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17. Desde otros ojos

Author: max morgan
last update publish date: 2020-11-13 12:12:22

Layla

Lo veo dormir tan tranquilo y realmente me dan ganas de darle un tortazo con toda la mano abierta. Se ha dedicado a esquivarme como si tuviera la peste. Parece un niño chiquito que ha aprendido la palabra “no”. Sin importar dónde lo arrincone siempre se me escapa.

— “No, Layla. No, nena.” — lo remedo haciendo una mueca llena de inmadurez y no me importa. ¡Este hijo de puta me coge hoy o dejo de llamarme Layla!

Me desnudo completamente y me meto a la cama con él, entre sus piernas, oliendo su miembro por encima de la ropa. Lo acaricio dos segundos y ya está duro. ¡Y así se quiere hacer el fuerte!

— Noooooooooo. — protesta.

— Síiiiiiiiiiiiiiiiii. — lo desafío y empiezo a morder por encima de su bóxer. Lo necesito. Tengo un deseo atrasado de un mes… no, de tres años… y lo único que quiero es que se me pasen estas contracciones involuntarias que me recorren el coño de cuando en cuando sólo de recordar cómo es tenerlo dentro. — ¡Por favor!

Pestañeo varias veces mientras mi lengua hace una tentativa sobre la tela.

Le digo no sé qué sobre lo días que faltan.

Ni siquiera estoy pensando… sólo quiero que deje de ser tan endemoniadamente correcto.

Me pone excusas y termino por desesperarme y quitarle el maldito bóxer de una vez.

Puede seguir protestando si quiere, yo voy a hacer lo que me dé la gana. Tomo su miembro con una mano y me lo meto de lleno en la boca. Es la primera vez que lo chupo y maldita sea pero no tengo idea de cómo esto me cabe dentro. Deben ser dieciocho centímetros y contando, y mis dedos no logran rodearlo. Con razón me duele cada vez… mentalmente agradezco que no le haya tocado desvirgarme.

Siento que cada uno de sus músculos se pone tirante y sigo chupando. Me encanta, me llega a la garganta, siento su glande en mi campanilla y ni siquiera me pasa por la cabeza la idea de tragármelo completo, estoy segura de que me ahogaría.

Muevo mi mano arriba y abajo para compensar el lugar al que mis labios no llegan. Thiago se cubre la cara y sé que está controlándose para no ponerme en cuatro y meterme todo lo que tiene sin darme tiempo ni a protestar.

Voy besando desde la base  y delineo con la punta de la lengua una de sus venas, que palpita al contacto de mi boca. Un poco de saliva me escurre y la uso para lubricarlo más. No sé describir esta sensación de hambre, de querer que disfrute y de sentir en mi boca lo duro que está.

Una gotita de líquido preseminal sale de su glande y la saboreo con descaro mientras lo miro a los ojos. Siento que se estremece.

— No puedes poner esa cara de puta y esperar que me porte bien.

¿Bien? ¿¡Bien!?

— Nadie te está pidiendo que lo hagas.

Enreda su mano en lo alto de mi cabello y puedo imaginar lo que viene. Me dice que me enseñará lo que le gusta pero yo lo sé. Sólo dejo que crea que me está enseñando la octava maravilla porque siendo honesta esto que tengo en la boca sí es un pedacito de maravilla… ¡Mm mm mmm!

Respiro hondo cuando empuja mi cabeza y me entra hasta la garganta. Los ojos se me llenan de lágrimas, no puedo respirar y clavo las uñas en sus muslos mientras escucho que me dice:

— Todavía…

Cuando por fin me suelta estoy lista para armar un escándalo pero sigue bombeando en mi boca. ¡Hijo de sup…! Siento el primer espasmo en el estómago y busco una mejor posición, en esta definitivamente voy a ahogarme. Arqueo la espalda y subo el trasero para alinear mi boca a mi esófago, relajo la faringe y dejo que entre hasta la base.

Ese es el truco para poder hacer una garganta profunda, no el abrir la boca. Cuanto más abres la boca, la mandíbula hace que se cierre la faringe, la campanilla roza más el miembro y vienen las arcadas.  El truco es abrir la boca sólo un poco y empujar la mandíbula de abajo un poquito, sólo un poquito hacia adelante. Cuando lo hago siento al instante cómo mi lengua se despega del paladar superior y mi faringe se abre, dándole espacio para que meta esos putos dieciocho centímetros hasta el fondo de mi garganta.

Lloro pero es una reacción física que no puede evitarse, estoy disfrutando esto cómo nunca en mi vida he disfrutado el sexo oral con ningún hombre. En cierto punto me suelta y me deja hacer, me encanta cuando empuja mi cabeza, pero me gusta más cuando soy libre de jugar de la forma en que me plazca. Y ahora mismo lo que me place es que se corra.

Empuño su miembro con una mano y mis labios se cierran con suavidad alrededor de su glande… sólo eso. Mi lengua hace círculos alrededor de él hasta que lo siento estremecerse y entonces me lo trago de golpe. Cierro los ojos para concentrarme en sus reacciones y en esa presión que se hace en mi pecho porque mierda, pareciera que hasta allá dentro se siente…

— Quiero venirme en tu boca, mami…

Es lo único que necesito para levantarme bruscamente y apartarme. ¡Ahora es mi turno de decir no, como un niño chiquito!

Me mira con frustración y adivino por la mueca en su cara que lo he frustrado en el momento exacto.

— ¡Eso es para que veas lo que se siente cuando te dicen que no! — lo desafío y es un error, lo sé. Es inútil si de todas formas la que más quiere que esto pase soy yo.

— ¿Me estás jodiendo, verdad? — parece que le va a dar un síncope y yo estoy a punto de lanzar la carcajada en su cara.

— Claro que no, — aseguro — ¡así como tú no me has jodido en todo un mes!

El resultado es exactamente el que deseaba. Antes de que pueda reaccionar estoy con la cara contra la almohada, y con la erección de Thiago entre mis nalgas. ¡Puta madre! Nunca he sido tan prosaica como ahora pero lo único que quiero es que me dé duro, que me pegue la cabeza contra la cabecera de la cama, que me muerda, que me tire del pelo, lo que sea, dios pero algo que me quite estas ganas ¡porque es eso o juro que lo voy a mear como si fuera un perro marcando territorio!

— El médico dijo que no puedes. — digo para provocarlo porque no hay nada que le guste más a un hombre que hacer exactamente lo contrario de lo que le dicen.

Le vale una mierda, o algo así escucho mientras me abre las piernas y mi cerebro se pone en modo: sexo sexo sexo sexo…bip bip bip…sexo sexo sexo…

Maldigo ante la primera nalgada. Me pica y disfruto porque por fiiiiiiin a papá dios gracias pero por fin este hombre se está poniendo un poquito violento.

— Te quiero dar duro. ¿Me entiendes? — perfectamente, guapo — Te quiero dar hasta que me grites que no puedes más. — sí, papi, exactamente así lo quiero — Te quiero dar hasta que llores…— con todo, bebé, tú dame con todo — pero no puedo, mami…si te veo de nuevo en un hospital yo me muero.

Adoro a este hombre, con la misma fuerza con que quiero pegarle.

— ¿Y suavecito? — casi pido “porfis pliiiiiisssss”.

— Contigo no hay suavecito… no te vienes hasta que te duele…— y sé que tiene razón.

Al menos así me gusta. No soy princesa, me gusta el romanticismo de la cama para afuera, pero mi cuerpo no se sacia con besitos, mi cuerpo necesita esos dieciocho centímetros hasta el fondo, sin piedad, tan duro que me haga levantar los pies del suelo y caminar chueco al otro día.

— ¡¿Por favor?! — suplico porque sé que eso lo desarma. De verdad lo necesito. — No me importa qué me hagas pero hazme algo por el amor de Dios. Quiero venirme. Quiero tener un orgasmo y quiero que venga de ti.

¿Han oído eso de que niño que no llora no mama? Bueno pues es completamente cierto.

Una de sus manos va a mi coño y estoy chorreando. Lo sé porque llevo cinco minutos tocándome como si no hubiera mañana, ¡o él hace algo o lo hago yo!

Siento su boca en toda mi espalda y de repente se levanta. Se sienta y acomoda una almohada sobre las piernas, luego me jala hacia él y en el segundo siguiente me encuentro con todo el culo levantado, apoyada en las rodillas y con los pechos y la cabeza pegados a la cama. Si se imaginan la postura en que las madres golpeaban a sus hijos, esa es exactamente, sólo que la almohada hace que mi trasero y mi coño queden completamente expuestos.

Lo siento llevar mis dos brazos a la espalda, en posición recta, y amarrarlos con algo suave. Es una posición completamente excitante, los brazos rectos me obligan a arquear más la espalda y levantar más el culo. Los pezones endurecidos y sensibles me rozan con las sábanas y no puedo evitar babear un poco porque la inclinación de mi cuerpo y bueno… porque lo que sea que vaya a hacerme me tiene desquiciada.

— ¿Qué mierda estás haciendo? — pregunto.

— Necesito asegurarme de que no te muevas.

— ¿Y por qué me movería…?

No tengo que terminar de preguntar. Siento que me ahogo. ¡Ay diosito, yo que tanto te lo pedí! Gimo sólo de la expectación.

— Porque esto va a dolerte nena…

Jadeo entrecortadamente, ahora sí mi coño es una llave abierta.

No disfruto el dolor de ninguna otra manera, que dios encuentre confesado al hombre que me levante una mano. Pero esto es diferente… me gusta sentir tanto como pueda en el sexo, aunque ese sentir me duela un poco.

Siento las primeras nalgadas, ligeras y picosas. Me muerdo los labios y espero más. El peso de mi torso descansa sobre mi mejilla derecha y mi hombro. El resto está a disposición de sus manos y reconozco que me gusta sentirme vulnerable. Esta imposibilidad de actuar contra lo que sea que va a hacerme sólo provoca que me excite más.

Siento uno de sus dedos entrando y espero más pero no llega. Me revuelvo buscando el otro… los otros… pero no llegan. Esto no es suficiente… maldigo…

Su mano izquierda viene abierta hacia mi cabeza y la siento tensarse, manteniéndome pegada a la cama. Ahora sí no puedo moverme de ninguna manera, la gravedad, la inclinación y la presión de esa mano me inmovilizan, haciéndome respirar agitada mientras millones de alfileres parecen clavarse en mi coño. Estoy a punto de llorar. ¡Necesito algo yaaaaaaa!

Recorre todo mi sexo, mojándome con mis propios fluidos hasta llegar a mi trasero. Me hace cosquillas dos veces y la peor alarma de todas se dispara haciéndome reaccionar. ¡Jamás he tenido sexo anal!

— Espera… — quiero decirle que no, que pare, que otra cosa es mejor que…

Demasiado tarde. Siento su pulgar entrar de una sola vez y suelto todo el aire de mis pulmones en un quejido sordo. El latigazo de dolor serpentea a lo largo de mi columna vertebral y se acendra en mi nuca. No es insoportable, es sólo una reacción física a algo que no debería estar ahí.

— Duele… — y sé que no tiene nada que ver con que no me haya dilatado en absoluto, tiene que ver con ese pequeño aro del esfínter es completamente virgen, y su primera reacción ante la invasión es cerrarse más.

— Shshshshshsh ya sé.

¡¿Ya sabes, cabrón?! ¡¿Ya sabes?!

Estoy a punto de protestar cuando siento que mete otro dedo, esta vez en mi coño y trata de unirlos dentro de mí.

Corto la pregunta con un grito de placer. No sé qué mierda está haciendo pero siento pequeños corrientazos pasando de mi trasero a mi vagina y viceversa. Me tiemblan las piernas. Mi clítoris está más sensible si es que se puede y sólo siento como si esa barrera que tiene entre los dos dedos fuera una manta de nervios de placer.

Siento absolutamente todo: los círculos, las cosquillas, los toques, cómo abre y cierra ese músculo dorsal que convierte sus dedos en una pequeña prensa que me está volviendo loca. Mi trasero se abre cuando hace el primer movimiento para salir, pero mientras sale junta los dedos, apretando tanto que siento como si estuviera rasgando por completo la barrera.

Grito, es delicioso cuando sale… y grito cuando me penetra de nuevo porque su pulgar entra hasta el metacarpio… ¡a la mierda todo, no puedo con esto!

Comienzo a jadear cuando busca un ritmo suave de penetración. Mis dientes se aprietan del placer que siento, en especial cuando empieza a tocar también mi clítoris. Mi cuerpo se mece adelante y atrás con cada embestida, mi trasero comienza a abrirse y me estremezco cada vez que hace uno de esos movimientos bruscos con el pulgar… pierdo la cuenta de las groserías que digo.

La sangre que baja a mi cabeza me produce el mareo perfecto. Mis ojos ruedan y creo que los tengo literalmente en blanco. Me vuelve loca el roce de mis pezones con la cama y la forma en que la mano de Thiago choca cada vez con más fuerza contra mi trasero. El dolor se convierte en un placer irresistible, no desaparece y eso es lo mejor. No es que no me duela, es que sencillamente es un dolor agradable, lleno de calambres y de líquido, y de necesidad porque un miserable dedo de Thiago en mi coño no es nada. ¡Quiero esos dieciocho centímetros! ¡Ya!

Empieza a hacerlo duro.

— ¿Te gusta, nena?

… estoy yo como para responder…

— Siiii — se me va el jadeo — Me gusta, no pares… ¡Por Dios no pares!

Amén que me hace caso por una puta vez. Me penetra con fuerza y el placer aumenta. La invasión a mi trasero es deliciosa, tenso el cuerpo y cada vez hace más fuerza porque se lo pongo difícil. Ya no puedo pensar. Jadeo, gimo, grito, hasta ganas de llorar tengo, quiero correrme de una puta vez. Siento su erección presionando mi vientre aún por debajo de la almohada…

— Thiago… Thiago bebé me voy a correr…

Mágicas palabras.

Me levanta, sonrío cuando me sienta y apoyada en mis rodillas me da por fin los dieciocho. Después de ese dedito delicioso esto es un tsunami que me llena y me rompe y me hace olvidarme hasta de que existo.

Siento su lengua en los senos, ¡mierda, qué rico! Me sujeta de las muñecas en mi espalda y se impulsa para llegar todavía más hondo. Se mueve duro, tan duro, siento el golpe fiero de su ingle contra mis muslos… ¡mierda! voy a correrme…

— Ahora sí, nena, es hora de gritar.

¡A la orden, señor!

Echo atrás la cabeza y grito. El orgasmo es un latigazo que me sube desde el coño, por el abdomen, reptando hasta la nuca, explotando en mi cabeza al tiempo que explota en el resto de mi cuerpo. Thiago se aferra a mis gritos y también se corre dentro de mí, con su frente perlada de sudor apoyada entre mis pechos.

Intento recuperarme mientras suelta mis manos y me abraza. Hay miles de cosas que quiero decirle ahora pero opto por bromear y lo veo hacer un gesto dramático…

Sí, es mejor esto a que sepa que sólo falta un mes para que le rompa el corazón.

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