Home / All / Todo de ti / 10. Yo tengo tantas ganas como tú de que...

Share

10. Yo tengo tantas ganas como tú de que...

Author: max morgan
last update publish date: 2020-11-12 04:08:51

Layla

Siento que mi pecho se quema y no es precisamente por el café. Sus palabras son tan sencillas que no puedo creerlas, pero hacen eco en mi interior y por alguna razón que no comprendo bajan hasta mis bragas.

— Bien, pues la mayoría ha votado.

Son las palabras menos sexys del mundo, pero me excitan de una manera que no puedo evitar, porque significan que mi opinión el relevante para él.

He tenido que pensar muy bien en cómo diría cada palabra de mis argumentos para no comprometerme. Hay cosas que nadie, absolutamente nadie sabe ni deben saber sobre mí, y no puedo exponer mi secreto sólo para evitar que Thiago pierda dinero. Por fortuna es lo bastante suspicaz como para no preguntar de dónde he sacado toda la información acerca de los procedimientos ilícitos que realizan los hospitales, sólo espero que nunca llegue a pedirme esas explicaciones.

Recuerdo cada una de las promesas que me hice anoche después de lo que sucedió entre nosotros, me juré que hoy sería una mujer diferente y lo estoy cumpliendo, pero incluso esta mujer no puede evitar que ese hombre me guste.

Cuando tropecé con él en el baño me di cuenta de que mi atracción por él, en el aspecto físico, es insoportable. Pero verlo en su entorno, en su trabajo, y sentir que me toma en cuenta de esta forma es un golpe fatal. He estado añorando poder trabajar y valerme por mí misma desde hace tanto tiempo, que tener la oportunidad de hacerlo junto a Thiago sólo me hace desearlo más. Creo que es porque además de su cuerpo me gusta su cerebro.

Me gusta cómo habla y se expresa…me gusta que me respete como profesional.

— ¡…Layla! — la voz de Claire me saca de mis pensamientos, o mejor dicho, de los ojos de Thiago que no deja de mirarme.

Me giro hacia Sabrina y aprieto los puños porque algo tengo que hacer para que no se note que quiero echar a todo el mundo de la oficina y usarlo de semental.

El resto de la noche lo paso en las mismas condiciones, aguantándome hasta que las cuatrillizas se despiden. Lizzie me deja su tarjeta de presentación y estoy a punto de besarla. Sé que lo hace en reconocimiento a mi trabajo y por primera vez en mucho tiempo me siento poderosa.

Sí, esta vez todo va a salir bien. Lo único que necesito es enfocarme… enfocarme en no tener sentimientos por este hombre. He tenido tantas emociones respecto a él en tan pocos días que no puedo pensar con objetividad, menos cuando entre mis piernas hay un endemoniado volcán rugiendo su nombre.

Abro un poco las piernas mientras lo veo meter las manos en los bolsillos del pantalón. Hay algunas cosas que no pueden esconderse con facilidad, y el deseo es una de ellas.

Y Thiago D´cruz me desea, no tiene forma de ocultarlo, aunque se nota que está haciendo un esfuerzo sobrehumano para controlarse. Sé que tiene palabra después de todo y durante un momento lo admiro por eso, pero el momento es breve porque mi cuerpo reacciona cuando lo tiene cerca y lo atraigo para besarlo.

Me encanta su boca, me gusta la forma en que reclama, y muerde y recorre cada palmo de piel con la lengua. Sin embargo está rígido, parece una roca sobre la que mi deseo se estrella sin conseguir lo que quiero. Lo hago meter la mano debajo de mis bragas y sé que es una tortura para él lo que le estoy haciendo, pero no quiero que se detenga.

“No tienes que enamorarte, Layla” — me aconsejo mentalmente — “Sólo tienes que ser una auténtica aristócrata inglesa y sacarte las ganas con un hombre que te folle duro sin pensar en qué va a pasar después.”

Gimo cuando mete un par de dedos en mi coño y los mueve haciendo que recuerde lo doloroso que fue anoche.

— Layla… — su frente descansa sobre la mía y entiendo que de mis palabras depende todo ahora.

— Lección número seis: hazte responsable de lo que provocas. — susurro sobre sus labios y sólo puedo escuchar una expresión llena de frustración.

— ¡Mierda! — exclama sacando sus dedos y arrastrándome hasta el borde.

Antes de entender qué diablos sucede estoy con los senos pegados a la madera, mientras Thiago saca con furia mis pantalones y me arranca el blazer, mordiendo sobre uno de mis hombros y restregando su erección contra mis nalgas.

Otro giro y estoy de nuevo al borde de la mesa, con la cabeza de Thiago enterrada entre mis piernas abiertas. Una de mis manos se apoya en la mesa para hacer equilibrio mientras la otra va a enredarse en sus cabellos. Es lo más excitante del mundo verlo desde ese ángulo, sus ojos a veces suben para ver mis reacciones, y sé que le gusta lo que observa porque amerita un par de mordidas que me arrancan un grito.

¡Cierto! ¡Le gustan las palabras!

— ¡Sigue por favor! — no puedo arriesgarme a que se detenga, tengo demasiadas ganas.

Su lengua se mueve sobre mi clítoris haciendo que mi cuerpo se tense. Su barba me hace cosquillas porque estoy completamente depilada, pero me encanta la forma en que se siente contra mi piel. Me penetra con dos dedos mientras chupa, muerde, lame como si todo ese líquido que sale de mi coño fuera lo más rico que ha probado.

Sus dedos empiezan a moverse con fuerza entrando y saliendo. Me encanta. Sostiene una de mis piernas para abrirme tanto como quiere sin dejar de morder y succionar.

— ¡Dios! — jadeo cuando sus dedos trazan un círculo dentro de mí, como si tratara de abrirme aún más. Me duele y me gusta. Jamás había sentido este morbo con nadie.

Empujo su cabeza y chupa con más fuerza mientras mete otro dedo. Veo que aspira hondo y sé que le gusta mi olor. Mueve la punta de su nariz sobre mi clítoris y no tenía ni idea de que eso pudiera sentirse tan bien. Thiago D´cruz es un maestro del sexo y eso no puede negarse.

— ¡…Thiago…! — es apenas un susurro ahogado porque siento llegar el primer orgasmo. Sé que habrá otro, y otro, y tantos como yo desee.

Mis paredes se cierran varias veces sobre sus dedos y dejo caer mi espalda sobre la mesa, cerrando los ojos mientras ve corro en su boca. No sé cómo es ni cuánto, pero no deja de chupar en ningún momento, limpiando con la lengua cada centímetro de mi sexo.

Mi pecho sube y baja con latidos irregulares, miro al techo, completamente desmadejada por la intensidad del orgasmo y sonrío cuando de veo erguirse entre mis piernas, pone sus dedos en mi boca y saboreo lo poco que ha dejado de mí en ellos.

Chupo sus dedos y siento cómo su miembro palpita contra mí, despertando de nuevo al pequeño monstruo. Me incorporo sobre los codos y disfruto cómo recorre mis piernas con los dedos, acaricia la cara interna de mis muslos, y su mirada es intensa aunque no hace un solo gesto. Debe tener un puto autocontrol de todos los demonios, porque tiene la bragueta a punto de reventar y aún así no me está empotrando contra una de las paredes.

Lo toco por encima del jean y no sé si lo que sale de su boca sale un quejido suave mientras cierra los ojos.

— ¿Te duele? — es una pregunta estúpida. Tiene que dolerle porque anoche no terminó, esta tarde en el baño armó una casa de campaña y ahora acaba de tragarse todo mi orgasmo sin decir siquiera ni “ji”. — A mí también me gustan las palabras, Thiago.

Le advierto y es cierto, me pone a cien cuando me manda a gritar.

— Sí, Layla. Me duele. — admite subiendo una mano y pellizcando con el dorso de los dedos uno de mis rosados pezones.

Desabrocho los botones de su pantalón sin dejar de mirarlo. Me gusta la forma en que me siento, especialmente disfruto saber que la única de donde puede obtener esa liberación es de mí.

— ¿Qué tienes que hacer para que no te duela? — lo provoco.

— Layla… — niega con la cabeza y me imagino que está pensando en lo que me juró esta mañana.

— Mejor dicho: ¿Qué tengo que hacer para que no te duela? — le saco la camiseta por la cabeza y paso la lengua por su pecho, me gustan esos cuadros perfectos y sudados y los muerdo provocando que contraiga el abdomen.

Aprovecho para meter la mano en su bóxer y liberar su miembro, duro y listo, con rígidas venas que lo hacen parecer aún más grande de lo que es. No soy una virginal adolescente, lo sé, pero el pene que tengo entre mis manos es jodidamente el más grande y el más grueso que he probado, y se me hace la boca agua sólo de pensar en el placer que me ha dado.

Muevo mi mano, masturbándolo lentamente mientras sus jadeos se hacen más violentos, pero no le voy a permitir terminar, no así.

— Dímelo. — insisto — ¿Qué tengo que hacer para que no te duela?

Baja los ojos y me reta. Me detengo, tal como él hace conmigo cuando no le doy lo que quiere. Una de sus manos se enreda furiosa en mis cabellos mientras la otra se cierra sobre mis dedos y me obliga a seguir ese movimiento que lo vuelve loco.

— Para que no me duela tengo que meterme dentro de ti, — murmura con voz ronca entre intermitentes besos y mordidas — tengo que sentir lo estrecha que eres y lo caliente que estás, tengo que metértela toda, duro, tengo que oírte gritar y pedir más, o pedir que pare, con cualquiera de las dos me correría…

— ¿Y por qué no lo haces? — mis movimientos se hacen más rápidos pero él me obliga a suavizarlos.

— Porque te dije esta mañana que no te tocaría de nuevo. — asegura — Y si lo he hecho ha sido al menos para que disfrutaras tú, no yo.

Sobre mi mano escurren varias gotas de líquido preseminal y en este instante siento que mis dedos son la zona más erótica de mi cuerpo. Sé lo que tengo que hacer. Como sé que si no tomo el control de este momento, Thiago se irá a casa con un caso severo de priapismo pero no me tocará.

Me bajo de la mesa y lo empujo, besándolo, mientras lo hago caer en mi propia silla. Me gusta porque no tiene reposa brazos y puedo moverme libremente si ellos. Llevo la silla contra una columna cercana para que no pueda retroceder con mis movimientos y pongo los pechos a la altura de la boca de Thiago.

— ¿Entonces por qué no dejas que yo me ocupe de que disfrutes tú?

Sus manos suben suavemente a mis nalgas y las aprieta con ansias contenidas.

Espero que chupe uno de mis pezones, pero para mi sorpresa muerde debajo, en medio de la curva descendente de mi seno y la piel se me eriza, jamás pensé que ese lugar me provocara tanta excitación.

— Vas a tener que decirme qué es lo que quieres que haga, muñeco. — su miembro parece a punto de reventar. Sus manos suben a mis caderas y empiezo una danza deliciosa sobre él sin llegar a meterlo.

— Quiero cosas que no puedo pedirle a una aristócrata inglesa. — declara y empiezo a moverme con más lentitud.

Recuerdo que tiene un carácter dominante y cómo es teniendo sexo. Sí, seguramente hay miles de cosas que escandalizarían a una remilgada de la nobleza, pero me juré a mí misma que hoy iba a ser una mujer poderosa, y las mujeres poderosas disfrutan de los hombres sin arrepentirse ni escandalizarse.

— Por favor dime qué quieres, Thiago. — susurro en su oído cruzando los brazos detrás de su nuca — Me excita mucho escucharte, y tengo tantas como tú de que me folles. Sólo dime cómo lo quieres.

Sus ojos se abren desmesuradamente, probablemente jamás imaginó la palabra “follar” saliendo de mi boca. Pero estoy siendo sincera, nada de pudores estúpidos ni de remilgos, me gusta acostarme con Thiago y sé que a pesar de todo lo que pasa entre nosotros, él también disfruta mucho acostarse conmigo.

Me digo que soy adulta, no tengo que estar enamorada para disfrutar el cuerpazo de este portugués.

— Layla…

Hago círculos con las caderas y mi sexo comienza a chorrear de nuevo porque lo necesito, tengo los pezones erectos y sensibles y necesito venirme de nuevo, pero sólo lo quiero si es Thiago quien me lo causa.

— Por favor, dímelo. — casi suplico — Dime qué quieres…

— Muñeca, quiero que me cabalgues. — jadea — Quiero enterrarme en ti, quiero que te muevas sobre mí…

No puedo esperar más y sé que él tampoco.

— ¡Dámela…!

— ¿Toda, nena? — pregunta tomándola y apuntándola hacia mi coño mientras pasa suavemente uno de sus antebrazos tras mi espalda.

— Toda. — gimo y sé lo que viene — ¡Aaaahhhh!

Grito cuando siento la penetración dura y profunda. No tengo a dónde escapar porque esa mano detrás de mi espalda es un ancla que me retiene y me empuja hacia abajo. Pasa los antebrazos bajo mis rodillas y estoy completamente abierta. Pocas veces me he sentido tan indefensa, porque mi sexo está expuesto y no tengo un solo punto de apoyo más que rodear su cuello y rogar que me tenga un poco de compasión… pero eso no pasa.

Me sube lentamente hasta casi salir por completo y cierro los ojos. Me empuja con violencia hacia abajo y sus caderas vienen a mi encuentro, arrancándome otro grito. Mi peso no existe para él, me mueve arriba y abajo con rapidez, enterrándose en lo más hondo de mí, lastimándome con un placer que me hace arquear la espalda y pedir más.

— ¡Síiiiii! ¡Asíiiiiii! — mierda, quiero correrme ya y apenas empezamos.

Me penetra con rudeza otra docena de veces y entonces me suelta las piernas. Me deja apoyarlas en el suelo mientras sus dedos se cierran sobre mis caderas, dejándome establecer mi propio ritmo.

Mi respiración es irregular, mi cuerpo traza una danza deliciosa, atrás y adelante, sin llegar a tomarlo completo porque no quiero correrme tan rápido y encima quiero desesperarlo. Quiero que tenga tantas ganas de correrse como yo. Su boca me busca. Nos besamos como si jamás lo hubiéramos hecho, como si hubiéramos vivido toda la vida esperando este momento.

Thiago cierra a veces los ojos y otras recorre mi cuerpo sudoroso. Mi lenga recorre cada centímetros de su piel que tengo a mi alcance en una batalla entre nuestras bocas, devorándolo todo al compás de los gemidos que no podemos evitar.  Escucho sus jadeos como si fueran música, necesita más pero no se lo doy… sus manos intentan llevarme a un ritmo más fuerte pero la risa se me escapa y se da cuenta de lo que hago.

— ¡Descarada…! — protesta en voz baja y de repente estoy en el aire.

La silla desaparece.

Siento el frío del mármol en mi espalda.

Debajo de mis nalgas sólo hay aire y las manos de Thiago.

Hace lo que ha querido hacer toda la noche.

Siento el latigazo de dolor y sé que es su miembro que me penetra con dureza.

— Hora de gritar, nena. — dice como siempre que está dispuesto a terminar y arrastrarme con él a esos increíbles finales felices.

— Síiiii, no pares. — demando.

— ¡Vamos, nena!

Entra duro, duro y rápido, duro y hondo.

Grito contra su cuello.

Mis uñas se clavan en sus hombros.

Su miembro me taladra con fiereza mientras me tiene el vilo.

El golpe de su cuerpo contra el mío es seco y poderoso.

¡Plop! ¡Plop! ¡Plop! ¡Plop!

Mi coño se contrae, duele, palpita.

Quiero más.

Más fuerte.

Más hondo.

— Quiero que te corras nena. — y mi cuerpo traidor empieza a obedecer al instante — Grita, Layla. — gimo mordiendo mis labios — ¡Ahora!

Siento su miembro penetrándome como un ariete hasta arrancarme ese grito con que me corro completamente y tres segundos después siento el chorro caliente invadiendo mi sexo. El cuerpo de Thiago se contrae y lo escucho rugir contra mi cuello sin soltarme.

Pasan unos segundos antes de que comience a relajarse y sale de mí con suavidad. Me sienta en la silla y se queda de rodillas frente a mí, viendo cómo se mancha con todos esos fluidos que acabamos de mezclar entre los dos.

Por un largo momento no dice nada y luego ambos sonreímos un poco. Estamos muertos. Poco sueño y sexo violento, no es una buena combinación para mantener la cordura.

— ¿De qué te ríes? — pregunta quitándome el cabello que me ha caído sobre la cara.

— Parecemos animales. — contesto pero no lo digo con intención de ofender y él se da cuenta.

Se acerca y me da un beso en los labios. Es un beso suave, un beso que acaricia mis labios y luego roza mi mejilla con su nariz.

— Ahí está, — dice con la inocencia retratada en el rostro — ya no lo parecemos tanto.

Ahora sí sonrío abiertamente. No sé qué es lo que me está pasando con este hombre. Quiero odiarlo y protegerlo al mismo tiempo. Siento tanta decepción como curiosidad. Me provoca tanto deseo como incertidumbre.

— Me gustas. — declaro y lo veo ponerse rígido en un solo instante — Sé que no debería decírtelo, pero a estas alturas me importa poco si es conveniente o no que lo sepas. Me gustaste desde que hicimos el amor la primera noche, y me gustas aunque sé que no somos lo mejor el uno para el otro. — sus ojos tienen una interrogante a la que no puedo contestar — Me gustas y no puedo hacer nada, así que trata de que no te pase lo mismo conmigo, o de lo contrario esto va a acabar en desastre.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Todo de ti   29. ¿Y ahora qué?

    ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha

  • Todo de ti   28. Todo de ti

    LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si

  • Todo de ti   27. E* infierno

    ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro

  • Todo de ti   26. Una pesadilla

    LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E

  • Todo de ti   25. E* Clan

    Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.

  • Todo de ti   24. ¿Alguna vez me amaste?

    LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status