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20. Considérate advertido

Autor: max morgan
last update Fecha de publicación: 2020-11-13 12:15:02

Layla

— ¡Esto es una broma! ¿Verdad? — golpeo la mesa con las palmas abiertas y me levanto, pero Grillo empuja la silla detrás de mis rodillas y me vuelve a sentar.

— Layla esto es importante. Es la mejor forma de proteger a Theo. — Thiago, sentado delante de mí como si esto fuera un careo policial, intenta convencerme de algo que jamás haría.

— ¡Primero muerta! ¡No te firmaré ni un cochino papel! ¡No voy a permitir que me quiten a Theo! — vuelvo a levantarme y siento el borde de la silla contra mis pantorrillas que me obliga a sentarme de nuevo.

Thiago parece desesperado. Llegaron hace tres horas y llevan todo ese tiempo tratando de les firme esos documentos… pero no puedo. El alma se me encoge del miedo. ¿Y qué pasa si Thiago me traiciona? ¿Qué pasa si sólo quiere aprovecharse de mi debilidad para que me case con él y así poder conseguir el título de Conde de Worcester?

— Nena nadie quiere quitarte a Theo, al contrario, sólo tratamos de protegerlo. Tienes que creerme.

— ¿Creerte… creerte? — me levanto y en cuando vuelvo a sentir la silla me giro — ¡¿Me puedes dejar tener un puto exabrupto emocional de pie, como los locos normales?!

Grillo se echa a reír a carcajadas, aparta la silla y me abraza, pero no se lo regreso porque también estoy enojada con él. Me aseguró que jamás le diría a Thiago dónde estaba, y no han pasado ni cuarenta y ocho horas y ya tengo a los dos tarados frente a mi puerta, uno feliz como una lombriz y el otro más manisuelto que un pulpo en celo.

¡Que me ama! ¡No puede decirme que me ama y luego hacer esto!

­

— Layla escúchame. — Thiago se levanta también y se acerca mientras Grillo me da la vuelta y me obliga a enfrentarlo, y luego se va dejándonos solos — Sé que no me lo merezco pero tienes que confiar en mí. Todo lo que estoy haciendo, todo lo que haré de aquí en adelante es para que ustedes estén bien, para que estemos bien.

Me aparto un poco porque no soy capaz de acallar estos recelos. Han sido demasiadas decepciones en los últimos años. Sobre todo con Thiago… no es malo, lo sé, pero las cosas duelen más cuando vienen de la gente que más queremos.

Niego, todavía hay resistencia en mí.

— Mira, necesitamos ganar tiempo, y no puedo hacerlo sólo. Si Russo se da cuenta de lo que intento hacer todo se va al demonio. Sé que puedes huir toda tu vida si es preciso, pero ¿esa es la vida que quieres para Theo? — el corazón se me hace un nudo — Eso no es lo que yo quiero para nuestro niño.

— ¿Y qué va a pasar si ese tiempo no es suficiente? ¿Qué va a pasar si llega el día de la boda y nada se ha resuelto? — lo increpo.

— ¡Pues nos casamos! ¡Yo me quiero casar contigo! Sin título de preferencia pero me quiero casar contigo. — Thiago apoya su frente en la mía y puedo sentir su respiración agitada. Quiero creer que me está diciendo la verdad, pero cuando está en juego la persona más importante de mi vida no puedo dejar las cosas al azar.

— Si nos casamos tendrías que pagarle a mi padre los sesenta millones. — es una locura, no sé cómo Thiago pudo ser tan idiota como para firmar eso.

— No me importa. Y no es por el título, pagaría eso y más por ti. Si Russo me pidiera todo lo que tengo por dejarnos ser felices a los tres se lo daría todo. — los ojos se me llenan de lágrimas. No puedo entender que tantas cosas malas nos pasen — No llores, amor. Las fortunas se hacen y se pierden, pero enamorarme de ti… eso sólo ocurre una vez en la vida y no te voy a perder, ni a ti ni a nuestro hijo.

Cierro los ojos cuando lo escucho decir eso, quiero creerle, quiero pensar que es cierto todo lo que dice, pero es tan fácil olvidar una palabra como lo es decirla, así que va a tener que demostrarme con hechos todo eso.

Me acerco a la mesa y firmo los papeles. Me seco las lágrimas y me aparto cuando trata de abrazarme. No puedo hacerlo, no cuando me está pidiendo esto, sea o no por bien de mi hijo, todavía tengo miedo.

— Layla…

— No. Volveremos a hablar cuando esto termine. Cuando me demuestres que es verdad todo lo que me estás diciendo. Y te juro que si algo pasa…

— Si algo pasa el Grillo personalmente me ahogará con esas manotas tatuadas que tiene. — asegura.

Miro por encima de mi hombro y lo veo jugando con Theo. Jamás pensé encontrar un amigo como él, pero doy gracias a dios todos los días por tenerlo.

Hago acopio de valor para regresar a Londres con Thiago… y con Theo. Marcia se queda en la casita de España porque a pesar de lo que dicen Thiago y Grillo, necesito la seguridad de una casa a la que regresar, no puedo darme el lujo de descuidarme.

Los días pasan con insoportable rapidez, sin que los planes de Thiago hayan podido concretarse. Lo veo cada vez más desesperado, más irascible. Las cosas no están saliendo como él pensaba y yo sólo estoy esperando una señal de Grillo para salir corriendo otra vez.

En estas dos semanas he dormido con Theo. Pongo la excusa de que Marcia no está para cuidarlo y evito a mi portugués por todos los medios posible. Reconozco mi propia debilidad, sería muy tonta si no lo hiciera. Bastaría dos palabras para que cayera en su cama de nuevo y eso no puedo permitirlo, al menos no por ahora.

Siento que tocan a la puerta de mi habitación y abro para encontrarme a Grillo con cara de pocos amigos. lo que trae en las manos hace que me dé un vuelco el corazón, porque significa que nada ha salido como esperábamos.

— Póntelo. — dice simplemente y toda la rabia que sentí hace quince días vuelve a mí.

— ¿Dónde está Thiago?

— Está ocupándose de esto. — asegura.

— ¡Esto ya se fue al demonio! ¡Yo debería estar en España, tranquila, con mi hijo! — exploto — ¡No aquí, corriendo el riesgo de que me lo quiten!

Grillo parece tan frustrado como yo.

— Sólo… ponte el vestido y vámonos. — junta las manos y parece casi una súplica.

Se lleva a Theo para que pueda arreglarme aunque la verdad no me ocupo mucho en hacerlo. ¡Total para ir a donde voy! Me da lo mismo cómo me vea, si más fea o más bonita, al final sé que tendré que salir de ahí peleando con uñas y dientes.

Cuando salgo ya Theo está debidamente vestido y peinado. Grillo hasta parece hombre decente y Lucrecia ha venido también. Supongo que ya está listo el equipo de asalto.

Nadie dice ni una sola palabra en el camino hacia la iglesia. Cada uno está incómodo y preocupado a su manera, y yo no estoy incómoda, ¡no señor! Yo estoy fúrica. Porque Thiago me dijo que esto no iba a pasar, que todo se iba a arreglar…

Entramos por una puerta lateral, pero alcanzo a ver que la iglesia está hermosamente adornada. Me conducen a una habitación aledaña desde la que puedo observar algo y se me cae el alma a los pies. ¡Esto está lleno de gente! Debe haber trescientas o cuatrocientas personas cuando menos.

La vista se me nubla. Me apoyo en una pared para no caerme. Esto no puede estar pasando. ¡Thiago no puede haberme engañado de esta manera…! ¡Lo voy a matar!

— ¿Amor? ¿Estás bien? — escucho su voz y toda la adrenalina parece llegar a mi cuerpo de un golpe.

— ¿Amor? ¿Dónde diablos estabas? — le grito por lo bajo, o al menos eso intento — ¿Qué es esto, Thiago? — agarro los pliegues del vestido blanco y se lo muestro como si no fuera lo suficientemente grande como para que lo hubiera visto a tres kilómetros — ¿Me quieres decir qué es esto?

— Un recurso de último minuto. — responde y veo que también está nervioso.

— ¿Último minuto? ¡Yo debería estar corriendo lo más lejos posible de aquí, no metiéndome en la boca del lobo! — exclamo con frustración — ¿No se ha resuelto nada, verdad?

Niega en silencio pero puedo ver todavía la testarudez que lo caracteriza.

— Lo siento, Thiago, pero me tengo que ir.

— ¡Tú no te vas a ningún lado! — me sostiene del brazo y nuestras miradas se desafían con rabia — Vas a caminar por ese pasillo, te vas a arrodillar en ese altar, y te vas a aguantar las dos horas de misa del sacerdote porque cada minuto cuenta. Vas a confiar en mí de una vez por todas, ¿me oíste?

Sí, lo oí. Alto y claro. Me acerco a él despacio, se ve tan guapo con su traje de novio-pingüino, tiene una personalidad tan arrolladora cuando habla de esa manera… que hago lo único que mi cuerpo me exige en ese momento y le pateo las pelotas con toda la fuerza que tengo.

Suelta el aire, hace una mueca de dolor y se dobla quedando a mi altura.

— Óyeme con mucha atención: si esto sale mal, después de que pierda el alma llorando, te voy a separar la cabeza de los hombros; o bien yo, personalmente, o si me viene mal un par de amigo que te mande.

— Layla…— apenas puede hablar.

— Considérate advertido.

Me recojo el vestido con un gesto perfectamente elegante y salgo a ponerme en la posición que me corresponde. Tomo del brazo a mi padre que es quien va a entregarme en santo matrimonio y camino por todo el pasillo vestido de alfombra roja hasta llegar al altar mayor.

Allí me estarán Thiago y sus joyitas lastimadas, mientras Grillo hace esfuerzos sobrehumanos por ocultar la risa.

La plática del sacerdote se tarda en efecto, muchísimo tiempo. Tiempo durante el cual veo toda clase de movimientos y miradas entre los dos. y entonces, antes de que me dé cuenta, estamos volteados frente a frente, con el gordo del cura diciendo las peores palabras que he escuchado en la vida:

— Thiago D´cruz. ¿Aceptas como tu legítima esposa a Layla Stafford… — empiezo a hiperventilar, los ojos se me llenan de lágrimas y las rodillas me tiemblan… y nada de esto es de felicidad — para amarla y respetarla — ¿qué respeto ni qué ocho cuartos? ¿es que nadie se da cuenta de que esto es una farsa? — en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?

Mis ojos se van a los de Thiago y las lágrimas se me salen en torrente. Él no puede estar de acuerdo con esto. Me ha jurado tantas veces que quiere lo mejor para mí, que no puede traicionarme de esta manera. Siento que me atrae a sus brazos y me besa, me besa con fuerza, demandante… y para cuando se separa de mí, en medio de un silencio llenos de sorpresas sólo dice:

— No.

El cura abre los ojos tanto como yo, aunque creo que los motivos son muy diferentes.

— ¿Di-disculpe? —el cura de esta ha quedado hasta tartamudo.

— Que no me quiero casar con ella. — le repite Thiago como si fuera idiota — A ver, vamos a preguntarle a la novia. ¿Layla Stafford, aceptas casarte conmigo y ser mi adorada esposa, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte nos separe?

Niego mientras me seco las lágrimas y me lanzo a su cuello.

— ¡No! — lo beso con la pasión que he contenido durante quince días — ¡No quiero!

Debe ser incomprensible para la vasta audiencia que dos personas estén besuqueándose tan felices delante de las narices del sacerdote porque no se quieren casar.

— ¿Qué clase de espectáculo es este? — mi padre gira a Thiago de un hombro y lo enfrenta con la rabia destilándole por cada poro — ¡Nosotros firmamos un contrato! ¡Tienes que casarte con mi hija!

— No, no “tengo que”. — asegura Thiago con arrogancia — Quiero hacerlo, pero no será hoy, y definitivamente no será bajo tus términos Russo.

— ¡Pero el contrato…!

— El contrato era sobre un pago condicionado. — habla alto para que todo el mundo se entere y tanto mi padre como Taddeo Clifford pierden momentáneamente el color — Yo te pagaba sesenta millones, siempre y cuando Layla y yo nos casáramos “hoy”, y como se ha visto que los dos hemos dado un rotundo “no”, entonces nada sostiene la validez de ese contrato.

Veo que la cara de mi padre pasa por todas las tonalidades desde el rosa vergonzoso hasta el marrón de un posible infarto. ¿Tendré tanta suerte?

Debe ser difícil para él verse sometido a semejante escarnio público, pero la verdad eso me tiene sin cuidado.

— ¿Tú fuiste parte de esto? — me señala y avanza hacia mí; y en un segundo tiene dos cuerpos que se interponen en su camino.

Sé que ni Thiago ni Grillo lo dejarán tocarme, y Theo acaba de entrar con Lucrecia, estratégicamente ubicados detrás de mí.

— Ella no es parte de nada. Es una mujer con libre albedrío que va a empezar a decidir sobre su vida a partir de ahora. — me mira y sus ojos sólo muestran afecto, hasta pena me da porque le lastimé sus joyitas — Y ni tú ni yo ni nadie vamos a volver a decirle qué hacer o cómo hacerlo.

Aprieto la mano de Thiago porque quiero que se detenga, sólo está enfureciendo a la bestia y él no lo conoce, al menos no lo conoce como yo. Russo me mira por el espacio que queda entre los dos hombres y esboza una mueca muy parecida a una sonrisa.

— Te dije lo que iba a pasar. Te lo advertí. — me dice y se me hace un nudo en lo alto de la garganta.

Veo que una mujer mayor, de gruesos lentes y mirada vacía se dirige hacia nosotros e instintivamente me giro para cargar a Theo. Sé que viene por él y mi corazón quiere salirse de mi pecho.

— Señorita Stafford, es mi deber notificarle que el señor Russo Stafford, como abuelo paterno del menor, ha solicitado su custodia alegando una mejor disposición y condiciones que usted para cuidar del menor.

Parece una máquina mientras habla y no puedo evitar el llanto que asoma a mis ojos mientras niego con la cabeza. No, esto no puede pasar. Abrazo a mi hijo con fuerza. No pueden quitármelo, Thiago no puede permitirlo. ¡Dios mío! ¿Qué hice…?

— Me temo que los reclamos legales del abuelo del menor, — Thiago remeda el tono desagradable de la mujer — no procederán, ya que la custodia de Theo está en mis manos.

La mujer mira a Russo y este hace un gesto de desprecio.

— Puedes haberlo reconocido, pero Layla sigue siendo su madre y puedo probarle a la ley que conmigo ese niño está mejor.

— No, pero es que no lo reconocí. — advierte Thiago con semblante divertido — Lo adopté.

Grillo saca de su traje un sobre oficial que no sé en qué momento le llegó y se lo pasa a la mujer, que lo revisa con la misma indiferencia con que se hubiera comido una cucaracha.

— ¿De qué está hablando? — casi grita Russo y la mujer sólo sacude el papel frente a sus ojos.

— Es un acuerdo de adopción cerrada. — explica — Significa que la madre ha renunciado a todos sus derechos sobre el menor y lo ha entregado en adopción. El Estado ha puesto al menor bajo la custodia total e irrevocable del señor D´cruz. En pocas palabras: su hija ya no se reconoce como madre del niño. El único padre reconocido en el señor Thiago D´cruz, por lo que su demanda, señor Stafford, no procede.

— Pero… — mi padre parece un gran globo a punto de estallar — Pero ella es mentalmente inestable… esa adopción no es válida…

— Este documento expedido por el juez dice otra cosa. — asegura la mujer con acento fastidiado — Si usted quiere ir a reclamarle su decisión a un juez de la suprema corte de la familia, adelante, pero yo le aconsejo que mejor se busque otro nieto porque este ya no es suyo. — y con esas palabras se retira.

Quisiera decir que me ha sorprendido semejante falta de humanidad para alguien que trabaja con niños, pero la verdad no puedo pensar en eso ahora.

Thiago nos abraza a Theo y a mí, está a punto de besarme cuando mi padre lo agarra de la solapa del traje y le suelta un golpe que él esquiva.

— ¡Eres una basura! — grita fuera de sí. Es obvio todo lo que ha perdido hoy — ¡No sé cómo se me ocurrió hacer negocios con un bastardo!

Thiago hace ademán de pegarle pero se detiene con el puño en alto.

— ¡Anda, golpéame! — lo provoca mi padre — ¡Golpéame, bastardo, y verás cómo te demando por todo el dinero que tienes!

El sonido se oye seco y feroz, y Russo cae de espaldas con toda la cara sangrándole de una vez, pero no ha sido Thiago quien lo ha golpeado.

— ¡A mí me puedes demandar! — Grillo se inclina y se burla en su cara — ¡Total que no tengo un euro!

Se da la vuelta y nos empuja hacia la salida mientras Thiago le dice por lo bajo:

— Mentiroso, tú estás forrado. Cada una de tus peleas se paga a más de cuatro millones.

— Sí, — se ríe Grillo como si fuera un niño — pero él no lo sabe.

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