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18. Ni un segundo más

Author: max morgan
last update publish date: 2020-11-13 12:13:12

Layla.

Levanto los ojos del mar de papeles que tengo delante cuando Lucrecia toca a la puerta con otra taza de café y una caja hermosamente envuelta en folios de regalo. Estoy despierta desde la madrugada, sencillamente no podía dormir porque tengo estos planos dando vueltas en mi cabeza, con tantas ideas y detalles que finalmente me levanté y me vine al estudio, lista para hacer realidad ese sueño del que Thiago ha estado hablando sin parar.

Una casa que rodea un pequeño lago. ¿Locura? Por supuesto, pero me encanta el desafío. ¡Cómo construir toda una casa alrededor de un lago de ciento diez metros de diámetro! Es la clase de proyectos que siempre soñé con hacer. He estado tan metida en esto, en la alegría de Theo y en mi relación con Thiago que los días se me han pasado volando. La vida se ha vuelto suave como seda, y creo que de cierta manera me he permitido sanar.

Me levanto con curiosidad y me acerco a Lucrecia que me tiende la caja con una sonrisa.

— ¿Es para mí? — pregunto mientras bebo mi café.

— Así es, — sonríe Lucrecia — al parecer Thiago personalmente lo encargó para ti.

La abro y dentro encuentro un vestido precioso, de color azul oscuro, casi negro, de tejido muy ligero y corte de gala. A juego vienen unos zapatos plateados de cintas muy delgadas y elegantes. Sonrío y salgo corriendo escaleras arriba con el paquete, porque significa que Thiago me está invitando algún lugar hermoso que amerite esta ropa y no puedo esperar para saber cuál es.

Parezco niña cuando me asomo al vestidor y lo veo terminar de arreglarse para ir a la oficina. Tiene el ceño fruncido y se peina con rapidez.

— ¿Estás atrasado? — pregunto y es una clara insinuación, pero él parece demasiado concentrado para darse cuenta.

— Si, nena. Me llamó Nita con urgencia porque nos falló uno de los proveedores de acero a última hora y tengo que ir a resolverlo o el proyecto de las emperatrices se atrasará.

— ¿Y antes de que te vayas me puedes decir a dónde me vas a llevar?

Me mira un segundo y parece que no comprende nada. Le enseño toda coqueta la caja donde asoma mi nuevo vestido y su rostro se ilumina.

— Wow, no quiero imaginar cómo va a quedarte eso. — dice con una sonrisa llena de lujuria — Creo que escogí bien.

— No lo dudo, pero ¿a dónde vamos?

Me levanta las cejas como si fuera algo obvio y se acerca para darme un beso rápido en los labios.

— Nena, mañana es nuestra fiesta de compromiso.

Mi cuerpo se pone rígido en un segundo, pero no puedo responder porque todo lo que está pasando por mi cabeza y por mi corazón me impiden moverme siquiera.

No puedo creer que el tiempo haya pasado tan rápido.

No puedo creer que Thiago siga con la idea de comprarme.

No puedo creer que no me haya dado cuenta hasta ahora de que realmente nada ha cambiado.

— Regreso tan pronto como arregle el desastre. — dice como si fuera otro día normal y sale después de darme un sonoro beso en la mejilla.

Voy hasta la cama como si estuviera un poco sonámbula y me siento allí, con el cerebro embotado y los ojos húmedos porque siento que regresé al inicio. Me duele el pecho, algo se aprieta allá adentro, y la impotencia me sube a la garganta y se queda allí, hecha un nudo, impidiéndome hablar y respirar.

No sé cuánto tiempo permanezco sentada, con la mente en blanco, intentando procesar el hecho de que cometí un error creyendo que la sinceridad sería mi carta de triunfo con Thiago. Él sigue teniendo su agenda y por muchos sentimientos que pueda tener o no por mí, sigo siendo el sacrificio que está dispuesto a hacer para lograr lo que quiere.

Respiro hondo y me seco las lágrimas. No sirven de nada y no puedo darme el lujo de perder tiempo. Cuelgo el vestido en una percha y lo preparo para mañana. Hago la pequeña maleta que llevaré porque es obvio que la fiesta de compromiso será en la mansión de Richmond y tendremos que viajar a Reino Unido, y de paso preparo también una maleta para Theo. Sé que Grillo está cuidándolo pero mañana es un día especial y preferiría tenerlo lo más cerca posible.

Cuando termino me voy a mi estudio a continuar con el proyecto, de repente ha perdido toda la magia. Supongo que después de todo es un lugar que nunca llegaré a ver, pero soy una profesional y ya empecé a cobrar por este proyecto así que no puedo abandonarlo.

La tarde pasa rápido, la noche llega y Thiago regresa con una cara de cansancio que da pena. Se mete a bañar y ni siquiera come antes de quedarse profundamente dormido. Yo lo observo un buen rato antes de girarme y dormirme también. Es un gran hombre… pero sigue siendo un hombre ingenuo que no quiere escuchar. Supongo que no debería sentir lástima, después de todo es un adulto y si quiere tomar decisiones equivocadas que así sea.

Doce horas más tarde estamos todos sentados en el avión camino a Londres. Y con todos me refiero a Lucrecia, que ya pidió regresarse a su casa, Marcia que extraña el pequeño departamento, Theo que no se separa de mí y Grillo que vino para cuidarlo.

Llegamos a la casa de Thiago en Londres y él y yo nos alistamos en menos tiempo del que deberíamos. Supongo que los dos estamos ansiosos a nuestra forma.

La limosina nos deja frente a la puerta de entrada a la mansión Richmond y respiro hondo antes de levantar la barbilla y ofrecer mi mano a mi futuro prometido. Lección número uno, Layla. Tienes que aprender a ser hipócrita.

Son las ocho de la noche y adentro hay tanta gente que pareciera que mi padre se decidió a lanzar la casa por la ventana. Supongo que está celebrando desde ahora los millones que va a ganar con esta transacción. Saludamos a todos, bebemos champaña y pasamos dos horas de la velada sonriendo como idiotas.

— Así que la princesa perdida apareció nada más para casarse contigo. — escucho una voz que no me resulta familiar y veo que Thiago se molesta. Cuando nos damos la vuelta puedo reconocer perfectamente el rostro demacrado y desagradable de Percy.

— Hermano. — saluda Thiago con fastidio.

— ¡No me llames así, tú y yo no somos nada! — casi le escupe Percy y veo que Thiago lo atrae del cuello de la camisa.

— ¿Entonces qué mierda vienes a hacer a mi fiesta de compromiso? — espeta el portugués y el otro ríe.

Yo sé perfectamente qué hace aquí, pero he decidido lavarme las manos en este asunto, al menos por el momento. Palmeo la espalda de Thiago para que no haga un escándalo innecesario y veo que lo suelta. Después de todo el bastardo de Worcester se va a casar con la zorra de Richmond. No creo que se necesite más para hacer crecer los chismorreos.

— No vales la pena. — asegura Thiago y nos vamos a otra parte del salón.

Pasa quizás otra media hora hasta que veo al Duque de Richmond caminar en nuestra dirección sé que viene por su pago.

— ¿Estás listo para firmar el contrato? — le pregunta a Thiago, como si yo no existiera.

— Por supuesto. — aprieta la mano que tengo colgada de su antebrazo pero yo no hago ni un solo gesto.

En el despacho de mi padre nos está esperando Taddeo Clifford, que en toda la noche no ha cesado de decirle a su hijo lo orgulloso que está de él, lo buen mozo que se ve, y el gran conde que será… ¡Y yo con estas ganas de clavarle en el trasero el cochino tacón que se merece!

El Conde de Worcester pone entre mi padre y Thiago dos copias de lo que adivino es un contrato y se retira un poco para darles espacio.

No cruzan ni una sola palabra, así que asumo que los dos lo han leído con anticipación. Russo firma y le pasa la pluma a Thiago.

… él ni siquiera me mira antes de inclinarse y firmar y yo vuelvo a sentir ese nudo en la garganta que me hace querer gritarle que es un hijo de puta… pero me lo trago porque siento más lástima que rabia.

Se dan las manos con mutuo desprecio y yo aprovecho para pedir permiso, con la excusa de que voy al tocador. No miento, sólo no digo que el tocador al que voy es al de mi propia habitación.

Entro y me deshago del vestido en un segundo. Me pongo un pantalón de mezclilla oscura, una blusa de mangas largas y unos tenis deportivos. Estoy mental y literalmente preparada para correr.

Saco de mi cartera el sobre con la carta que he escrito para Thiago y muevo el panel disimulado en la cabecera de mi cama. Ahí sigue guardada la única prueba de que piensan estafarlo. Bien podría quedarme y dársela personalmente, pero llegado este punto su necedad ya me agotó. No tendría la paciencia requerida para que vea esto y me diga que no le importa.

Marco el número de teléfono que ocupa el primer lugar en mi lista de contactos y una voz que me tranquiliza se oye al otro lado:

— ¿Preparada? — pregunta.

— Completamente.

Pongo los dos papeles en el mismo sobre y los guardo de nuevo en mi bolso porque sería inútil dejarlos aquí. Abro el enorme ventanal de mi cuarto, que da a los jardines del este y me dispongo a saltar cuando su voz, enronquecida por la furia, me detiene.

— ¿Tenías planeado despedirte o sólo te ibas a largar como si yo no existiera?

Pensé que este momento me produciría terror, pero sólo me giro con la valentía que debí adquirir hace años.

— Yo no existo para ti. — replico — No veo qué o cómo puedes reclamarme.

Thiago se despega de la puerta, cerrando con seguro a sus espaldas, y camina hacia mí con gesto amenazante.

— ¿De qué mierda estás hablando, Layla? — su expresión es dolida, traicionada… pero la mía no es diferente — ¿Cómo puedes decir que tú no existes para mí después de que…?

— ¿De qué? — lo interrumpo con rabia contenida — ¿De que me aceptaste con mi hijo? ¿De que me diste una vida tranquila, y un departamento, y un trabajo? ¿De que acabas de firmar mi compra sin que el pulso te temblara ni una sola vez?

Pestañea un par de veces y parece un perro al que su dueña le echa agua en la cara como un spray.

— ¿De qué hablas? — se incomoda — Pensé que esto había quedado acordado entre los dos. Layla yo fui muy claro contigo cuando te dije que necesitaba este matrimonio… Te di la posibilidad de irte si querías, y cuando regresaste pensé que estabas dispuesta a aceptar… a aceptarme.

— ¡Oooooohh pero no me estás pidiendo que te acepte a ti! Estás pidiéndome que acepte un negocio en el que no estoy dispuesta a participar. — aseguro irguiéndome como si eso pudiera hacerme más segura — Perdón si te di a entender que iba a casarme contigo, el error fue mío, por creer que vivir un poquito de mi realidad iba a cambiar tu modo de pensar. ¡Eres demasiado ingenuo y yo ya tengo un hijo que criar, no puedo hacerme cargo de ti también!

Me doy la vuelta para largarme y me sostiene de la mano.

— ¿Y a ti qué te importa que sea ingenuo o no? Es mi decisión y está tomada. — dice con fiereza, como si quisiera decir otra cosa pero en su lugar sólo salen esas palabras — Además es algo temporal, este matrimonio desde el primer día tuvo fecha de caducidad.

— Otra vez te equivocas. — la pena se transparenta en mis ojos y hace que me suelte — Para la aristocracia inglesa no existe un “Felices para siempre”, pero sí un “Hasta que la muerte los separe”. El divorcio es una palabra prohibida que se sustituye por “amantes” y “habitaciones separadas”. Jamás podré darte el divorcio, sin importar el acuerdo que hayas hecho con mi padre. Nunca podrás separarte de mí, porque si lo permito perderé lo más valioso que tengo en la vida.

— Theo. — habla por lo bajo.

— ¡Tú eres mi precio! — y sé que la respuesta es como una bofetada para él — Tú eres el precio que me exige Russo para permitirme conservar a mi hijo.

Thiago cierra los párpados un instante y se mesa los cabellos.

— Layla pero ¿cómo puede tu padre chantajearte con quitarte a tu hijo? ¿Acaso no tienes la patria potestad?

Y aquí era precisamente a donde no quería llegar: a tener que exponer una parte de mi vida que siempre me provocó vergüenza… Sin embargo en este mismo instante me perdono. No soy yo la que debería sentirse mal por lo que ha pasado.

— Mi madre estuvo la mitad de su vida en un hospital psiquiátrico, — bajo los ojos porque realmente es algo difícil de contar, y él me mira como si pudiera desnudarme — y mi padre ha sabido sacarle provecho a eso. Mi madre murió cuando yo tenía diez años, me deprimí, lloré como cualquier niña normal…¿Sabes cuál fue la respuesta de Russo?: Dos meses en una institución mental. ¿Crisis rebelde de la adolescencia?: Cuatro meses en una institución mental. ¿Debilidad post parto?: Dos meses en una institución mental. — veo que retrocede dos pasos y sé que jamás imaginó verme sometida a algo así — Thiago, tengo suficiente expediente médico para que cualquier juez me quite la custodia de mi hijo sin pestañear siquiera.

— No puedo creerlo… — ¡Ja!

— ¿No puedes creerlo? ¿No puedes creerlo cuando tu propio padre te está empujando a un matrimonio con una mujer que no amas, sólo para validar tu estatus dentro de su círculo de amigos? ¿Crees que ha sido la bondad de su corazón lo que lo ha impulsado a buscarte? ¿Crees que si no te casas con la hija de un alto aristócrata te cederá su título?

— ¡Sabes que no hago esto por el título! — protesta — Lo hago por mi familia.

— ¡Una familia que no te quiere! — le grito ya harta de esa excusa barata — ¡Enfréntalo de una buena vez! Si te quisieran no les importaría dónde naciste ni de quién. ¡Yo amo a mi hijo sin importar el apellido que lleve o quién haya sido su padre! Esa familia a la que tan desesperadamente intentas pertenecer no merece los sacrificios que quieres hacer… y yo definitivamente no estoy dispuesta a ser uno de ellos. — mi pecho sube y baja con violencia y me obligo a calmarme, si sigo gritando de esta manera la música de la fiesta no alcanzará para mantener alejados a los chismosos. Ma acerco a él y le acaricio la mejilla — Thiago yo sé que eres un hombre bueno. Labraste tu camino, creciste por tus propios méritos y tienes un corazón noble. No mereces que te manipulen con algo tan sagrado como la familia. Mereces ser feliz. Casarte con la mujer que amas, tener hijos con ella… ¿Cómo no entiendes que estoy intentando salvarte?

Atrapa mi mano y se lleva la palma a los labios mientras une su frente con la mía.

— Tú y yo podemos tener todo eso. — asegura y es como un golpe en el estómago porque es tan estúpido que todavía no lo entiende — Layla tú y yo podemos ser felices.

— ¿Y dónde queda Theo? ¡Dime! — lo increpo — ¡Mi hijo te quiere! ¿Ya pensaste en cuánto vas a lastimarlo?

Thiago detiene mi mano con fuerza, como si lo hubiera ofendido con una grosería.

— ¡Sabes qué yo jamás lastimaría a Theo! — se defiende— Él se quedaría con nosotros, sería mi…

— ¿Tu hijo? — la carcajada se me sale — ¿De verdad crees que puedes adoptarlo? Sólo serías el hazmerreir de todos: ¡Un bastardo adoptando a otro bastardo! Los sesenta millones que piensas gastar no servirían para nada y tu padre jamás te cedería el título.

— ¡Pero eso no tiene por qué ser así! — ruge.

— ¡Pero así es! Así es. Si me caso contigo, incluso si somos felices como marido y mujer, jamás podré reconocer a mi hijo públicamente. Jamás podré salir de la mano con él. Tendré que condenarlo a crecer alejado de mí, de sus hermanos. Jamás podrá estar en una cena, en una navidad, en un cumpleaños, y si lo hiciera sería cargando con el estigma de que es un bastardo. ¿Eso es lo que quieres para él? — su mirada se oscurece y cierra las manos en puños con frustración. Maldito imbécil de mierda, puedo quererte con el alma pero jamás voy a ponerte antes que a Theo — ¿Qué hubiera dicho tu madre si estuviera viva? — lo ataco — ¿Crees que tu madre hubiera accedido a desconocerte sólo por darle el gusto a Taddeo Clifford?

— ¡Jamás! — murmura con rabia.

— ¡¿Entonces por qué debo yo desconocer a mi hijo para acomodar tu vida, o la de Russo o la de nadie más?! — me duele el pecho, las lágrimas asoman a mis mejillas y juro que en este mismo momento quisiera pegarle.

Retrocede. Niega con la cabeza. Puedo sentir la frustración que se desprende de su piel tanto como él puede sentir mi ira y mi impotencia.

— ¡Sé que no lo pensaste! Eso sólo me lo confirma: demasiado estúpido, demasiado necio… — termino cuando siento el sonido de un coche avanzando sobre la grava. Meto la mano en mi pequeño bolso y saco el sobre de papel — Cuando me escuchaste decirle a Russo que me parecía repugnante, me refería a esto. — pongo el sobre en sus manos — No quise dártelo antes porque sabía que te rompería el corazón, pero eres un adulto y tu corazón ya no es mi responsabilidad. Me encantaría ser la mujer del bastardo D´cruz, pero jamás seré la esposa del Conde de Worcester. — me limpio las lágrimas — Y sucede que ahora mismo no tengo tiempo para ninguno de los dos.

Salgo por la ventana y el sedán negro derrapa un poco cuando frena sobre la grava. Voy a él sin mirar atrás, aunque puedo sentir los pasos de Thiago detrás de mí.

Grillo sale a mi encuentro, me lanza las llaves y se pone en el camino para detener a Thiago.

— ¡Layla! — escucho que me grita y sólo veo a Alonso con los brazos cruzados sobre el pecho y cara de pocos amigos — ¡Espera no te vayas!

— Si la licenciada dice que se va, es que se va. — sentencia Grillo.

— ¿Y qué vas a hacer? — pregunta Thiago desesperado, topándose con el brazo de mi guardaespaldas, que le impide el paso — ¿Vas a escapar toda tu vida?

— Ya lo he hecho antes. — contesto apoyando un pie dentro del auto y miro a Grillo, que sonríe con suficiencia — La diferencia es que esta vez nadie me va a encontrar.

Me subo al auto y lo pongo en marcha de nuevo. En el asiento trasero está Marcia con Theo dormido sobre su regazo.

— ¡Layla! ¡Layla espera! — sus ojos reflejan una tristeza ante la que no debo ceder — Dame tiempo para resolver esto. — suplica.

— Has tenido tres meses para resolver esto y mira dónde estamos. — miro a la casa donde he sido tan infeliz — No estoy dispuesta a concederte ni un segundo más.

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