LOGINThiago
Pasan de las tres de la madrugada. Doy una última vuelta por la casa y dejo la taza de café que me ha tenido desvelado toda la noche. No sé por qué pensé que iba a regresar si le estoy dando el escape que necesita.
Después de lo que pasó ayer me di cuenta de que jamás me puse en su lugar. Se nota que odia su vida pero debe tenerle terror a Russo para no haberse largado mucho antes. Lo que sea que tiene para manipularla debe ser importante, y debe ser un infierno saber que en cualquier momento la va a vender a quien pague más por ella.
Hasta ahora parece que ese he sido yo, pero ser menos calvo, feo y gordo que Baptiste no hace que mis acciones sean más justificables. Que yo le guste a Layla no borra el hecho de que la estoy comprando. Así que me comporto como el hombre que mi madre crio y le doy una salida.
Cuando el reloj da las cuatro entiendo finalmente que Layla ha tomado esa salida y no va a regresar. Me voy a la cama con sentimientos enfrentados. Me quedo mirando al techo mucho tiempo… mucho… si la hubiera conocido en otras circunstancias quizás hubiera podido enamorarla como se debe enamorar a una mujer.
Cierro los ojos y me doy permiso para descansar. No estoy feliz pero mi conciencia está tranquila. Layla no está conmigo pero estará bien y voy a seguir ayudándola tanto como me lo permita. El sueño me arrastra y debe ser pesado porque no me despierto hasta que siento el movimiento debajo del edredón. Mi cuerpo se tensa cuando siento una mano suave recorriendo mi abdomen y a pesar de la oscuridad puedo reconocerla. La reconocería con mucha o poca luz, la reconocería sólo por el sonido de su risa en medio de una multitud de gente.
Se arrastra por la cama hasta quedar recostada contra mi pecho y sobre uno de mis brazos. La rodeo y la aprieto contra mí.
“Layla”. No puedo creer que haya regresado. Mi pulso se pone a mil. Estoy feliz. Estoy nervioso. ¿Por qué volvió?
Dejo un beso en sus labios y siento que toda la tensión desaparece mientras me abraza y pasa una de sus piernas sobre las mías para pegarse aún más contra mí.
— Te dije que no regresaras. — susurro en su oído.
— Tú a mí no me dices qué hacer, muñeco.
Sí, es ella. Es mi nena respondona y hermosa que ha vuelto sólo Dios sabe por qué pero igual le agradezco por la ayudita.
Hay demasiado que no sé sobre la vida de Layla, pero quiero creer que ser el hombre que mi madre educó tiene mucho que ver con su regreso, así que pretendo seguir siéndolo. No más malos entendidos, no más juegos ni manipulación. Layla va a hablarme de frente y yo voy a hacer lo mismo aunque nos matemos. Fui completamente honesto cuando le escribí que me gustaba, pero no soy de los que buscan sólo sexo, al menos no con ella; y no puedo darme el lujo de querer a una mujer sin saber si quiere matarme mientras duermo.
No sé en qué momento me duermo o despierto de nuevo, pero cuando abro los ojos el sol ya está alto. Layla se ha dado vuelta y tiene su trasero pegado deliciosamente a mi entrepierna. Acaricio su espalda mientras escucho su respiración acompasada, y caigo en cuenta de que no estamos en la habitación principal, Layla ha venido derecho a mi cama y no ha sido para tener sexo, ha venido a quedarse dormida entre mis brazos y… bueno nadie ha dicho que no pueda darle un poquito de amor a su cuerpo. ¿No es cierto?
Deslizo las yemas de los dedos sobre la línea de su silueta, su brazo, su cintura, su cadera. Echo a un lado su cabello y beso su hombro, subo hasta debajo de su oreja y muerdo allí, mientras veo cómo reacciona sin llegar a despertar. Acaricio sus senos y en un segundo quito todo, brasier, tanga, no quiero nada entre ella y yo.
Un pequeño jadeo sale de su boca y yo lo atrapo, la beso despacio mientras sus pezones se ponen duros entre mis dedos. Necesito disfrutarla. Hasta ahora solo ha habido sexo violento entre los dos, como si supiéramos que todo iba a terminar, como si no tuviéramos tiempo. Pero no ahora. Ahora tengo todo el tiempo del mundo para hacerle el amor como ella se merece.
Aspiro su aroma y es delicioso, parece una pequeña diosa con los ojos cerrados y los labios entreabiertos por mis besos. Tanteo su vientre hasta llegar a su sexo y empiezo a masturbarla con suavidad. Intenta cerrar las piernas pero sólo consigue tensarse y gemir.
— Buenos días, nena. — mi aliento le roza el oído y sólo la veo morderse el labio de la excitación.
Sigo jugando allí, sobre su clítoris, sin llegar a penetrarla porque hoy quiero que todo sea diferente. Sus pequeños dedos se aferran a la mano con que la toco y trata de marcar un ritmo mucho más rápido. Me necesita y eso me gusta. Froto mi miembro erecto contra la línea entre sus nalgas y hay algo de sobresalto en su gemido.
— No te asustes nena, no será ahora. — sonrío mentalmente… “Pero será”.
Cruzo una de sus piernas sobre mi cadera y entro en ella despacio, es la primera vez que le doy tiempo para que se acostumbre a todo lo que tengo, y le veo morderse el labio inferior con un gesto de placer. He tenido todo tipo de sexo, pero este en especial me gusta mucho, me gusta esta calma que precede la tormenta, porque esa es completamente inevitable.
Me muevo suavemente, a un ritmo que la llena y la tortura mientras le acaricio los pechos y la beso. Mi lengua saborea cada centímetro de su cuello, su nuca, su barbilla… y no puedo evitar morderla de cuando en cuando, porque al final sigo siendo un animal en celo cuando estoy dentro de ella.
Su respiración se hace intermitente y empieza a gemir con esas ganas que se le ven tan lindas. Arquea la espalda, dándome más acceso y empujo dentro de su sexo conteniéndome.
— ¿Ya es hora de gritar? — me provoca abriendo los ojos y sujetando mi cadera con una mano para obligarme a entrar más fuerte.
— ¡Tú puedes hacerlo a cualquier hora nena!
Apenas puedo hablar, cierro los ojos y la abrazo con todas mis fuerzas mientras mi cuerpo se vuelve de acero. Me corro dentro de ella cuando la siento cerrar esa mano sobre mi piel con tanta fuerza que me lastima. Va a ser un lindo y merecido moretón.
Intenta recuperar el aliento, exactamente igual que yo. Así que aprovecho su debilidad para girarla, poniéndola de frente a mí.
— Ese fue un hermoso despertar. — asegura.
Le quito el cabello de la cara y paso una pierna sobre las suyas porque no encuentro otra manera de parecer más posesivo de lo que ya soy. Miro su cara, somnolienta y feliz mientras esboza una sonrisa de satisfacción. Ayer a esta misma hora estaba enfrentando el hecho de que nunca volvería a tenerla así de nuevo y aquí estamos.
— ¿Por qué regresaste? — le acaricio la espalda con gestos leves. Me gusta cómo se siente su piel.
— Porque mudarme a un apartamento nuevo no va a ser la forma en que me libre del yugo de Russo Stafford, — dice con frustración — si bien es cierto que tener un lugar que él no conozca, al menos de momento, me tranquiliza mucho.
Se gira boca arriba y mis caricias pasan a su vientre, mientras me apoyo sobre uno de mis codos para verla mejor.
— ¿Por qué hiciste eso? ¿El departamento, la cuenta, el trabajo? ¿Por qué lo hiciste?
— Bueno… — mido mis palabras porque no quiero lastimarla — conocer a Baptiste me hizo darme cuenta de que hay que tener mucho estómago para acostarse con un tipo como él… o con cualquiera que a uno no le guste. No tengo idea de por qué haces lo que haces, pero quiero tenerla. Te lo escribí, me gustas, Layla, y no quiero ser la persona a la que llegues a odiar.
— No te odio. — dice pero necesito más que eso para convencerme — Sólo… no te entiendo.
— ¿Qué es lo que no entiendes? — la animo a hablar. Creo que ya es hora de lo hagamos.
— ¿Por qué quieres comprarme? O mejor dicho: ¿por qué te interesa el título de mi padre o incluso el del tuyo? ¿Por qué te valoras tan poco como para querer ser parte de un mundo tan hipócrita como la aristocracia inglesa?
Me incorporo a medias porque me ha dolido. Pero si está dispuesta a poner en tela de juicio mis razones es porque está dispuesta a hablar de las suyas y eso es algo que me interesa oír.
La levanto en brazos y me la llevo al baño, derecho a la tina, donde se acomoda a horcajadas sobre mí, rodeada de agua olorosa y llena de espuma.
— Mi madre murió hace diez años. — le cuento — Me he sentido demasiado sólo desde entonces, porque no tenía más familia. Hace cinco años conocí a Taddeo Clifford, al parecer había recibido con mucho retraso una carta que mi madre le dejó antes de morir, confesándole que yo era su hijo. Desde entonces ha insistido en reconocerme y darme su título. Mi hermano Percy es un idiota drogadicto y vago: si yo no heredo el Título sobre el condado de Worcester, el linaje de la familia terminará. Mi padre no es el hombre del año y estoy muy consciente de eso, pero es la única persona que tengo en el mundo, me hace recordar que mi madre lo amó, y no quiero que muera en la incertidumbre de qué será de su legado.
Veo que sus labios se convierten en una línea fina y su nariz se abre un poco como si estuviera enojada. Entiendo que le sea difícil comprenderme, porque su relación con su padre el terriblemente distinta, pero yo tengo derecho a cuidar del mío tanto como pueda.
— Mírame. — sube la vista y clava sus ojos en los míos — No puedo acostarme contigo, y querer matarte y amarte al mismo tiempo. Tenemos que hablar claro si algo de lo que sea que tenemos va a funcionar.
— No sé hasta dónde puedo confiar en ti. — se sincera — Conocí a un hombre maravilloso en el salón abandonado de los Cumberland, conocí a un hombre cínico y desalmado en la cena de la villa Worcester y… y aquí mismo. — respira hondo y entiendo que me lo merezco todo, pero también es mi momento de explicarme — y conocí ayer a un hombre que no logro descifrar. Siento que piso arenas movedizas cuando se trata de ti.
— Soy el mismo que conociste en el salón de los Cumberland. — el único nombrecito que me aprendí y es por lo que significa, conste — En cuanto al otro… Layla sé que no es justificación pero te escuché hablando con tu padre al día siguiente.
Sus ojos se entrecierran y arruga la frente como si no comprendiera.
— Iba a reunirme con ustedes, pero llegué antes porque me acababa de enterar de tu nombre y quería verte para ver qué era lo que estaba sucediendo… fui a buscarte a la biblioteca y te escuché hablar con tu padre.
Suspira y se pasa las manos por rostro.
— Me molestó que me llamaras “bastardo” — confieso y no puedo evitar la mueca — y me molestó que le dijeras que preferías casarte con cualquiera menos conmigo, que era repugnante… sobre todo porque no creí que te pareciera repugnante acostarte conmigo. Por eso dije todas esas estupideces de probar la mercan…
No puedo terminar de hablar, no lo vi venir. Hubiera entendido la bofetada pero Layla me pega de lleno en la nariz con el puño cerrado antes de levantarse maldiciendo.
— ¡Eres un imbécil! — me grita y salgo de la tina tras ella, alcanzando una toalla para ponerla contra mi nariz que comienza a sangrar. ¡Pega duro la condenada! — ¿Hiciste todo esto por unas palabras sacadas de contexto? ¡Aaaarggggghh! ¡Me dan ganas de matarte!
Encuentra una bata de baño que por cierto le queda corta y se la pone con un gesto de ira. Lo próximo que veo es uno de los adorno del lavabo pasar a una velocidad peligrosa a un lado de mi cabeza y logro esquivarlo.
— ¡Eres un idiota, estúpido… odioso…! — cada palabra viene acompañada de algo y me pregunto a qué genio se le ocurrió poner tantos putos adornos en un baño — ¡Estaba tratando de protegerte! ¡Todavía prefiero casarme con cualquiera menos contigo porque no te mereces esta vida! ¡Y no es porque seas un bastardo! ¡Lo dije para Russo, porque eso es lo que él cree, que no vales nada, pero no es lo que creo yo! ¡Sé lo que significa ser un bastardo en esta sociedad, y jamás usaría esa palabra para lastimar a alguien, menos a ti! ¡…Imbécil!
Mira alrededor buscando y doy gracias porque se ha quedado sin proyectiles.
Trato de alcanzarla pero me pega en ese lugar que Dios me dio para me doliera y me doblo soltando el aire.
— ¡Hija de… — me muestra el puño cerrado — puto! — termino y asiente.
— Eso sí te lo permito. — me dice empujándome. Caigo soberanamente sentado en el suelo, con un dolor de los mil demonios mientras Layla moja una toalla pequeña y se acuclilla frente a mí para limpiarme la nariz. Lo hace con rudeza y sé que debo estar agradecido de que no me vuelva a pegar.
— ¿Malinterpreté todo entonces? — pregunto respirando cuando el malestar comienza a ser más soportable.
— Absolutamente todo. — declara sin perder la concentración en lo que hace. Al menos no está gritando — Cuando le dije a Russo que eres un bastardo no lo dije porque me molestara a mí, créeme me da lo mismo el apellido que tengas; lo hice porque sé que por eso te eligió, porque cree que gracias a eso puede usarte.
— ¿Usarme?
Asiente en silencio.
— Nadie más se casaría conmigo. — lo dice y no sé si escucho rebeldía o tristeza en su voz.
Eso me resulta inconcebible. ¿Quién es el loco que no querría casarse con esta mujer? Es hermosa, es capaz, es valiente, culta… y encima heredará el título de su padre. ¡Russo Stafford debería tener una procesión de candidatos haciendo fila en los jardines de la villa de Richmond!
Me ayuda a levantarme y revisa mi nariz que ya ha dejado de sangrar.
Me compaña al cuarto y me pone el pantalón del pijama para que no baje la cabeza. Cierro los ojos un segundo y cuando los abro ya está de nuevo junto a mí, vestida con un par de shorts cortos y una blusa ancha que le cae sobre un hombro.
La sigo hasta la cocina y se pone a sacar cosas de los estantes como si conociera perfectamente la distribución de todo. Hoy estamos solos, es domingo y Anna está libre así que si queremos comer vamos a tener que pedir comida de la calle o cocinar nosotros, pero parece que Layla tiene todo bajo control.
— ¿Además de piano, chismes y equitación, también le enseñan boxeo callejero a las damas inglesas? — intento hacerme el chistoso y sólo me gano una mirada furiosa.
Me levanto y voy hasta donde está. La rodeo con los brazos y beso su cabeza. No puedo permitir que sigamos teniendo estos desencuentros.
— Layla necesito saberlo todo, tienes que hablar conmigo.
Si no me dice qué está pasando es imposible que yo pueda entenderlo, lo único que me quedaría es seguir perdiéndome en suposiciones infundadas. Su silencio es insoportable.
— Layla ¿quién es Theo?
El vaso se escapa de su mano y se estrella en el suelo mientras se queda petrificada. La giro y puedo ver el terror reflejado en su rostro.
— Layla…
— ¿Cómo sabes ese nombre? — las palabras se le atropellan en la garganta.
— Escuché a Russo decirte que podías verlo siempre y cuando yo no supiera de su existencia. — le explico — Creí que estabas con él y que Russo y tú pretendían burlarse de mí.
— Theo no es m…
— Sé que no es tu amante. — la interrumpo antes de que arme otro escándalo — Sé que no te habías acostado con nadie en dos o tres años antes de conocerme.
Abre mas los ojos y se cubre la boca con una mano.
— ¿Cómo sabes eso? — por su cabeza deben estar pasando todas las hipótesis del mundo, tanto como pasaron antes por la mía.
— Tú misma me lo dijiste, hace dos noches, cuando te emborrachaste en el club.
— ¡Mierda! — cierra los ojos con vergüenza — ¿Qué más te dije?
— Sólo eso. — la tranquilizo — Pero no es suficiente. Layla quiero confiar en ti pero necesito que me expliques. Necesito que me digas quién es Theo.
Sus ojos se llenan de lágrimas involuntarias y entiendo que he tocado la fibra más sensible en el alma de Layla Stafford.
— Lo siento, pero no puedo. No estoy lista para hablar contigo sobre Theo.
Segundos después en la cocina sólo queda un poco de su olor, y la seguridad de que he metido la pata hasta el fondo.
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.