MasukLayla
Es de madrugada todavía y tengo una señora resaca con todo lo que amerita: dolor de cabeza, deshidratación, sueño, náuseas… pero eso no me impide levantarme, darme un baño caliente y prepararme porque hoy es sábado y Theo está esperándome en Londres.
Recuerdo poco de lo que pasó anoche, pero la sensación de asco que me provocó Baptiste sí es imposible de olvidar. Por un momento me llevó de vuelta a la casa de mi padre, a esa vida llena de mierda que es mi realidad. Y durante ese momento odié a Thiago tanto como odio a Russo o a Baptiste, lo odié porque quiere voluntariamente convertirse en parte de esa realidad, y se niega a entender que tarde o temprano lo convertirá en un mal hombre.
Sólo espero no haberle dicho anoche ninguna estupidez.
Bajo las escaleras y lo encuentro dando vueltas en la cocina, en pantalón pijama y con el torso desnudo. Un olor delicioso a café recién hecho inunda toda la pieza y me hace salivar porque tengo el estómago vacío.
Pongo el bolso, que es mi único accesorio, sobre la isla de la cocina y lo siento girarse con el ruido. Me regala una sonrisa precavida, sé que la noche no terminó en sexo, así que probablemente haya terminado en una pelea, y si me mira de esa manera es porque está dispuesto a firmar la paz. ¿Será?
— Buenos días. — dice con suavidad mientras levanta la jarra de café a modo de pregunta.
— Sí, por favor. Buenos días.
Veo que se pone a preparar algo de espaldas a mí y escucho la presión de la cafetera haciendo burbujas hirvientes. Está descalzo y con el pelo enmarañado. Hay que reconocer que se despierta sexy.
Se da la vuelta y camina hacia mí. Me pone en una mano una botella de agua y en otra un recipiente de café para llevar.
— Listo. — murmura como si estuviera repasando algo — Agua, capuchino… ¡Ah, sí! — rebusca en el mostrador — Abre la boca. — la abro y pone sobre mi lengua dos pastillas que bajo con el capuchino — Ibuprofenos.
— Gracias. — susurro sin poder hacer nada más que quedarme ahí, mirándolo mientras tengo las manos ocupadas.
Se acerca a mi cuerpo despacio y me echa el cabello a la espalda, me abraza brevemente y me da un beso en la frente que no tiene nada de sexual y sí mucho de emocional. Levanta mi bolso y me empuja hacia la puerta de entrada.
— Vamos, el jet está esperándote. — dice y de repente estoy frente a un sedán oscuro con un hombre alto y corpulento abriéndome la puerta.
Me despido de Thiago con un gesto y respiro cuando estoy sentada en el auto. Bebo el café y evito pensar. No entiendo a Thiago D´cruz, pero de repente me viene a la cabeza la sangre en sus nudillos y me incorporo de golpe. ¿Eso significa que golpeó a Baptiste?
Llegamos al aeropuerto en menos de una hora porque las carreteras están despejadas y el hombretón que va en el asiento del copiloto me abre la puerta del coche con cortesía y me acompaña al avión, subiendo detrás de mis pasos.
Hago un gesto de incomprensión cuando lo veo sentarse delante de mí en la cabina.
— Mucho gusto, licenciada. Alfonso Grillo. — dice extendiendo una mano que yo estrecho con fuerza porque me gusta la gente que no me dice “lady” — Me dicen el Grillo Andaluz porque… bueno porque soy de Andalucía y hay mucha falta de imaginación en el mundo.
— Mucho gusto, Grillo. — sonrío porque se ve un tipo desenfadado — ¿Vas a viajar conmigo?
— Bueno, eso depende de usted. Soy su seguridad.
Frunzo el ceño con la noticia porque me siento como niña de primaria a la que acaban de sorprender con una merienda que no le gusta y contra la que no puede protestar.
— ¿Disculpa? ¿Eres mi guardaespaldas? — pregunto incómoda.
— Pues la verdad no lo sé. — se encoge de hombros — El señor D´cruz me dijo que él me paga pero que sólo le respondo a usted. Voy si usted quiere que vaya y me quedo donde me diga que me quede. No hablo, no molesto y sobre todo no me meto en sus asuntos a menos que usted me llame. Esa fue la descripción del trabajo y lo acepté porque la paga es buena.
No sé exactamente qué expresión tengo. No esperaba un guardaespaldas, pero en caso de tenerlo no esperaba que fuera así de peculiar. El hombre delante de mí es enorme, con la cabeza completamente rasurada y una barba oscura y rala de al menos siete centímetros. Sus brazos son macizos y llenos de tatuajes de colores, lleva un aro en una oreja y otro sobre una de sus cejas. Viste jeans y polo negra y presiento que no se enojará si le doy un día libre.
— Déjame ver si entiendo: eres mi seguridad personal, pero respondes ante mí aunque sea Thiago el que te pague.
— Así es. — contesta llevándose a los labios su propio café.
— Entonces… ¿si te digo que te bajes del avión ahora…?
— Entonces me bajo, licenciada. — sonríe — Pero dígamelo rápido porque estamos a punto de despegar, y sé hacer muchas cosas pero volar no es una de ellas.
Me restriego los ojos con una mano porque no sé si esto es un sueño o todavía estoy borracha.
— Nunca has sido guardaespaldas ¿verdad? — pregunto porque su falta de protocolo es obvia.
— Jamás. — asegura — Me dedico a sacar personal indeseable de los clubes del señor D´cruz, pero él me ofreció este trabajo y aprendo rápido.
¡El club! Espera…¿el club, o no… los clubes… son de Thiago?
¿Y Grillo estaba ahí anoche?
Mis ojos buscan sus manos instantáneamente y veo que sus nudillos están blanquísimos y limpios. No fue él quien le pegó a Baptiste.
— ¿Cómo terminó la noche ayer? — pregunto con toda la seguridad que no tengo — No quise quedarme a ver el espectáculo y tampoco quise preguntarle a Thiago después.
Es una burda mentira, apenas si recuerdo algo después de la botella de whisky, pero Grillo no tiene que saberlo.
— Pues sucedió lo que pasa siempre que a un hombre le tocan a alguien que le importa. — declara como si fuera algo natural — El señor D´cruz se encargó personalmente de “explicarle” que no podía volver a molestarla.
— En pocas palabras: sólo lo golpeó él. — me río.
— Pues sí, licenciada. ¡Y yo que pensaba que el señor D´cruz era una mansa paloma! — se carcajea — Siempre se ve tan formal que no lo imaginaba rompíéndole el tabique a alguien… pero el tipo se lo merecía. Bueno, ¿va a querer que me baje?
Pienso por un momento y luego niego con la cabeza. Soy lo suficiente madura como para darme cuenta de que no está tratando de controlarme sino de protegerme, y la verdad el episodio de anoche no fue nada agradable. Además Grillo es muy diferente a un guardaespaldas tradicional, siento que puedo relajarme estando a su lado, y sobre todo, me siento mejor sabiendo que si cualquier incidente ocurriera con Theo o con mi padre, tendré a esta mole de casi dos metros de mi lado.
Agradezco a Thiago mentalmente y aprovecho para dormir por el resto del vuelo. Para las diez de la mañana ya estamos aterrizando en Reino Unido y el piloto sale a saludarnos.
— ¿A qué hora es el vuelo de regreso? — pregunto y el piloto hace un gesto de incomprensión.
— A la hora que usted diga, señora. — me contesta — El jet está a su disposición para cualquier viaje que quiera hacer, a cualquier hora.
Le agradezco y bajo del avión seguida de Grillo, que estira las piernas como si hubiera estado sentado un año entero. Nos espera un auto con chofer, que imagino debe ser de Thiago, pero no quiero que sepa a dónde voy.
— ¿Sabes conducir por la izquierda? — pregunto a Grillo y niega categóricamente — Bien, súbete.
Extiendo la mano sobre la que el chofer deposita la llave y ocupo el asiento del conductor mientras el andaluz se sienta a mi lado. Recorremos en silencio las calles de la ciudad, mientras Grillo observa todo el camino y sé que está intentando aprendérselo de memoria. Llegamos finalmente a la callejuela donde puedo estacionar sin llamar demasiado la atención, y le hago un gesto para que me siga.
Subimos las escaleras y lleva las manos en los bolsillos, los lentes oscuros puestos y una expresión relajada que no es normal en ningún guardaespaldas.
La puerta se abre y el hombre de mi vida aparece ante mí, abrazándome con fuerza y haciéndome sentir viva de nuevo.
— Theo, él es Grillo. — los presento y observo el apretón de manos decidido por parte de los dos — Grillo, él es Theo.
Se miran con curiosidad y creo que se van a llevar bien, así que lo invito a pasar y el resto del día pasa con demasiada rapidez. A medida que la tarde avanza siento que me voy quedando sin tiempo, no quiero irme, no quiero regresar con Thiago pero sé muy bien lo que significaría romper el trato que ha hecho con mi padre. A las diez de la noche cuento lo últimos repiques del reloj y me seco las lágrimas que ruedan sin que lo pueda evitar.
Grillo se levanta del sofá donde ha estado viendo la televisión y me mira con una sonrisa extraña antes de sacar un sobre de la chaqueta que descansa en un brazo del mueble y extendérmelo.
— ¿Qué es esto? — pregunto con la frente arrugada.
— El señor D´cruz me dijo que si a esta hora usted todavía no se había subido al avión para regresar con él, debía dárselo.
Lo tomo con suspicacia, porque a estas alturas he aprendido que desconfiar es lo único que puede mantenerme a salvo, pero cuando abro el sobre y saco lo que contiene siento que el pecho se me estruja.
— ¿Tú sabes qué significa esto? — lo encaro porque no puedo creer lo que tengo en las manos.
— Sí, el señor D´cruz imaginó que tendría muchas preguntas así que me lo dijo para que pudiera aclararlas. — Grillo se rasca un poco la nuca como quien hace esfuerzo por recordar — Dice que no puede dejar que las cosas terminen en desastre.
Saco todo el contenido del sobre y entre los documentos, en mi mano cae una llave. No puedo creer esto. Tengo ganas de llorar, de reír. El miedo me recorre la espalda como un latigazo y entiendo que mi cuerpo me está avisando que otra vez estamos en riesgo.
Corro a la habitación y levanto a Marcia y a Theo que se han quedado dormidos.
— ¡Nos vamos! — la sacudo.
Marcia se levanta frotándose los ojos porque la edad ya no la deja vivir demasiado a prisa.
— Niña, pero ¿qué haces? — me pregunta con inquietud.
— ¡Nos vamos! ¡Ahora! — la apremio.
En su rostro se retrata el espanto pero pongo las manos sobre sus hombros, me inclino y trato de parecer más tranquila.
— No es Russo… pero nos vamos. No te lleves nada, no hace falta.
Mete las cosas de valor de Theo y las suyas en un par de maletas mientras él nos mira con ansiedad. Grillo observa con detenimiento el revuelo que hago en la casa, pero no dice ni una sola palabra, sólo se limita a cargar las maletas escaleras abajo cuando las pongo frente a él.
Quince minutos después estamos los cuatro dentro de un auto en movimiento, que nos lleva lejos de allí. No lejos del peligro pero sí a un lugar que al menos por ahora Russo Stafford no conoce.
Media hora después entramos al estacionamiento de un hermoso edificio. Grillo usa la tarjeta que cuelga de la llave para pasar los filtros de seguridad, y luego nos acompaña a los ascensores. Subimos catorce pisos y la mano me tiembla cuando le doy la vuelta a la llave sin dificultad y entramos a un departamento pequeño y acogedor. Tiene un estilo minimalista y una vista hermosa de un parque de juegos.
Dos habitaciones con sus baños, una sala amplia y una cocina muy agradable conforman todo el espacio, pero está tan bien distribuida que parece mucho más grande de lo que es. Ciento cincuenta metros cuadrados que para mí son un palacio.
Marcia y Theo me abrazan y eligen cada uno una habitación. Los ayudo a desempacar con un nudo en la garganta y me aseguro de que se duerman antes de sentarme en la mesa del comedor, frente a Grillo, que saca una cerveza del refrigerador para él y empuja otra en mi dirección.
— ¿Hace cuánto tiempo conoces a Thiago? — le pregunto con los ojos fijos en esa nota que estaba también dentro del sobre y que no me he atrevido a leer.
— Cinco años. — contesta.
— ¿Y qué piensas de él?
Grillo se atusa la barba con una sonrisa socarrona.
— Es un hombre muy temperamental… pero es portugués, no se puede esperar otra cosa. — levanta la ceja donde está su aro y me mira directamente — Es un jefe preocupado, no juega con las mujeres, y no permite que lastimen a la gente que le importa . Lo respeto porque lo considero un hombre justo, aunque reconozco que es de los que atacan primero y preguntan después, así que eso hace que se equivoque más de lo que quisiera. En fin, tiene defectos como todo el mundo, pero es un buen hombre.
Asiento mientras mis manos van a esa nota y la giro. Las palabras que hay escritas en ella son escasas, precisas y poderosas. Me cubro el rostro con las manos y sollozo. No sé por qué lo hago, supongo que ha pasado mucho tiempo desde que me sentí de esta manera. Quisiera que mi cabeza estuviera despejada, quisiera pensar con claridad pero sé que ahora no voy a lograrlo.
No sólo tengo un conflicto entre mi mente y mi corazón; la amarga experiencia es otra que me grita que las cosas no son tan fáciles, que todo puede salir mal, otra vez. No puedo permitir que eso suceda. No de nuevo.
Grillo abre los brazos como si fuera un peluche gigante y yo me abrazo a él mientras me acaricia el cabello y me palmea el hombro como si fuera una niña.
— Apréndete esta dirección, Grillo Andaluz — le advierto — si algo me pasa alguna vez, tu trabajo va a ser hacer por ellos dos lo que haces por mí. ¿De acuerdo?
— De acuerdo, licenciada.
El resto de la noche se va en minutos interminables. A veces no sé si estoy despierta o dormida, me cuesta abrir los ojos, el cansancio me domina, no reconozco dónde estoy y lo único que se sigue repitiendo una y otra y otra vez en mi cabeza son las palabras de aquella nota.
“Me gustas. Yo tampoco puedo hacer nada.
Acepto nuestro desastre, pero no puedo obligarte a que lo aceptes tú también.
Después de todo no te conozco, y creo que no tendré oportunidad para hacerlo.
El departamento es tuyo, la cuenta en Suiza va a seguir recibiendo tu pago y puedes seguir trabajando para mí o bien para Elízabeth Craven.
Ve a hacer una vida diferente, intentaré estar siempre cerca para ayudar.
No te preocupes por nada, sólo sé feliz, sólo… no regreses."
Siento la voz de Grillo muy lejana que intenta despertarme. Logra que me levante y camine pero sé que parezco una autómata mientras voy hacia a la cama. Me descalzo los zapatos y me saco el vestido, dejándolo tirado en el suelo.
Me escurro debajo del edredón y está caliente, siento sus músculos tensarse por la sorpresa y dudar un segundo mientras repto por su cuerpo hasta acomodarme contra su pecho, suspirando. Está desnudo, o casi, no lo sé… sólo sé que me envuelve en un abrazo apretado y ansioso mientras su corazón se acelera y me besa en la boca con suavidad.
— Te dije que no regresaras. — murmura en mi oído.
— Tú a mí no me dices qué hacer, muñeco.
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.