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22. Una perra inglesa

Author: max morgan
last update publish date: 2020-11-13 12:17:18

Layla

—¡Bueno días, bebé dormilón! — saludo y me cago de la risa porque dos voces completamente diferentes me contestan.

— ¡Buenos días! — dicen al unísono los dos hombres de mi vida y me besa uno en cada mejilla.

Anoche estuvimos viendo películas hasta tarde porque obviamente después de tanta azúcar Theo no cerraba los ojos ni por chiste, y terminamos quedándonos dormidos unos encima de otros como si fuera un juego de Twister.

Thiago se estira y Theo trata de darle un beso pero solo le bosteza sobre un ojo. Se miran y se ríen. Y yo sólo puedo quedármelos viendo, porque es lo más hermoso que una mujer puede ver en su vida. Hay muchas cosas que me dan vueltas en la cabeza desde ayer, como por ejemplo, que Thiago le dijo a Russo que no “tenía que” casarse conmigo, pero que lo quería y lo iba a hacer.

Debo aclarar que no tengo Ningún sentimiento especial por el matrimonio, realmente no creo que un trozo de papel pueda hacer a dos personas más felices, así como no creo que un hijo pueda componer un matrimonio roto… de cualquier manera lo importante es que Theo quiere estar conmigo.

Me tranquiliza mucho que ya no tenga metida en la cabeza la idea de heredar el título de su padre. Hay mucha oscuridad respecto a la familia Clifford, tanto como la hay alrededor de mi propia familia, pero temo decirle a Thiago todo lo que pienso, no me gusta lanzar acusaciones infundadas cuando no estoy segura de las cosas. Y para sustentarlas debería regresar así que prefiero que todo se quede como está.

Dejo que se alisten a su propio ritmo y me voy a hacer el desayuno. Hoy, milagrosamente, Grillo no está durmiendo en nuestro sofá. Anoche me dijo que necesitaba hacer algunas diligencias, y como puedo imaginar que esas diligencias tienen nombre y apellido, le dije que sí al instante. Sé que aunque no lo exterioriza, seguro lo ha estado pasando mal con todo el asunto de Luciana y de su hijo.

— ¿Puedo saber en qué estás pensando tanto? — Thiago me da la vuelta y me besa con sabor café. ¡Me encanta!

— En nada especial… Bueno sí. Tengo curiosidad por ese proyecto que me diste. — miento porque no es momento de exteriorizar mis miedos — He estado trabajando tanto en él que ni siquiera te pregunté para quién era.

Sus ojos parecen brillar por un segundo y sonríe.

— ¿Qué me dirías si te invito a un picnic? — pregunta y alguien que no soy yo contesta al instante.

— ¡Yo quiero, yo quiero! ¡Y Rufus también quiere! — grita Theo corriendo en círculos con los brazos abiertos. Se sube a un mueble y se lanza hacia adelante, hacia donde los brazos de Thiago pueden atraparlo.

— A ver, Batman. ¿Me quieres decir que tengo que llevar a este perro feo en mi auto, para que babee todos los asientos? — protesta y como si le respondiera Rufus inclina a un lado la cabeza y lanza un gemido tierno.

— ¡Papi no podemos dejar a Rufus! ¿Y si se pierde?

Explicarle a un niño de casi tres años que esa mole no se va a perder en la casa es inútil, en especial cuando Thiago lo mira con esos ojos de caramelo derretido.

— Bien, ve a ponerte zapatos mientras yo busco el collar de Rufus. — le da un beso en la coronilla mientras lo deja ir y mira al pobre perro con cara de asesino serial — Ese niño es mío. — le advierte como si pudiera entenderlo — El día que deje de jugar conmigo para jugar contigo, te vas a dormir al patio. ¿Quedó claro?

Rufus solo restriega la cabeza contra una de sus piernas. Es un perro muy bueno, aunque no sé por qué Thiago lo compró ya siendo adulto. La realidad es que Theo lo ama.

Empacamos el desayuno en una cesta de picnic y Thiago llena una pequeña nevera con bebidas frías. Nos subimos al auto y antes de lo que imagino estamos rodando por una carretera que nos lleva al noreste.

— ¿A dónde vamos? — pregunto llena de curiosidad cuando cruzamos la frontera con Francia.

— Ya verás. — responde todo misterioso y yo me dejo llevar con alegría.

Tomamos un pequeño desvío en la carretera y después de diez minutos el camino se convierte en tierra y termina, dejándonos frente a un valle hermosísimo con un pequeño lago.  Mis ojos se abren porque al instante reconozco la topografía.

— ¿Este es el terreno del proyecto que estoy haciendo? — me bajo del auto mientras Thiago se ocupa de bajar a Theo.

Rufus salta al suelo también y en pocos minutos ya están los dos corriendo entre la hierba.

Thiago se acerca y me abraza por la cintura, descansando la barbilla en mi hombro.

— Así es. ¿Recuerdas que te dije que Montecarlo tenía algo muy especial? — sí, lo recuerdo perfectamente, no olvido ni una palabra de lo que me dicen mientras estoy enojada y esa noche esta muy enojada — Pues no era precisamente Montecarlo. Allí monté la oficina porque es muy cómodo, pero esta es la verdadera maravilla.

Miro la extensión de tierra y realmente lo es.

— Encontré este terreno hace unos años. Pero tuve que poner muchas cosas en orden para poder mudarme hasta acá. — me confiesa — Me enamoré de este lugar apenas lo vi, pero quería construir algo único, algo sólo para mi familia.

Me doy la vuelta y apenas puedo hablar. Siento el corazón latiéndome con fuerza desmedida.

— ¿Esto es para nosotros?

— Así es, amor. Es para todos nosotros. — me da un beso suave, de esos que obtengo sólo cuando estamos frente a Theo porque en la intimidad de nuestra habitación la palabra “suavidad” ha sido desterrada.

— ¡Dios! ¡Tendré que rehacer todos los planos! — digo de repente.

— ¿Por qué? — se ríe de mí y debe ser por la cara de niña entusiasmada que tengo.

— Pues porque lo pensé para otros, pero tú y yo cielo, necesitamos habitaciones especiales. — aseguro y veo que levanta una ceja, divertido — Para empezar yo necesito un estudio para mi trabajo… ¡Porque me imagino que sabrás que voy a seguir trabajando! ¿Verdad?

Thiago se lleva una mano a la barbilla como si lo estuviera pensando, mientras yo le lanzo unas miradas llenas de chispas.

— Puedes seguir trabajando con una condición. — cruzo los brazos sobre el pecho porque acabo de escapar de las condiciones de un hombre, no estoy como para caer bajo las de otro — En cada viaje de trabajo que tengas… ¿Me llevas, porfis, pliiiiis?

Junta las manos y yo voy directo a besar su boca con pasión, sin importarme quién esté mirando.

— Thiago, tú eres el dueño de la compañía. — digo con los brazos alrededor de su cuello — ¡Puedes ir a todos los viajes!

— Bueno, no. Fíjate que no me veo peleando para colarme en un viaje del licenciado Bossco, por ejemplo.

La carcajada me sale limpia y no la puedo evitar porque recuerdo que el licenciado Bossco, que por cierto es un excelente arquitecto, también es gordito, chato y barrigón.

— Está bien. Puedes venir conmigo a todos mis viajes de trabajo. Siempre y cuando te comportes.

Se lleva una mano a la sien en forma de saludo militar y nos vamos al coche a sacar la canasta de picnic. El clima junto al lago es delicioso. Theo y Rufus disfrutan de la libertad que se respira y yo, por fin en mucho tiempo, me siento en paz.

— Estoy pensando en un muelle pequeño de madera rústica… quizás una plataforma de unos nueve metros cuadrados con un cenador…

— Creo que voy a tener que enseñar a nadar a Theo lo más pronto posible. — me interrumpe Thiago señalando a mi hijo, al que evidentemente el agua le llama tanto la atención.

El resto de la tarde pasa increíblemente rápido, y son las cuatro cuando emprendemos el camino de regreso. Tengo ya una idea maravillosa de cómo voy a modificar el proyecto, y paso todo el trayecto compartiéndola con Thiago. Estamos felices los dos, eso es más que evidente, pero el humor de todos cambia en cuanto vemos el auto de renta estacionado en el camino de entrada a la propiedad.

Andro sale a encontrarnos y le digo a Thiago que cambie la cara, quien sea que haya venido, no es culpa del pobre guardaespaldas.

— Señor, tiene visitas. — anuncia Andro.

— ¿Quién es? — pregunto con amabilidad.

— Se presentó como el Conde de Worcester. — Andro me mira como si quisiera disculparse y me río, nadie más podría ser tan estúpido de presentarse con un título que a nadie le importa en un lugar donde los títulos nobiliarios no significan nada.

Veo a Thiago respirar con inquietud. Se viene un momento incómodo, casi puedo olerlo en el aire, y tengo dos opciones: me retiro con Theo a otro lugar, para no tener que verle la cara al “Conde de Worcester”, o me quedo junto a Thiago a enfrentar las consecuencias de nuestros actos…

Creo que ya pueden adivinar qué haré.

Le hago una señal a Andro, que se sube a la parte trasera del coche, junto a Theo, y se lo lleva a jugar con él una vez que entramos a la casa. Theo es el consentido de todos en la casa, incluyendo esos hombres de mirada seria y sospechosa a los que parecería que nada puede hacer reír; pero él sólo entra y listo, aparece un arcoíris.

Me quedo tranquila cuando lo veo irse de la mano de Andro y sigo a Thiago hasta el salón.

— ¡Hijo, qué bueno verte! — Taddeo Clifford se acerca a Thiago para abrazarlo y su sonrisa se borra en cuanto me ve entrar.

— Padre. — mi portugués curva los labios mientras se separa de sus brazos, pero esa mueca no es una sonrisa.

— Señorita Stafford. — me saluda y yo me siento tranquilamente en el sofá cruzando las piernas, sin molestarme siquiera en extenderle la mano.

— Dígame Layla, mejor. — lo miro fijamente — Espero perder muy pronto ese apellido.

Lo veo hacer esa mueca breve de desprecio, sé que las cosas no le salieron como esperaba pero se está aguantando como un hombrecito porque no quiere salir mal parado de esto.

— ¡Felicidades, entonces! — exclama y su entusiasmo es tan jodidamente fingido que Thiago pestañea varias veces para no echarse a reír — ¿Eso quiere decir que se casarán pronto?

— Eso espero. — Thiago sirve en el bar de la sala dos tragos fuertes y le extiende uno a su padre. No sé por qué presiento que lo necesitará muchísimo antes de salir de aquí — Estoy añorando el día en que esta hermosísima mujer me diga que sí.

Se acerca, me da un beso corto y se sienta a mi lado, pasando un brazo sobre mis hombros. Taddeo, todavía de pie, mira a todos lados, me imagino que sin saber qué decir, y termina sentándose con el trasero en el borde de la silla, como si se fuera a caer hacia delante de un momento a otro.

— Thiago, ¿podríamos hablar un momento en privado? — pide.

— No hace falta, padre. Ya nunca será más privado que esto. Créeme, después de las cosas que esta mujer me ha hecho, no hay nada que no pueda oír.

Veo a Clifford ponerse Colorado y me da gracia que se escandalice. ¡Idiota! ¡Como si no supiera lo que es coger!

— B-bueno… Thiago vi que adoptaste al… niño. — dice y me mira porque sé que he puesto cara de mamá leona.

— Así es, Theo es mi hijo ahora, y realmente estoy feliz. ¿Tú no estás feliz, padre? ¡Es tu primer nieto! — Thiago levanta las manos y Clifford parece a punto de que le dé un colapso.

— Este… claro, claro que sí, hijo… bueno, el caso es que…también es nieto de Russo, y él está muy triste de perderlo.

Ahí sí me doblo de la risa. Mi carcajada retumba en toda la sala y no puedo evitar mirar a ese viejo zorro como si fuera un payaso.

— ¿Es una jodida broma? ¿Verdad? — pregunto porque nadie en su sano juicio que conociera a Russo podría decir eso.

Taddeo abre mucho los ojos y su boca se convierte en una línea fina, porque sé que no ha esperado escucharme hablar con tanta falta de respeto. Le quito el vaso a Thiago de la mano y me lo bebo de un tirón. Me levanto y camino hacia el bar a servirle más, porque si miro a Taddeo de frente de nuevo creo que le pegaré.

— Thiago, hijo, de verdad me parece bien que estés feliz. — Clifford le hace una señal de que se incline hacia adelante para hablar más bajo pero es inútil, puedo escuchar absolutamente todo — Al final si estás enamorado de la muchacha pues mucho mejor, pero no puedes incumplir el contrato con el Duque de Richmond.

— Ese contrato ya no es vinculante, padre. — asegura Thiago con estudiada tranquilidad — Estipulaba que si me casaba con Layla ese día, entonces debía pagarle a Russo. En vista de que no lo hicimos, eso ya no aplica. ¡Así que no le voy a pagar ni un céntimo!

— ¡Pero los hombres tienen palabra, Thiago! — lo increpa su padre exasperado — ¡Y al final te vas a casar con ella! ¿No crees que le debes a Russo una compensación?

— ¡¿Compensación?! — veo a mi portugués levantarse y tiene una cara de asesino serial que asusta, de esas en que la voz suena totalmente calmada aunque tenga el arma homicida en la mano — ¿Debo compensar a Russo Stafford por chantajear a Layla para hacer algo que no quería, por renegar de su nieto públicamente o sólo por tratar de alejar a mi hijo de nosotros?

— ¡Ese niño no es tu hijo! — exclama con violencia — ¡Es hijo de ella y de quién sabe quién! ¡Y sabe dios qué cosas se inventó para manipularte! — por fin ha salido la cara del verdadero Conde de Worcester, sinceramente pensé que podría sostener la fachada por mucho más tiempo, en apariencia es un viejito indefenso, pero la avaricia le ha transformado el rostro en un segundo — Russo me enseñó su historial médico. ¿Sabes que estuvo internada en un hospital psiquiátrico varias veces?

Mi vista se nubla, siento las lágrimas al borde de los ojos pero me recompongo en cuanto Thiago me mira. Me dijo que yo iba a aprender a confiar en él y voy a hacerlo; ya sabe todo lo que hay que saber y me ha aceptado así, de modo que un comentario tan horrible como ese no debería hacer mella en mí.

— ¿Entonces estaban perfectamente conscientes tú y Russo, de que iba a casarme con una loca que bien podía matarme mientras dormía… y estaban de acuerdo en que lo hiciera?

Mi corazón vuelve a reír en cuanto veo la sorpresa en la cara de Taddeo, él solito se ha metido en la boca del lobo, y Thiago no es precisamente un lobo manso. Hay una gran diferencia entre ser un buen padre y pretender ser uno. Y lo segundo es mucho más difícil, porque la verdadera naturaleza eventualmente termina aflorando.

— No… no quise decir eso… yo jamás… — balbucea sin encontrar las palabras para salir del atolladero

— ¡Yo jamás permitiría que algo te pasara hijo… yo te quiero…! ¡Por eso mismo no puedo dejar que esta mujer te haga creer cosas que no son! ¡Russo es un buen padre, pero le ha tocado una hija descarriada!

Thiago asiente en silencio. Sé que está midiendo sus próximas palabras

— Pues esa hija descarriada es ahora mi mujer, así que debería darme las gracias él a mí por librarlo de la responsabilidad, y pagarme él a mí por llevarme a la loca de su casa.

Lo dice con tanta seguridad que se me encoge el corazón, recuerdo cuán hiriente puede llegar a ser cuando quiere y aunque ahora comprendo que son completamente intencionales y no van dirigidas a lastimarme, aun así es una parte de él que no me gusta ver.

— ¡Thiago! ¡No puedo permitir eso! — Taddeo se pone rojo de la impotencia. El poco cabello hirsuto que le queda a los dos lados de la cabeza pareciera que tienen electricidad estática porque juro que puedo ver cómo se eriza — ¡Yo soy tu padre, me tienes que escuchar! Russo domina la opinión pública dentro de la aristocracia inglesa, si no le pagas jamás te aceptarán, nunca podré legarte mi título…

— ¡Ah…! Sobre eso: — Thiago levanta un dedo — no te preocupes. No quiero tu título.

Ese es el justo momento en que el caos se desata. Clifford maldice, tose, le da dolor en el pecho, se sienta muy dramáticamente y a los poco minutos viendo que nadie va en su auxilio, se levanta y empieza a gesticular con… ¿han escuchado hablar de la histeria femenina? Bueno, con eso.

— ¿Pero te volviste loco? ¿De dónde salió esa estupidez, Thiago? — grita ya sin medirse y perdiendo toda su aristocrática compostura — ¡Tú eres mi hijo! ¡El heredero de mi título…!

— Un hijo que no reconoció en diez años. — me metro en la conversación porque ya no puedo soportar tanta hipocresía.

— ¡Yo no sabía que él existía! — se defiende Taddeo pero no hay defensa posible.

— ¿Y en qué parte de su casa exactamente estuvo perdida la carta de la madre de Thiago durante cinco años? — me pongo las manos en la cintura y subo las cejas porque la pregunta me carcome — Pero además, si durante cinco años ha sabido que Thiago es su hijo, ¿por qué no lo ha reconocido?

Los ojos del viejo echan chispas y sus manos se cierran en puños repetidas veces, como si quisiera asfixiarme. Después de todo estoy a punto de reír porque todo su espectáculo se erige sobre un castillo de naipes y a mí me encanta ser la tempestad.

— ¡Eso no es así! Los procesos legales toman tiempo, tú no sabes nada esas co…

— Mire, si Thiago quiere ser tan estúpido como para creerse ese cuento es su problema. Pero yo nací y crecí en medio de la aristocracia inglesa, y además tengo un hijo. — le digo con sorna — El proceso de reconocimiento paterno sólo toma días, y su sangre azul no hace ninguna diferencia con respecto a ese proceso.

No puede contestarme, lo sabe así que sólo se gira hacia Thiago y pone las manos en sus hombros intentando que lo mire directo a los ojos.

— Hijo, yo soy tu padre. ¿Qué será de nuestra familia ahora? ¿Cómo puedes desamparar mi legado, a mí? — parece tan inocente que hasta yo que conozco la basura que es, estoy a punto de creerlo.

— Tienes razón, padre. — Thiago baja la cabeza y más le vale que eso sea una estrategia porque si de verdad se rindió ante su padre yo personalmente lo voy a castrar — Nunca he pensado en desampararte. Es más, hasta preparé una chequera con una generosa mensualidad para ti.

La cara de Taddeo se transforma en un segundo porque al final eso es lo único que quiere, dinero. Estoy casi segura de que siempre supo que Thiago existía, pero no se molestó en buscarlo hasta que se aseguró de valiera la pena contactarlo.

Veo que mi portugués busca de su maletín de trabajo, que deja en el closet del recibidor, una libreta larga y delgada que reconozco enseguida como una chequera. La palmea varias veces contra sus dedos y luego se la pasa a su padre.

— Gracias hijo. ¡Esto es maravilloso, es un gesto muy…! — sus ojos se achican y parece como si la idea fuera imposible — ¡¿Qué es esto, Thiago?!

Lanza con desprecio la chequera sobre la mesilla de té y puedo ver que en cada página numerada, y fechada en cada mes del año, aparece una sola cantidad: mil quinientos euros.

Estoy que exploto del orgullo porque le ha dado donde más le duele.

— No entiendo, padre, ¿qué sucede? — mi portugués pone una cara de inocencia que nadie le creería.

— ¡Esa suma es una miseria! — grita Clifford — ¿Qué quieres que haga con mil quinientos euros al mes? ¡Con eso no alcanza ni para pagarle a uno de los criados!

— Pues fíjate que ese era el sueldo de mi madre, y durante dieciséis años, hasta que yo pude trabajar, vivimos de él los dos. ¡Aunque eso sí: no teníamos criados!

— ¡Eso es una ridiculez de tu parte! — protesta el viejo — Que tú y tu madre hayan pasado necesidad no fue culpa mía. ¡¿Por qué tengo yo que pasar necesidades también?!

— ¡¿Y por qué tengo yo que darle dinero a nadie por cumplir unos sueños que no son míos… y menos pagarte a ti?!

Veo a Clifford ponerse lívido y creo que esta vez sí le dará el colapso en serio. Sé que su cabeza maquina una salida… pero no la hay, hasta que se da la vuelta y me mira.

— ¿Fue esta quien te dijo semejante barbaridad? ¡Eso es una vil mentira!

Camino hacia él con furia y lo veo dar tres pasos atrás tratando de alejarse. Thiago me sostiene de la cintura porque sabe que lo destrozaré con mis propias manos.

— ¿Esto también es mentira? — saca de su bolsillo esa página compuesta por la mitad con cinta adhesiva transparente. La misma a la que yo le saqué copia en la biblioteca de Russo y entregué a Thiago en el sobre el día que escapé de mi compromiso. La misma que detalla claramente que el pago de sesenta millones de libras esterlinas se dividiría en tres partes, un cincuenta porciento para Russo, un veinticinco porciento para Percy, el hermano de Thiago, y el resto se le pagaría a Taddeo Clifford.

— Eso… eso… — tartamudea.

— ¿Me vas a decir que no lo sabías? — reclama Thiago con la voz gélida — He pagado suficientes mierdas tuyas y de Percy como para reconocer sus firmas.

— ¡Pero no es lo que parece! Eso… yo… era lo que tu hermano quería para cederte su derecho al título porque él es mi primogénito. ¿Y eso es lo que queremos, no?

— Queríamos. — asegura Thiago y siento que mi alma se eleva — Yo ya no quiero tener nada que ver con la aristocracia inglesa, o con Percy… o contigo. Ya firmé una declaración jurada renunciando a tu título así que puedes decirle a mi hermanito a Russo y a ti mismo, que ninguno recibirá de mí ni un peso más del que se me antoje darles, y lo que se me antoja es nada.

El vaso de cristal vuela a estrellarse contra el suelo junto con el resto de los objetos que hay sobre la mesita de té. Jamás me pasó por la cabeza que un anciano como Taddeo Clifford tuviera tanta fuerza, pero al final la ira hace que el hombre se supere a sí mismo.

— ¡Russo tiene razón! — escupe con desprecio acercándose a nosotros — ¡No eres más que un bastardo! ¡¿Y qué podía esperar sino que el bastardo terminara con la puta?!

La mano de Thiago se tensa alrededor de mi cintura pero de repente se relaja. Me mira con suavidad y dice:

— Cielo, ¿quieres encargarte tú?

— No está bien que una dama inglesa pa…

— Amor, pero ya no eres una dama inglesa — me recuerda — Y ya nunca más lo serás. Considera esa correa desatada.

Siento el cosquilleo en las palmas de las manos, la sonrisa me aflora al rostro porque mi portugués tiene razón, y me alegra encargarme de algo que no estaría bien que él hiciera por más ganas que tenga. ¡Después de todo tengo un rodillazo poderoso!

El viejo Clifford se dobla del dolor y su boca hace una O profunda. Se pone feo hasta para sufrir.

— Tienes razón, cariño. — digo mientras le doy una palmada en la espalda a su padre — Ahora sólo soy otra perra inglesa con la correa desatada. Así que le recomiendo mucho, señor Conde de Worcester, que no venga a juntarse con esta chusma tan poco digna de su alta alcurnia.

Hablo por el intercomunicador del portón y Romo viene a sacar a Taddeo que todavía no puede hablar. En el segundo que nos quedamos solos Thiago me abraza y le doy ese instante de descanso, sólo ese, porque si de algo estoy segura es de que las cosas con Taddeo y Percy Clifford no terminarán hoy.

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