Home / All / Todo de ti / 10. Cuando una dama dice "No"

Share

10. Cuando una dama dice "No"

Author: max morgan
last update publish date: 2020-11-12 06:15:31

Thiago

Son las seis de la mañana y doy vueltas por la habitación como un león enjaulado. Debería estar durmiendo, recuperándome de todas las horas de maltrato físico en forma de sexo desenfrenado que le he dado a mi cuerpo, pero tal parece que mi cerebro se niega a descansar.

Cada minuto que ha pasado desde el momento que conocí a Layla ha sido igual, lleno de ansiedad, de nerviosismo, de una incertidumbre que no me deja estar tranquilo. Y si el sentimiento fuera compartido al menos… pero miro la cama donde ella duerme como si no tuviera ni la más mínima preocupación, y reconozco que quisiera estar ahí, abrazándola.

No dije absolutamente nada mientras nos vestíamos y éramos conducidos a casa por un chofer, pero en mi cabeza siguen martilleando esas palabras:

— Me gustas. Sé que no debería decírtelo, pero a estas alturas me importa poco si es conveniente o no que lo sepas. Me gustaste desde que hicimos el amor la primera noche, y me gustas aunque sé que no somos lo mejor el uno para el otro. Me gustas y no puedo hacer nada, así que trata de que no te pase lo mismo conmigo, o de lo contrario esto va a acabar en desastre.

¿Qué se supone que le conteste? ¿Que se fue todo al demonio porque ella también me gusta y yo tampoco puedo hacer nada?

La atracción que se respira entre los dos en única. Entre nosotros hay química, física y todas las materias conocidas, porque a pesar de cualquier sentimiento negativo, su cuerpo sigue llegando al mío como si se tratara de un imán.  

No sé qué pensar sobre lo que ha dicho. No puedes llamar a alguien repugnante y tres días después decirle que te gusta. ¡Y maldición sé que lo ha dicho en serio! Me encantaría creer que es mentira y que sólo quiere manipularme, pero sé detectar perfectamente cuando le gusto a una mujer y a Layla le gusto.

Es extraño que sea tan sincera. Otra vez estoy con ella sobre la cuerda floja, sin saber a qué atenerme.

Me largo de la habitación donde duerme, y mando a Anna a llevar todas mis cosas a una habitación que está al otro extremo de la casa. No quiero tentarme ni por equivocación.

Tengo que ser objetivo. Esto es un negocio, ella puso su precio y yo estoy cumpliendo con mi parte. Aún tengo tres meses para averiguar de verdad quién es Layla Stafford y voy a hacerlo a mi manera. Paso una gran parte de la mañana organizando el trabajo y me voy a dormir cuando la siento despertar y pasear con pereza por la casa.

La tarde llega antes de lo que imagino y salgo a comer algo porque de verdad me estoy muriendo de hambre. Me encuentro a Layla sentada debajo de una tenue lámpara de cocina, dibujando sobre uno de los planos, y se ve tan hermosa que estoy a punto de retroceder.

— ¿Te gusta? — pregunta sin levantar la vista de los papeles.

Lleva el cabello recogido en una coleta alta, una camiseta sin mangas y un short sencillo de mezclilla. De vez en cuando arruga la nariz y entrecierra los ojos y me doy cuenta de que no está viendo bien.

— Se ve perfecto. — admito acercándome y mirando más de cerca — Pero parece que algo está molestándote.

Levanta la vista y se pasa la mano por los ojos, los tiene rojos e irritados y m acerco más a ella para atrapar su barbilla e inclinar su rostro hacia la luz.

— ¿Estuviste llorando? — reclamo.

— No. — responde y se lleva una tentativa mano a la cara — No, de verdad no he llorado.

— ¿Entonces qué les pasa a tus ojos? — soy en exceso demandante, si yo fuera mujer ya me habría mandado a mí mismo al demonio.

— Mis lentes se quedaron en Londres. — explica y sé que no lo ha dicho antes porque entonces tendría que mencionar que soy un energúmeno que la sacó a rastras de su ciudad.

— Mañana mandaremos a traer un nuevo par. — le sigo la conversación para evitar temas más escabrosos.

Ella asiente en silencio y pareciera que hubiera un acuerdo tácito de no hablar sobre lo que sucedió anoche. Es mejor así.

Me despido con un movimiento de cabeza y voy a enterrar mi frustración en mi almohada.

“Mañana será mejor”, me digo…

Pero mañana es exactamente igual.

Layla es igual de hermosa y misteriosa.

Sigo deseándola como el primer día.

Sigo resintiendo sus palabras y ella sigue desconfiando.

Trabajamos toda la semana sin cruzar más que las palabras y gestos necesarios. Yo sonrío lo suficiente para que comprenda que no soy hostil, y ella es tan cordial como para aparentar que me cree. Lo cierto es que no sabemos qué hacer. Hemos estado evitando todo contacto físico y se ha gastado más agua fría que nunca en esta casa.

Reconozco que confesión es más de lo que puedo manejar sin querer involucrarme con ella.

Finalmente llega el viernes, el día más odiado de la semana porque precede al sábado, y el sábado Layla se va a Londres con su amante. No me malinterpreten, no tengo alma de cornudo, pero hice un trato de negocios con ella y soy un hombre de palabra. Más bien siento lástima del pobre Theo, que debe estar esperándola con ilusión mientras hace menos de una semana Layla se ha acostado conmigo, como ella misma dice… como si fuéramos animales.

— Layla, ¿puedes venir conmigo? — pido mirándola de arriba abajo y tomando la decisión más fuerte que me ha tocado en muchos años, pero este es un paso importante si quiero descubrir quién es Layla.

Sobre el puente de su nariz descansa un par de anteojos montados al aire. Se ve tan sexy que le doy la espalda esperando a que me siga.

Abro una puerta en la segunda planta y la invito a pasar. La habitación es amplia, iluminada por hermosos ventanales por los que entra la luz solar.

— ¿Qué es esto, Thiago? — pregunta porque aunque se lo imagine, es obvio que no puede creer lo que hice por ella.

— Es tu estudio. — contesto con naturalidad.

— ¿Es… es para mí?

— Así es. — la acerco a la mesa de arquitecto estratégicamente acomodada junto al ventanal y abre una a una las pequeñas gavetas que tiene a un costado — Si te faltan materiales puedes decírselo a Nita, ella hará que te provean de todo lo que quieras.

Se gira hacia mí y se abraza el cuerpo, pasando las manos por sus brazos arriba y abajo.

— No hacía falta… — comienza pero no la dejo terminar.

— Sí hacía falta. Mis arquitectos no trabajan en las mesas de sus cocinas, trabajan en el despacho, y si vas a trabajar para mí es lógico que lo hagan es buenas condiciones.

Asiente conforme y luego se muerde los labios mientras pasea la vista alrededor. Parece que está a punto de gritar como una chiquilla en plena navidad pero se contiene.

— Déjame pensarlo… — digo levantando una ceja con dramatismo — una dama inglesa jamás muestra felicidad.

Me rueda los ojos y murmura algo que suena como “idiota”, pero no le doy importancia. Acerco la silla a su espalda y la hago sentarse en el que será su puesto por tres meses. Pone ambas manos abiertas sobre la mesa y tengo que cerrar los ojos y pensar en abuelitas en tanga para sacar de mi cabeza los recuerdos que esa posición me trae.

— Layla, hay un par de cosas que las que tenemos que hablar. — llamo su atención para desviarla de unos pensamientos que de repente la han hecho suspirar.

Ella se endereza en la silla y se quita los lentes de lectura.

— Tú dirás.

— El primer pago para los arquitectos del proyecto con las emperatrices ya salió. — le explico — necesito que me des un número de cuenta al que pueda transferirte tu parte.

Su pequeña mandíbula se tensa y pasa saliva.

— Quiero que me pagues en “negro”.

Mi ceño se arruga porque es la primera vez que alguien me pide algo así.

— Lo siento Layla, yo no pago en negro. — aseguro — Mi empresa es completamente legal y no voy a arriesgarme a ser fiscalizado.

— Entonces págame en efectivo…

— No voy a hacer eso. ¿Qué te hace creer que puedes andar por ahí con un maletín lleno de dinero? — la regaño y mira a otro lado con disgusto — ¿Por qué no mejor me dices qué es lo que pasa para que quieras cobrar en “negro”?

De su boca sale una sola palabra y la acepto sin pedir más explicaciones.

— Russo. — declara y puedo imaginar que quiera esconder de su padre ese dinero.

— De acuerdo, — sus ojos me miran con una pizquita de esperanza — no puedo pagarte en la manera que me pides pero puedo hacer algo mejor: voy a pedir a nuestro contable que abra una cuenta irrastreable en Suiza, así tendrás acceso a tu dinero cuando quieras y Russo no se enterará.

La escucho suspirar aliviada. ¡Hay tanto en ella que desconozco!

— Quiero salir contigo esta noche. — espeto y levanta la vista con asombro, así que ataco sin darle tiempo a que me diga que no — Sé que te gusta trabajar pero tienes que desconectar un rato. Además tengo que ir a revisar otros negocios que tengo en la ciudad y es el momento perfecto para hacerlo.

Se cruza de brazos y su expresión pasa a ser desenfadada y curiosa.

— Es viernes por la noche, Thiago. Si no me voy a divertir mejor ni me invites. — advierte.

— Vas a divertirte de lo lindo, te lo aseguro.

La dejo sola para que se acomode a su gusto en el estudio y pienso que hay algunas cosillas que todavía no le he dicho, como por ejemplo que uno de mis primeros trabajos grandes fue una cadena de clubes nocturnos en los cuales obtuve una participación mayoritaria, y desde hace un par de años han pasado a mi propiedad exclusiva.

Dan las diez en el reloj de la sala y la veo bajar las escaleras metida en un mini vestido de lentejuelas plateadas y blancas. En contraste con su piel, si no fuera porque las luces lo hacen destellar un poco, casi diría que parece ir desnuda. El deseo me baja por la garganta y se me aloja en la bragueta, así que miro a otra parte o mi próximo movimiento será para lanzarla sobre la cama.

Esta noche salimos con chofer, quiero pasarla bien dentro de todo y eso implica que no le voy a decir que no a un buen whisky. Miro de reojo sus piernas cruzadas dentro de la limo y agradezco la ventanilla oscura que nos separa del conductor, porque estoy segura de que chocaríamos si llegara a verla por el espejo retrovisor.

— ¿Sola? — pregunta cuando por fin llegamos y lee el nombre del club, escrito en grandes letras escarlatas — ¿Así se llama?

— Ajá. — es todo lo que contesto antes de hacer un gesto imperceptible con la mano, haciendo que la comitiva que me espera para un pomposo recibimiento mire a otro lado. Los únicos que me siguen son Andro y Romo, dos de los elementos de seguridad del club.

Vamos a uno de los reservados VIP, que se encuentran en el segundo piso y enseguida nos presentan todos los tragos de cortesía que puedan existir en bar. Layla se inclina sobre la baranda y mira el mar de cuerpos que hay en la plataforma baja. Parece una niña curiosa, mientras la música y el salón con su DJ y su decoración eléctrica llevan a los cuerpos cada vez a un mayor nivel de exaltación.

— ¿Quieres bailar? — me pego a su espalda y susurro sobre su oído. No puedo escuchar su jadeo por el volumen de la música pero siento la forma en que su cuerpo se estremece.

— No… no sé bailar. — dice corriendo a un lado su cabello y dándole acceso completo a mi boca a la curva de su cuello.

— Puedes usar esa excusa con alguien que nunca haya sentido cómo te mueves… pero no conmigo. — aseguro — Y si de verdad no sabes entonces voy a enseñarte ahora mismo.

Uno de mis brazos va a su vientre y el otro a la curva deliciosa de su cadera mientras pego mi pecho a su espalda y empieza a moverse al ritmo de la música. Pasa las manos detrás de mi cuello y echa atrás la cabeza, apoyándola en mi hombro mientras cierra los ojos. Disfruto cada roce y cada oscilación de su cintura.

Sólo estamos ella y yo en este pequeño reservado, ella y yo disfrutando de la intimidad de esa música y de algunos besos suaves que se me escapan porque ¡demonios! llevo cuatro días sin probarla y creo que voy a morirme si no lo hago. Nadie se fija en nosotros, sólo uno que otro par de ojos maliciosos, de los que nunca faltan en antros como este, pero no es suficiente para que me detenga. Acaricio sus muslos, la siento sonreír cuando mi erección se aprieta contra sus nalgas y yo no evito la carcajada.

— ¿Sabes qué? ¡Tienes razón! — admito dándole la vuelta y atrapando su cintura — Soy como un animal cuando estoy contigo.

— Ya sé, pareces gato en celo. — replica.

— ¿Gato? ¿De verdad? ¿Ni a león llego? — me hago el ofendido porque los dos sabemos de lo que soy capaz. Me acerco a su boca y muerdo con suavidad su labio inferior — ¿Dónde más tengo que morderte para subir en tu cadena alimenticia?

Adoro el estremecimiento que la recorre y aprovecho para pegarla más a mí. Sí, quizás mañana se vaya a Londres, pero esta noche me voy a encargar de que mañana no pueda ni caminar derecha.

— Creo que mejor voy a… refrescarme. — dice escapando de mis brazos.

Me acerco a la baranda y sigo con la vista su paso sinuoso y dulce mientras atraviesa la multitud hacia los tocadores, que están del otro lado del club. El DJ tiene Full House esta noche y la gente se mueve a su ritmo con tanta precisión que es muy fácil darme cuenta de que dos hombres están siguiendo los pasos de Layla, y eso me llama la atención porque estoy bastante seguro de que Andro está en la puerta y sólo a Romo se le encargó cuidarla.

Quisiera creer que es una casualidad, pero soy demasiado escéptico como para confiar en las casualidades.

Salgo del reservado en dirección a los tocadores, que están al final de un largo pasillo en ele sobre el costado izquierdo del club, junto a la galería de las oficinas de administración. Aquí la música apenas se escucha, así que puedo sentir perfectamente el taconeo de una mujer que se acerca. Sé que me toparé con Layla en la misma esquina, pero una voz desconocida detiene tanto sus pasos como los míos:

— ¡Lady de Richmond! — el hombre que habla no parece ebrio, sin embargo no descarto que se haya metido algo de droga. No soy tan ciego como para creer que no se vende en mis clubes.

Andro hace ademán de intervenir pero lo detengo y le hago un gesto para que se aleje algunos metros.

— Señor Baptiste. ¡Qué disgusto verlo! — sí, esa es Layla, sin pelos en la lengua.

— El que no pensó ver a Layla Stafford en un antro de mala muerte como este fui yo. — soltó el desconocido — Y menos dejándose manosear públicamente como si fuera una puta barata.

El sonido seco de una bofetada hizo eco en los pasillos y jamás había escuchado tanto asco en la voz de una persona como en ese instante.

— Pues a esta puta barata la manosea quien a ella le da la gana. — sentencia — No andes de moralista sólo porque fue a ti a quien le dije que no.

Me tenso en un segundo, pero me he prometido esta semana no volver a sacar conclusiones de conversaciones que no debo escuchar.

— ¡Sí, eso oí! — sisea el tipo y entiendo que esto está a punto de ponerse mucho más incómodo — Ya me dijeron que Russo te encontró un mejor partido, uno con algunos millones para sacarlo de la quiebra. ¿Era ese? ¿El que te estaba manoseando?

— ¡Vete a la mierda! — contesta ella y escucho dos pasos rápidos. Mi cuerpo vibra de la rabia pero necesito saber si Layla puede ocuparse sola de sus asuntos antes de intervenir.

— ¡Suéltame! — grita pero no hay miedo en su voz, sólo ira.

— ¡Te pregunté si era ese! ¿Es el bastardo que papi te regaló?

Esta vez la respuesta es un quejido así que imagino perfectamente a dónde ha ido a parar el golpe de Layla.

— Pues ese bastardo puede hacer más que manosearme si es lo que quiere. — escupe con desprecio — Y no eres ni la mitad del hombre que él es, ni en esta ni en cualquiera de tus vidas. Así que muérdete la lengua, que no te alcanza ni para mencionar su nombre.

Soy capaz de percibir el esfuerzo y el movimiento al otro lado, el golpe seco contra la pared…

— ¡Hija de pu…!

—Puedes elegir exactamente por dónde quieres que te corte esa mano… — digo con voz controlada, saliendo al corredor mientras el hombre me mira con cara de sorpresa — porque te aseguro que no estará pegada a tu cuerpo demasiado tiempo si la sigues tocando.

Veo que abre la boca, pero lo que sea que va a decir muere cuando detrás de mí no sólo aparecen Andro y Romo, sino también el Grillo Andaluz. Para los que no lo conocen, el Grillo es un hombre corpulento, serio, reservado, y extremadamente bueno resolviendo problemas con los puños. El problema es para los que sí lo conocen, y el hecho de que este hombre lo reconozca significa que ha tenido problemas antes en mis clubes.

Baja la mano con que sujeta la garganta de Layla y ella se yergue, sin mostrar ningún miedo, y camina hacia mí con una expresión pétrea que jamás le he visto, ni en nuestros peores momentos.

— ¿Quién mierda es este? — le pregunto a ella porque él no merece ni que le dirija la palabra.

— ¿Este? Este fue el que intentó probar la mercancía antes que tú. — su voz destila veneno y sé que viene con intención de dañar. Acaba de recordar la basura entre la que vive y no puedo esperar otra reacción de su parte.

— ¿Intentó? — pregunto, aunque no necesito más justificación para ponerle los puños encima.

— Muñeco, nadie que se acuesta conmigo queda de tan mal humor.

Su hombro choca con el mío aunque no consigue moverme. Se va y Andro la sigue mientras yo me ocupo de dejarle en claro a este pedazo de mierda humana mi propia lección número siete: Cuando una dama dice “no”, significa “te mato si la tocas”.

Para cuando regreso al reservado, limpiándome las manos con una toalla húmeda, Layla se ha bebido media botella de whisky y parece dispuesta a terminarla.

No soy un sensiblero, pero entiendo que en este momento y a pesar de lo que le dijo al tal Baptiste, debo parecerle tan hijo de puta como él. Recuerdo el odio con el que pronunció esas palabras: Este fue el que intentó probar la mercancía antes que tú. Y entiendo que no le quede ni la más mínima intención de ser una buena mujer conmigo. Acepto que me lo merezco, pero más allá de la aceptación no puedo hacer más.

No protesta cuando le pido que nos retiremos y en todo el camino no me dirige la palabra, ni siquiera me mira. Se quita los zapatos y se tambalea un poco cuando atravesamos la sala. Está un poco ebria… o totalmente, no lo sé, desconozco su tolerancia al alcohol.

De repente se gira y agarra mi mano derecha, llevándola hasta la luz para ver los restos de sangre seca que no he logrado limpiar bien y mis propios nudillos lastimados.

— Perfecto. — dice soltándome.

— Layla. — evito que se suba a la escalera — Puedes hablar conmigo.

— ¿Y qué te voy a decir? — su lengua se enreda un poco y sé que es el alcohol que le hace efecto completamente — ¿Que ese pedazo de basura también quiso acostarse conmigo? ¡Claro que quiso! ¿Me has visto en un espejo…? ¿…o… de frente?

Sip. Ebria hasta las pestañas.

— Pero no me dejé… ¡No señor! — levanta el puño donde tiene enredados las bandas de los tacones — Después de tanto tiempo no iba a acostarme con ese calvo… feo…

Se tambalea hacia adelante y yo la sostengo mientras intenta lograr de nuevo el equilibrio. Cuatro palabras quedan repiqueteando en mi cabeza:

— Así que después de tanto tiempo… — murmuro y la tomo de la barbilla con suavidad para que me mire. Tiene la mirada perdida y sé que ahora está en ese trance que mañana no recordará — Layla, nena, cuando te acostaste conmigo, ¿hacía cuánto tiempo que no tenías sexo con nadie?

Encoge los hombros con una risa que se convierte en mohín.

— ¡Ah! ¡Ni me acuerdo! ¿Dos… tres años…? — abre sus ojitos como si esperara una confirmación de mi parte. Pestañea tres veces más y tengo en mis manos una muñeca ebria y sincera.

Esto explica algunas cosas, pero me deja con interrogantes mucho peores:

Si hace dos años que Layla no se acuesta con nadie, entonces ¿quién carajos es Theo?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Todo de ti   29. ¿Y ahora qué?

    ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha

  • Todo de ti   28. Todo de ti

    LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si

  • Todo de ti   27. E* infierno

    ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro

  • Todo de ti   26. Una pesadilla

    LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E

  • Todo de ti   25. E* Clan

    Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.

  • Todo de ti   24. ¿Alguna vez me amaste?

    LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status