LOGINThiago
El alma me abandona cuando la veo así. Jamás pensé que una persona pudiera llegar a ese grado de desesperación, y no imagino que en pocos minutos yo estaré peor que ella.
Lo que sea que haya escrito en esa nota tiene el poder de lastimarla y mucho, lo mismo que la persona que la ha escrito.
— ¡Jaaaaaames! — escucho su grito y me detengo. Layla llora, se revuelve los cabellos, parece tan atormentada que no sé qué hacer, ni siquiera sé si en este momento debería acercarme — ¡Jaaaaaaaames!
Veo el auto segundos antes de que todo suceda, corro hacia ella pero sé que no llegaré a tiempo. Le grito y no me escucha, está perdida. El impacto es un área borrosa en mi memoria, y cuando por fin la cordura regresa a mi cabeza estoy tirado a un lado de Layla, que intenta mantener los llorosos ojos abiertos.
— Layla… Layla… — mi voz sale en un susurro porque tengo tanto miedo que no sale con más fuerza.
A mis espaldas escucho las palabras “accidente”, “ambulancia”… pero yo sólo puedo seguir aquí, de rodillas al lado de mi nena, sin atreverme a moverla porque puedo lastimarla más de lo que ya está. Alguien saca el celular de mi bolsillo pero ni siquiera me ocupo de ver quién lo hace.
— Layla… — estoy temblando y veo que hace un esfuerzo por hablar — Layla, nena…
Tomo una de sus manos y su cuerpo entero convulsiona en un sollozo. Uno más.
— ¡Thiago…! — Intenta moverse pero no la dejo — Thiago… — parece comprender de repente que un auto acaba de atropellarla y que está herida.
— Ya vienen… la ambulancia ya viene… no te muevas.
Pero no tiene que hacerlo, el dolor parece atravesarla y lanza un grito que se acendra en mi alma y me hace clamar por los putos paramédicos que no han llegado. No sé qué hacer. Me llevo las manos a la cabeza y trato de encontrar qué le duele pero bien podría ser todo.
Uno de sus hombros está en una posición antinatural, debe estar dislocado; hay una largo corte sobre uno de sus muslos, lo oprimo para que deje de sangrar y grita de nuevo porque es obvio que esto también le duele.
Los minutos pasan como años mientras Layla llora y yo intento decirle que todo va a estar bien, pero no se siente así, no siento que todo vaya a estar bien y yo me estoy ahogando.
— Thiago… — susurra y siento que pierde todas las fuerzas — no me quiero morir…
— Mi amor no te vas a morir, no digas eso, no digas eso… — mis manos viajan a sus rostro, tiemblo cuando la sostengo para besarla y la mancho con un poco de sangre y con mis lágrimas. No sé cuándo empezó pero tengo un yunque oprimiéndome el pecho y ganas de maldecir a dios y al mundo por esto — Mi nena vas a est…
Su cuerpo se mueve en un espasmo violento y tose un poco de sangre sobre su pecho.
Intento limpiarla pero pareciera que no puedo.
El tiempo se hace lento y terrible.
— No me puedo morir… — solloza y le beso la frente, las mejillas, los labios. Las palabras resuenan en mi cabeza y me trago las lágrimas que cada vez se hacen más insoportables — No me puedo morir…
— ¡Mierda! ¡¿Dónde está la puta ambulancia?! — alguien dice que viene en camino y no es suficiente.
No, mi nena no se puede morir…
— Mírame mi amor, no te vas a morir, te lo prometo…
— Theo… — su mano se abre, suelta la nota que tenía empuñada y agarra mi camisa con la poca fuerza que le queda para jalarme hacia ella — Prométeme… Theo…— su pecho convulsiona en un estertor ahogado y veo que usa los restos de conciencia que le quedan para rogarme — Theo… cuida a Theo… — no sé qué gesto hago, no puedo pensar bien, pero ella sólo insiste con furia — Te juro que si algo le… si algo le pasa a Theo voy… te juro que voy a regresar… de la muerte a arrastrarte conmigo…
Me suelta y vuelve a llorar. Escucho gritos pidiendo que despejen el camino.
— Thiago… te a…— siento que se me va, sus ojos se cierran y le grito.
— ¡Layla! ¡Maldita sea, abre los ojos! ¡Layla…!
Alguien trata de moverme pero no los dejo. No entiendo de paramédicos ni de nada… Layla se está muriendo y yo me estoy muriendo con ella.
— ¡Señor tiene que apartarse!
— ¡Layla…! — Dios no me la quites, ya me has quitado mucho, no me quites a mi niña también — ¡Layla!
Siento la presión de un brazo sobre mi pecho y reconozco al instante al único hombre que tiene la fuerza para levantarme en vilo de esta forma.
— ¡Suéltame! — intento volver con Layla pero Grillo me sacude por las solapas de la camisa.
— ¿Tú eres médico? — me increpa con rudeza haciéndome reaccionar — ¡Entonces deja que la atiendan los médicos!
Me llevo las dos manos a la cabeza mientras veo cómo la suben a la camilla. Grita a veces cuando la mueven y otras sólo se desmaya. Tengo el alma anclada en la garganta y no dejo de llorar. Layla no se me puede morir, no la puedo perder…
Las puertas de la ambulancia se cierran y yo doy dos pasos hacia ella pero no puedo respirar. No sé qué estoy haciendo o qué debo hacer. Mi cerebro está en un trance del que no logro salir.
Siento la mano de Grillo cerrarse sobre la parte posterior de mi chaqueta y meterme al asiento de copiloto de su auto. Lanza mi teléfono sobre mis piernas y saca de debajo de su asiento una caja pequeña de plástico transparente que no sé qué es. Saca la mano izquierda y la pega por fuera del techo del coche, sobre su cabeza.
En un segundo la caja empieza a parpadear en rojo y escucho otra sirena que parece venir de nuestras bocinas. El auto sale disparado detrás de la ambulancia y el tráfico se va abriendo sin que nadie nos obstaculice el paso. Supongo que en este momento debería preguntarle a Grillo quién coño es para tener material de este tipo en su auto, pero eso me tiene sin cuidado ahora mismo.
— ¿Dónde está el infeliz que atropelló a la licenciada? — pregunta y sé que está tratando de sacarme de mi cabeza y devolverme a la realidad.
— No lo sé… No fue del todo su culpa. — digo. Por más que me duela debo reconocer que Layla sola se metió en medio del tráfico — Layla estaba… histérica. Se lanzó a la calle buscando a alguien… le dejaron una nota en la puerta del restaurante…
Maldigo con furia porque no entiendo nada. Estábamos bien, estaba a punto de contármelo todo y de repente llegó esa nota.
— ¿Esta? — Grillo me extiende un papel arrugado que reconozco por el tamaño y el color. Ni siquiera sé en qué momento la recogió.
La leo y mi vista se nubla.
“¿Tan pronto me olvidaste?”
Es lo único que dice pero ha sido más que suficiente para enloquecer a Layla.
¿Y ahora quién carajos es James?
Dejo la nota a un lado porque ahora mismo no me importa, no me importa nada, sólo que ella esté bien.
Llegamos al hospital y espero con frustración mientras nos dan noticias. Me entregan un formulario de registro que llena Grillo porque yo tengo la vista perdida. Me lo da para que lo revise y me fijo que la ha inscrito como Layla D´cruz, como mi esposa. Asiento para que entregue el formulario y otra vez hago un camino delante de las puertas de emergencia esperando que alguien me diga algo, lo que sea, cualquier cosa.
Grillo y yo pasamos media hora sin hablar, él recostado a una pared, con los brazos cruzados y mirando al suelo; yo caminando de un lado a otro sin poder detenerme.
Una figura conocida llama mi atención y es Nita que se acerca a paso rápido. No sé quién le avisó pero agradezco que esté aquí. Me abraza y me mira de arriba a abajo asegurándose de que no estoy herido yo también y suelta un suspiro antes de preguntar:
— ¿Qué han dicho los médicos?
— Nadie ha salido todavía…
Y como respondiendo a mis palabras las puertas se abren y sale un hombre vestido con el uniforme de cirugía, que mira a todos lados buscando:
— Familiares de Layla D´cruz.
Nos acercamos todos y no se molesta en preguntar quién es quién.
— La señora D´cruz está en cirugía. — explica — Las lesiones externas son pocas y más feas que graves, pero ha sufrido daños internos y practicamos una cirugía exploratoria para localizarla. Todavía no podemos dar más noticias.
— ¿Es muy grave? — pregunta Nita angustiada.
— Si no lo fuera no estaría en un quirófano. — dice el médico con molestia pero luego parece recapacitar — Sí, es grave, pero tengo confianza en que lo resolveremos. Sólo salí a decirles que va a ser una larga noche así que por favor tengan paciencia y… sobre todo tengan fe.
Me dejo caer en una silla con la cabeza entre las manos.
Layla está grave. ¡Dios ayúdame! ¡No me la quites!
Nita me limpia las lágrimas y abraza mi cabeza como si eso pudiera confortarme.
— ¿Qué dijo la licenciada sobre Theo? — las palabras de Grillo me hacen volver la cabeza con un gesto de asombro.
— ¿Lo conoces? — aunque sé que Grillo la acompaña a Londres cada sábado, no esperaba que Layla compartiera con él algo que se ha negado categóricamente a compartir conmigo.
— Sí, lo conozco. — acepta — Y ya va siendo hora de que lo conozcas tú también.
— ¿A qué te refieres? — perdónenme si no puedo pensar con claridad pero de verdad mi mente está embotada.
— Quiero que me mandes en el avión a buscarlo.
— ¿A buscarlo? ¡¿Quieres traerlo aquí?! — casi le grito sin importarme que estoy en un hospital.
— ¿Prefieres que ella se muera sin verlo?
Las palabras me golpean porque no quiero enfrentar la posibilidad pero existe. Layla puede morirse. Asiento despacio y Grillo se acerca a Nita.
— No lo dejes hacer ninguna estupidez, — le dice con acento bajo pero consigo oírlo — vuelvo lo más rápido que pueda.
Al siguiente segundo ha desaparecido y comienza la noche más larga de mi vida. Médicos entran y salen. Veo batas manchadas de sangre, equipos que entran y no salen de nuevo, escucho que ha habido un cambio de cirujano, una enfermera entra corriendo con tres bolsas de sangre…
En cierto momento me doy la vuelta y veo el cuarteto de piernas perfectas y almas de hierro que corren a abrazarme. Las Emperatrices hablan con Nita, que les explica mejor porque yo no tengo fuerzas para hacerlo, buscan café, indagan con las enfermeras y luego se acomodan en los incómodos asientos para esperar conmigo.
Todas menos una.
Elízabeth me arrastra al baño de hombres y me quita la camisa. La tira en uno de los cestos de basura porque está manchada de sangre y me acerca al lavabo, me echa agua en la cara y restriega mis manos con jabón, quitando todos los restos de sangre que quedaban sin limpiar. Saca una camisa limpia de su bolso y me la pone. No dice una sola palabra, sólo me compone como si fuera un niño.
Da un paso atrás cuando termina para cerciorarse de que estoy presentable y entonces no puedo aguantarlo más. Mi pecho se rompe en un sollozo y caigo de rodillas frente a ella. Se acerca a mí y abrazo su cintura. No puedo creer lo que está pasando. Layla es la mujer más dulce que conozco, le han bastado semanas para ganarse el cariño de estas mujeres de hierro, y el mío… el mío se lo ganó en segundos el día que la conocí…
Elízabeth me acaricia la cabeza con un gesto de consuelo.
— Vamos, levántate. — me apremia — Ahí tirado en el suelo no vas a resolver nada. Ya es casi de madrugada… alguna novedad deben tener.
Me miro un momento al espejo y no me reconozco. O mejor dicho, reconozco al hombre que era el día en que mi madre murió, nada desde entonces me había afectado tanto como eso.
La espera sigue en la sala. Las dos de la madrugada. Las tres.
El final del corredor de entrada escucho un sonido de puertas abiertas y puedo ver el rostro desencajado de Lucrecia que corre hacia mí. ¿Quién le ha dicho? ¿Cómo llegó hasta…? ¿Habrá venido en el jet? Entonces…
Junto a ella viene una mujer mayor, delgada y ojerosa, que trae una expresión de dolor muy parecía a la mía. Se toman de la mano para sostenerse mientras avanzan, pero mi vista se enfoca justo detrás, en la espalda descomunal que empuja la puerta porque Grillo trae los brazos ocupados. Con uno carga un enorme bolso de viaje y con el otro… con el otro sostiene a un niño de dos o tres años que se abraza como puede a su enorme cuello.
No puedo escuchar a Lucrecia, ni a la mujer, ni a Nita, ni a nadie de los que me hablan. Mis oídos se tapan con un ruido blanco como de radio mal sintonizado y todo lo que puedo ver es a la mole de Grillo con ese niño en brazos.
“Theo”. Mi subconsciente susurra su nombre.
No necesito que me digan quién es o qué significa para Layla. Lo comprendo sólo con verlo. Es la viva imagen de mi nena en pequeño y en versión masculina. El mismo cabello claro. Los mismos ojitos somnolientos… es un niño precioso.
Ahora todo encaja, todo tiene sentido.
Los viajes de Layla a Reino Unido, el desprecio de Russo…
Layla dijo que sabía lo que representaba un bastardo para la aristocracia inglesa.
Nadie tiene que decirme que Theo lo es. Supongo que entre nosotros nos reconocemos.
Ahora entiendo exactamente lo que Layla siente por mí, esa contradicción que le provoco. No puede confiar en el hombre que está dispuesto a convertirse voluntariamente en parte de una sociedad que desprecia a su hijo. Yo puedo defenderme, tengo dinero para eso así que no me importa, pero entiendo que quizás Layla está en una posición en que no puede defender a Theo aunque quisiera.
Observo cómo levanta la cabecita y se nota que apenas si puede mantenerse despierto. Es tan pequeño y tan lindo. Es un pedacito hermoso de Layla.
— Theo… — lo llama Grillo — Mira, es papi Thiago.
Veo a Grillo con los ojos muy abiertos por el asombro, pero sólo me gano su mirada desafiante.
— Llevo cuatro semanas hablándole bien de ti. No la cagues. — me advierte.
No soy capaz de hablar. Sólo estiro los brazos. Un largo segundo pasa en el que Theo parece evaluarme y luego se inclina hacia mí y pasa los brazos alrededor de mi cuello. Lo abrazo y en contados instantes está dormido y babeando sobre mi hombro. Los ojos se me llenan de lágrima y Grillo me regaña.
— No llores, coño. Lo vas a asustar, y no quieres tener a un niño asustado en medio de todo esto.
Asiento y me recompongo. Entiendo que me ha pasado a Theo para que me tranquilice y no al contrario.
No sé qué me pasa. El mundo se me está haciendo pedazos y sólo puedo agradecer a toda la gente que está conmigo en este momento. Hace un mes sólo tenía una empresa millonaria. Ahora tengo un niño en los brazos y una mujer que lucha por su vida en un quirófano.
Dan las cinco de la mañana y la puerta que da al servicio médico se abre por fin.
El doctor que sale tiene cara de agotamiento pero esboza una pequeña sonrisa.
— La señora Layla ha sido trasladada a cuidados intensivos. — aprieto involuntariamente el cuerpo de Theo por la tensión y se despierta— Tuvimos que extirparle el bazo, y por más que buscamos no encontramos ninguna otra lesión interna, pero debemos esperar por su evolución. No está fuera de peligro pero sus signos vitales están más estables. Puede pasar una persona a verla, pero sólo durante cinco minutos. ¿Quién va a ser?
— Ve con tu tío Grillo. — le digo a Theo y me obedece sin chistar. Sé que es muy pequeño para comprender lo que está pasando pero los niños son muy perceptivos y debe sentir que algo sucede.
Me aliso la camisa con un movimiento mecánico y sigo al médico mientras todos los ojos se fijan en mí.
Me cambio con ropa estéril y entro al pequeño cuarto donde la tienen, conectada a tantos cables y tubos que el alma se me cae a los pies.
— Dios mío ayúdame. — suplico en voz baja mientras beso su frente. — Devuélvemela… devuélvemela por favor…
ThiagoTres meses después.Estoy nervioso… debo ser el novio más nervioso en la historia de los novios nerviosos, pero saberlo no hace que se me quite. Estoy dando vueltas de un lado al otro del altar mayor de esta iglesia. Vestido de pingüino, de pajarita y flor y zapatos de charol y… Vamos que soy el paquete completo de galán de telenovela que se muere por la damita…¡Y es que de verdad me muero por ella!Amo a Layla. Más de lo que llegué jamás a soñar con amar a ninguna mujer.Ha
LaylaSeis meses después.Salgo de la oficina con paso rápido. Tengo tantas cosas que hacer que apenas he tenido tiempo hoy de tomarme un café con Thiago y darle a Theo el mar de besos matutinos al que está acostumbrado.— Nita, te dejo los bocetos del casino. — digo poniendo el tubo lleno de planos sobre su mesa y me acero para darle un beso apurado — A partir de este momento estoy “¡out!”Nita se hecha a reír porque sabe lo que significa: durante toda la semana trabajo como una posesa pero apenas llega el viernes mi cerebro pone la marcha atrás y sólo si
ThiagoDecir que se me quiere salir el estómago por la boca es poco. Layla está llorando en silencio en una esquina del jardín, rodeada de los hombres de Easton que no están vigilándola, sino por el contrario, la asisten como si fuera una persona importante para Ruben.El tiempo parece detenerse mientras mi mano se posa sobre las heridas de Grillo, pero maldita sea, sólo tengo dos manos. Easton se saca el traje y le pone el saco envuelto bajo la cabeza. Luego presiona la herida de la que más sangre está brotando. Sé que está dando órdenes por todos lados, pero yo no puedo escucharlo.Mi atención está en el ro
LaylaBusco la mano de Thiago y siento a mi derecha la presencia de Grillo. No ha venido nadie más.El equipo de asalto atrapó a los hombres que entraron en nuestra casa, estaban todos en el galpón abandonado, supongo que le hicimos un favor a Percy al deshacernos de sus secuaces, no quería pagarles de cualquier forma. Todos fueron entregados debidamente a las autoridades, pero no antes de que Grillo se divirtiera rompiéndoles los huesos. Quisiera decir que fue un ojo por ojo por lo que sucedió con Andro y con Romo, pero lo cierto es que ni se acerca._ Tengo miedo. _ confieso.E
Thiago— ¿Cómo no se te ocurrió decírmelo? — quiero matarlo, quiero ahogarlo con mis propias manos pero el muy hijo de puta es tan grande que sería inútil — ¡¿Cómo no me lo dijiste, cabrón?!Grillo mira al suelo mientras Layla se apoya en el escritorio del despacho de la mansión. Russo se ha quedado gritando en la biblioteca y honestamente no sé si alguien lo ayudó, no me interesa.— No era relevante. — me responde Grillo con la mirada en el suelo pero sé que no es por mí, es por Layla. Le importa diez veces más lo que ella piense que lo que pueda pensar yo.
LaylaAbro los ojos.Me duele tanto la cabeza que apenas puedo mover el resto del cuerpo.La luz me hiere lo párpados pero no puedo dejar de intentarlo…Muevo las manos y me encuentro con una superficie suave y rara. No puedo distinguirla, las puntas de los dedos me cosquillean y me anulan el tacto.Intento recordar algo antes de este maldito dolor de cabeza:Hoy es martes… creo.