque hasta ese momento ella no había estado con  ningún hombre, él se cuidaba y se hacía pruebas periódicas, no estaba preparado para ser padre y ella estaba demasiado joven para la responsabilidad de ser madre, tenían primero muchos momentos por disfrutar juntos, para lo demás había tiempo. Aparte, que aún existían unos cuantos secretos por parte de ella, que eran necesarios aclarar previamente, para dar un paso más en serio en esa relación, aunque en ese instante era mejor no pensar en eso y disfrutar del momento junto a ella. Por lo menos debía agradecer que se recordó salirse a tiempo, para no derramarse dentro de ella. 

Después de un par de minutos Valentino se levantó, fue al baño, tomó dos toallas una la humedeció y regresó otra vez donde estaba Macarena con los ojos cerrados, le abrió sus piernas para limpiarla y ella abrió sus ojos sorprendida, intentó cerrar sus piernas mientras sus mejillas se teñían de rojo, pero él lo evitó diciéndole —Tranquila, déjame limpiarte, lo haré con cuidado ¿Te duele? 

—Un poco—siguió apenada cubriéndose el rostro con sus manos. Mientras él le limpiaba su centro con extremo cuidado, para posteriormente limpiar su semen de su vientre, después la secó con la toalla seca. 

Al terminar de hacerlo, él retiró sus manos de su rostro y se quedó observándola —No te avergüences ni te arrepientas de lo que pasó mi vida, es el momento más maravilloso que ambos hemos vivido y que jamás volveremos a vivir con más nadie, sino tú y yo. Estamos hechos uno para el otro, eres mía y yo sólo tuyo—. Le expresó mientras le daba pequeños besos. Ella lo abrazó y colocó su cabeza en su pecho, minutos después se había quedado dormida, Valentino no pudo hacerlo, porque no dejaba de observarla, quería disfrutar cada instante con ella, tenía miedo porque estaba percibiendo la misma sensación de intranquilidad, que sintió cuando vio partir a su mamá, el día que salió de la casa familiar para dar a luz.

Caracas—Venezuela

Matías aún estaba en los últimos espasmos del orgasmo más espectacular que había tenido en su vida con su amada Perla, cuando escuchó la voz de un hombre que le dijo—Maldito desgraciado date por muerto—y sintió lo frio del metal por detrás de su cabeza, Perla dio un respingo y en ese mismo instante Matías se volteó lentamente, buscando simultáneamente proteger a su chica. Y los colores de su rostro se fueron, cuando vio que allí frente a él estaba Jacques Fleury, el padre de Perla, con una mirada de odio que sentía traspasaba a través de él, no confiaba en ese hombre, así su amada le dijera que su padre no conocía los negocios turbios que hacían la gente que trabajaba con él, su maldad se palpaba con solo mirarlo y lo siniestro de su mirada anunciaba malos presagios, aunque en ese momento llevara razón para observarlo así.

El hombre continúo hablando con los dientes apretados—¿Quién te crees miserable para venir a seducir a mi hija en mi propio techo? 

Matías, sentía un grueso nudo en su garganta, trataba de gesticular palabras, pero se le dificultaba, cerró sus ojos, se apretó el puente de su nariz y luego dijo —No es lo que usted piensa señor. 

—¡Ah no! Entonces yo estoy loco y no te vi retozando con mi hija—decía histérico apretándole más fuerte la pistola en la cabeza.

Perla se mantenía estática, los nervios no le permitían ni siquiera moverse, permanecía detrás de Matías. Hasta que su padre empujó a su novio y la asió del brazo hamaqueándola con fuerza mientras la insultaba —¡Zorra! Eres una zorra—la soltó e iba a propinarle un fuerte golpe cuando sintió que le sostuvieron la mano, al extender su vista vio la mirada gris amenazante del joven con quien encontró a su hija, sabía quien era, conocía todo de él y se su familia y le sorprendió su atrevimiento, por lo cual reaccionó encolerizado y le propinó varios cachazos con la pistola hasta hacerlo sangrar, el chico sólo se trataba de cubrir la cabeza mientras el hombre vociferaba —¿Cómo te atreves?

—A mi puede darme los golpes y los tiros que quiera, pero no permitiré bajo ninguna circunstancia que toque a Perla —le dijo desafiante.

—Vamos a ver si eres tan guapo—caminó hacia el vestier de su hija sacó una bata y la desgarró, al regresar donde estaban ellos, Matías la había cubierto con una sabana, el padre se la arrancó del cuerpo exponiéndola y le dijo ponte esta bata. Ella lo miró extrañada.

—Papá ¿Por qué me pondría esa bata rota? —Interrogó la chica angustiada y con indicios de lágrimas en sus ojos.

—¡Ponte la maldita bata! —y sin titubear le metió un par de grandes bofetada a su hija  que la hizo caer al suelo, mientras las lágrimas salían de sus ojos, dejándole marcada los dedos en sus mejillas, Matías iba a encimársele para defender a Perla, pero al momento en que iba a hacerlo, aparecieron un par hombres de Jacques y lo sostuvieron. Él le gritaba desesperado —¡Es un cobarde! ¿Cómo se atreve a maltratar a su hija? ¿Qué clase de padre es usted? Él responsable de todo soy yo. No le haga daño.

El hombre se giró y le dijo —Nunca antes en sus veinte años le había puesto una mano encima, como tampoco ella se había atrevido a revolcarse con un hombre en mi propia casa, había sido una chica obediente a mis deseos. Pero con esto se ha atrevido a desafiarme, porque está reservada para alguien más y ella lo sabe . Y ahora si estás tan deseoso de padecer los golpes que eran para ella, no tengo problema en complacerte para que no digan que soy mala gente— y de inmediato se colocó la pistola en la cintura, cerró sus puños y sin misericordia comenzó a golpearlo en el estómago, seguía siendo sostenido por un par de hombres, hasta que Matías cayó al suelo doblándose del dolor, donde lo remataron a patadas entre todos, en su rostro, en el cuerpo no medían el lugar donde iban a lastimarlo.

Se volteó hacia su hija y le dijo —¿Lo quieres con vida? —preguntó mientras volvía a tomar la pistola y apuntaba a la cabeza de Matías. Ella movió afirmativamente su cabeza, el miedo la atenazaba dejándola completamente muda, sin embargo no podía permitir que le hicieran daño.

—No le hagas daño, papá por favor, haré lo que me digas—pronunció suplicante.

—Muy bien—levantó a Matías del suelo y le dijo—Para todos los efectos entraste,  golpeaste a mi hija porque puso resistencia,  le rompiste la ropa y la ultrajaste, yo llegué en compañía de mis hombres y te encontramos en pleno hecho ¡Alfredo!—llamó—tómale foto a mi hija del estado en que éste desgraciado la dejó.

Perla lloraba desconsoladamente mientras la fotografiaban —pero papá, él no me hizo nada, Matías no me violó, es mi…—su padre le propinó otro fuerte golpe, ésta vez con más fuerza  en el rostro que le hizo sangrar la nariz, se le acercó y le dijo apretando los dientes y sólo para que ella lo oyera—Tendrás que decir que te violó si no quieres que le pegue un tiro de una vez—.Perla aumentó su llanto, estaba aterrada,  las lágrimas corrían descontroladamente por su rostro hipeando, mientras decía como una letanía —Lo siento mucho Matías, lo siento mucho—expresaba mientras se limpiaba las lágrimas y veía a Matías todo golpeado a un lado de la puerta. Él la miraba con su rostro empezando a hincharse producto de los numerosos golpes que le habían propinado.

Grabaron la confesión de la chica quien no podía controlar el llanto de la impotencia que sentía, lo que servía al propósito de su padre, porque sin darse cuenta las lágrimas que derramaba, daba veracidad a la historia que grababa.

—Alfredo tráete al chico y deja a mi hija encerrada, éste Mendoza me debe unas cuantas y quiero cobrárselas—Lo sacaron y lo llevaron a otra habitación donde continuaron golpeándolo mientras se retorcía del dolor—Mira jovencito tú y yo hablaremos, primero eres un cara dura, al atreverte a copular con mi hija en mi propia casa, pero antes de esa me debes, que no me han dado información de las fórmulas de la línea renacer de la Cosmética Pagliuca, tú hermanita se quiere dar más lista que yo, al darnos unas que no son útiles, ella tendrá su sorpresita a su debido momento. 

En cuanto, tú si quieres evitar ir a la cárcel, o que de repente le haga daño a alguna de tus hermanitas, ya viste que soy capaz de todo, y si no me tiembla el pulso para golpear a mi hija, menos me temblará el pulso para dañar a alguna de tus lindas hermanitas, lo que no decido aún es ¿Es a quien de las tres? Debo evaluar mi selección de una vez, para ver, Melody es la más pequeña, ella no, es una niña, no me meto con niños, lo que descarta también a Meredith, porque por muy adulta que se vea, también es menor de edad. ¿A qué no adivinas quien queda?

—¡No se atreva a meterse con mis hermanas!, —exclamó con rabia.

—No es con las tres, es con Macarena, es bonita la chica, toda modosita, inteligente, políglota, lo se todo de ella, la tengo en la mira. Ahorita se que anda con Valentino en viaje de negocios está en Cartagena, y es novia o amante de Pagliuca, pobre estúpido no sabe que con la mujer que duerme solo busca vengarse.

—¡Cállese! Usted no conoce a mi hermana.

—Solo sé que va a ser la única responsable de las fórmulas robadas, y si se atreve a negarse, su hermanito se va a la cárcel por violador. Y tú machito, vas a ingresar el fin de semana con mis hombres a las instalaciones de la empresa Pagliuca, van a destruir los laboratorios y todo lo que encuentren para no permitir el lanzamiento de sus productos y si te niegas secuestraré a  tu querida hermanita Macarena y se la daré a mis hombres,  ¿A qué ya sabes para qué?—dijo riéndose como un enfermo— A la pobre puede irle peor de lo que tengo planificado. Tú me dirás ¿Lo harás o no?

—Es usted un desgraciado—dijo Matías con rabia—con razón se lleva también con Thomas Borges, si son caimanes del mismo pozo.

—Si por eso seguimos vivo, y el imbécil de tu padre se está pudriendo en el infierno, y ahora ustedes son unos pobres muertos de hambres, Y ahora respóndeme ¿Ingresaras a las empresas Pagliuca?

—No tengo otra alternativa, si quiero mantener bien a mi hermana y cuanto a Thomas algún día ese miserable nos pagará lo que nos hizo—expresó Matías con resignación.

—Sabia decisión muchacho, ya nos estamos entendiendo. —le dijo mientras comenzaba a explicarle en qué consistía el trabajo que debía ejecutar.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • ME DECLARO CULPABLE    CAPÍTULO 27. EXTRA. UNA NAVIDAD PARA MELIENA

    Valentino observaba por la ventana de la cabaña, la fuerte lluvia caía con fuerza sobre la montaña, siempre era así en esta época del año, durante cuatro años consecutivos había podido presenciar los avatares del clima en la zona, luego de ello, un intenso frío se apoderaba del ambiente, durando hasta la primera quincena de enero. Aunque para él todos los días eran iguales, no sentía diferencia entre uno y otro, desde que Macarena había muerto, el dolor, el desosiego, la tristeza, se había apoderado de su alma atribulada por la culpa, aunque intentaba cambiar de actitud, poder sentir esa felicidad de antaño, no era posible.La única que daba un poco de alegría a su vida era su pequeña Meliena Melissa, pero hasta ese momento no había exigido ning&

  • ME DECLARO CULPABLE    CAPÍTULO 26. EPÍLOGO

    Valentino llegó a su apartamento hizo sus maletas, no incluyó muchas cosas, no tenía sentido, solo usaría lo estrictamente necesario. Revisó los objetos que había dejado Macarena antes de que se la llevaran detenida.De inmediato a su mente acudieron los recuerdos de ese día, sintió su corazón encogerse, se recostó en la cama que ocupaba en la habitación de huésped, debajo de la almohada encontró una bata de ella, la abrazó y empezó a llorar, dejo que las lágrimas corrieran libre por su rostro, sus heridas eran profundas, decían que llorar equilibraba el estado de ánimo, aliviaba la tensión y era un aliciente para el alma, pero él no sentía nada de eso, estaba seguro que su vida nunca sería igual. Ya comprendía a su padre, por eso se abandonó

  • ME DECLARO CULPABLE    CAPÍTULO 25. FINAL

    Cuando Valentino escuchó las palabras del inspector su dolor fue en aumento, sintió que perdía el aliento y que le faltaba aire, sentía que se ahogaba, se obligó a respirar haciéndolo profundamente, tratando de captar el mayor aire y con una voz de angustia expresó —Eso no puede ser verdad, Macarena no pudo haber estado embarazada— al momento recordó la vez que habían tenido sexo sin protección, él le había comprado la pastilla del día después para que se la tomara, también le había dicho duras palabras diciendo que preferiría no tener ningún hijo que tenerlo con ella, no veía ningún mérito por los cuales sus genes debían reproducirse, la llamó traidora, desvergonzada. Cada recuerdo era más doloroso, no dejaba de pensar en cómo se sintió ella, lo que no se explica

  • ME DECLARO CULPABLE    CAPÍTULO 24. SENTENCIA DE MUERTE

    Luego de su declaración de culpabilidad, Meredith gritó —¡Es mentira! No hagas eso Macarena. Tú eres inocente, di la verdad, por favor—expresaba llorando, los guardias de la sala se acercaron y la sacaron—Él no vale la pena hermana, no dejes que su odio te afecte. Juro que te vas arrepentir Valentino, de todo lo que estás haciéndole a Macarena.A Macarena la sentenciaron a dieciocho años de prisión. La trasladaron nuevamente a las instalaciones del cuerpo de criminalística, el inspector Oropeza utilizó todas las influencias que tenía a su alcance para que no la trasladaran a un centro penitenciario.Así pasaron seis meses y medio, mientras que Valentino seguía con el empeño de qu

  • ME DECLARO CULPABLE    CAPÍTULO 23. ME DECLARO CULPABLE

    Pasaron tres días sin que Valentino se apareciera por el departamento, sin embargo, ese día la chica que estaba quedándose hospedada, la interceptó y le dijo—Necesito conversar contigo Macarena.—No tengo absolutamente nada que hablar contigo—espetó seria.—Me llamo Martha, no soy la amante de Valentino, soy su prima por parte de madre, solo vine a pasar un par de días. Además soy su amiga y confidente desde que éramos niños, no tienes nada que temer de mi—Así fueron conversando por un largo tiempo, hasta comieron juntas. Martha le preguntó si amaba a Valentino, ella le respondió que sí, Macarena le contó todo lo que había pasado, se desahogó con la chica, &nb

  • ME DECLARO CULPABLE    CAPÍTULO 22. LA OTRA

    Así pasó un par de días en que Macarena estuvo enferma, mientras Valentino la cuidaba. Incluso dejó de asistir al trabajo durante ese tiempo, llamó al médico de la familia, quien le mandó un tratamiento a Macarena para la gripe que había desencadenado su resfriado.Le hacía sopas y le daba de comer, le daba los medicamentos, le bajaba la fiebre o con pañitos húmedos en su frente o cuando sus temperaturas eran demasiadas altas la metía en la bañera hasta lograr controlar su fiebre. A veces ella deliraba, llamaba a su mamá y decía cosas que no comprendía como “No es lo que piensas, te juró que me obligaron”, mientras sus dientes castañeaban, pero por más que trataba de saber más sobre lo que la preocupaba, no repet&iacut

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status