LOGINLayla
No puedo evitarlo. Mis ojos viajan hasta la nota que Ana le pasa a Thiago y Leo las palabras que hay escritas en ella. No me sorprende en absoluto que mi padre haya mandado a preguntar eso, honestamente ya pasó mucho tiempo desde que su falta de humanidad dejó de sorprenderme.
Pero el rostro de Thiago es un poema. Entruja la nota en la palma de su mano y yo sostengo esa mano, la abro, saco el pedazo arrugado de papel y lo echo a un lado mientras atrapo su cara y lo obligo a que me mire.
— Lección número cinco, D´cruz: No permitas que nada te afecte.
Paso por su lado y me voy a la habitación. Elijo el conjunto de ropa que me parece más adecuado y me meto al baño para arreglarme, porque sé que Thiago debe venir por su ropa y no quiero crear ninguna situación que pueda malinterpretarse. Creo que ya hay demasiada carga entre los dos como para añadirle una más.
Salgo enfundada en un jean, top y tacones negros, blazer y bolso rojos. Me recojo el cabello en un moño todo enredado y medio deshecho en lo alto de la cabeza y estoy lista. Me miro en el espejo de pared y me estremezco, porque invariablemente me recuerda lo que pasó en este mismo lugar hace menos de ocho horas.
Paso saliva y me doy cuenta de que mis pezones se endurecen. ¡Maldito estúpido! Sólo pienso en él y ya estoy mojada. Jamás pensé que mi cuerpo pudiera tener reacciones tan fuertes por un hombre por el que no tengo ningún sentimiento… bueno… sí tengo uno… incertidumbre. Es lo único que me provoca Thiago: vértigo, esa sensación de no saber dónde estoy parada ni qué va a pasar.
Me despido de mis ensoñaciones, le dedica un beso al espejo, me echo el blazer al hombro y salgo para encontrármelo ya vestido y listo para salir. Pensé verlo de traje y corbata, pero en lugar de eso lleva unos jeans, una camiseta blanca y una chaqueta de cuero negra. Vaya, si pareciera que vamos a cantar juntos.
— ¿Podemos irnos? — pregunta levantando la vista cuando llego.
Se paraliza por un momento y luego se enfoca en su celular como si jamás hubiera visto uno. Puedo distinguir la tensión en la línea de su cuello, y si no fuera porque no quiero remover sensibilidades, me echaría a reír porque sé que le ha gustado lo que vio.
— Sí, cuando tú quieras. — contesto.
Nos dirigimos al estacionamiento y me abre la puerta de un deportivo negro. El silencio se instala entre nosotros por un buen rato mientras recorremos la ciudad, pero no me molesta, sólo miro afuera y disfruto el paisaje de la ciudad.
— ¿Hace mucho que no venías a Montecarlo? — quiere saber.
— Sí, mucho. — me pierdo en la ensoñación de esta ciudad que un día amé — La verdad es que tengo muy buenos recuerdos de Montecarlo, de cuando mi madre aún vivía. Solíamos venir, las dos juntas… solas. — añado porque es obvio que si Russo nos hubiera acompañado jamás hubiera podido crear un recuerdo hermoso aquí.
— ¿Hace mucho que murió tu madre? — es un curioso, pero me sorprende que siendo dato de dominio público no lo haya investigado ya…al parecer no le intereso tanto como creía.
— Yo tenía trece años, así que media vida.
Volvemos a hacer silencio los dos, supongo que no tenemos mucho en común como para mantener viva una conversación. Aunque bueno, sí hay algo que tenemos en común así que me aferro a eso para hacer el momento menos incómodo.
— ¿Qué vas a construir aquí? — me intereso.
— Todavía no lo sé. — me responde con la vista fija en la carretera y encoge los hombros — Me van a ofrecer dos proyectos hoy. Yo elijo si me quedo con uno, con otro… o con los dos.
Me imagino que esa etapa en que Ankora peleaba por ganar proyectos de construcción ya pasó. Después de los megaproyectos que han hecho, tienen una larga lista de espera y propuestas para trabajar.
— ¿Y en qué parte de Montecarlo van a construir? — me conozco muy bien esta ciudad como para poder dar mi opinión acerca de la ubicación.
— En ninguna parte. Uno de los proyectos es en Francia y el otro en el Reino Unido.
Thiago adivina en mi cara el gesto de incomprensión. ¿Por qué demonios estamos entonces en Mónaco?
— No, no hacía falta venir hasta aquí. — su tono es conciliador y sé que lo hace porque posiblemente lo que está a punto de decir va a molestarme — Cuando la gente de verdad quiere trabajar contigo te sigue por el mundo, sin importar el lugar, la fecha o la hora que pongas, ahí van a estar. Estamos en Mónaco porque quería alejarte de Londres tanto como pudiera.
No hago un solo gesto, entiendo cuáles eran sus intenciones cuando me trajo aquí. De hecho todavía no estoy segura de que esas intenciones hayan cambiado a pesar de todo lo que me ha dicho esta mañana.
— Además — me saca de mis pensamientos justo a tiempo — hay algo muy especial para mí en Mónaco, algo que quiero hacer… pero todavía no estoy listo para compartirlo.
Entiendo el sentimiento. Todos tenemos derecho a los secretos. Y no me molesta que conserve los suyos, especialmente si son importantes para él.
— ¿Bueno y de qué se tratan los proyectos?
— Uno es un mega complejo cultural. Lo diseñaron las Emperatrices… — mi risa lo corta.
— ¿Emperatrices? — mis cejas se levantan con burla. ¿Qué tiene este hombre con la realeza?
— Conste que el nombre no se los puse yo. Son unas cuatrillizas francesas que sólo hacen proyectos a gran escala, y cada uno es más arriesgado que el anterior. — me explica — Pero son duras, vas a ver. Si han sobresalido como lo han hecho en un negocio dominado por hombres, es porque son mujeres muy inteligentes.
— ¡Vaya! ¿Es respeto lo que estucho? — me giro para mirarlo y me sonríe.
— Totalmente. Las cuatrillizas trabajan duro y son fieras para negociar. Ninguno de sus proyectos es un riesgo. — asegura — La otra propuesta es muy diferente. La farmacéutica Sarpha quiere levantar una cadena de hospitales en todo Reino Unido.
— Parece interesante. — ese proyecto llama de inmediato mi atención — Sería bonito trabajar con gente que se preocupe por otra, para variar.
Thiago sólo asiente y disminuye la velocidad porque estamos llegando a nuestro destino. Nos acercamos a un edificio ejecutivo de casi treinta pisos y siento que empiezan a sudarme las manos y el corazón me palpita como loco en el pecho. Thiago me abre la puerta del copiloto y cuando me ofrece apoyo para salir su frente se arruga.
— ¿Estás nerviosa?
Suelto su mano y abrazo mi bolso.
— Hace mucho tiempo que no pongo un pie en un despacho de arquitectura. Por supuesto que estoy nerviosa. — reconozco.
Me empuja suavemente y entramos al edificio, donde nos reciben con muchas ceremonias y nos orientan tomar el ascensor hasta el piso veintisiete. Thiago se ríe cuando ve el estado en el que estoy, ni yo me reconozco, pero es que de verdad mi carrera era algo importante para mí y jamás tuve la oportunidad de ejercerla. Además estoy segura de que cada arquitecto que se presente hoy va a ser alguien con mucha experiencia, y eso hace que me sienta un poco… ¿indefensa? Siento que el calor me sube por el rostro y me marea un poco. No quiero echarlo a perder. Esto es demasiado importante…
Empiezo a ver puntitos negros y me sostengo de la barra del ascensor hasta que se detiene bruscamente y eso me impulsa hacia adelante.
— Dime que no te vas a desmayar. — Thiago susurra en mi oído
Tiene una mano en el botón de stop del ascensor, él lo ha detenido; y con la otra me sostiene porque literalmente me he estampado contra su cuerpo.
— No te lo garantizo. — admito.
— No creí que esto te importara tanto. — sus ojos se achican y sé que quiere preguntar más, mucho más, pero se aguanta.
— Yo tampoco. — respondí separándome un poco y tratando de recomponerme.
— Lección número cinco. — me recuerda — No permitas que nada te afecte.
Asiento y respiro hondo porque tengo que ganar dominio de mí misma. No he podido nunca una profesional, pero hoy Layla Stafford va a empezar a serlo.
— Otra cosa. ¿Cómo quieres que te presente? — noto la duda en su voz, pero no tengo tiempo para pensar en esas tonterías.
Puede decir que soy su novia o su prometida o sencillamente que soy una arquitecta que acaba de contratar, la realidad es que para toda esta gente mi nombre es desconocido, así que, al menos profesionalmente, tendré que abrirme camino a mordidas.
— Eso lo dejo a tu juicio.
Yergo el cuerpo, saco el pecho, pongo cara de confianza y Thiago no se ríe. Pone su mano en mi espalda baja, echa a andar el ascensor y no me empuja, solo siento que me toca como un gesto de apoyo.
El piso en enorme, muy iluminado y lleno de oficinas que están comenzando a equipar para los arquitectos. Parece que hay un millón de trabajadores y todos nos van saludando cuando pasamos. Thiago se detiene cada dos pasos para saludarlos y veo que se sabe el nombre de todos. No sólo el nombre, pregunta por sus familias, los partidos de fútbol de los niños, la salud de la abuela, el trabajo nuevo del hermano…
Se nota que no sólo es el jefe, la gente lo quiere y lo respeta, y a mi cabeza viene otra vez la imagen del “primer” Thiago que conocí. Nos toma media hora recorrer los treinta metros que nos separan de la sala de juntas, pero creo que ha previsto esto porque llegamos justo a tiempo para la primera cita.
La sala es enorme. Tiene una mesa de conferencias oval en el medio, con once sillas solamente. Cinco a la derecha, cinco a la izquierda, y la que encabeza la mesa debe ser por supuesto la de Thiago.
A los lados se levantan dos hileras de gradas con más asientos, individuales, como si fuera un pequeño teatro. Miro con curiosidad y él se me adelanta antes de que le pregunte.
— La mesa es para los negociadores, los dueños de las ideas, — me explica — pero en cada proyecto participa mucha más gente: arquitectos, abogados, ingenieros, contadores… Todos ellos tienen su lugar allá arriba. — señala a las filas corridas de asientos.
Supongo que ese es mi lugar, con el resto de sus arquitectos, pero en el mismo momento en que voy a subir me detiene. Sin pronunciar palabra saca una silla de la mesa principal y me indica que me siente.
— Antes de que comencemos. ¿Necesitas algo? — pregunta, solícito.
— Sólo pluma y una agenda. — no había nada de eso en mi closet, por supuesto.
Una señora que debe rondar los cincuenta años entra y abraza a Thiago con cariño. La zarandea como si fuera un niño y se nota que está muy feliz de verlo.
— ¿Cómo estás, mi muchacho? — hace ademán de despeinarlo pero parece que sólo lo hace para que se asuste.
— Estoy bien, Nita, gracias. Me alegra mucho verte. — hay genuina alegría en la voz de Thiago y de repente estoy de nuevo frente a un desconocido. Así es todo con él. Creo que este hombre tiene un desorden de personalidad múltiple.
— ¿Cómo ves todo? — señala alrededor — ¿Te gusta como está quedando?
— Me encanta, es justo lo que diseñé. Pero ven, déjame presentarte. — se acercan y yo me levanto — Esta es la arquitecta Layla Stafford. Layla, ella es Nita Gastaud, es la gerente de Ankora que maneja toda Europa Occidental.
Sé que mi boca se abre de par en par y que debo parecer tonta mirándola, pero por su calidez, su familiaridad con Thiago y su sencillez, jamás imaginé que fuera algo más que una secretaria, y resulta que es toda una tiburona. Porque para ser la jefa de la división de Europa Occidental de una compañía como Ankora deber serlo.
— ¡Uy, dime por favor que me la traes de regalo! — exclama acercándose y dándome dos besos y un abrazo, a los que respondo con un poco de rigidez porque no estoy acostumbrada a esas muestras de cariño — Esta oficina se merece una belleza diferente de la que sale en esas maquetas y planos. Si Thiago me trae otro arquitecto calvo y barrigón voy a dejar mi cargo. ¡Por favor dime que te quedarás!
Sonrío divertida porque esta mujer tiene la capacidad de alegrarle el día a la gente, y quisiera poder decirle que sí, que me quedaré, pero es demasiado pronto para saber qué va a pasar con el resto de mi vida.
— Sería un placer trabajar con usted, señora Nita. — no le hablo por su apellido porque sé que la gente cálida suele molestarse cuando no le devuelven del cariño que dan — Espero que eso se pueda convertir en una realidad.
La veo dispuesta a decir algo más pero un asistente toca a la puerta y anuncian a las cuatrillizas. Thiago intercambia algunas palabras con él y antes de hacerlas pasar ya está la mesa servida con agua, café y un juego de dos agendas y cinco plumas delante de mí.
Cuando aquellas cuatro mujeres pasan, seguidas de su equipo, mi corazón se para. Tienen rasgos muy diferentes a pesar de ser cuatrillizas, pero hay algo que tienen todas en común y es que destilan seguridad en sí mismas. No les va mal el apodo, parecen reinas… y me juro que un día voy a ser como ellas.
Se presentan con nosotros como si fueran viejas conocidas y descubro que también me encanta sus personalidades. Elízabeth es seria y fuerte, Sabrina es analítica, Arabella es dulce y amigable, y Claire es una coqueta sin remedio, pero también sin malicia. Lizzy es la que manda, eso es obvio.
La presentación que hacen es maravillosa. El proyecto es una pequeña ciudad cultural. Teatros de ultima generación, cines, estadios, anfiteatros para conciertos y boxeo, pistas de maratón, centros de conferencias, domos para convenciones, galerías, joyerías, tiendas… no puedo parar de contar y mi entusiasmo me gana. Sé que tengo una sonrisa de oreja a oreja porque me parece un trabajo increíble el que han hecho, pero hay algo que falta… mi cabeza gira como la rueda de un hámster pero no logro distinguir qué es lo que falta.
Cuando terminan Thiago las invita a pasar al restaurante que hay en el último piso del edificio para que puedan esperar cómodamente por el veredicto.
— Pensé que les darías respuesta en cuarenta y ocho horas o algo así. — dije a Thiago cuando el asistente salía para llamar a los otros interesados.
— ¡Se ve que no lo conoces todavía! — rezonga Nita torciéndole los ojos — Cuando hay que tomar una decisión de estas nos encerramos y hasta que no llegamos a un dictamen nadie se va a casa.
— Es que no me gusta hacerle perder el tiempo a la gente. — se defiende Thiago — ¿Para qué hacerlos esperar dos días por una decisión que soy perfectamente capaz de tomar en dos horas?
Estoy por completo de acuerdo con él, además a mí tampoco me gusta prolongar el trabajo.
El siguiente proyecto lo presentan los dueños de una farmacéutica inglesa. Reconozco perfectamente el nombre, es una de las más grandes que hay en Reino Unido, pero también es una con los costos más altos para los medicamentos de difícil acceso.
Digamos que con ellos es imposible mantener el tratamiento de cualquier enfermedad a largo plazo, y por desgracia tienen la patente de algunos medicamentos que muchos pacientes necesitan y no pueden pagar.
Intento ver el proyecto de los hospitales con otros ojos, quizás prestar un servicio sea la forma de contrarrestar la falta de atención que muchos sufren por su culpa, pero dos cosas hacen que mi rueda de hámster empiece a girar en sentido contrario: la primera es que están pidiendo materiales de lujo para la cadena de cuarenta y seis hospitales, y cuando digo “de lujo” no tiene nada que ver con los requerimientos de construcción que exigen las dependencias de salud en el país; la segunda es que quieren pagarle a Thiago con acciones de los hospitales, no de la farmacéutica.
Se retiran después de cuarenta minutos de evaluar costos, rendimientos, tiempos de construcción etc. y Thiago los envía también al restaurante, supongo que ahora es cuando comienza el verdadero trabajo.
— Bueno niñas, — dice levantándose — voy a estirar los pies cinco minutos, cuando regrese empezamos la batalla.
Sale de la sala y no puedo evitar mirarle el trasero, nunca lo he visto en jeans y la verdad es que se ve como para dedicarle una mordidita.
— ¿Sabes que cuando regrese te va a poner a decidir, verdad? — dice Nita riéndose y se me vira el café que me estoy tomando.
Me pasa un pañuelo y me limpio un poco, aguantándome para no maldecir porque me duele.
— ¿A mí, por qué? — me espanto.
— Nena, si no quisiera tu opinión no te habría sentado en esa silla. — me dice con dulzura — Así que mejor ve y arréglate un poco que hay que estar bien presentable en las juntas.
Me señala una puerta discreta que está al final de la sala y cuando entro veo que es un baño privado.
Me saco el top. Es negro y no se ve la mancha de café, pero mi pecho es una cosa muy diferente. Me quemé bien feo con el café así que lo tengo todo rojo y me arde como el demonio. Por fortuna no llegó al brasier así que puedo sólo ponerme el blazer cerrado sobre él.
Me echo un poco de agua y siento que se me refresca la piel.
Me apuro.
Agua.
Pañuelos.
Agüita, fresquita.
Me seco.
Me vuelvo, tropiezo.
Me golpeo contra un cuerpo y sé de quién se trata.
Me sostiene antes de que me caiga.
¿Por qué no puede poner las manos en mi espalda? Nunca he visto a una persona sostener a otra por las nalgas.
Mi cuerpo reacciona de inmediato y el suyo también.
— No sabía que estabas dentro… — dice de golpe y se ve tan nervioso que si no fuera por lo que me duele me echaría a reír.
— Sss-i… sssi…ehm… Nita me dijo que aquí me podía arreglar…
Estoy otra vez medio desnuda y entre sus brazos. Esto tiene que ser el karma. ¿Qué estaré pagando?
Mira mi pecho y lo siento ponerse duro donde no debería, al menos no en este momento.
— ¡Mierda! — dice entre dientes porque al parecer no ha podido evitarlo.
— Lección número cinco, D´cruz. — le recuerdo — Lección número cinco.
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.