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9. Lección número seis

Autor: max morgan
last update Fecha de publicación: 2020-11-12 04:07:04

Thiago.

Estiro las piernas, hablo un poco con Oleg, el ingeniero civil responsable de todas las reformas que estamos haciendo a esta oficina para echarla a andar, y doy un par de vueltas intentando olvidar el hecho de que Layla está feliz.

No me malinterpreten, no es que yo quiera que esté triste, pero es que su felicidad me lleva a dos problemas: el primero es que no la conozco, creo que nunca me di tiempo de verdad para eso, no logro reconciliar esta mujer completamente absorta y entregada al trabajo con la mujer frívola y prejuiciosa que me llamó “bastardo” sin pelos en la lengua.

El otro problema es que se ve demasiado bonita. Bonita en el maravilloso sentido de que se sabe inteligente, dispuesta y capaz. Me gustan las mujeres capaces, que amen su trabajo aunque su trabajo sea coser calcetines.

Por eso admiro tanto a las cuatrillizas, porque se hicieron de un nombre en esta industria con uñas y dientes, pasando por encima de muchos hombres buenos para nada que trataron de impedírselos . Por eso también me he rehusado a casarme hasta ahora para complacer a mi padre…

Regreso a la oficina y la veo desierta, seguro que Nita y Layla se fueron por un café. Me dirijo al baño con paso rápido porque sé que me queda poco tiempo del receso que yo mismo impuse y todavía queda mucho por hacer.

Abro la puerta sin tocar y me doy de bruces con el cuerpo semidesnudo de Layla. Se tropieza del susto o porque chocamos o… ¡yo qué sé! Lo que sí sé es que trato de sostenerla pero es que la mitad de su cuerpo está sin ropa y no quiero tocarla porque luego va a decir que no cumplo mi palabra así que intento sostenerla por algún lugar que esté cubierto con ropa… y de repente me doy cuenta de que, literalmente, le estoy agarrando las nalgas.

No sé quién de los dos se pone más nervioso, pero empiezo a hablar yo:

— No sabía que estabas dentro…

Layla tartamudea algo que no alcanzo a escuchar porque sinceramente mis cinco sentidos están perdidos sobre su pecho, que sube y baja, como una invitación…

 _ ¡Mierda! _ mascullo cuando me doy cuenta de que esto es más que suficiente para provocarme la erección más inoportuna de la historia.

— Lección número cinco, D´cruz. —me advierte y no sé cómo pretende de verdad que no me afecte — Lección número cinco.

La suelto y se agarra de la pared para equilibrarse. Yo me doy la vuelta hacia la puerta de salida pero antes de abrirla su voz me detiene.

_ ¡Espera! _ siento que se acerca a mi espalda. ¡Por dios! Estoy a punto de saltarle encima y hacerle el amor como un maldito cavernícola sobre el impecable granito pulido de este lavabo _ Me voy yo. Es mejor que no salgas así.

Y sé que “así” significa “con una tienda de campaña en el pantalón”.

Respiro hondo y veo que sale con toda la propiedad de una dama, como si no hubiera tartamudeado hace cinco segundos.

Para cuando regreso a la mesa los ánimos están tensos a pesar de las sonrisas que veo en Nita y en ella. Supongo que es porque Nita sabe cómo soy y porque Layla no lo sabe.

_ Muy bien. ¿Qué opinas de los proyectos? _ me dirijo primero a Layla y no es una falta de respeto hacia mi Gerente, pero obviamente ella y yo tendremos la última palabra así que prefiero que Layla dé antes su opinión.

Veo que aprieta los puños. Está nerviosa. Quiero ayudarla pero antes de que diga cualquier cosa se recompone y empuja hacia mí una de las agendas donde ha hecho un montón de anotaciones a mano.

_ Ambos proyectos tienen sus objetivos muy bien definidos. _ manifiesta _ Sin embargo, mientras uno es susceptible de ser mejorado, el otro definitivamente sería demasiado riesgoso.

_ ¿A qué te refieres? _ la animo.

_ El proyecto de las Emperatrices es muy bueno, pero si accedieran a hacer este cambio… _ gira los planos delante de mi vista y todos esos cálculos en su agenda cobran sentido al instante _ si lo hacen el proyecto sería mucho más rentable.

Hacemos una nueva evaluación de costos, y preparamos una contraoferta. No es la primera vez que trabajaré con las cuatrillizas así que sé exactamente qué debo hacer para que acepten el cambio que queremos. Pasamos más de dos horas trabajando y cuando por fin cambiamos de proyecto veo que Layla arruga la nariz con disgusto. Jamás imaginé que construir hospitales le resultara repulsivo.

_ ¿Por qué consideras que este proyecto es demasiado riesgoso? _ pregunto con curiosidad. Es cierto que varios puntos no me han gustado pero no ha sido tanto como para desecharlo.

Layla titubea, es obvio que quiere decir algo sin ponerse en evidencia, pero tanto mi mirada como la de Nita están clavadas en ella así que termina por sacar una hoja cuidadosamente doblada de la agenda.

_ ¿Hace cuánto tiempo no te enfermas? _ pregunta y mi expresión es de sorpresa, lo sé porque nadie me ha hecho nunca esa pregunta.

_ Bueno, he tenido gripe y…

_ No, _ me corta _ gripe no. ¿Cuándo fue la última vez que te enfermaste de verdad, de gravedad como para ir a un hospital?

_ No lo recuerdo, supongo que cuando era niño. Soy muy sano. _ aseguro.

_ Suerte la tuya. _ murmura y pone delante de mí la hoja, desdoblándola _ Las cotizaciones que te dieron en materiales exceden por mucho los estándares de construcción sanitaria. Quieren construir hospitales de lujo, que muy poca gente va a poder pagar.

_ Bueno pero eso es un asunto de la farmacéutica…

_ No, es un asunto tuyo porque quieren pagarte con participación en acciones de los hospitales. _ insiste y empiezo a ver su razonamiento más claro _ Esta es la primera línea de hospitales que quieren construir, pero ya tienen centros de asistencia de emergencia por todo Reino Unido. Esto es lo que cuesta una operación de apendicitis en uno de esos centros. Los análisis preoperatorios, el quirófano, los médicos, la recuperación… la lista es larga…

Y lo es, en efecto. Intento evitar la sorpresa porque si esto cuesta una apendicitis no puedo imaginar cuánto cuesta lo demás.

_ Sarpha es una de las farmacéuticas más grandes de Reino Unido, _ continúa _ tienen sucursales donde muchos otros no pueden llegar, y eso es bueno porque proveen medicamentos donde no los hay, pero es malo porque lo saben y sus medicamentos son absurdamente caros. _ explica Layla y veo que intenta contener su exaltación _ Si te fijas en las locaciones donde quieren levantar cada hospital, vas a darte cuenta de que no hay otro hospital al menos en cincuenta kilómetros de distancia. Si quieres saber mi opinión, creo que sus centros de emergencia fueron sólo una prueba beta.

Respiro hondo, tiendo a ser un hombre práctico cuando se trata de negocios, con independencia del impacto moral que tiene mi empresa, soy lo suficientemente frío como para no dejarme llevar por el corazón cuando se trata de mi negocio y Layla parece darse cuenta.

_ Mira, puedo darte miles de razones sentimentales para que no te involucres en este proyecto, comenzando y terminando por el hecho de que se van a aprovechar de gente desesperada que ante una emergencia no van a tener otro lugar a dónde acudir, y eso va a obligarlos a endeudarse en esta y su próxima vida para pagar un servicio hospitalario… pero eso no tiene por qué ser relevante para ti. _ dice con convicción y entiendo que de alguna manera esto le ha afectado _ Lo que sí debe ser relevante para ti es que personas con deudas por problemas de salud son una terrible publicidad, una que no le conviene al buen nombre de tu compañía. Además, con participación en acciones vas a tardar años en recuperar tu dinero… o al menos eso te van a hacer creer.

De repente siento que me estoy perdiendo de algo, sé que esto es parte de esa secreta identidad de Layla que sólo revela a trazos y sólo algunas veces. Veo que aprieta los puños, está hablando con conocimiento de causa y debe ser bastante difícil para ella pedir credibilidad sin exponer de dónde saca todos datos que nos está brindando, pero si quiere que valore su opinión necesito mucho más que unas últimas palabras susurradas en voz baja.

_ ¿Y cómo exactamente van a hacerme creer eso? _ la interrogo y veo que toma aire.

_ La forma más fácil de estafar a un accionista es creando negocios que generen deudas de parte del cliente. _ explica _ Se genera una factura exageradamente alta y se establecen pagos en mensualidades para “ayudar” con la deuda. Lo que los pacientes no saben es que en esas mensualidades ya está contemplado un seguro de impago. Cuando eventualmente el paciente no puede pagar, el hospital vende la deuda a un banco al treinta o cuarenta porciento de su valor, y el paciente estará debiéndole a un banco que tiene plena potestad para cambiar los términos de su deuda, incluyendo los intereses. _ Layla pasa saliva y soy lo suficiente perspicaz para adivinar que hay una amarga experiencia detrás de sus palabras _ Lo que nadie sabe, incluyendo los accionistas, es que para ese entonces el hospital ya habrá cobrado el seguro sobre el impago de la deuda, y se quedará con el cien porciento de la ganancia, mientras reporta a los accionistas sólo el cuarenta porciento comprado por el banco.

Mi mandíbula se tensa, quiero preguntarle de dónde sabe todo eso, pero temo que sería hacerla exponer demasiado de sí misma y estamos en medio de una reunión de negocios. Comprendo las implicaciones de lo que me cuenta y la decisión no es ahora si creerle o no, porque le creo plenamente; la decisión está en si esto es exactamente lo que pretenden hacernos los que nos han ofrecido el proyecto.

Me giro hacia Nita, que tiene una expresión indescifrable en el experimentado rostro.

_ ¿Tú qué crees? _ le pregunto y cuando responde no lo hace para mí.

_ Creo que acabas de ganarte esa silla. _ le dice a Layla, haciendo que mi futura esposa esboce una sonrisa pequeñita y disimulada _ Creo que si hay la más mínima posibilidad, como nos dice la licenciada, de que algo como eso ocurra, entonces no necesitamos siquiera molestarnos en evaluar una propuesta así.

_ Bien, pues la mayoría ha votado. _ aseguro y veo que Layla abre mucho los ojos, creo que no esperaba que contara su voto de esta manera _ Haremos la contraoferta a las cuatrillizas y rechazaremos el proyecto de los hospitales.

Hacemos un receso de media hora en que me salgo al balcón y trato de respirar más aire del que en verdad necesito. Mi cabeza está completamente abrumada por todo lo que está pasando con Layla, es como si tuviera diez personalidades distintas la condenada, y muy a mi disgusto me gustan casi todas.

Las cuatrillizas entran y se sientan con idénticas sonrisas, porque han visto despedirse al otro equipo y se habrán imaginado que su proyecto fue el único aceptado.

_ ¿Abrimos la champaña ya? _ pregunta Lizzie con una sonrisa satisfecha.

_ Todavía no. _ aseguro mientras le lanzo una mirada rápida a Layla _ La licenciada Stafford nos ha sugerido un pequeño cambio que quisiéramos proponer. Layla, por favor, ¿explicarías nuestra contraoferta?

Las cuatrillizas pierden en un instante el aire risueño, pero veo que Layla se endereza en su silla con seguridad y extiende ante ellas un mapa de la zona donde planean construir la pequeña ciudad cultural.

_ Hemos notado que el complejo estará a unos treinta kilómetros de la ciudad más cercana. _ explica y sé que usa el plural por modestia, porque la idea ha sido enteramente suya _ Este proyecto es magnífico, pero esta es una pequeña ciudad cultural “de paso”. Y digo de paso porque no hay dónde quedarse. La mayoría de los espectáculos que tienen mucha audiencia se celebran por la noche, ¿no es cierto? Los conciertos, las peleas, las obras de ópera y teatro…

Hace un silencio por una largo segundo en que las cuatrillizas se inclinan hacia adelante.

_ Continúa. _ le pide Claire.

_ La cuestión es, que los miles de personas que terminan a las dos o tres de la madrugada, tendrán que regresarse a la ciudad más cercana. _ apuntó _ Si les parece bien nos gustaría cambiar el centro de convenciones. _ saca el esbozo apresurado que hicimos y aún así las cuatrillizas sonríen _ No queremos eliminarlo, sólo elevarlo… veinte pisos.

Arabella toma los planos que le presenta Layla y delinea los trazos con los dedos como si así pudiera comprenderlo mejor.

_ Un hotel. _ no es una pregunta.

_ Así es, _ confirma Layla _ un hotel para que los que deseen, puedan hospedarse en lugar de tomar la carretera para regresar a otros hoteles. Además si el centro de convenciones queda a esa a esa altura, tendrá una vista panorámica de toda la ciudad cultural. Cualquier espectáculo que se haga ahí arriba será maravilloso.

Sabrina repasa los presupuestos que preparamos para ellas y asiente mientras parece hacer cálculos mentales. Las cuatro se miran durante varios minutos sin decir nada y es como si estuvieran hablando con los ojos.

_ Nos parece bien. _ declara Elizabeth con una sonrisa_ Pero nosotras elegiremos diseño interior, los acabados, el estilo e incluso la decoración.

_ No tengo problema con eso. _ encojo los hombros. Después de todo es su proyecto, mi papel es sólo mejorarlo y construirlo.

Nita manda a pedir la champaña y los abogados se ponen manos a la obra para redactar los contratos, nos quedan todavía varias horas de trabajo por delante así que pedimos comida a la oficina y vamos aclarando hasta el más mínimo detalle de la forma en la que vamos a trabajar.

De cuando en cuando miro a Layla, que con el ceño fruncido y la expresión más concentrada del mundo conversa con Arabella sobre el diseño interior de las habitaciones. Se ve tan hermosa y siento que no tiene nada que ver con su apariencia, sino con el hecho de que está feliz. Sí, Layla está feliz, sus ojos se iluminan con cada plano, los levanta y me sorprende mirándola, quiero desviar la vista pero no puedo, hay algo en ella que es completamente subyugante para mí. Veo que le tiembla el labio inferior y se vuelve hacia Sabrina mientras cierra las manos en puños.

¿Acaso la hice enojar? Bueno, eso no sería nada nuevo.

El trabajo se extiende pero no hay quejas. Tanto el equipo de las cuatrillizas como el mío saben que el tiempo es dinero y que ni ellas ni yo estamos dispuestos a perderlo. Dan las dos de la madrugada cuando firmamos los últimos acuerdos y abrimos entonces algo mucho más fuerte que una botella de champaña.

Me estiro después del primer trago y Layla, disculpándose con todos, se saca los tacones y da vueltas por la habitación descalza, con su vaso de whisky en la mano. Claire sonríe y hace lo mismo, y en cinco minutos lo que tengo es una comitiva de mujeres relajadas y sonrientes que hacen bromas, beben y celebran porque han construido juntas algo hermoso.

Para las tres y media las cuatrillizas se despiden, pero antes de irse Elizabeth se acerca a Layla.

_ No dudes en tocar a mi puerta. _ asegura dándole una de sus tarjetas de presentación.

_ La mía puedes derribarla si quieres. _ dice Claire coqueta y le palmea el trasero con un guiño.

Layla da un respingo pero la risa se le sale y sé que el comentario no ha conseguido escandalizarla sino divertirla. Claire es una coqueta y se nota que le ha gustado Layla.

Nita también se despide y la oficina va quedando vacía poco a poco. Lleno los dos vasos hasta la mitad y empujo uno en dirección a esta mujer que me trae con sentimientos tan encontrados. Se sube sobre la mesa y mueve adelante y atrás las piernas como si fuera una niña mientras bebe. Ladea la cabeza y luego la echa atrás, apoyando las manos en la mesa. Sé que lo hace por cansancio, pero para mí es la imagen más erótica del mundo. Tiene las piernas entreabiertas y el pantalón marca perfectamente las líneas deliciosas de su sexo.

Quiero estar ahí, con mi boca perdida entre sus piernas como la primera noche, probando todo lo que puedo provocar en ella, haciendo que grite de nuevo. Jamás una mujer me había provocado tanta tensión sexual, jamás he sido tan obtuso en una relación o lo que sea que sea esto. Quiero que sea mía de todas las formas humanamente posibles, quiero conocerla y poseerla como si hubiera hecha únicamente para mí.

Mis manos se cierran sobre los brazos de la silla ejecutiva porque de lo contrario se las voy a poner encima y le prometí que no lo haría. Cuando sus ojos se encuentran con los míos hay una chispa en ellos, una invitación que no me atrevo a responder. No quiero, no debo…

Me hace un gesto leve y me levanto para acercarme. Meto las manos en los bolsillos del jean y veo que se muerde el labio porque su mirada se dirige directamente a lo que queda entre ellos. Tengo una erección de todos los demonios que el pantalón no logra disimular, pero mi rostro intenta ser impasible a pesar de todo.

Con una de sus manos me acaricia la línea de la barba, lleva su pulgar hacia mis labios y el resto de sus dedos a mis mejillas, como si las dibujara. Me acerca a ese espacio que queda entre sus piernas y me tenso más si es que se puede, porque su blazer se abre un poco y puedo ver en nacimiento de sus senos.

Enreda las manos en el cabello de mi nuca y se levanta un poco para besarme. Siento la invasión de su lengua y es maravillosa, es un beso suave que se va haciendo más profundo a cada segundo mientras mi lengua la explora, yo muerdo sus labios y ella deja salir uno de esos jadeos que me ponen a mil. Su cuerpo se pega completamente al mío y sé que puede sentir mi erección entre sus piernas. Esta mujer va a ser mi perdición.

_ Layla, te dije que no iba a volver a tocarte.

Y en efecto, mis manos siguen hechas puños dentro de mis bolsillos.

Pestañea despacio mientras se inclina hacia atrás en la mesa y no sé en qué momento el blazer se ha abierto y puedo ver esa franja perfecta de brasier y pechos. Se abre lentamente los botones del jean y sé que sabe perfectamente que me está torturando. Saca una de mis manos y la lleva allí, dentro de su pantalón, bajo la braga, donde la humedad hace que me estremezca.

No, no está húmeda, está empapada y esto no es obra de ese beso que acaba de ocurrir. Deslizo los dedos sobre su clítoris y escucho el gemido más contenido de la historia. Esto es el deseo de un día entero. Comprendo en un instante la forma en la que me ha estado mirando incluso cuando hablaba con las cuatrillizas, se ha pasado todo el condenado día excitada y no me he dado cuenta.

La veo cerrar los ojos y entreabrir la boca mientras disfruta la primera penetración de mis dedos. Su cuerpo se arquea y yo apoyo la otra mano sobre la mesa a modo de barrera entre los dos porque de lo contrario me descontrolaré por completo.

_ Layla… _ pego mi frente a la suya y no sé si estoy regañando o suplicando o qué…

_ Lección número seis: _ dice mezclando su aliento con el mío _ hazte responsable de lo que provocas.

Y ahí se va todo al demonio.

_ ¡Mierda!

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